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lunes, 30 de enero de 2017

VENGA RANGERS: CIVIL BAR (Episodio V)

(Aunque sea el episodio V de los Venga Rangers, cada episodio cuenta como un relato independiente y comprensible a pesar de no haber leído los anteriores, si quieren leer los anteriores, en la esquina derecha del blog he añadido la etiqueta "Vengarangers")
El atardecer de Mothman City baña de naranja los rascacielos y el descenso de las temperaturas llena los bares de gente. En un bar de los barrios bajos se toman juntos una cerveza nuestros cuatro súper héroes mientras discuten algo vital. Os lo podéis imaginar, no? Su identidad secreta. Parece un conflicto un poco chorra, pero cualquier excusa es buena para hacer que grandes y rentables súper héroes se peleen entre sí con tal de petarlo en taquilla. La reunión fue convocada por Poderosa Escarlata, quién se sintió responsabilizado a llevar a sus tres amigos al nuevo registro de súper héroes del gobierno.

  • El caso es que el comisario Johnson me pidió que os convenciera, ya sabéis, con tanto lunático enmascarado provocando el caos últimamente en la ciudad, la ciudadanía se ha puesto un poco nerviosa y vuelto un poco escéptica ante la idea de que haya gente con súper poderes que esconden su identidad – explicó Poderosa Escarlata.
  • No.
  • Ni de coña.
  • Qué va!

La respuesta es unánime. Ni MoscaMan ni Estrella Poderosa ni Súper Forzudo están dispuestos a descubrir su identidad puesto que bien conocen la peligrosidad que ello conlleva. Especialmente Estrella Poderosa quien carga en suconciencia con la muerte de su antigua compañera de trabajo Abiona.

  • Vamos – insiste Poderosa Escarlata – Hacedlo por el comisario Johnson, el siempre nos ha ayudado y defendido, sin embargo nosotros no le hemos traído más que problemas. Si le ayudamos en esto tal vez le ayudemos a recuperar el prestigio que tenía.
  • Me la pela el comisario Gordon - replica Súper Forzudo
  • Es Johnson – contesta Escarlata
  • ¡Cómo sea! ¡Otra cerveza! - le pide Forzudo al camarero.
  • Bueno, me gustaría que os pararais a pensar en ello detenidamente. Podríamos ganar mucho dinero vendiendo exclusivas a las revistas – dato importante para Poderosa Escarlata puesto que odia su empleo a tiempo parcial en una hamburguesería.
  • Hombre, visto así... - reflexiona Súper Forzudo al recordar los números rojos de su cuenta bancaria.
  • Pfff – resopla Estrella Poderosa – como si tuviera interés en convertirme en un personaje de la prensa rosa.
  • ¡Vamos! Ya sabes que es lo que mas vende en este país – intenta convencerla Escarlata de que no es mala idea.
  • Imaginaos el interés que tengo yo en darme a conocer – añade Mosca Man acomplejado por su aspecto de ojos grandes y brazos peludos. Por no hablar de sus alas, ahora ocultas enrolladas debajo de su gabardina.
  • Pues por lo menos no serías una puta – le contesta Poderosa Escarlata a Estrella Poderosa
  • ¿¡Cómo!?
  • Y tu podrías trabajar en el freak's show del circo – le dice Súper Forzudo a Mosca Man.
  • ¿¡De qué vas!? ¡Borracho de mierda! - le contesta mosqueado, nunca mejor dicho.
  • Pues eso, que es mejor salir en revistas que tu trabajo – sigue Escarlata a Estrella
  • ¡Vete a la mierda freidor de hamburguesas! - le dice ella
  • Yo al menos tengo un trabajo digno, y no me vendo.
  • ¿Tú, acaso tú no eres el que dice que la riqueza la crea el proletario? - le cuestiona Estrella
  • Si
  • ¿Y no eres también el que dice que la cadena Mc Burger Queen para la que trabajas es maligna debido a la insalubridad de sus alimentos y el maltrato de los animales en sus granjas? Por no hablar de que odias el trabajo – dice Estrella, inquisidora.
  • ¿Qué tiene que ver eso ahora?
  • ¡Pues que tú colaboras a generar la riqueza de una empresa a la que consideras maligna y si consideras que eso no es venderse y lo mío si es que tienes un concepto del sexo mancillado por una rancia moral católico-cristiana, porque, que sepas, que yo elijo a mi clientela y además disfruto del sexo y encima cobrando! ¡Envidioso, que eres un envidioso!
  • ¿¡Cómo que envidioso!? - pregunta alterado Escarlata.
  • ¡Pues si! ¡Ya te gustaría a ti poder cobrar por sexo! ¡Pero con esa cara de pringao que tienes seguro que ni pagando puedes conseguir un polvo!

En paralelo, Súper Forzudo y Mosca Man echan más leña al fuego con su propio conflicto.

  • ¿¡A quién coño llamas borracho!?
  • Joder, yo no llevo ni media y tu ya llevas cuatro cervezas – explica Mosca.
  • Porque tú disfrutas mas bebiendo aguas fecales – dice el forzudo con una mueca de asco
  • Sabes que no lo puedo evitar, es mi deformación genética. Yo no tuve la suerte de convertirme en un playboy musculoso sin cerebro.
  • ¡Oye! ¡Repite eso si te atreves! - reta Forzudo a Mosca
  • ¿El qué? ¿Es qué tus neuronas no han conectado lo suficientemente rápido como para entenderlo? ¡Descerebrado! ¡Qué eres un descerebrado! Te lo repito tantas veces como haga …
THUD

El sonido de un puñetazo de Forzudo en la cara de Mosca acaba con la conversación. Al unísono, Estrella le pega a Escarlata en su cara. Y estalla la tormenta. Conscientes de que no llevan sus trajes, se aseguran de no utilizar sus súper poderes para mantener su identidad. Pero aún así los golpes son violentos, las sillas vuelan y las mesas se parten al caer sobre ellas. Como en las películas de vaqueros, o de Jackie Chan. La resistencia estoica de nuestros héroes hace que la pelea dure lo suficiente como para dejar todo el mobiliario del bar reducido a escombros ante los atónitos ojos del propietario que se pregunta por qué tarda tanto la policía. Y es que era la hora del café y la rosquilla en comisaría. Como cada hora. Sangrantes y exhaustos, la pelea se detiene con el ensordecedor sonido de las sirenas de los coches de policía que vienen a intentar parar el pequeño apocalipsis.

  • ¡Mierda! ¿Ahora qué hacemos? - pregunta Estrella Poderosa
  • ¿Sabéis? Después de esto creo que tenéis razón. Si nos descubrimos, los Venga Rangers van a adquirir muy mala reputación – comenta Escarlata mientras destruye de su bolsillo sus características gafas que sólo lleva cuando ejerce de súper héroe.
  • Joder, me duele la cabeza, la mosquita pega más fuerte de lo que parece. – se lamenta Súper Forzudo incorporándose - ¿Qué sugerís que hagamos?
  • Creo que lo mejor será dejarnos detener y actuar como personas normales que se han metido en una pelea - Propone Estrella.
  • Eso nos va a costar un montón de pasta. Nos van a hacer pagar todos los desperfectos – se lamenta Forzudo.
  • Yo puedo asumir los costes – dice Estrella – pero a cambio tenéis que prometerme que no se volverá a hablar del tema de la identidad secreta. No quiero que nadie utilice a los que me rodean para llegar a mí.
  • Hecho – dice Súper Forzudo.
  • Hecho – dice también Poderosa Escarlata al recibir la mirada de Estrella.

Los tres héroes no oponen resistencia y permiten que los agentes de policía les arresten. Se sienten derrotados, pero no tanto físicamente como moralmente. Al ver los destrozos causados y las magulladuras en el cuerpo de los que siempre son sus dos compañeros de lucha en la gran reiterada hazaña de salvar al mundo, Estrella Poderosa entiende que este es el día más patético de su vida.
  • ¿Qué cojones nos ha pasado? Pregunta echando una última mirada al desolado bar antes de agachar la cabeza para entrar en el coche de polcía.
  • No permitamos que se repita un episodio similar – le contesta Escarlata ya desde el interior del vehículo.
  • Por cierto, ¿ y Mosca? - pregunta Súper Forzudo.
  • Ya sabes, no hay de que preocuparse – le responde Estrella.


Mosca Man había hecho gala de su capacidad para reducir el tamaño de su cuerpo al de una mosca y huir, consciente de que no hubiera podido mantener su identidad secreta debido a sus peculiaridades físicas. Además entiende que tendrá que ser el Venga Ranger de guardia mientras sus tres compañeros están en el calabozo. Y así acaba el particular enfrentamiento de los entre los Venga Rangers, su particular civil war, o mejor dicho civil bar.


viernes, 13 de mayo de 2016

Juguete

 Juanito estaba jugando en el parque. Le gustaba pegar patadas y hacer rebotar contra la pared a su corazón. Le ataba una cuerda y lo utilizaba de ancla para subirse a los árboles, hacía malabares con él. Era su juguete favorito. A menudo sufría daños, rasguños e incluso, algunos cortes profundos. Y eso le dolía, le dolía a Juanito. Pero sabía que siempre, con algunos remiendos y tras algún tiempo, el corazón volvía a quedar como nuevo. Además el corazón parecía volverse más duro después de cada recuperación. Juanito solía jugar solo. Era consciente del dolor y los peligros que ese juego conllevaba, pero aun así quería seguir jugando. Le gustaba mucho.
  Un día se le acerco una chica cuyo brillo en los ojos le dejó hipnotizado.
-         -  ¿Puedo jugar contigo? – le pregunto Doremi.
-          - Claro – respondió Juanito feliz.
Y jugaron juntos. Correteaban por el campo pasándose el corazón de Juanito el uno al otro. Parecía que a Doremi no le importaba salpicarse con la sangre que emanaba de las venas cardíacas a cada latido. Desde que Doremi jugaba con Juanito, su cara se había vuelto alegre como otras veces antes. Tener una compañera de juego con quién compartir su corazón le hacía sentir el gozo de la vida en su máximo esplendor.
  Cuando llevaban un tiempo jugando juntos, Doremi se plantó firme frente a Juanito, se metió la mano dentro del pecho penetrando la carne y, ignorando la sangre que se derramaba, se partió dos costillas y se sacó el corazón.
-          - Podríamos jugar con dos corazones – dijo ofreciendo su corazón con el brazo extendido.
-          - Para, no hagas eso – le respondió Juanito cogiendo el corazón de Doremi con sus manos y volviendo a introducirlo en su pecho – es peligroso para tu salud jugar con el corazón. Y duele.
-          - Pero me gustaría que jugáramos con los dos corazones. Sería más divertido.
-          - A mí se me da muy mal jugar con el corazón de otras personas. Prefiero seguir jugando sólo con el mío.
 Ese día acabó con un juego más intenso que ninguno otro. Jugaron con todas sus fuerzas hasta bien entrada la noche, y entonces se separaron para volver a sus respectivas casas.

  Al día siguiente, Juanito volvió al descampado donde solía jugar con su corazón. Deseaba que, como había sucedido todos los días durante los últimos meses, apareciera Doremi para jugar con él. Pero en el fondo sabía que no iba a ser así. Juanito sabía que Doremi quería compartir riesgos, quería compartir el corazón, quería compartir la vida, algo que Juanito no podía asumir. A pesar de poner su propio corazón en peligro casi todos los días, no se sentía capaz de asumir el riesgo de jugar con otro corazón, y Juanito volvió a jugar solo. 

sábado, 14 de noviembre de 2015

LAS AVENTURAS DE LUPITA

En una tarde cualquiera de primavera en la que me encuentro yo recogiendo jalapeños en la huerta de mi abuelita me sorprende repentinamente mi hermano corriendo hacia mí
-          ¡Rosa, Rosa! – me dice mientras se acerca con una carta en la mano - ¡Es para ti!
  Abro el sobre y leo sorprendida como se requiere de mi ayuda en un mundo lejano más allá de los vastos océanos. Me había tocado y no podía rechazar tan importante misión. Así que voy, cruzo el valle de Chiapas a pie, hasta llegar a un lugar dónde mágicos y enormes aves quetzal aterrizan y levantan el vuelo. En los laterales de estás magníficas aves se abren unas puertas que llevan a un extraño compartimento con cómodas butacas reclinables en las que me invitan a sentarme. El quetzal en el interior del cual me encuentro levanta el vuelo, se eleva por encima de las nubes y cruza interminables océanos hasta llegar a una pequeña y mágica isla llamada Ebusus. Allí todo es diferente a lo que yo estoy acostumbrada a ver. Abundan un tipo de criatura extraña, parecida a los hombres, pero con un extraño pecho hinchado al descubierto y unos visores oscuros extraños en lugar de ojos. Además caminan de una forma extraña, como si un palo rígido les atravesara de arriba abajo por su interior. Las hembras de la misma especie tienen unas formas exageradas y poco naturales y cuando caminan parecen estar poseídas por una serpiente, pero por suerte no parecen seres hostiles. Aun no entiendo porque me han llamado.
   Voy al cuartel general donde me proporcionan las ropas de combate. Todas las prendas poseen una pequeña representación de un quetzal en alguna esquina. El uniforme consiste en unos pantalones beige, una camisa negra y un delantal. Me explican que voy a tener que estar colaborando en la guerra contra los bebedores por los próximos tres meses. Me explican también que no me haga ilusiones en cuanto a ganarla. La guerra contra los bebedores es una guerra eterna que representa el equilibrio entre lo sobrio y lo ebrio que jamás terminará. Solo hay que combatir sin cesar reponiendo a los combatientes que abandonan, son baja, o cumplen con su cometido. Se suelen establecer periodos de tres a seis meses para cada uno de los trabajadores llegados desde diferentes partes del mundo, tras los cuales vuelven triunfantes a su casa.
  Acudo por primera vez al campo de batalla. Nuestro lugar es una trinchera metálica que nos protege de los bebedores. Dentro de ella tenemos todo lo necesario para enfrentarnos a ellos. Hay cientos de botellas diferentes que se pueden mezclar entre ellas para crear armas más potentes, también hay unos grifos mágicos que con solo estirar ligeramente una palanca emiten chorros y chorros de un líquido amarillento con espuma capaz de detener por un rato a los bebedores. Se me hace bastante estresante y agobiante el primer día. No sé cómo preparar ninguno de los brebajes utilizados para detener a los bebedores, y temo ser una molestia para los luchadores experimentados que ya llevan un tiempo acudiendo a la trinchera. Pero afortunadamente la mayoría son amables y me enseñan a desarrollar mis técnicas con paciencia. El general al mando del batallón es un pequeño trasgo gruñón que no para de dar órdenes a todos los soldados y se enfada mucho cuando las cosas no suceden como el desea. Pero también me ayuda a desarrollar mis habilidades de combate dándome sabios consejos dignos de un erudito trasgo.
  A veces, por las noches, cuando el ritmo de la batalla disminuye, el general trasgo nos prepara de los brebajes que utilizamos para detener a los bebedores, y aunque al principio temía probarlos, al ver que todos mis compañeros los probaban, un día me animé y bebí un vaso entero de brebaje hecho a base de sandía. Sabía un poco fuerte y mi cabeza empezó a dar vueltas. El colorido de mi entorno se volvió gris y mi percepción de las cosas cambió por completo. Por unas horas sentí que solo éramos personas normales dando de beber a unos borrachos insoportables por una miseria al mes. Pero por suerte antes de ir a dormir le pedí al señor Diosito que eliminara esas horribles visiones de mi cabeza y cumplió.

  A la mañana siguiente todo vuelve a ser normal, excepto un ligero dolor de cabeza que me martillea la sien, que parece ser una habitual resaca provocada por los brebajes mágicos. Voy a la trinchera a continuar peleando, cada vez se me da mejor. Entre asalto y asalto me da tiempo de explorar un poco los alrededores del campo de batalla y descubro que es una isla muy bonita en la que hay personas maravillosas que se dedican, como yo, a la eterna lucha contra los bebedores. Agradeceré por siempre a Diosito el haberme brindad la oportunidad de vivir una experiencia tan padre. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

INFIERNO A LA CARTA

Estaba John disfrutando de sus vacaciones de verano en Ibiza, gozando de lo que más le gustaba en este mundo, abusar de la oferta de hotel con todo incluido. Pasaba días llenándose más platos de carne de los que podía comer en el bufet libre, pidiendo rondas de cubatas de tres en tres bebiéndose la mitad y dejando la otra mitad repartida por la terraza de la piscina. Realmente estaba gozando cuando, repentinamente, su corazón dejó de funcionar. Llevóse John la mano al pecho y con una mueca de dolor abandonó la vida. El exceso de grasas, azúcares y alcohol le habían pasado factura. Su alma dejó su cuerpo para descender al mundo de las tinieblas.
  Como despertando de un profundo sueño, lo primero que vio al abrir los ojos fue una criatura bípeda con cabeza de cerdo y un cuerpo de una textura rara, como si estuviera su piel del revés y toda su superficie estuviera en carne viva. Lo que más le sorprendió fue escucharle hablar su idioma perfectamente. Al mirar a su alrededor, John vio que se encontraba en la orilla de un lago del que emanaba un nauseabundo olor. El cerdo le contó que ese era su nuevo hogar, y que allí iba a habitar por el resto de la eternidad. Al acercarse al lago, John observó asqueado al ver que el líquido era marrón y algo más espeso que el agua, para más inri, flotaban en él trozos de limón, de naranja, cacahuetes y servilletas con diferentes logotipos hoteleros. Una especie de versión gigante de la pica de un bar cuando se atasca el desagüe. Por si esto no fuera suficiente para hacer difícil la estancia junto al lago, de sus aguas surgían millones de mosquitos con ganas de picar y absorber la sangre del recién llegado. Según palabras del cerdo, aquel lago se había formado con todas las bebidas pedidas y no consumidas en todos los bares de los hoteles con todo incluido de la tierra. Todo ese líquido que acabó desperdiciado y lanzado a través del desagüe de la pica de la barra por haber sido pedido por borrachos que ya no podían beber más. Informó el cerdo a John que solo él había ampliado el lago aportando mil litros de líquido a lo largo de su vida. 
  El cerdo le explicó a John también la causa de su existencia. Contó que cada vez que alguien se llenaba un plato de carne en un bufet libre y lo tiraba sin siquiera probarlo, esa carne iba a parar a la granja del infierno, dónde cada cien quilos recibidos de carne creaban a una criatura como él. Algunos con cabeza de cerdo, otros de cordero, otros de vaca, pero todos con cuerpos creados con las diferentes carnes desperdiciadas. Le remarcó el hecho de que él mismo había sido creado básicamente por carne desperdiciada por John. La conciencia superior entendía el sacrificio de otros seres por alimentación, pero no toleraba el desprecio a las vidas sacrificadas con tal propósito.

  John empezó a sentir miedo, se estaba dado cuenta de cuánto mal había hecho en vida al planeta, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse. A su lado observó que había muchos hombres y mujeres con sus cabezas hundidas en las inmundas aguas del lago de los cubatas desperdiciados mientras eran sodomizados por criaturas similares al cerdo que le hablaba. Entre dos víctimas sodomizadas, John vio un espacio, justo frente a él, y entendió estremecido que ese era su lugar. Con los ojos llorosos miró al cerdo, quien respondió con una tétrica sonrisa y asintiendo. A pesar de sus súplicas, John fue empujado violentamente por el cerdo hasta que su cabeza fue hundida con fuerza en las pestilentes aguas. Tragó la mezcla de líquidos pestilentes hasta la asfixia, pero no murió. Ya estaba muerto, así que le quedaba la sensación de estar asfixiándose durante rato y rato sin llegar a morir, un sufrimiento extremo para toda la eternidad. Cuando su cuerpo estaba lleno del líquido vomitaba, aportando bilis al pestilente lago, y se repetía el ciclo de tragar y vomitar continuamente. Por si tal agonía no fuera suficiente, notó como el cerdo le desgarraba los pantalones y seguidamente el ojete. John no lo escuchó puesto que tenía los oídos sumergidos en el agua, pero el gruñido de placer del cerdo al penetrarle retumbó por todo el valle infernal. Y esa iba a ser la situación de John por el resto de la eternidad.

miércoles, 15 de julio de 2015

EL HECHIZO


Estoy con Susana paseando por Khao San Road, una pequeña calle de Bangkok abarrotada de turistas, negocios y buscavidas poco honestos.
-          Ten cuidado, cariño – me dice Susi mientras me lleva de la mano – por aquí hay seres de mirada hechizadora.
-          Tranquila Susi, todo irá bien mientras no nos soltemos la mano – le contesto con una sonrisa
-          Si, y no te olvides de mantener la mirada al frente, es muy importante, si estableces contacto visual con la medusa puede que te pierdas para siempre.
-          Descuida.
Me sigue llevando de la mano. Tiene más experiencia que yo, ha estado antes aquí. Aunque no es solo aquí. Siempre ha tenido más iniciativa que yo, tiene dotes de liderazgo. Caminamos a través de la multitud ignorando todos los sonidos que tratan de llamar nuestra atención. “tuk tuk” “ping pong” “hello sir” son cantos de sirena claramente dirigidos a nosotros. Pero continuamos con nuestras miradas fijas al frente, con nuestro objetivo fijo, dirección al hotel, donde estamos a salvo del hechizo de la medusa. Un par de calles antes de llegar allí, paramos en un puestecito de fruta para comprar una ración de piña y otra de sandía. Es típico en las calles de esta ciudad encontrarte todo tipo de productos frutales. Exquisitas frutas ya cortadas, zumos, batidos o helados, todo listo para tomar. Una estrategia estupenda para combatir el tremendo calor. Mientras la amable mujer del puesto nos corta la fruta escucho un sonido que me llama la atención. Es como una ventosa, repetidas veces. Miro a mi alrededor tratando de averiguar de dónde procede tal extraño sonido. Mi mirada se cruza con los ojos del causante del sonido. Y entiendo, era el canto de la sirena, y ahora estoy recibiendo la mirada de la medusa. He caído de lleno en el hechizo. Estoy jodido. El hombre de mediana edad que hace el sonido de ventosa con la boca, me mira y se ríe mientras siento su poder penetrar en el interior de mis pupilas. He caído en su trampa. Su energía me atrapa sin que pueda resistir y acabo metido en la cabina de su tuk tuk, una especie de moto de tres ruedas con un compartimento trasero para pasajeros. Usado principalmente como taxi en todo el país. De repente, sin darme cuenta, me encuentro circulando en una desconocida calle y no tengo ni idea de dónde está Susana, supongo que a ella no le atrapó el hechizo.
-          ¿Ping pong show? ¿Hotel? – me pregunta el conductor.
-          No quiero ir a ningún lugar, déjame bajar aquí
-          ¿Español? – pregunta
-          Si, para aquí, quiero bajar
-          ¿Al bar? Barato barato, happy hour mojito, ¿Barselona o Madrid? – me pregunta
-          Eso me la suda, déjame bajar – le digo
-          ¿Melasuda juega Champions? Vamos a bar muy barato y bueno – no sé si no me entiende o no me quiere entender.
Sin darme cuenta estoy en un garito tomando mojitos de garrafón a cien baht. Bebo y bebo y vuelvo a beber. Su estrategia es poderosa, cuánto más bebo más mengua mi resistencia al hechizo. La camarera, una belleza asiática con una simpatía encantadora, no para de traerme copas, y yo cada vez ofrezco menos resistencia. Estoy sentado en un taburete justo al lado de la calle, puedo ver al conductor del tuk tuk vigilándome en todo momento. No me pierde de vista. Y cuánto más bebo mayor es su sonrisa. Se me ocurre intentar escapar. Cuando me levanto tengo al conductor preparado para atraparme otra vez y le digo que solo voy al baño. Allí voy directo a buscar una escapatoria. Una ventanilla o algo por donde me pueda escurrir. Si sigo bebiendo acabaré totalmente dócil bajo el influjo del hechizo. Pero no encuentro nada. Salgo y me meto en el baño de mujeres, que por la orientación del edificio es más probable que tenga una salida a la calle y ¡Bingo! Tiene una ventanilla. Es de éstas que solo se abren un par de centímetros, así que estiro hasta romper los enganches y la atravieso. Caigo en un montón de bolsas de basura y veo como huyen despavoridas por el estruendo un montón de ratas y cucarachas. En la esquina veo a un mendigo occidental con una larga barba y pintas de haber venido del siglo XIX con una máquina del tiempo. Bebe de una de esas botellas sin etiqueta algún tipo de licor de destilación tailandesa. De esos que saben a rayos de excremento y le pegan a tu cerebro con un bate de béisbol.
-          Has caído en el hechizo, lo veo en tus ojos – me dice después de dar un trago
-          ¿quién eres tú?  - pregunto
-          Mi nombre es Cogliostro, yo fui como tú una vez, y lo que haces no es buena idea, te puede llevar ante demonios más malignos que los que te retienen ahora
-          ¿Quiénes son? ¿Qué puedo hacer?
De repente el hombre se asusta al escuchar unos gritos en tailandés. Al final de la calle veo a unos policías que señalan hacia mí.
-          ¡Corre! ¡Vuelve a meterte en la ventanilla y paga tus deudas! ¡No quieras acabar en la cárcel!
-          ¿Cómo? – No entiendo nada, pero no deja cabida a la conversación
-          ¡¡Coree!! ¡¡Escóndete!! ¡¡ y paga tus cuentas!!
Su intensa mirada al gritar me convence. Me apresuro a volver a meterme en el interior del edificio por la ventanilla del baño de señoras. Cuando salgo de allí, por la misma puerta por la que había entrado, hago como que me había confundido. Pago mi cuenta y antes de poner un pie en la calle tengo al conductor esperándome con una sonrisa, la sonrisa del demonio que me tiene totalmente atrapado.
-          ¿Bar bueno? – Me pregunta mientras me vuelve a hundir en las profundidades del tuk tuk.
-          Si, bar bueno – le contesto – pero quiero …
-          Ping pong show – me interrumpe imponiendo, no preguntando esta vez.
-          Si… ping pong show -  dice mi boca a pesar de que mi mente dice no.
  Después de veinte minutos de trayecto a través de la ciudad llegamos a una calle dónde se junta lo peor de la sociedad de cada uno de los cinco continentes. Me recuerda a Sin City. Un escaparate de mujeres se levanta a ambos lados de la calle y por el suelo se arrastran borrachos y mendigos, difícilmente se puede distinguir entre unos y otros. El taxista me empuja dentro de un garito, me cobran la entrada y empieza el show. Una mujer preciosa se abre de piernas y empieza a disparar pelotas de ping pong hacia el público mientras una camarera no para de servirme bebidas. Empiezo a perder mi conciencia no sin que se me pase por la cabeza volver a intentar escapar. Pero recuerdo a Cogiliostro y decido pagar mi cuenta y salir del garito. Entro en el tuk tuk por mi propio pie.
-          ¿Quieres lady? ¿Marijuana? ¿Opio? – me dice, siempre con su sonrisa
-          No… hotel… - le digo a la vez que se cierran mis ojos.
En mi siguiente recuerdo estoy durmiendo en una cómoda cama. Obviamente estoy en la habitación de un hotel. Un hotel de lujo. Me pregunto cuánto habré pagado por ello. Me duele la cabeza de una manera exagerada, supongo que debido al alcohol barato consumido anoche. O tal vez sea la resaca del hechizo. Me meto en la ducha y allí intento recapitular todo lo ocurrido anoche. No recuerdo nada después de ver el ping pong show, solo espero que no sucediera nada más. Tal vez beber hasta perder la conciencia rompió el hechizo. Miro el contenido de mi cartera que es cercano a cero. Salgo de la habitación y me acuerdo de Cogliostro aconsejándome que pague mis deudas. Tal vez fuera eso lo que me liberó del hechizo, quedarme sin dinero. Paso por recepción para hacer el check out y salgo de las instalaciones con las esperanzas de volver a ser libre. Pero toda mi esperanza se derrumba al ver al pequeño maligno esperándome en la puerta. Debe haber pasado allí toda la noche. Intento esquivarle, darle esquinazo y correr en dirección opuesta a él, pero no sirve de nada. Al doblar la siguiente esquina allí está él, con su mirada fija en mí y su maligna sonrisa. Su hechizo me vuelve a atrapar y las fuerzas invisibles me vuelven a hundir en las profundidades del tuk tuk. Sin darme ni cuenta vuelvo a estar en circulación por el interior de la ciudad.
-          ¿desayuno? ¿restaurante? – me pregunta
-          Pero no tengo dinero – le digo-  no me necesitas para nada
-          ATM – me responde. Se nota que no es la primera vez que le ponen esta excusa.
Paramos la marcha un momento frente a un cajero automático para que pueda sacar dinero. Tengo que esquivar a un borracho para poder llegar a las teclas. El borracho está aparentemente dormido y sujeta una botella de veneno tailandés. Su cara está cubierta por un antiguo sombrero. Al introducir mi contraseña bancaria la maquinaria hace un ruido molesto que le despierta.
-          ¿todavía atrapado? – me pregunta Cogliostro
-          Si – le digo a la vez que rompo a llorar y me abrazo a él – ya no sé qué hacer, quiero volver con Susana ¿qué hago? ¿cómo rompo el hechizo?
-          Gasta todo tu dinero – dice Cogliostro con su profunda voz – si no tienes dinero no tienen poder sobre ti.
-          Pero lo hice, y mírame, aquí me tienes sacando más dinero
-          Pero gástalo todo, hasta que tu cuenta esté a cero.
-          No lo gastaré nunca – digo entre lágrimas y sollozos – soy jodidamente rico.
-          Puedes conseguirlo, bebe más, come más, dile al conductor que te lleve a los sitios más caros y buenos que conozca, tienes que gastar todo tu dinero.
-          Pero tengo rentas, cobro cada mes sin que haga nada.
Cogliostro me abraza y su aliento a alcohol junto con el hedor que emana de su cuerpo crean una atmósfera fatídica, ideal para lo que me va a decir:
-          Lo siento mucho, no hay esperanza para ti.
Lloro abrazado al pestilente Cogliostro durante un buen rato. Al final se me secan los ojos. No me quedan lágrimas. Entonces decido levantarme y enfrentarme a mi fatal destino de infinitas comidas en restaurantes caros y borracheras.
-          Antes de irte – me retiene Cogliostro - ¿Me das cien bahts?
-          Claro, toma, te doy más, todos los que quieras….
-          No no no, no me líes. A mi dame solo cien baht para una botella, si adquiero más dinero corro el riesgo de volver a caer bajo el hechizo de la sirenomedusa.
Le doy los cien baht, y me subo al tuk tuk con la cabeza gacha. El conductor sigue con su imborrable sonrisa del diablo.
-          ¿Breakfast?- me pregunta
-          Sí, quiero el mejor desayuno que me puedas conseguir.
Desayuno como un rey, me traen de todo. Desayuno continental, lo llaman. Tiene huevos, pan, queso, fruta con yogurt y muesli, y café. Desayuno dos veces. Puedo hacerlo. Tengo que gastar más de lo que gano. Acudo a los centros de masaje más caros y me pido el masaje con aceite. Ceno en un buffet libre japonés y luego de vuelta al bar. A beber hasta que mi cuerpo aguante para evitar el riesgo de que me lleve a un burdel. Jamás podría perdonarme el serle infiel a mi amada Susana. Y nada de garrafón, todo primeras marcas para gastar más dinero. Acabo por los suelos, vomitando.
  En mi siguiente recuerdo estoy en un hospital. La cama no es tan cómoda como la de la noche anterior. Salgo de allí y me hacen pasar por recepción para pagar la factura. Una factura bastante más alta que la de un hotel. Es lo que tiene viajar sin seguro. En ese momento algo se ilumina en mi mente. Si acabo en el hospital todas las noches, tal vez consiga gastar bastante más dinero del que gano. Abandono el hospital, y allí, en la puerta misma de éste está el pequeño diabólico conductor del tuk tuk. Entro decidido a iniciar lo que se convertirá en mi salvación. Ignoro el dolor de cabeza y tras un copioso desayuno decido empezar a beber para perder pronto mi consciencia. Y así un día y otro.  A veces pierdo algo más que la consciencia. Un día me levanto con una muela menos y dolor por todo el cuerpo, otro día me levanto y tengo varios puntos de sutura en la ceja. Es estupendo, cuanto más trabajan conmigo en el hospital más me cobran, y siento más cerca el final, la ruptura del hechizo.
  No sé cuánto tiempo ha pasado, pero mi aspecto se asemeja ya al de Cogliostro. “ATM” le digo al tailandés que me tiene recluso en su tuk tuk. Me lleva, y cuando intento sacar dinero me invade la felicidad al leer en la pantallita “su crédito es insuficiente”.
-          ¡Eh! – le digo al conductor- ¡Eh! ¡Me he quedado en bancarrota, no tienes poder sobre mí! – Y seguidamente suelto una carcajada digna de villano de película de serie B.
-          ¿Cómo? ¡Me tienes que pagar mis servicios!- Me dice, sin sonreír por primera vez desde que le conozco.
-          Cóbrate las comisiones del bar, a mí no me queda ni un baht – ahora es mi sonrisa la que no se borra
-          Pero yo tu taxi dos semanas, me tienes que pagar cuarenta mil baht.
-          No tengo nada – y le doy la espalda.
Estoy cerca de la libertad, pero todo tiene un precio. El conductor no me va a dejar irme sin pagar así como así. Me agarra por el hombro y al girarme me pega un potente puñetazo en la cara. Jamás hubiera dicho que ese hombre tan pequeño fuera capaz de pegar con tal fuerza. Luego recuerdo que el deporte nacional es el Muay Thai. Mientras yo corría detrás de un balón, este pequeño hombre se partía la cara con sus compañeros de clase por diversión. Y eso se nota. El pequeño hombre que ya no sonríe me pega con las rodillas, con los codos, me parte la boca, la nariz, y alguna costilla. Me deja en el suelo al borde de la inconsciencia.
  Mi siguiente recuerdo es una voz que reconozco.
-          ¡Marc! ¡Marc! ¿Estás bién?
Abro los ojos y veo a mi querida Susi. Su cara muestra una gran preocupación.
-          He roto el hechizo- le digo sonriendo
-          Oh, Marc, pensaba que te había perdido para siempre – me dice abrazándome
-          Pero nos he arruinado
-          Tranquilo, no pasa nada, lo importante es que estás a salvo. Vamos para casa.


FIN

viernes, 26 de junio de 2015

Reporting from Cambodia: A Project Mayhem Tale.

Sir, as you can check on the newspapers, the project Mayhem in Spain is a complete success. The Euro is going to collapse and the country soon will see its borders blurred by the rise of the all dancing all singing crap of the country. I buried the seed and took care of the tree until it was independent enough to keep growing up by itself. Now is about to bloom. The project doesn’t need me there anymore. So I moved on.
Now I’m in Cambodia and after a deep analysis of the society I decided to move into the community, the country side, which is a mine of cheap labourers for the expensive business in town. Young men and women who are lied, they are promised to have the chance to promote in their jobs and get as rich as their employers are, but that is not gonna happen, and they realized, what makes them very pissed off. Meanwhile, the middle class tourists can get a luxury style of life that they can’t afford in their countries, and the owners of the lands get more expensive cars than the whole houses of their workers. Everything at the expenses of the health of the modern slaves called employees. The countryside folks have no formation or knowledge, so they accept any kind of humiliation from their bosses in order to get a couple of dollars at the end of the day. They feel the frustration, they feel the anger, but they don’t know how to drive it… yet.

Since I’m here, many young boys and girls showed interest for the project. They are good learners and they understand the purpose of the actions. The seed has been buried, and the first sprout is showing up. Project Mayhem keeps expanding overseas.  


sábado, 12 de octubre de 2013

VALOR

Ya son las cinco de la mañana y Sonia sigue despierta. En la tele se ve un programa de esos en los que te prometen una gran suma de dinero a cambio de responder una pregunta estúpida por teléfono. En la pantalla, el presentador no cesa de rogar a sus telespectadores que llamen. Sonia sabe bien sabido que luego, cuando llamas, nadie te atiende, te tienen en espera largo y tendido, por no hablar de la factura del teléfono que te llega después. El caso es que ella no tiene la tele encendida porque le interese mirar nada. Sonia pasa la noche en vela a menudo, y la tele la pone para sentirse menos sola cuando su novio se ausenta sin dar explicaciones. De hecho, aunque ella esté sentada con la mirada dirigida al televisor, ni siquiera ve lo que están retransmitiendo. Si le preguntaras lo último que han dicho no sabría contestar. Ella está viendo otras cosas que reproduce su mente. Por ejemplo, ve como Joaquín, su novio, está ahora mismo en el coche que ella le presta desde que él accidentó el suyo, con otra chica, compartiendo un gramo de cocaína. Ve también lo que pasa después. La infidelidad ya no es algo nuevo en su relación.
  Recuerda cuando ella sintió felicidad a su lado. Cuando empezaba el apasionado amorío. Cuando él perdió el trabajo y Sonia le propuso con ilusión que se fuera a vivir a su casa, así podía ahorrarse el alquiler. Acaricia su barriga hinchada mientras piensa en el momento en el que tomó, posiblemente, la peor decisión de su vida. Se suponía que Joaquín iba a encontrar trabajo e iban a construir una vida, juntos. Sin embargo, ahora Sonia va a trabajar después de noches en vela, y le paga la comida, la gasolina, las borracheras, la farlopa y, posiblemente, los condones que gasta con otras. Hay momentos en los que hasta se preocupa por él. Piensa que tal vez le haya pasado algo, otro accidente en coche… Una preocupación que, en una profunda y oscura parte de su alma, desea que se cumpla. No porque le desee ningún mal a su novio, sino porque ello significaría que no está con otras, ni malgastando su dinero en vicios. Aunque llega el momento en el que escucha el ruido de las llaves, que parecen no encajar en la cerradura, y Sonia se siente una completa imbécil por haber sentido preocupación. Él entra sin decir nada, y Sonia le sigue con la mirada.
-          ¿Por qué me haces esto? – Pregunta ella finalmente – vas a ser padre, ¿Ni aun así piensas cambiar tu actitud?
-          Déjame, pelmazo – responde él en voz baja
-          ¿Acaso te he hecho yo algo para que me tengas que tratar así? – dice a la vez que empiezan a asomar las lágrimas de los ojos de la chica.
-          Deja de decir chorradas, estoy cansado, me voy a dormir.
A su paso por el salón, Joaquín deja una peste de alcohol y humo que impregna toda la casa. Se mete en el dormitorio, y se deja caer como un peso muerto sobre la cama de matrimonio. Sonia se queda en el sofá. Lo último que le apetece es compartir la cama con esa persona ahora mismo. Mientras derrama lágrimas recuerda lo feliz que se sintió la primera vez que se besaron. Se preguntaba ella siempre, cómo era posible que un tipo popular, alto, fuerte, guapo y simpático como Joaquín, eligiera salir con ella. Bajita, con nariz redonda, un poco rolliza y con pocas tetas, para colmo de gorda. Entonces pensaba que estar con un tipo como él era lo máximo a lo que podía aspirar. Finalmente consigue conciliar el sueño un par de horas antes de que suene su alarma para ir al trabajo.  El trabajo, irónicamente, se ha convertido en lo mejor de su vida desde hace ya un par de años. Y no es que sea un trabajo apasionante. Pero el tener que atender a los clientes del supermercado mantiene sus pensamientos alejados de Joaquín. Embarazada de 4 meses, Sonia teme el momento en el que se vea incapaz de seguir trabajando y forzada a darse de baja. La simple idea de pasarse todo el día metida en casa aguantando los ires y venires de Joaquín le provoca náuseas.
  Al volver a casa, Sonia, se encuentra a Joaquín sentado en el sofá, viendo la tele. Son las diez de la noche y en la mesita auxiliar hay restos de pan de molde. Sonia ya se lo sabe, ni van a cenar juntos, ni le ha preparado nada a ella. Ni un mísero sándwich tras pasarse todo el día trabajando mientras él ha estado holgazaneando y curándose la resaca.
-          Es la despedida de mi amigo Juan, voy a salir un rato esta noche – Sonia ni le contesta, es lo de todos los días. A menudo, cuando ella llega a casa él ya no está. Cuando está suele significar una cosa - ¿Me prestas cincuenta Euros? – Bingo.
-          No podemos seguir así, Joaquín, vamos a tener un hijo y apenas llegamos a fin de mes. Cuando nazca vamos a tener muchos gastos extra.
-          Venga Sonia, no me vengas con esas ahora, ya veremos que hacemos cuando nazca la criatura.
-          Pero es que tenemos que empezar a ahorrar
-          ¿Justamente hoy, Sonia? Ya sabes lo amigos que somos Juan y yo, y es su última noche en la ciudad. Dame algo de pasta hoy, y luego ya paro.
  Sonia finalmente accede, aunque sabe de sobra que no va a parar. Se lo ha dicho miles de veces. Le da cincuenta Euros y empieza a cenar, mientras él se prepara para salir. Cuando está a punto de cruzar por la puerta, Sonia le pregunta:
-          ¿Vas a venir muy tarde?
-          No, tranquila – una mentira demasiado descarada.
  Sonia se duerme en el sofá, como acostumbra a hacer cuando se queda sola en casa. El hecho de que su novio le mienta con tanta facilidad le demuestra que él ya no siente ningún tipo de respeto hacia ella, si es que lo ha tenido nunca.
  Al despertar, un tipo con melenas y vestimentas raras da consejos baratos a la gente que le llama. Pretende hacer creer que sus suposiciones generales de cosas que le pueden pasar a cualquiera, son una adivinación de los hechos. Un engaño que, a ojos de Sonia, cualquier tonto podría detectar, sin embargo no cesa de llamarle gente. La joven se asoma al dormitorio para comprobar, como ya imaginaba, que Joaquín todavía no ha vuelto. Son las cinco de la mañana. La muchacha, resignada, se sienta en el sofá y rompe a llorar. No sabe si llora de rabia, tristeza, o impotencia. Tal vez por costumbre. Hasta que, de pronto, un dolor tan intenso que no cabe en la imaginación de ningún hombre o mujer la invade. Siente una humedad pringosa entre sus piernas. Los síntomas la aterrorizan, teme que vaya a perder a su bebé. Se siente extrañamente incapaz de moverse para buscar ayuda, y la angustia inunda todo su ser. Siente algo saliendo de su interior, y el dolor se expande por todo su cuerpo. Empuja con fuerzas y ve como empieza a asomar una cabeza de entre sus piernas. Su vagina se dilata, el bebé saca la cabeza, todavía a medio formar y sin que esté muy definida la separación de ésta con su cuello. Con las manos se agarra fuertemente a los labios vaginales, y empuja con fuerza hacia afuera para sacar todo su cuerpo. Así, de un salto, la hija de Sonia nace y se planta en pie frente a su madre. La muchacha, sentada en el suelo, sobre un charco de pringoso líquido amniótico, no da crédito a lo que ve. La criatura, que se encuentra unida a ella por el cordón umbilical, tiene el aspecto de un feto de cuatro meses, una cabeza deformada, pegada a un grueso cuello que es desproporcionadamente grande en comparación con el pequeño cuerpo. Sus dedos son cortos y de articulaciones torpes. Sus brazos y piernas también son cortos proporcionalmente al resto del cuerpo. Si intentara tocarse la cabeza con sus pequeños brazos, no llegaría más arriba de la pequeña formación que en un futuro serán sus orejas. Lo sorprendente para su aspecto, es su tamaño. Crece hasta medir alrededor de un metro, y todavía más sorprendente el hecho de que se mueve casi como una persona adulta. Y Sonia, que no da crédito a lo que ve, casi se aterroriza al oír hablar a esa criatura:
-          ¿Qué demonios haces con tu vida?    
-          ¿Qué? – pregunta Sonia anonadada a la vez que levanta la cara de entre sus rodillas para ver a la criatura que ha salido de su interior
-          ¿Qué? ¿Cómo que qué? Tú sabes bien a lo que me refiero. Mírate, todas las noches llorando en el sofá, frente una tele que no emite más que porquerías. Maquillándote por las mañanas para disimular la hinchazón de tus ojos para que no piensen en el trabajo que tu vida es una puta mierda. Ya va siendo hora de que cambies algo, ¿no?
-          ¿Cómo? ¿A qué te refieres? – pregunta Sonia evitando admitir la certeza de las palabras de su hija
-          ¿Cómo que a qué me refiero? ¿No es evidente? No puedes seguir viviendo así, y la fuente de tu desgracia es muy fácil de adivinar cuál es.
-          Te refieres a Joaquín… - dice Sonia con la boca pequeña.
-          Si, exacto, te has ganado un gallifante – responde el feto gigante con una expresión de enfado.
-          Si… es cierto que estamos pasando por una mala racha…
-          ¿Mala racha? – interrumpe la criatura – pero si llevas cinco años en los que tu situación ha ido de mal en peor, tu vida huele peor por momentos y eso que ya hace años que apesta. Y tus problemas tienen nombre y apellidos, y esos son los más fáciles de solucionar.
-          Pero… vamos a tener un hijo, o sea, te vamos a tener, ¿cómo voy a separarme de Joaquín y a dejarte a ti sin padre?
  Una expresión de ira se forma en el arrugado rostro del desproporcionado bebé, que pega un salto, y con la mano abierta le da un golpe a Sonia en toda la cara. Salpicaduras de líquido amniótico ensangrentado pringan el sofá y la alfombra.
-          No vuelvas a escudarte en mi – le dijo – que tu no seas capaz de enfrentarte a tus problemas no es culpa mía, si no tuya. Además, yo no quiero crecer en un ambiente como este, lleno de rencores y desconfianzas, totalmente carente de afecto, así que no vuelvas a ponerme como excusa para no dar el paso que tienes que dar.
-          Pero… ¿Cómo voy a criar a una hija sola?
-          Con bastante más facilidad que con ese gilipollas al que llamas novio a tu lado.
-          Pero, yo sé que en el fondo me quiere, es solo que se ha metido en el camino de las drogas, y, bueno… tal vez necesite ayuda…
-          No digas chorradas. Ese tío es un imbécil aunque esté sobrio. El montón de mentiras que te dice día a día es lo que duele, las drogas no tienen nada que ver. Date cuenta ya de que, simplemente, cometiste un error al juntarte con él. No es culpa de las drogas, ni mía, ni pienses más excusas. Ahora mismo es tu responsabilidad mejorar tu vida y buscarte a alguien que además de quererte en el fondo, te quiera en la superficie y, lo que es más importante, te respete, o vive tu vida independiente, que tampoco es ninguna tragedia.
-          Pero, va a ser muy difícil encontrar a alguien para mi… no soy bonita, no tengo una vida interesante y, no te ofendas, pero con una hija va a ser más difícil rehacer mi vida…
-          Veo que te tiene exactamente donde quiere. Este hombre te respeta tan poco que ha conseguido que ni tu misma te respetes, pero debes cambiar eso. Ha conseguido que sientas que tienes que permanecer a su lado si no quieres envejecer sola, amargada y rodeada de gatos. Pero no es así. La vida fuera tiene muchas cosas buenas que brindarte, pero debes ir a por ellas. Si sigues con este individuo te las vas a perder por completo, mientras te respetas a ti misma cada día un poco menos, entonces, posiblemente llegará el día en el que nadie te respete. Es posible que hasta yo aprenda a faltarte el respeto, y entonces sí que experimentarás la más angustiosa de las soledades.  Sin embargo, si empiezas a quererte a ti misma, me enseñarás a quererte y tal vez sigamos muy unidas cuando yo sea adulta. Dicho esto, en tus manos queda, el arreglar tu vida de una vez, o seguir dejando que se caiga a pedazos lentamente. Ahora tengo que volver a entrar para acabar de desarrollarme y borrar mi conciencia.
  El feto se encoge hasta poder meterse de nuevo en el interior de Sonia a través de su vagina. Aunque aun así, pasa tan ajustado que Sonia vuelve a experimentar intenso dolor, aunque no tan fuerte como cuando salió. Una vez desaparecido el niño, ve como desaparece el cordón umbilical, como si alguien desde su interior lo estuviera estirando y enrollando. La muchacha, agotada, se desmaya sobre el sofá.
  Tras dormir un par de horas, Sonia, se despierta con una energía fuera de lo normal. Parece haber tomado conciencia de las palabras pronunciadas por su hija. Se levanta, friega el suelo pringoso de su líquido amniótico y se pega una buena ducha. Al salir, decidida, empieza a hacer las maletas. Abre los armarios y, una por una, va cogiendo sus prendas preferidas y metiéndolas en su maleta. - ¿Pero, qué estoy haciendo? – se pregunta a si misma – ésta es mi casa.- Entonces decide sacar sus cosas de la maleta, y meter las de Joaquín, que no son muchas. Llama a un cerrajero de urgencia, y le hace cambiar la cerradura. Junto a la puerta deja la maleta y una nota pidiéndole a Joaquín que no vuelva más. Que desaparezca de su vida.
  Se sienta a esperar a que Joaquín vuelva. Hoy ella tiene libre y puede quedarse todo el día en casa. No quiere perder la posición. Siente una mezcla extraña de sentimientos, una especie de excitación mezclada con miedo y un pequeño asomo de felicidad. Cuando finalmente llega Joaquín, Sonia se queda en el sofá, sentada, esperando a ver su reacción.
-          ¿Es esto una broma, Sonia? – pregunta desde el otro lado de la puerta – ¡No tiene gracia! – dice mientras intenta abrir con sus llaves, que esta vez realmente no encajan - ¡Vamos, abre! – grita imperativo, mientras Sonia se limita a escuchar - ¡Ábreme de una puta vez maldita zorra! – Con su paciencia agotada, en este momento Joaquín empieza a aporrear con violencia la puerta.  ¡¿Cómo puedes hacerme esto sin avisar?! ¡Si yo te quiero Sonia!
  Al escuchar esto, el corazón de Sonia se ablanda, y se levanta para abrirle la puerta, pero justo en ese momento siente una fuerte patada en el interior de su barriga. Su hija le está advirtiendo: “mejor no lo hagas” parece decirle. Entonces cambia de actitud, y responde entre lágrimas que intenta disimular:
-          ¡Eso es mentira! ¡Si me quisieras, me respetarías, ahora vete o llamo a la policía!
-          ¿Eso es lo que quieres? Pude elegir a las chicas más guapas de clase, y te elegí a ti, ¿y así es como me lo pagas?
-          ¡Pues vete con alguna de ellas, aquí ya no eres bienvenido! – le grita Sonia
-          ¡Está bien, me voy, tú verás! ¡Te convertirás en una vieja amargada y solitaria! - pero Sonia y su hija sabían que eso no era verdad, bueno, al menos su hija lo sabía a ciencia cierta, Sonia tenía sus dudas, pero sería mejor que ser una amargada a su lado.

  Una vez que Sonia comprueba que Joaquín se ha marchado, se tumba en su cama y duerme mejor que nunca. Por primera vez en mucho tiempo su sueño es profundo, y su siguiente despertar va acompañado de una sensación de alivio y libertad que nunca antes había sentido, y, lo que es más importante, una sonrisa.