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domingo, 25 de agosto de 2019

HARRY POTTER Y EL MACHISMO PATRIARCAL


(Si tienes un bonito recuerdo de infancia relacionado con las aventuras de un entrañable mago adolescente llamado Harry Potter, mejor no sigas leyendo.)

 La señora Dursley sirve té mientras el Señor Dursley lee el periódico. La señora Weasley está siempre metida en la cocina satisfaciendo a todos los que la rodean, teniendo siempre preparada la comida para sus hijos y marido cuando llegan del trabajo. Cuando hay una fiesta nadie ayuda a la señora Weasley con la limpieza hasta que llega de Francia Fleur. Otra mujer tiene que venir desde Francia para que alguien ayude a la señora Weasley con la limpieza del horno, que por cierto, lo limpian de un golpe de varita mágica. De verdad, ¿ni a base de magia ningún hombre puede ayudar a limpiar un horno en la casa de los Weasley? Fleur le sirve vino a Bill, su futuro marido, mientras éste habla de cosas importantes o, directamente, sale de la habitación para no molestarle cuando éste habla con Harry. Porque claro, Bill y Harry son dos hombres que tienen conversaciones importantes y relevantes para el futuro, y su presencia femenina les molesta. Siguiendo con Fleur, resulta ser la única mujer participante en el torneo de los tres magos, compitiendo con Harry y otros dos chicos, y ella es la única que se retira porque no puede soportar la presión. Porque claro, los tres chicos son más valientes y más capaces que ella. Y eso que estamos hablando de magia, joder, no de pulsos. Malfoy, otro que tal, hablando de sus malvados planes con sus amigotes que se ríen con él, mientras una chica, puramente decorativa de la que no recuerdo su nombre, le acaricia el pelo sin decir ni una palabra durante la conversación. Tonks sufriendo por amor mientras los mortífagos se hacen con el control de la sociedad, y recuperando la alegría al iniciar una relación con Lupin, a pesar de estar en plena dictadura Voldemort. Porque claro, una mujer solo es feliz cuando está al lado de un hombre, y el destino del mundo le importa un carajo.

 A todo esto le añadimos las relaciones tóxicas y los tópicos psicológicos. Chow Chang loca de celos por Hermione, sin ser capaz de entender que Harry y ella solo son amigos. Por cierto, una Hermione, que pretendiendo ser el personaje femenino más correcto, explica con total normalidad a Harry que las chicas son unas locas inestables y que hay que hablarles como si fueran a saltarte a la yugular en cualquier momento porque sino se enfadan y la culpa es tuya por no entenderlas. Y Ron, regalándole el libro de “como entender a las mujeres” a Harry. Como si las mujeres fueran un robot de cocina con manual de instrucciones. Volviendo a Hermione, es la única de los tres personajes protagonistas que se preocupa por su físico, aprovechando la magia para reducirse el tamaño de los dientes, porque claro, ella es la chica. Además de pasarse la saga entera lloriqueando mientras sus dos compañeros se enfrentan valientemente a las adversidades, a pesar de haber demostrado estar más capacitada que ellos para hacer magia. Siguiendo con Hermione, Ron y las relaciones tóxicas: Siete tochos de libros peleándose, ignorándose, hablándose mal y faltándose al respeto el uno al otro para acabar enamorados porque, claro, todos sabemos que eso es el verdadero amor. Que los que se pelean se desean. No vayamos a implementar relaciones sanas y respetuosas en el imaginario de los más jóvenes.

 Una mención excepcional a la profesora McGonaggall, tal vez el único personaje femenino que no necesita ser rescatado, que pelea con valentía y que demuestra fortaleza. Aún así, siempre una segundona en comparación con el maravilloso Dumbledor.

 Yo me lo perdí en su día y, recientemente, he decidido prestarle cierta atención al mítico personaje que marcó toda una generación. Gracias a los audiolibros, he conseguido meterme en la totalidad de las aventuras del mago mientras trabajaba en otras cosas, y me ha sorprendido, y mucho, lo machista que puede llegar a ser sin quererlo. Y no me sorprendería si fuera una novela de los años cincuenta, pero duele ver que que entre el siglo XX y el XXI, una persona sea capaz de plasmar un machismo tal que a veces de la impresión de estar leyendo una novela ambientada a principios de siglo. Quisiera remarcar que todo lo aquí citado, es lo que recuerdo después de haber escuchado las siete entregas, y seguro que olvido muchos ejemplos pues han pasado varios meses desde que empezara a escuchar la primera. Y me genera cierta tensión recordar como nos lo recomendaban los profesores del instituto cuando era la novedad.

lunes, 7 de marzo de 2016

COLONIZACIÓN 2.0

En el libro “Días Birmanos”, Flory, una clara representación de la persona real y autor del libro George Orwell, es un colono inglés destinado en Birmania que tras comparar a sus compatriotas con los locales, llega a odiar a los de su propia raza. Esnobs ingleses que explotan la pobreza de los que les rodean para vivir una vida llena de lujos, siervos y ginebra trabajando lo menos posible. Se pasan la mayor parte del tiempo en el exclusivo club Inglés donde los locales no tienen permitida la entrada a no ser que sean criados del lugar. 

 En el Instituto Francés de Phnom Penh, Cambodia, proyectan un documental sobre George Orwell y las similitudes que tiene la Birmania actual con su profético libro 1984 y que residuos quedan de aquella época colonial en la que vivió. Muestran como los colonos despreciaban a las personas locales tratándoles come poco más que animales, que eran solo útiles en caso de que pudieran ser siervos, prostitutas, en definitiva, esclavos. Cualquier birmano que no fuera siervo de un blanco, era considerado un enemigo. No había término medio. Me gusta que haya esta conciencia y se denuncien tales atrocidades. Demuestra que las personas hemos aprendido y la lucha por la igualdad social en el mundo va adelante. ¿O no?

 Decido ir a ver el documental, y como llego un poco antes y hace mucho calor, me siento a tomarme antes un té helado en la barra montada en la entrada del centro cultural. Me lo prepara una simpática y alegre camboyana. La única del lugar. Me siento como en una versión moderna de los clubs colonos en los que los locales solo servían para servir, solo que en lugar de leyes prohibitivas y policía, ahora hay otro método para retenerlos en la entrada. Unos precios abusivos que el camboyano medio jamás pagaría. La camboyana que sirve en la barra está contenta porque tiene un sueldo y unas condiciones y salario ligeramente por encima de la media Camboyana, unas condiciones que se considerarían ridículas en cualquier país europeo. Igual que los criados de los clubes retratados en la novela de George Orwell, que estaban contentos de servir a los blancos porque representaba alto estatus y ganaban algo más de dinero que trabajando en el campo o en cualquier otro trabajo que no requiriera una formación específica demasiado difícil y costosa. Así que las cosas tampoco han cambiado tanto. El sudeste asiático sigue estando lleno de blancos que explotan la pobreza local para enriquecerse o montar sus lugares de recreo. A lo largo y ancho de Tailandia, Camboya, e imagino que también Laos Indonesia etc… dr pueden ver locales en los que raramente entra un nativo del país si no es un empleado, en su lugar están disfrutando de sus cócteles con precios exagerados hombres y mujeres blancos, hablando de cosas de blancos, conversaciones en las que no tiene cabida un asiático. Colonización 2.0 de la mano de nuestro amigo capitalismo.



sábado, 16 de agosto de 2014

PRESA DEL CAPITAL

Ya he caído en otra de sus redes, ya me ha enlazado con otra de sus cadenas. El capitalismo me ha lanzado un Smartphone al cuello, y ya no sé cómo desenredarme de él. Empecé con el rollo ese de “este es barato” adquiriendo un Smartphone de procedencia dudosa, de los antiguos, bastante precario, pero eran veinte Euros y funcionaba lo suficiente para escribir por whatsapp a mis amigos que parecían haberme dado esquinazo desde que ellos se habían instalado la aplicación y yo no. Además ahorraría dinero en llamadas y SMS, me decía. “Es de segunda mano y no alimento la demanda en el mercado al adquirirlo” me decía. Me decía tantas cosas que le sonaban coherentes a mi yo anticapitalista que parecía una tontería no coger aquel primer Smartphone a veinte Euros. Y más cuando había perdido mi anterior teléfono, en algún lugar de la India de cuyo nombre no quiero acordarme, un teléfono básico que me había durado unos cuatro años. Así que lo compré, y al señor Capitalismo se le dibujó una sonrisa en la cara.
 Otra víctima del huracán Smartphone. Creía que podía vencerle, jugando a su juego, pero no se puede vencer al diablo. Una persona reacia al consumo, al comprar por comprar, adquiría su primer Smartphone, y quedaría atrapado en la espiral de consumo despiadado que ello implica. El señor Capitalismo lo sabe. Había caído en su trampa, una de ellas, pues ni sería la primera ni la última. Con mi nuevo-viejo Smartphone me di cuenta de que también podía ver el Facebook. “¡Qué bien para los ratos muertos, no vaya a acostumbrarme a llevar un libro encima y leer!”. Y me conformo con ese teléfono por un tiempo. Pero empiezan las molestias. Se tiene que actualizar demasiado a menudo, el software es obsoleto, no consigo hacer que el google maps funcione, y tampoco puedo instalar aplicaciones como line, Instagram, así como ningún juego. Y para más INRI el tetris que viene de serie en ese teléfono no me guarda los récords. Que tragedias. Estoy organizando un viaje a una ciudad desconocida y siento la absurda necesidad de conseguir un Smartphone totalmente funcional. Como si no hubiera estado antes en un lugar desconocido. Decido acudir al mercado de segunda mano, que en Internet es amplio, y así no contribuyo a la fabricación de más teléfonos. “No colaboro a la explotación de mineros que mueren extrayendo coltan en África para fabricar las baterías del teléfono ni colaboro en la explotación de obreros en las fábricas chinas que trabajan bajo condiciones esclavistas” Me digo. Estoy hecho todo un anticapitalista. Seguro que el señor Capitalismo tiembla al verme. Pero el teléfono ya tiene unos años, y unos meses después de adquirirlo cae víctima de la obsolescencia programada. Pero yo ya estoy enganchado al Instagram, utilizo Line para relacionarme con un par o tres de personas, y los niveles del Candy Crush no se van a pasar solos. El señor Capitalismo se ríe en mi cara, y señalándome con el dedo índice, mientras me compro mi tercer teléfono en cuestión de un año. Me gasto un poco más de dinero, y me lo compro nuevo. No quiero volver a ser víctima de la obsolescencia programada. Y este parece ser el teléfono definitivo. “Me va a durar unos años”. Me digo. Aunque no es la hostia, es un Smartphone cien por cien funcional, le funciona todo, la cámara hace fotos más o menos aceptables. Suficiente para el uso que le doy. Pero poco tiempo después ya tengo crujida la pantalla en pedazos y la cámara está tan rayada que enguarra todas las fotos que hago de manera que casi no se entiende nada en las imágenes. Me voy a comprar otro puto teléfono. Será el cuarto teléfono que tengo en mis manos en cuestión de un año, o poco más. Que le den al africano que extrae coltán, o al que vive al lado de un vertedero rodeado de montañas de móviles rotos procedentes de Europa y América que casi tocan el cielo. Que le den al chino explotado en las fábricas que no tiene tiempo para ver a la familia por la que trabaja quince horas al día. No puedo defraudar a mis seguidores de Instagram. Necesito otro móvil.



domingo, 7 de julio de 2013

SOY

Soy la irritación del subyugado esclavo de su jornada laboral. Soy la explosión del atentado de Hipercor. Soy la piedra lanzada por un niño palestino que choca contra el casco del militar equipado con la última tecnología para matar. Soy el tsunami que abrió la brecha en la central nuclear de Fukushima y soy el huracán Katrina. Soy la justicia ciega de la naturaleza. Soy el arma asesina de una mujer maltratada. No un arma de filo ni de fuego, sino un arma de sentimiento, el sentimiento de no poder aguantarlo más. Soy la bota de un estudiante manchada con la sangre de un mosso d’esquadra por a los que les queda ya un solo ojo para llorar. Soy pueblo, soy destrucción. Soy injusto porque soy ciego. Porque me han cegado adrede. Soy energía. Soy el genkidama que nace de un corazón de pura bondad, sin embargo arrasa todo a su paso porque no ha encontrado otra opción. Soy el eje del mal a los ojos de muchos, pero si a lo largo de la historia los imperios siempre han sido los malos de la película, no iba a ser diferente ahora. Soy la daga del oprimido, que derrama sangre roja, la sangre de cualquiera. Y no soy todo lo que soy porque lo quiera ser. No quiero derramar m
ás sangre, si no va acompañada de una nueva vida. No quiero ser más dolor, ni ira, ni sufrimiento. Yo quiero ser paz, amor, quiero ser placer, abundancia, orgasmo simultáneo. Pero no lo soy, porque no me dejan serlo. Soy el aborto de la felicidad, porque no me dejaron nacer. Porque la avaricia de unos pocos no lo podía permitir. La falta de conciencia y la negación de vivir sin sus fútiles privilegios me han convertido en todo lo que soy. Soy el dolor del mundo para la raza inmunda que destruye su propio hogar. Soy lo que quiero y lo que no quiero ser. Y todavía soy un retoño por crecer.    

jueves, 28 de febrero de 2013

COSAS Y CASOS


  Tengo que correr, no puedo parar ni un segundo. Voy por la calle a toda velocidad, empujando a quien quiera que se me ponga en el camino. Jóvenes, abuelas, niños, no hago distinción ninguna. Cualquier cosa por llegar cuanto antes a la guest house donde me alojo y cagar. Así es. Tengo una necesidad tan grande de soltar el lastre que no puedo detenerme ni un segundo. Ni siquiera para pedir perdón a la abuela que llevaba la bolsa de la compra y se ha caído al suelo a causa de mi empujón. Mi mierda aprieta con una fuerza desproporcionada, causándome un intenso dolor de barriga similar al de diez puñaladas en mi interior. Me pregunto si así se sentiría la madre de nuestro presidente antes de parir.
  Por fin llego. Echo el pestillo de la puerta del retrete y sale a presión el montón de mierda que llevo dentro. Sale mierda y más mierda, no puedo parar y una desagradable sensación recorre todo mi cuerpo al notar que el montón de mierda toca mi culo. Mierda. Pero no puedo hacer otra cosa que continuar cagando, no puedo contenerme. Cuando todo el espacio del interior del retrete ya está ocupado por mi gran cagada noto como mi cuerpo empieza a elevarse, mis pies se despegan del suelo y asciendo poco a poco hasta tocar el techo, apoyado en la torre que está formando mi mierda. Pero la fuerza no para, y me empuja más y más. Mi espalda doblada hace tal presión en el tejado que quiebra la madera y sigo subiendo. Me siento como si estuviera en mi particular torre de Babel, que me lleva a la supremacía. Veo como las personas que pasean por la calle se alejan, pero sin perder nitidez. Ahí abajo siguen con sus vidas como si nada hubiera pasado, mi particular torre de mierda debe ser imperceptible a sus ojos. Cuando paro de ascender, estoy encima de tan alta torre que se tambalea a los lados. A esta altura, sin duda, mi caída sería mortal. Cuando consigo mantener el equilibrio, y que la torre esté estabilizada, observo las vistas que me ofrece. Una perspectiva súper amplia y nítida, algo casi surreal.
  A un par de calles veo a un gordo alemán que lleva a una niña tailandesa de unos doce años de la mano. Y no parece ser su hija adoptiva. Veo este país y los que están más allá. Y en todos veo niños esclavos en talleres y niñas sin salida empujadas a trabajar las calles. Y veo a la dulce resistente que engordó expresamente al llegar a la pubertad para evitar ese destino. En el país vecino, veo a un turista norte americano, sentado en la terraza de un café, hablando orgulloso de su patria, mientras, pasa por la calle un chico pidiendo limosna, con una pierna desaparecida al pisar una mina de las colocadas durante la guerra de Vietnam. Veo degradación de la persona allá donde mire. Veo grandes líderes espirituales manipulando masas mientras se enriquecen. Veo empresas causar la destrucción total del medio ambiente, que es lo que nos da vida, a cambio de maximizar beneficios. Veo mafias, y veo corrupción. Y hablando de corrupción, desde aquí también veo “mi país”. Entrecomillo, pues no siento en absoluto que yo le pertenezca. Y veo en él a los patriotas orgullosos de su bandera. Un gran país cuyos ciudadanos se muestran orgullosos de pertenecer. Con un glorioso pasado, dicen. Protagonistas de uno de los más grandes, sino el que más, genocidios de la historia. Con grandes deportistas, dicen. Deportistas motivados por un gobierno que permite e incentiva sus lujosas vidas mientras deja a su pueblo sin recursos, sin casa, sin educación, sin salud. Con un buen clima dicen. La única cualidad indiscutible que es fruto única y exclusivamente de la casualidad. O de alguna divinidad que vive más allá de Plutón, que cogió la península ibérica y la colocó allí en el origen de los tiempos.
  Y a aquellos que dicen que ser español es un honor y un orgullo que no tiene precio, siento decirles que, ahora si lo tiene. Exactamente 160.000€.

viernes, 6 de julio de 2012

MIEDO Y ASCO EN IBIZA



  Pues esto es lo que sentimos mayoritariamente los que somos de por aquí. Aunque supongo que es un sentimiento expandido por todo el territorio de este decadente país llamado España. Los que buscamos trabajo, o tenemos trabajo, sentimos asco. Asco por la precariedad laboral, cuyo aumento se nota como empalmarse con el chándal. Una precariedad cada vez mayor alimentada por el miedo. El miedo de los altos empresarios hoteleros a ganar menos, no sea que no ganen lo suficiente como para invertir en hoteles que les salgan mas rentables al otro lado del atlántico. Esas personas cuya ambición monetaria les ha desplazado su afinidad hacia otros seres humanos a lo más recóndito de su alma, el bienestar, la felicidad, los intereses, en definitiva, la persona, no importa. Acepta el trabajo, anula totalmente tu existencia individual y pasa a formar parte de mi engranaje crea dinero. Y sin rechistar, que hay cientos detrás de ti esperando encontrar un curro. Ya he mandado a la mierda, de manera siempre educada, pero a la mierda al fin y al cabo, a un par de estos negreros, explotadores, esclavistas a quienes solo les falta el látigo. Me los imagino lanzándose a su piscina de billetes y monedas cual tío Gilito, y atragantándose con una de ellas hasta quedar sin respiración y acabar su vida de una manera lenta, agónica y dolorosa. Y una sonrisa se dibuja en mi boca. Es lo que se merecen. Se lo merecen por importarles una mierda la vida de los demás, por mirar antes su bolsillo que el bienestar general de la sociedad. Porque con la excusa de la crisis, en lugar de contratar a dos personas, aun haciéndoles hacer menos horas y pagándoles un poco menos, le piden a una que haga el trabajo de 3, y le pagan como media. Y tienes que dar gracias porque tienes trabajo. Y la ley parece no existir en este salvaje oeste de empresas dispuestas a sacrificarlo todo por el dinero. Pues hasta lo que yo sé muchas, pero muchas de las prácticas laborales que se llevan a cabo por estos lares sodomizan a la ley de manera brutal y salvaje, aunque la ley parezca estar acostumbrándose a ello, oponiendo cada vez menos resistencia. Esto es la crisis, además de una excusa perfecta para que el gobierno nos recorte derechos con total impunidad, también es la excusa perfecta de los empresarios para exprimir hasta la última gota de sangre de sus empleados sacando un beneficio extra para sus bolsillos. Pues por mas que haya crisis, hay terrazas de hoteles que no engañan, que están llenas como cada Julio, y sin embargo la precariedad laboral ha aumentado con creces. No sé donde vamos a llegar, y me entristece mucho ver como las luchas de nuestros antepasados por conseguir unas condiciones laborales medio aceptables se ven ninguneadas y pisoteadas dejando a los empresarios de almas podridas actuar a su libre albedrío. Si seguimos dejando que esto ocurra, vamos a acabar muy jodidos, mas aún.    

martes, 11 de octubre de 2011

Hispanidad


Día doce de octubre, un día en el que los españoles están de celebración, un día que desde hace tiempo me desconcierta, porque realmente me pregunto qué coño se celebra. En principio se celebra el día en el que el señor, si es que se le puede llamar así, Cristóbal Colón descubrió América. Lo primero que me desconcierta es que en el colegio nos expliquen como la historia real, el hecho de que Cristóbal Colón descubriera un sitio que ya estaba habitado por una civilización bastante avanzada para la época. Con valores mucho mas coherentes con la coexistencia pacífica entre el hombre y el planeta que no los que tenemos a día de hoy. Recordemos aquella profecía de los indios Cree, del norte del continente, que dice:
  Solo después que el último árbol haya sido cortado, solo después que el último río haya sido contaminado, solo después que el último pez haya sido pescado, solo entonces te darás cuenta de que el dinero no se puede comer.
  Y una civilización con tales valores fue arrasada, y aunque no solo fue España, el doce de octubre hace apología al inicio de dicha masacre. Posiblemente uno de los mayores genocidios provocados en toda la historia por "nuestro" país. Y entrecomillo nuestro porque yo no considero que tenga un país. Mas bien yo soy del país, que el país mío, ya que solo he nacido aquí y la nacionalidad me persigue allá donde vaya. Entonces, que alguien me explique, por favor, cual es el motivo de la celebración. ¿Qué un antepasado nuestro descubrió un continente que: arrasamos, matamos a sus legítimos habitantes, violamos a sus mujeres, robamos su oro, despreciamos su cultura y destrozamos su hábitat? Y a cambio, ¿Qué les dimos? ¿Religión? ¿Armas de fuego?
  Se supone que se celebra la patria, y el orgullo de ser español, sin embargo se hace referencia uno de los actos mas vergonzosos llevados a cabo por esta nación, sino el que más. No existe ningún enlace dentro de mi entramado neuronal que me diga que esto tiene alguna lógica.
  El día que aumento mi desconcierto, en lo que al tema tratado se refiere, fue el día en el que descubrí que al otro lado del charco también se celebra dicha festividad. O sea que un conjunto de países, considerados en gran parte no desarrollados o en vías de desarrollo, condición consecuencia en gran parte de los expolios y saqueos sufridos en el pasado por España, país que a día de hoy rechaza o dificulta la entrada de los habitantes de dichos países, celebran el día de la hispanidad y el orgullo de lo español. ¿Alguien me lo explica?
  En fin, no es mi intención arruinar el día festivo a nadie, pero mi opinión es que en lugar de una festividad, debería considerarse un día de luto nacional y guardar un minuto de silencio en señal de arrepentimiento de los actos acontecidos en el pasado, en lugar de expresar hacia ellos el orgullo que, incomprensiblemente, sienten muchos españoles.   

Os dejo un par de enlaces a interesantes vídeos sobre estas civilizaciones destruidas en el pasado: 




domingo, 12 de junio de 2011

ENSAYO: Reducir el consumo.

La revolución es una cosa de todos, y de todos los días. Hay que cambiar muchas cosas y, desde mi punto de vista, una de las más importantes es el volumen de consumo. Debemos ser conscientes de que cada vez que compramos algo le estamos haciendo daño al planeta. Es muy difícil encontrar productos en el mercado que hayan sido completamente respetuosos, tanto con el medio ambiente, como con el medio humano. Da igual si es un ordenador, unos pantalones o una lata de guisantes. Todo colabora en el deterioro general del planeta, por no hablar de los atroces crímenes de los que son impunemente responsables algunas compañías y nosotros, al consumir sus productos, cómplices. Aunque no nos demos cuenta.
  Un ejemplo de dichos crímenes son los que realizan compañías como motorola o nokia al comercializar móviles fabricados con Coltan procedente del Congo. Un lugar donde los mineros son esclavizados y torturados por los militares, quienes se quedan con el beneficio de la extracción del mineral para subvencionar su lucha armada. O las compañías de tejanos que han trasladado sus fábricas a Turquía donde todavía se permite la técnica de desgaste de jeans por chorro de arena. Una técnica que contamina los pulmones de los trabajadores de polvo de sílice, provocándoles así silicosis, una enfermedad respiratoria que a veces llega a ser mortal. Total para que podamos llevar pantalones desgastados, menuda gilipollez.
 Y estos son los dos ejemplos que han llegado a mi pantalla, de entre todo lo que ignoramos. Se que es muy difícil saber, de todo lo que llega a nuestras tiendas, que está manchado de sangre y que no, así como lo que es respetuoso con el medio ambiente. Por lo que creo que deberíamos, todos, adoptar la responsabilidad de tratar de reducir el consumo a su mínima expresión. Hay muchos pequeños gestos que pueden ayudar, como por ejemplo el no cambiar de ropa cada año, ni cada dos, la ropa dura mucho más tiempo y se puede llevar, puede que no se vea nueva y se vea un poco desgastada, pero a quien le importa, te cubre del frío y te tapa igual. La moda es una estafa, un robo directo a nuestros bolsillos, y un abuso del planeta, pues te hace creer que necesitas cambiar de ropa constantemente. Alimenta los mercados de segunda mano, puedes encontrar lo que necesitas sin aumentar la demanda de producción. No tires nada que funcione o se pueda reparar, véndelo o regálalo a alguien que lo necesite. Utiliza los foros de Internet para encontrar soluciones para tus aparatos estropeados, puedes encontrar como arreglar de todo, ordenadores, neveras, ventiladores, impresoras... Solo hay que dedicarle un poco de tiempo, pero ahorrarás dinero y planeta. Procura comprar los productos alimenticios en medidas grandes, por ejemplo, seis medianas son dos litros, pues antes que coger los seis envases que tendrás que desechar, mejor coge dos litronas y utiliza vasos. Evita el paquete en medida de lo posible, es mejor siempre comprar verduras frescas que en los ultracongelados o en botes de conserva. Lo mejor de todo es que, si te fijas, además de ayudar al planeta y alimentar un poco menos el violento sistema en el que vivimos, todas estas medidas son beneficiosas para nuestros bolsillos, por lo que, reduciendo el consumo ganamos todos. O casi todos. 


Les dejo con el documental que explica la historia del Coltan. Una triste historia, sin duda. 




PD: Con los tiempos que corren, se me hace mas necesario escribir este tipo de ensayos que relatos o cuentos de borrachos y demonios. Pero volverán, cada cosa a su tiempo.

martes, 7 de junio de 2011

ENSAYO: FUEGO Y CENIZA


  En los últimos días nuestra isla, Ibiza, ha sufrido el mayor incendio registrado en su historia. Mas de mil quinientas hectáreas afectadas. Gran parte del bosque norte, y, por supuesto, no la misma parte que se quemó el año pasado. Las autoridades señalan con su dedo acusador a Martín, un profesor de tenis de niños. Un "boludo" argentino que acudía a dar las clases con su pantalón de pijama. Un hippie que, sin duda, ama la naturaleza tanto como cualquiera. Y en todos los medios se le califica de "el responsable". Y así, el gobierno ha canalizado toda la ira e impotencia de la población de la isla, que ha visto convertir su principal pulmón a cenizas, hacía Martín. He llegado a leer por twitter que hay gente a la que le gustaría verle a él quemado. Cierto, hizo fuego en una época en la que, además de estar prohibido, es de sentido común no hacerlo, pero, ¿fue realmente solo él? Pues muchos testigos aseguran haber visto varios focos. Aun así, suponiendo que sea cierto, no entiendo como pretenden acusarlo a pena de hasta diez años de cárcel por una negligencia, porque ¿De quién fue la negligencia?
  Los incendios son un riesgo de cada año, y solo tenemos un avión y un par o cuatro de helicópteros. Estábamos advertidos tras el incendio del año pasado en el que se quemaron setecientas hectáreas. Y no se hicieron cortafuegos ni se preparó el bosque. El gobierno insular, que multa a los propietarios de las tierras si cortan un solo árbol por preservar el espacio natural, ha permitido que todo se queme mientras compra máquinas quitanieves para la autopista, aquí donde nunca nieva y nadie quería dicha autopista. Por no hablar del turbio misterio de la ausencia de vigilantes en la torre de control, o las erróneas calificaciones del grado del incendio a la hora de pedir ayuda. Para mi el principal negligente es el gobierno, pensando bien y sin pensar que ha sido provocado intencionadamente con algún objetivo, sin embargo pretenden castigar al argentino, mandarle a prisión, estigmatizarle de por vida con una experiencia que, por seguro, no se merece ni está preparado.
  Y digo yo, tras decir que me parece injusto que se le castigue solo a él, puestos a castigarle, ¿no sería mejor para el gobierno, para todos los contribuyentes y para el propio acusado que se le condene a trabajar en la reforestación del bosque?
  No se como lo veis vosotros, pero yo lo veo todo muy turbio, y me parece un motivo más para no parar la revolución y apoyarla hasta el final. Nuestros gobiernos nos perjudican demasiado.  

domingo, 1 de mayo de 2011

ESTAFADORES LEGALES

(Entrada especial para el 1 de mayo)

Acudo a una entrevista de trabajo que no sé ni de que es. Acudo a su llamada como un devoto ciego acudiría a la llamada de Dios. Aunque un poco a regañadientes. La entrevista consiste en explicarme que hacen marketing directo. A domicilio. Y me pregunta si estoy motivado para agregarme a su plantilla de trabajo. La verdad, tras su breve explicación, creo que prefiero robar. Al menos es mas moral. Pues la función del comercial a domicilio es allanar moradas, de manera encubierta, pero allanar al fin y al cabo, interrumpiendo siestas, programas de televisión favoritos o momentos sexuales. Al comercial de marketing directo no le importa. No le puede importar. Una vez dentro se engaña con lengua bífida a la víctima para que compre algo o contrate algo que, en realidad, no quiere para nada, ni le hace ni puta falta. Si aceptan es porque quieren deshacerse de ti. Porque eres tan pesado que es mejor aceptar por perderte de vista. De eso se trata el marketing directo, de conseguir que alguien pague con tal de perderte de vista. Y si aceptan están jodidos. Las víctimas que acaban aceptando un seguro de un banco, o un contrato con una compañía telefónica, o un plan de pensiones. Sea lo que sea lo que aceptan es, sin duda alguna, algo que les va a succionar dinero de sus cuentas bancarias, con un contrato firmado que seguro será difícil de romper, además de tener elevados costes, y con unas condiciones que el comercial de marketing directo obvió. Siempre hay letra pequeña que es mejor no decir si quieres vender, supongo. Y cuando, meses después, la víctima esté discutiendo con algún inepto teleoperador de las empresas ejecutoras pensará: "Yo estaba echando un polvo, y era lo único que quería en ese momento". Pero vino el comercial y le condenó a una consecuencia de dolores de cabeza con un final incierto.
 El entrevistador me pregunta si quiero ir mañana. Le contesto que si, porque me parece lo mas correcto, y mas fácil. Aunque para cuando me pregunta ya empiezo a dudar de querer ese trabajo y, tras reflexionarlo profundamente, llego a la conclusión de que prefiero robar. Definitivamente. De verdad, lo veo mucho mas honesto. El ladrón aprovecha un despiste para sustraerle a alguien alguna pertenencia. La cartera, por ejemplo. LA víctima se lleva un disgusto momentáneo. Pierde entre veinte y cincuenta Euros, un par de mañanas para realizar la denuncia y renovar sus documentos. Después de eso, todo vuelve a la normalidad. Además, el ladrón, se somete a un posible castigo, a una redención. Por lo que es consciente en todo momento de que, lo que hace, no es correcto. Y no necesita mentir. SIn embargo, el comercial invade el hogar, miente, engaña, causa daños con mayores repercusiones económicas, morales, y a mas largo plazo. Y encima lo hace de manera impune, incluso llegándose a creer que no hace nada malo incentivado por los ridículos porcentajes llamados comisiones. Por si fuera poco, el principal beneficiado de sus viles actos no es él mismo, sino una multinacional. Los diablos de esta sociedad. De verdad, es triste de pedir, mas triste es de robar, pero mas aun ser comercial de marketing directo a domicilio. Es solo mi humilde opinión. Que nadie se ofenda.   

La verdad, a pesar de todo lo escrito acerca del oficio que me ha ocupado en varias ocasiones, prefiero mil veces la hostelería, a pesar de todo:


lunes, 7 de febrero de 2011

La mierda interior

(Bueno, sin saber como ni porque, me ha salido un ensayo. No es una historieta en la que pasa algo, solo una reflexión, si aún así leen, que lo disfruten.)

LA MIERDA INTERIOR
(Algo así como la fuerza interior, pero algo menos espiritual)

Bien, entonces, es innegable el hecho de que todos, absolutamente todos, cagamos. Sólido o líquido, mas amarillento o mas negruzco, mas grande o mas pequeño. Da igual como lo llamemos: hacer popo, defecar, evacuar, visitar al señor roca, plantar un pino, liberar a Willy... Da igual el tamaño, el sexo, la edad, la raza... pero hasta la chica mas hermosa, con mas glamour y con mas clase que te puedas imaginar, las superdivas de la televisión y el mundo del espectáculo, los supermodelos que trabajan de actores y tanto humedecen las entrepiernas adolescentes, todos, absolutamente todos, cagan. Y su mierda también huele mal, por supuesto. Así ocurre desde el momento en el que expulsamos aquella sustancia verdosa tirando a negra y viscosa, compuesta por células muertas y secreciones del estómago e hígado, allá en las primeras horas de vida. Nuestras primeras heces, nuestra primera cagada compuesta por basura orgánica generada desde el momento en el que empieza el periodo fetal, y expulsada por la, ya prediseñada expresamente para la función, leche materna con calostro. Un laxante natural. De ésta manera, todo nuestro organismo, así como el de la madre que nos parió, está naturalmente prediseñado para que generemos mierda.
  Entonces, inevitablemente, esto nos lleva a pensar que, una de las cosas que hacemos durante más tiempo en nuestra vida, es almacenar mierda en nuestro interior para después desecharla. Más formada o menos formada dependiendo del tiempo que haga desde nuestra última expulsión, defecación o cagada, pero mierda al fin y al cabo. Entonces somos simples envases de mierda, entonces somos unos mierdas.
  Ésta sería una muy buena explicación de como funciona el mundo en los tiempos que corren, y desde hace ya algún siglo, en el que la industria ha evolucionado subyugada a un capitalismo sin escrúpulos ni piedad, ya que, partiendo de este principio, no es de extrañar que, tales seres seamos unos generadores de mierda a gran escala. Es nuestro comportamiento natural. Comemos, nos quedamos lo que necesitamos de los alimentos, y desechamos el resto. Así nuestros vertederos están todos rebosantes de mierda metálica, plástica, y demás materiales que han sido prediseñados para ser desechados. Tan natural como la lactancia y la primera cagada, lanzamos cada envase a la basura, cagamos botellas de plástico, envases de yogurt, latas de cerveza, móviles antiguos, juguetes viejos, coches rotos, aviones... de todo. Lo tratamos como si fuese mierda, lo ponemos en un lugar donde no lo vemos confiando en que así no nos molestará. Pero no es mierda, es algo mucho peor. La mierda, a pesar de su pestilencia, es una materia biodegradable que, fusionada con la tierra y unas semillas, da vida. Da fuerza a aquella vida vegetal que tanto necesitamos nosotros y que, sin embargo, nuestra mierda industrial y tecnológica, destruye.
  Entonces, usemos nuestra ya natural cultura, nuestros comportamientos adquiridos, esos que siempre usamos para dejar de lado y reprimir nuestros hábitos naturales más molestos, y dediquémoslos a encontrar la manera de no generar tanta mierda, pero mierda de esa que asesina a la naturaleza, digo ahora. En resumen, quiero decir, que no seáis mierdas, y cuidad el medioambiente intentando generar la menor cantidad de mierda posible, comprando lo menos posible y, sobretodo a las empresas: que miren menos las cifras y más la vida.
  En fin, son sólo paranoias de un servidor.

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sábado, 22 de mayo de 2010

Las bicicletas son para el invierno

Una agradable brisa primaveral cruza las calles de la bonita ciudad mediterránea. La lubricación natural de los canalillos al descubierto alegran las vistas con su presencia, tras tantos largos meses ocultos. Se respira paz, tranquilidad y polen. Maldito polen. Son las tres de la tarde y tengo que hacer unos recados. Como hace mucho que no cojo la bici decido que me ira bien retomarla. Hacer un poco de ejercicio, ahorrar dinero, y, sobre todo, ahorrar tiempo. Es primavera, y en principio, debería ser un paseo agradable mientras cumplo con los recados. Pero tres factores impiden que así sea.
El primero es la falta de constancia. Hace seis meses que no cojo la bici, y eso se nota. El segundo factor es el calor. El sol aprieta, me empuja contra el asfalto y, a pesar de la brisa primaveral. El tercero es el polen, maldito polen que penetra en mis entrañas sin que lo perciba, pero me corroe el interior del sistema respiratorio. Con todo junto, las subidas son más empinadas y largas de lo que solían ser. Y lo que en invierno podría ser un agradable paseo, se esta convirtiendo en un sofocante ejercicio. Mi cara esta roja y mi corazón bombea a mil por pulsaciones por segundo. O esa es la impresión que me da a mí.
Como ya he dicho, hace seis largos meses que no cojo la bici, y claro, cuando me monto me doy cuenta de que las ruedas están mas deshinchadas que el pene de un adicto a la masturbación después de ver una película porno entera. Por tanto, no me queda otra que ir a la gasolinera y darle aire. Las hincho mucho. Cuando las ruedas de la bici están muy hinchadas da la impresión de que vas más rápido y cuesta menos esfuerzo darle al pedal. Además es divertido saltar y notar el rebote. Así que ignoro el consejo, o más bien la orden, que me daba mi padre cuando era niño “no las hinches tanto que te van a reventar y te vas a meter un hostia”. Y las hincho hasta que alcanzan una dureza similar a la de una piedra.
El camino empieza agradable. La brisa, los canalillos, las ciclistas en mayas que me adelantan. Todo resulta perfecto hasta la primera subida larga y de dura pendiente. Me pongo en pie para pedalear con más fuerza, empiezo a sudar. Los goterones me bajan desde la frente hasta la barbilla, y la piel que recubre mi tríceps es ahora la superficie de un valle que transporta ríos de sudor hasta el codo. Pienso en la impresión que se van a llevar en las agencias de publicidad cuando un tipo sudoroso, con greñas y perilla de heviata, pantalones de rapero destrozados y un metro con noventa y cinco centímetros de altura llame a su puerta, les entregue el paquete y se marche. Me pregunto si no pensarán que puede ser un paquete de Ántrax.
Tras la entrega del primer paquete, atravieso un agradable paseo lleno de árboles a ambos lados. Agradable para quien no sufre de alergia. Cuando llevo unos cien metros en él entra en juego el tercer factor estropea odiseas. Noto como el polen me inunda las entrañas. Me entran ataques de tos, la garganta me raspa, se me acumula flema hasta el punto de no poder evitar soltar el esputo en el primer seto que encuentro. Y los ojos, llorosos todo el camino como si me acabara de abandonar el amor de mi vida. Y es entonces cuando pienso “¡Qué guay! ¡Ya es primavera!”.
A pesar de los mocos consigo esquivar el ataque del polen, más bien resistirlo, y he cruzado el paseo. Ahora voy poco a poco por la acera por donde la sombra me protege ligeramente del calor. Estoy cruzando por debajo de una estructura de andamios de obras de rehabilitación de fachadas, cuando de repente noto una bocanada de fuerte aire caliente que me golpea en la cara acompañada de un estruendo ensordecedor. La siguiente imagen que tengo soy yo en el suelo, la rueda de la bici desencajada, los radios deshilachados y la rueda reventada por la presión del aire. Una barra del andamio está a escasos centímetros de mi cabeza, otra al lado de mis costillas, otra entre mis piernas a punto de tocar aquel instrumento más sensible de los hombres. Pero milagrosamente ninguna me ha tocado. Estoy completamente ileso, aunque parece ser que no lo parece, pues un señor me pregunta preocupado “¿Estás bien chico?” y yo es en ese momento, y no antes, que me doy cuenta de lo que ha pasado. Había un canto de baldosa en la acera, porque otra estaba totalmente hundida, y mi rueda sobreaireada ha reventado por la presión en cuanto lo he pisado. Ha dejado de rodar repentinamente, y mis noventa y cinco quilos se han ido repentinamente y de golpe al suelo. Ha sido de esas caídas en las que te sueles romper algo, al menos hacerte un esguince en la muñeca, o partirte la nariz. Pero yo, tras comprobar que mi dolor de rodilla solo es un pequeño rasguño, me levanto y contesto al señor. “Estoy bien, gracias”. Veo a una señora que se acerca alterada, “¿Qué ha pasado?” me pregunta. Y le digo que nada, que ha reventado la rueda y que estoy bien, que no se preocupe y que siga con su vida, le doy las gracias. Ella me contesta “Pues menos mal que te a pasado aquí, llega a pasarte por allí...” señalando la calzada por donde circulan los coches. Pensad de ella lo que queráis, yo aún no se que pensar.
Asimilo lo que me ha pasado muy alegre, satisfecho. Es casi un milagro que haya tenido esta caída entre una docena de barras de hierro y no me haya hecho nada. La única putada es que la bici no puede continuar, y aún tengo que entregar tres DVD’s. Además me he quedado un poco sucio, aunque eso todavía no me importa.
Me dispongo a buscar una tienda de reparación de bicicletas, entro en una tienda de motos. Como si tuviera algo que ver, y le pregunto al tipo que hay ahí si es posible que me arregle la bici, obviamente no, entonces le pregunto si sabe dónde puedo arreglarla. Parece saberlo a la perfección, pero solo lo parece. Me indica dos direcciones a los que ir, pero ambas están muy lejos, así que encadeno la bici y me dispongo a acabar con los recados a pata. De la bici me preocuparé después.
Caminar a este ritmo resulta ser un esfuerzo físico superior al de ir en bici, bajo el sol primaveral cada vez siento las axilas mas húmedas, y no tengo posibilidad de solucionarlo. Mi sentido de la orientación que normalmente es vago, se ha vuelto nulo. La caída ha liberado en mi mente algún tipo de sustancia que me hace sentir en un estado similar a la embriaguez. Tal vez haya sido un subidón de adrenalina. Tal vez no. El caso es que no encuentro la maldita calle y me siento desorientado en un barrio en el que he estado mil veces. Pregunto a la gente de la zona, pero parece que se les haya contagiado mi estado embriagado. Es como si la calle no existiera. Finalmente la encuentro, gracias principalmente, a mi propia lógica. Si tengo que encontrar una calle llamada iglesia, supongo que estará cerca de la iglesia. Y de repente todo junto me parece muy ridículo y obvio. Me he ganado un gallifante. Subo por el ascensor y mientras me pongo la sudadera que llevo atada a la cintura para disimular el sudor de las axilas, me doy cuenta de lo sucio que voy. Los pantalones manchados, las manos mugrientas, las chaqueta llena de roña. Pero claro, ¿Qué podría esperar tras haberme revolcado por el suelo de la acera? Por bonita que la ciudad sea, el suelo está mugriento. La mugre es una constante que aprendemos a esquivar, pero que siempre esta ahí. Acecha en cada esquina deseando enguarrarte de su esencia. Me abre la puerta una chica simpática, tal vez la secretaria de la agencia, o tal vez una creativa de una agencia pequeña. No lo se. Ni me voy a quedar a averiguarlo. Me limito a decirle que llevo un paquete para ellos y me doy la vuelta mientras me da las gracias, para que no le de tiempo, ni si quiera, a sospechar de mi lamentable presencia.
Las otras dos entregas transcurren de una manera más o menos similar. Y a pesar de todos los contratiempos cumplo con las entregas dentro del plazo previsto.
Ahora voy a preocuparme por mi bici. La primera dificultad que tengo que superar es encontrarla. Hubiera sido bastante más fácil si hubiera apuntado la calle en la que la he dejado, pero no lo he hecho. Solo se con certeza la zona. Pero, con la malditamente regular cuadrícula que forman las cales del ensanche de la ciudad, necesito rodear unas cuantas manzanas antes de encontrarla. Pues todo me parece igual, y me da la impresión que la he dejado en cualquiera de las calles que piso. Pero la encuentro justo cuando estoy empezando a emparanoiarme acerca de la posibilidad de que me la hayan robado. Recuerdo una vez en la que, para recuperarla, tuve que perseguir a un moro que se la llevaba al hombro. Y eso alimenta mi paranoia. Pero esta vez la bici sigue ahí. Quien se va a molestar en robar una bici decathlon, la mas barata de ellas, y con la rueda totalmente destrozada. La pieza que normalmente ajusta la cámara esta reventada y los hierros se separan dirigidos a todos lados. Nunca sospeché que el aire pudiera ser tan poderoso.
Mantengo la rueda que no rueda elevada. Empujo a la de atrás dirigiéndola. Los peatones temen acercarse demasiado a mí, temen la posibilidad de que les eche la bicicleta encima, o eso me parece que comunican sus miradas. Tras una larga y dura caminata llego a la calle donde el tipo de la tienda de motos me había dicho que había un taller de bicicletas. No veo nada, como era de esperar vista mi suerte. Al final decido entrar en cualquier tienda y preguntar. Si hay una tienda de bicis cerca, alguien que trabaje en la misma calle, que se la recorre a diario, debería saber donde se encuentra. Y mis suposiciones son acertadas. Una señora, que esta sentada detrás de una mesa de oficina, no recuerdo de que, me dice con toda seguridad: “la tienda que buscas estaba en esta esquina, pero quebró hace unos meses”.
Salgo, respiro profundamente para mantener la calma, y me cuesta. Por un momento mi mayor deseo es patear la bicicleta y las caras de todos los que están a mí alrededor hasta quedar exhausto. Pero en lugar de eso respiro hondo. Hace que el cerebro funcione mejor.
Llamo por teléfono a mi compañero de piso, tengo suerte, esta en casa. Le digo que mire en google dónde está la tienda de bicis mas cercana a mí y me indica una dirección que me pone de mal humor, más. No por su lejanía, sino porque está un poco más allá de donde vengo. Y yo, odio deshacer lo que hago. Odio el esfuerzo en vano. Y odio las pérdidas de tiempo. Y lo he hecho todo a la vez. Me dirijo hacia allí, temeroso de que esté cerrada, o ya no exista. Dada la suerte que llevo sería lo más normal. Pero cuando llego y veo la tienda de bicis doy gracias a mi compañero de piso, a mi móvil, a Internet, y a la tecnología que han estado allí cuando los he necesitado.
Dentro me atiende un hippie molón, aunque simpático. Es una tienda de bicis para gafapastosos modernillos del borne. Y me imagino que me sablearán. Pero es un momento en el que pagaría cualquier cosa por una rueda. Y no se burlen, no en vano es el invento más importante de la historia. Me dice amablemente “Un momento, voy a buscar tu rueda”. Repentinamente me siento más ligero. Voy quitando la rueda de mi bici, la separo de la cubierta que me ha dicho que es lo único que se puede aprovechar. El hippie vuelve con las manos vacías. “Se me han acabado las ruedas”. Esto es el colmo. Pero me ofrece una solución que evita que mi esperanza se desvanezca completamente. A dos calles hay una tienda de bicis. Y es una tienda normal. No una tienda de bicis que se decora de manera molona para atrapar a clientela subnormal que quiere ir de moderna por la vida por llevar una bici estilo retro, cuanto más cara mejor, aunque no esté equipada. Aunque no me lo explica con esas palabras por supuesto, y, aunque pueda parecer lo contrario, agradezco mucho la amabilidad del hippie molón.
Salgo con la bici en una mano, la rueda destrozada en otra, y la cubierta colgada cual collar, aumentando el porcentaje de mugre que hay en mi ropa. Suelto la rueda en el primer contenedor y llego a la siguiente tienda con mi bici colgada del hombro, y mi bonito collar de caucho. Eso si que es una tienda de bicis normal, me atiende un Manolo con mono de mecánico y una gorra amarilla con un logo publicitario de whisky. Le digo si me puede vender una rueda, accede. Me dispongo a colocarla en la bici, pero me doy cuenta de que el mecanismo es diferente a la que tenía antes. No se quita con la mano, sino que necesitas dos llaves inglesas, o alicates, o cualquier cosa que pueda sujetar los pequeños pernos y permitirme hacer fuerza sobre ellos. Cualquier cosa que por supuesto no llevo encima. Me giro, veo un cartel que pone “mano de obra: 50 Euros/hora” y le pido prestadas las herramientas. Me tiro un buen rato, no es que sea muy mañoso, pero cambio la rueda. Y es en ese momento en el que caigo que la rueda de una bici no se puede hinchar a pulmón. Miro al dependiente. Le he estado ocupando gran parte del vestíbulo de la tienda para cambiar la rueda, le he pedido prestadas herramientas para ahorrarme la mano de obra, y ni he hecho el gesto de pagar todavía por la rueda que me ha entregado. Pero vuelvo a mirar el cartel que pone “50 Euros hora” y le pido si me deja entrar a su taller a hinchar la bici para no irme arrastrándola hasta la próxima gasolinera. Supongo que le he dado pena, porque le dice al mecánico del interior que me la hinche. ¡Perfecto, ya tengo bici! Le pago veinticinco Euros y salgo de la tienda ansioso por poder volver a pedalear y desplazarme a una velocidad decente. A pesar del cansancio causado por todo el ajetreo, me siento feliz, y como una pluma. Ahora si que me he quitado un gran peso de encima. Me queda casi una hora de pedal para llegar a casa, pero al menos ya pedaleo. Pero, por supuesto, no todo va a ir bien antes de llegar a casa. Es primavera, y los ataques de tos y estornudos causados por el polen solo cesan cuando cae una lluvia torrencial digna del clima tropical. Paradójicamente, ahora que estoy empapado, ya no estornudo ni toso. Pero estoy empapado, como si me hubiera caído a una piscina con ropa y todo. Y estoy justo en el punto intermedio entre dos paradas de tren. Las dos están no muy cerca. Y la lluvia es tan abundante que en ese tramo consigue que me sienta mojado hasta los huesos. Pretendo ir veloz para llegar pronto a la siguiente estación, pero no es buena idea. La bici ignora los frenos, que dejan resbalar las ruedas debido al agua. La calle esta inundada y la gente camina sin mirar a su alrededor, prestando gran atención a sus pasos para no caer. Una señora. Se me tira delante, voy rápido, los frenos me ignoran, mis pies se deslizan a toda velocidad arrastrándose por la acera aguada. Curvo y paro justo a tiempo para no golpearla. La señora ni se ha enterado de que por unos pocos centímetros no ha sido arrollada por mis casi cien quilos de peso, y sigue su paso, concentrada en no caer. Sigo, casi me caigo, casi me choco, casi me atropellan, y todo ello numerosas veces. Pero cuando llego hasta la estación, la lluvia no ha cesado, pero casi. Y ya estoy tan empapado que un par de gotas mas que me caigan encima no me van a afectar para nada. Decido llegar a casa en la bici. Por supuesto, cuando llego, para de llover. Entro en casa, y cuando veo a mi compañera de piso le saludo, “¡Ya es primavera!” Y si yo creyera en Dios pensaría que me ha mandado una advertencia para que no vuelva a coger la bici, pero como creo que más en mí que en él, y como el hombre es el único animal que tropieza dos, tres y seis veces con la misma piedra, mañana volveré a coger la bici.
Mayo 2010


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miércoles, 14 de abril de 2010

REBOZADO EN MIERDA

Me despojo de mi dignidad, me arrastro por el fango, me inclino a tus pies y, una vez mas, mendigo un poquito de tu amor. Pues tal es mi admiración por ti, tal es. Tal es que en mi mente no entra la realidad biológica de que tú también cagas. Después de un atracón de polvorones te entra dolor de estómago, vas corriendo al wc y de tus entrañas dejas caer algo asqueroso, maloliente y pringoso, pero de eso no soy consciente, como no lo soy de que también generas bilis, mocos, orín. Pues cuando te veo te divinizo, te traslado a un nivel superior, un nivel en el que yo no puedo ni imaginar existir, pues yo me estoy revolcando en la mierda que has dejado por el camino a tu ascensión. Me revuelco, me arrastro, pero en dirección hacia ti, y no pienso que merezco esto. No pienso que merezco comerme toda la mierda que dejas detrás de ti, pero lo acepto, pues nunca he aspirado a una gran vida.
Rebozarme en la mierda se me da bien, al menos, es la tuya. Porque entendí que luchar por algo mejor era inútil, porque entendí que creer en algo mas era ser iluso, porque aprendí. Aprendí a ser un perdedor y me convertí en un gran perdedor, un perdedor tan perdedor que no intenta dejar de serlo, y abracé la perdición y deja la lucha a otros. Otros que aspiran a ganar y se desquician al perder, otros que viven mirando un porvenir que nunca es el que espectan, otros que acabaran en el mismo sitio que yo pero con más heridas de guerra. Una guerra que perdimos casi un par de milenios atrás, justo en el momento en el que empezamos a creernos las enseñanzas de Dios. Unas enseñanzas que acabarían con todo lo bueno que las precedía y construirían todo lo malo que hoy nos oprime, convirtiendo en pecado el placer, convirtiendo en pecado la libertad de expresión, convirtiendo en pecado el autoestima, convirtiendo en pecado vivir y morir, convirtiendo en pecado todo.
Esta es toda la mierda en la que me rebozo, este es el presente que me causa arcadas. Porque somos libres de escoger entre miserias, porque somos libres de dejar de vivir en ellas, porque salir de nuestra prisión de papeles impresos en verde no es posible en este mundo manipulado en el que vivimos. Por todo esto y mucho mas te elijo, elijo seguirte a través de este pastizal grumoso deseando que vuelvas a rechazar mi corazón mi corazón, pues, en un mundo que me ha educado como perdedor tal logro desquiciaría mi lógica, pues si la necesidad de mendigar tu amor desaparece de mi vida, tal vez mi vida se pierda en la inmundicia de nuestro sistema.

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viernes, 9 de abril de 2010

PERDIENDO EL TIEMPO I y II

PERDIENDO EL TIEMPO

Son las doce de la mañana, suena el despertador, le das a snooze. Son las doce y diez de la mañana, suena el despertador, le das a snooze. Son las doce y veinte de la mañana, suena el despertador, te quedas mirándolo pensativo unos segundos y, finalmente, le das a Stop. Sabes que no te vas a volver a dormir. Hace mucho frío, se esta a gusto debajo de las mantas, así vuelves a meter el brazo, te das la vuelta, y disfrutas del calorcito y la comodidad de la cama pensando en todo lo que tienes por hacer. En todos los proyectos empezados que estas deseando con urgencia ver terminados: ilustraciones, el documental, el corto de animación… En las cosas que tienes por aprender, que muy bien sabes que es muy factible aprenderlas en solitario y de manera autodidacta, desde casa, con la ayuda de Internet. Cosas que te serán útiles en tu futuro profesional y personal: tutoriales de colorear, de montar, de crear efectos en postproducción de video, de animación 2D, animación 3D, manuales de de autoayuda para combatir depresiones, para ayudar a algún amigo con problemas psicológicos, para ser mejor amante… Pero, se está tan a gusto en la cama.
Son la una menos cuarto, y ya empiezas a tener esa sensación desagradable que es la de estar perdiendo el tiempo, de que llevas casi una hora en la cama sin hacer nada, ya que por no hacer, ni duermes. Enciendes la luz de la habitación a fin de provocar un poco de incomodidad en tu persona, para ver si así consigues levantarte. Consigues estar mas incómodo, pero aún así estas mas cómodo que expuesto al frío que reina mas allá de las fronteras de tu cama.
Largo rato después sacas el brazo de la cama y tocas tus ropas, todas ellas están frías, y no quieres estar pasando frío. Al final optas por meter las ropas por debajo de las sábanas, vestirte desde la cama, tumbado, y esperar sepultado bajo el grosor de las tres mantas a que se caliente. No piensas salir de la cama hasta que se haya calentado tu ropa, y por consiguiente, tu cuerpo.
Cuando por fin te levantas ya son la una y cuarto. Mierda. La primera hora y cuarto del día arrojada por el retrete. Enciendes el ordenador con la esperanza de hacer algo de provecho ni que sea media horita, pero mientras se enciende vas a la cocina a por un té y algo de picar.
Te sientas por fin frente al ordenador, con tu té calentándote las entrañas, dispuesto a… dispuesto a… Dispuesto a abrir el gestor de descargas, el facebook, el blogspot, o cualquier otra estupidez por el estilo, total, para media hora, que es el tiempo que te falta antes de ir a comer, no da para nada. No vale la pena ponerse a ello para una vez alcanzada la actitud de trabajo tengas que dejarlo para ponerte a cocinar para llegar al curro a tiempo.
Tras un rato perdiendo el tiempo chequeando tus diversos perfiles online, perfiles con los que creas una imagen ficticia e idolatrada de ti mismo para intentar que todo el mundo crea que eres mejor de lo que eres, decides ponerte un capítulo de alguna serie de veinte minutos, diciéndote a ti mismo que es importante tener referentes para desarrollar tu propio estilo, y, casi creyéndote que realmente estás haciendo algo de provecho o útil. Así pierdes los últimos minutos previos a la hora de comer.
Cocinas, comes, te cambias, otra hora más perdida antes de salir de casa. Transporte público, otra hora perdida. Tres horas de curro por amor al arte, bueno, me intento convencer de que será algo bueno en un futuro que tarda demasiado en llegar. De nuevo otra hora perdida en el transporte público, hora en la que reflexionas acerca del tiempo que pierdes en el transporte público, pues te estás dos horas cada día dentro de un vagón para tres de trabajo. El porcentaje es un poco malo y una sonrisa sarcástica se dibuja en tu boca cuando piensas en cierta canción que dice: nunca el tiempo es perdido.
De camino a casa pasas por el súper y pierdes hasta veinte minutos en la cola, detrás de señoras que tienen problemas para distinguir las monedas de un céntimo y de dos.
Una vez en casa ya son eso de las ocho y media, así que ya te pondrás después de cenar con la misma excusa que te habías puesto al mediodía. Ponerse para media hora no vale la pena.
Y no consigo quitarme de encima esa sensación de estar perdiendo el tiempo continuamente. Sensación que no consigo que desaparezca ni tan si quiera en los eventos sociales que minan el tiempo de fin de semana, al menos mientras permanezco sobrio. Ves las caras amistosas de personas a las que quieres como algo vacío de enriquecimiento personal, hasta que te acuerdas de aquella lección que dice así: La vida social es una necesidad (¿o era necedad?) básica (¿o era clásica?) de todo ser humano. Además eso es en fines de semana, que están para disfrutar.
Pero hoy es martes, y, tras la cena y la ducha diaria ya se te han hecho más de las once de la noche. Tu estás tumbado en el sofá, viendo la tele, o bueno, encarado a ella ya que no se si se podría decir viendo la tele cuando no estás asimilando ni un 0,5 por ciento de la información que esta pasando por tus ojos. El caso es que estás en el sofá vagueando con la mirada perdida al aparato parpadeante que hay enfrente tuya, y has cenado demasiado como para no quedarte tumbado al menos unos veinte minutos mas. Veinte minutos perdidos más.
Después de eso te diriges al ordenador, te sientas, es el momento. El momento de... El momento de conectarte otra vez al facebook y ver las actualizaciones de los conocidos, o desconocidos, que tienes agregados, y descubrir que Fulano sería Sawyer si fuera un personaje de lost, que Mengana sería Joey si fuera un personaje de friends, que Pascualo sería Vegeta en Dragon Ball... Informaciones sin las que, sin duda alguna, no podría vivir. Pasan las doce de la noche y te acuerdas de que al día siguiente, que ya es este día, te toca madrugar. Que para dormir ocho horas deberías dormirte en ese mismo instante, pero no tienes sueño, así que decides de todos modos abrir el proyecto del documental empezado.
Entre corte y corte vas mirando el messenger, el facebook, el deviant... y maldices eternamente estas aplicaciones por hacerte perder el tiempo de mala manera. Piensas en darte de baja, dejar de usarlas, pero se han vuelto una parte de tu vida casi necesaria aunque las odies. Pues sino ¿Cómo ibas a felicitar el año nuevo a tu amigo japonés, o turco, o finlandés, que conociste en verano, y al que puede que no puedas volver a ver nunca?
Así estas hasta las tres y sabes que de las últimas tres horas, a lo sumo, has aprovechado una. Pero son las tres y mañana madrugas. Así que decides, aún sin mucho sueño, meterte en la cama y apagar las luces de la habitación.
En la absoluta oscuridad das una vuelta sobre ti mismo, y otra, y otra, y otra... no tienes sueño. Claro, ¿Cómo ibas a tenerlo si te has levantado a la una del mediodía. Miras la hora, cuatro y media, sigues dando vueltas. Y cuando por fin llegas a la conclusión de que por más vueltas que des jamás te convertirás en croqueta, decides encender la luz. Mañana estarás demasiado cansado para hacer algo de provecho, por lo que te pasarás todo el día perdiendo el tiempo, en el trabajo, sin duda alguna, te dormirás frente al ordenador. Pero de todos modos no te pagan, y para estar perdiendo el tiempo dando vueltas en la cama, prefieres coger tu cuaderno de batalla y perder el tiempo escribiendo esto en lo que ahora, tú, pero ahora referido al tú del tú que no es el tú del yo, que lo estás leyendo, estas perdiendo el tiempo. Solo espero que para ti haya sido una pérdida de tiempo, al menos, entretenida.

Feb 2010


PERDIENDO EL TIEMPO II: CRÓNICA DE UN MAL DIBUJANTE

Lunes por la mañana. Se rompe mi rutina habitual al sonar el despertador a las ocho de la mañana. Usualmente lo programo para que suene a las doce o una del mediodía. Pero este lunes tengo que ir a la productora por la mañana. Debo llevar poco más de cuatro horas en la cama, aún así no me cuesta levantarme, tal vez por el café que me tomé el día anterior por la noche. Patri, el jefe, tiene un encarguito que hacerme. Como soy el único en la empresa con nociones de dibujo solo puedo hacerlo yo.
Llego a la productora y me dice que tengo que ilustrar un cuento, que me pagará, cosa poco habitual siendo becario. Le hecho un vistazo al cuento. Una leyenda de los indios sioux con un mensaje moralista que, a mi entender, te dice: disfruta del amor, pero no te cases. Si es que eran listos estos indios sioux, que pena que llegaran los europeos en el mil cuatrocientos y pico con su mensaje moralista de: cásate, aunque no te ames. Vean ustedes el video y opinen.
A lo que iba, cojo el cuento y pienso que lo puedo desglosar en un mínimo de diez o doce ilustraciones. Aunque me salto partes importantes de la historia que quedarán sin ilustrar, pero soy consciente de que me han dado cuatro días, así que decido obviar cosas demasiado difíciles de dibujar si no son completamente imprescindibles.
Llego a casa y, después de comer, me pongo manos a la obra. Me he quitado de encima la planificación en dos suspiros y enseguida estoy abocetando (no confundir con abofeteando) el papel. Casi sin darme cuenta llega la noche, y se que va a ser larga, a si que, tras una copiosa cena, preparo la cafetera.
Cuando doy un boceto por definitivo lo calco sobre papel más grueso y me dispongo a entintarlo. Me cuesta encontrar una plumilla que funcione correctamente, hace tiempo que no utilizo y me las encuentro todas deterioradas por el uso. Momento en el que me maldigo por no haberlas tirado en su día, ese día en el que dejaron de servir. Entintada la línea me pongo a manchar de negro con pincel. El cliente parece ser que está obsesionado en que haga algo que no sea infantil parece ser que está obsesionado con Frank Miller, o tal vez es lo único de cómic que conozca ya que, en cosa de poco tiempo han hecho dos películas exitosas de sus obras. Así que el negro abunda, y cuando me acerco a los límites de la mancha, o tengo que hacer algún trazo grueso ocurre el desastre. Línea doble. El pincel esta tan cascado que se ha espatarrado y en lugar de un trazo pinta dos. Podría bajarme al centro a por material, pero no tengo tiempo, simplemente, así que opto por tunear el pincel. Un par de golpes de tijera y como nuevo. Tengo que bañarlo en tinta mas a menudo, pero al menos traza correctamente. Aún así, como es propio en mí, no me salvo de manchar y guarrear el dibujo en varias ocasiones. Hay cosas que nunca cambian, y mis originales siempre son sucios.
Hago dos pruebas de color y me encuentro con el clásico problema. Mis dos monitores muestran imágenes completamente distintas, tras pensarlo un par de minutos, y no mas porque voy a contrarreloj, decido hacerle caso al que corresponde a mi portátil ya que el otro es un tft que me encontré tirado en la basura y al que le saque el primer filtro de plástico que protege la pantalla porque estaba rayado. Me mostraba los colores mucho mas radiactivos y ultra saturados. Gran error, pues por lo visto a la mañana siguiente cuando recibí la respuesta a las pruebas de color, me comentaron que se veía muy radiactivo, lo retocó mi compañero de la productora especialista en imagen y... voilà, en mi monitor viejo de la basura, mi dibujo retocado por él, se veía bastante parecido a como lo veía yo en el monitor de mi portátil. Moraleja, lo gratis mola. A partir de ahí en todas las ilustraciones nocturnas, que son mas de la mitad, uso su retoque de imagen como paleta de color. Son las ocho de la mañana y, tras acabarme la segunda cafetera, decido que ya esta bien por hoy. Bueno por ayer. Ahora toca dormir un rato, así que, tras echarle un ojo al facebook maldito facebook, me voy a dormir.
Me despierto a las dos, alterado, no se si por la gran cantidad de café ingerida durante la noche anterior, o por el nerviosismo provocado por la necesidad de ponerme a currar. Al fin y al cabo es la primera vez que me dicen que me van a pagar por hacer unas ilustraciones. Con la de ilustraciones que he hecho por amor al arte, en estas debo cumplir, dar lo mejor que pueda y, el tiempo juega en mi contra. Pero lo primero es lo primero. La cafetera al fuego. Tras compartir el café y un cacho de brownie cortesía de mi compañera de piso, ya estoy dispuesto a continuar dibujando. Entre trazo y taza me pulo media tableta de chocolate y pienso, que si trabajar de esto por largo tiempo, entre el sedentarismo y la incitación a comer lo que sea que provoca este ritmo, acabaría gordo. Muy gordo. Me dan las nueve, las diez, las once de la noche y recuerdo que no he comido un plato cocinado, ni sin cocinar, desde la noche anterior. Chocolate y brownie no es alimentarse. Me voy a cenar.
Tras la cena me vuelvo a encerrar en la soledad de mi habitación de tres por tres, con la cafetera llena, otra vez. Durante la noche la soledad me invade. Dos días encerrado en casa no puede ser bueno, me da la impresión de que empiezo a oler a mueble. Acudo al móvil con un resultado poco satisfactorio. Normal. No es extraño que quede sin respuesta un mensaje enviado a las cinco de la mañana. Al poco de ver que no recibo respuesta acudo a Internet, concretamente al facebook, donde los comentarios en mis constantes cambios de estado me provocan una ligera sensación de consuelo. Unos instantes de desconexión conectándome. Hay personas en exactamente la misma situación que yo, solo que con flequillo rojo y cobrando más, porque son mas buenos evidentemente, ya que, fue uno de los profesores de dibujo. Y otras personas que están despiertas a altas horas por cualquier otro motivo. Y el facebook es la plataforma maligna que nos tiene a todos conectados dónde, cosas que antes jamás compartirías, ahora lo haces a discreción. Y lo mas raro de todo es que lo haces voluntariamente. A lo largo de la noche, mañana, madrugada, o, llámalo como quieras, me entra hambre. Voy a la cocina a por los cacahuetes. Mis dedos están negros pero no se limpian con una servilleta, así que calculo que en los cacahuetes tampoco se impregnará tinta que acabe en mi estómago. Los hechos me demuestran que mis cálculos son erróneos. De repente me percato de que hay una mancha negra en mis dientes. Le paso el dedo por encima y, lejos de quitarse, crece. Por supuesto, mis manos están llenas de tinta. Ha sido como echar leña para apagar un fuego. Finalmente decido pasarme la lengua por los dientes y la mancha desaparece. Me pregunto si ingerir una pequeña cantidad de tinta china me provocará alguna enfermedad, algún cáncer. Ya sabéis, hoy en día todo provoca cáncer, el móvil, el microondas, las ondas del wifi, la programación de telecinco... En fin, todo. A las nueve de la mañana mi hambre ha aumentado en un doscientos por cien y me preparo una ensalada de pasta. Me lavo los dientes, y a dormir.
Pasa un buen rato de las tres cuando me levanto al día siguiente, bueno, al mismo día... ¡Coño! ¿Qué día es? Tengo que pensar un rato en las últimas cuarenta y ocho horas para llegar a la conclusión de que es miércoles y de que me quedan menos de dos días para tener que acabar los dibujos. El lápiz y la cafetera echan humo. No puedo evitar tener esa sensación de que me faltará tiempo, aún me quedan unas cuantas ilustraciones y darle color, a todas. Llegada la noche me doy cuenta de que desde que llegué el lunes por la tarde de las prácticas hasta este momento solo he salido de casa en una ocasión. Para comprar café. Vuelvo a recurrir al puto facebook tratando de paliar, aunque sea levemente, este sentimiento de exclusión-reclusión que pesa sobre mis hombros. Recibo gritos de ánimo. Bueno, textos con exclamaciones. Como respuesta a mis estados desesperados. Lo veo un poco triste por mi parte, pero agradezco que haya gente que se aburre lo suficiente como para contestarme. Si no es por aburrimiento tal vez es porque les doy penita. Entonces... ¡Dios! ¿Soy penoso? Aunque ahora no tengo tiempo de pensar en ello, ni pensaré mas en ello cuando ya haya acabado con este trabajo que me mantiene encadenado a mi escritorio. Tengo que seguir entintando. Tengo serios problemas para entintar las últimas ilustraciones. Supongo que será el exceso de café, pero mi pulso, que ya no es gran cosa normalmente, ahora parece el de un viejo parkinsonoso. Y decirme que el efecto del café es psicológico y, que por tanto si no pienso en ello, mi pulso dejará de temblar, es inútil. Sigue temblando. Prueba a no pensar en osos blancos. No recuerdo cuando fue la última vez que me duche y, si me miro al espejo, me da la impresión de que la barba me ha crecido mucho más de lo que suele crecer en tres días. Así que decido tomarme un descanso para ducharme y afeitarme. Para sentirme un poco mas persona y menos animal.
Al salir de la ducha observo el escritorio detenidamente y me da la impresión de que estoy mirando un campo de batalla en miniatura. Donde cada mancha de sangre negra es un soldado muerto de manera violenta. En el muro formado por el monitor, en la colina formada por el ratón. La tinta china esta presente en cualquier lado donde mire. Sigo entintado, a lo largo del proceso de trabajo he ido perdiendo la profesionalidad gradualmente. A estas alturas hago el boceto sobre un folio normal, lo entinto con rotring, relleno los negros con el pincel dejando el papel abultado y en mal estado y borro el lápiz. Quiero acabarlas todas y dejarlas escaneadas para dedicar el jueves únicamente al color. Pero mi torpeza no me ayuda a acelerar el proceso. Cada pocos trazos me doy cuenta de que ya he vuelto a restregar la tinta de algún lugar de la hoja. Mi mano se queda manchada y la parte del dibujo estropeada. Menos mal que existe el Photoshop para solucionar este tipo de estropicios. Continúo entintando hasta pasada la hora mágica. Llamo la hora mágica a ese periodo de tiempo comprendido entre las cinco y media y las seis y media. Ese momento que no es del día, ni de la noche. En ese momento mi cuerpo y mi mente entran en un estado sensorial distinto del usual. Es una especie de embriaguez natural que me invade todo el cuerpo. Me hace ver y sentir todo de un modo distinto. Pero sigo currando hasta mucho después. A las nueve de la mañana paro, me preparo algo de comer y me doy cuenta de cuán trastornados están mis horarios. La hora del desayuno se ha convertido en mi hora de la cena. En la Edad Media posiblemente me hubieran acusado de brujería y quemado en una hoguera por vivir así. Es lo que pasa cuando llevo mi cuerpo a cumplir sus necesidades en el momento en que ya me lo pido a gritos, que cada día se retrasan un poco más. Son mas de las diez de la mañana cuando por fin me acuesto.
Son mas de las cuatro de la tarde y digo buenos días a una buena taza de café. Mi pulso no tiembla, baila. Mi estómago protesta y me cuesta tragarlo. Mi cuerpo parece no aceptar más de esta sustancia que altera todo mi sistema de manera antinatural. Aún así me la tomo. Y no será la última del día. Is the final countdown y no pienso parar hasta terminar. “Solo” queda darle color a los once diferentes dibujos.
Aún con todo consigo acabar un par de horas antes de lo previsto. A las nueve y media tengo que estar en la productora para montar el vídeo con las ilustraciones y son solo las cinco cuando doy por concluida la última ilustración. Me planteo si perfeccionar mi trabajo pues, debido a las prisas, esta a un nivel inferior de lo que soy capaz. Hay un dibujo que, incluso, llega a dolerme a la vista cuando lo miro. Pero estoy harto. Decido tumbarme a ver si consigo un par de horas de sueño antes de tener que partir. Pero no se porque cafés no me puedo dormir así que opto salir a dar una vuelta. Son las cinco y poco de la mañana de un viernes y en el Hospitalet no hay mucho que hacer. Pero necesito respirar un poco de aire fresco, y necesito hacerlo con la satisfacción de haber acabado el trabajo a tiempo.
Poco después me sorprendo al ver que puedo escribir esta parrafada de cuatro días de claustro. Pero escribirlo me alivia tensiones, y para meterlo en un cajón, lo cuelgo en el facebook. Mi herramienta para mendigar atención. Y decido llamarlo Perdiendo el Tiempo 2: Crónica de un “mal” dibujante para aprovechar el relativo éxito de mi anterior ensayo. Cual mal productor de Hollywood. Aunque hay que tener en cuenta que segundas partes nunca fueron buenas. Véase “Tras la línea enemiga II”. Véase también “Mulan II”. Véase también “Hostel II”. Véase también “Felipe II”. Véase también “Guerra mundial II”.
Espero que hayan tenido una buena lectura.

Marzo 2010

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