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miércoles, 1 de enero de 2014

UN DÍA DE ROL


A veces, la vida, es como un videojuego de rol, o una aventura gráfica. Te sitúas en un escenario desconocido en el que tienes que realizar unos movimientos determinados que sabes que te llevarán a la siguiente fase. Que también puede ser un nuevo escenario desconocido. O también puedes volver atrás, a lo que ya conoces, y adquirir experiencia muy lentamente.  La fase en la que me sitúo ahora es el aeropuerto de Praga. Debería ser una de esas fases cortas y fáciles. Transitorias. Mi objetivo es la siguiente fase principal: Tokio. Pero hoy hay una dificultad añadida. La espesa niebla ha impedido que aterrice el avión que tenía que llevarme a Moscú, donde estaba prevista la escala. Una cosa que me parece extraña de este aeropuerto es que hay un control de seguridad antes de cada una de las puertas de embarque. Después del control de seguridad no hay nada. Solo los bancos donde esperar. No hay tiendas, ni bares ni lugar donde darse un paseo. Pasamos el control de seguridad, pero parece que algo falla. Ya es casi la hora de embarcar y todavía nadie nos abre la puerta ni parece dispuesto a atendernos. Me fijo en una chica joven muy guapa que escucha música en sus auriculares.  No tengo nada mejor que hacer en aquella sala de mala muerte. Tras esperar un buen rato nos dicen que salgamos por donde hemos entrado que se retrasa el vuelo. A través del arco de seguridad. Nunca antes había cruzado un arco de seguridad de un aeropuerto en dos direcciones. ¡Quién me hubiera dicho en ese momento que iban a ser cuatro! Le explico al empleado del aeropuerto que tengo que pillar un vuelo a Tokio en Moscú, y que solo hay un par de horas entre los dos vuelos, por lo que lo voy a perder, que si tengo que hacer algo. Me dice que esté tranquilo, que lo primero es llegar a Moscú, y allí me dirija a los “transfer desks” que me lo solucionarán. No me da más información. Resignado, salgo de la diminuta sala de espera, y a fuera no me queda otra que esperar. Acudo a la ventanilla de información, me dice que no se sabe nada del vuelo a Moscú todavía. Al lado hay unas ventanillas que pone “transfer”, pero  el empleado del aeropuerto me había dicho claramente que tengo que acudir a las “transfer” una vez en Moscú. Aquellas que veo al lado de la de información deben de ser para la gente que tuviera escala en Praga y pierda el vuelo. Es lo que pienso en ese momento. La mujer de Información no me ayuda en absoluto. Le pregunto una y otra vez, cada diez o quince minutos aproximadamente. Le explico toda la historia, que tengo que coger un vuelo a Tokio en Moscú, que lo voy a perder, que cuando habrá noticias, pero solo dice una y otra vez “todavía no hay noticias  acerca del vuelo a Moscú”.  Como uno de esos personajes de relleno de las ciudades de los juegos de rol, a los que te acercas a hablarles y no hacen más que repetirte una y otra vez la misma frase, normalmente una frase totalmente inútil o con información reiterada.  Es un ser humano, pero en su lugar podrían haber puesto una figura de acción de He-man de esas con un botoncito que al apretarlo dice “por el poder de Grayskull”. El resultado hubiera sido el mismo, y mucho más barato.
  De repente me siento totalmente atascado. Es uno de esos tediosos niveles en los que tienes un espacio de movilidad muy reducido y no sabes dónde tienes que apretar el botón o hacer click.
  Al cabo de unas horas veo algo cambiar en la pantalla, y un rayo de esperanza me ilumina. El vuelo a Moscú, que tenía el campo de partida vacío, ahora marca las 18:30. Son las 12:15, “solo” tengo que esperar seis horas y cuarto. Luego, una vez en Moscú, ya me aclararán como llegar a Tokio. Me lo ha dicho claramente el empleado del aeropuerto. Me lo tomo lo mejor que sé. Me siento al lado de un enchufe, en el suelo, porque no hay asientos al lado delos enchufes, y me pongo a jugar con el móvil. Así consigo que se me pase más o menos rápida una hora, pero los juegos ya me aburren y todavía faltan más de cinco para el vuelo. Compro algo para picar, pero tampoco me excedo, la comida en el aeropuerto es cara y no me quedan muchas coronas checas. Camino de un extremo a otro de la sala. Una vez, otra vez, y otra, y otras cuantas también. La mochila, mi equipaje de mano, pesa bastante y mi espalda se resiente. Decido sentarme en los sillones que hay para masajes que funcionan con una moneda. Aunque lo que recibo dista mucho de un buen masaje, me levanto descansado y camino hasta el extremo opuesto a mi puerta de embarque. Allí veo una tienda cuya entrada te invita a comprar cerveza a un precio aceptable, para ser un aeropuerto. Vuelvo al lado de mi puerta de embarque y me siento de nuevo en el suelo, junto a un enchufe. Me quito los zapatos y bebo la cerveza mientras se carga el móvil. Me lo tomo lo mejor que sé. Podría ser confundido perfectamente con un mendigo.
  Pasan horas, posiblemente las más aburridas que he pasado en mucho tiempo. No recuerdo haber pasado tanto aburrimiento desde niño, tal vez. Pero bueno, finalmente llega la hora, vuelven a abrir el control de seguridad para entrar en la diminuta sala de espera donde se encuentra la puerta de embarque. Pasado el control, en la sala de espera, decido quedarme el último de la fila para entrar en el avión. Estoy emocionado contándoles a mis amigos por el móvil que por fin voy a coger el avión. Que por fin acaba mi suplicio y voy a pasar a la siguiente fase. Nada más alejado de la realidad. Cuando llega mi turno, el empleado, que ya no es el mismo de la vez anterior, supongo que ése debe haber acabado ya su turno, me dice que no puedo coger el avión. Que tendría que haber ido a “transfer desk” desde un primer momento para coger no sé qué otro vuelo, para enganchar en otro lugar con otro vuelo a Tokio. Llaman a la compañía para ver si me lo pueden solucionar, mientras yo, por un momento, pierdo la calma. Tras el largo día perdido en el aeropuerto siento como si me arrebatasen una parte de mí cuando me impiden pillar el vuelo. Deseo saltar sobre el mostrador y arrancarles las cabezas a los empleados, irracionalmente, solo quiero subir a ese avión por el que he estado esperando todo el puto día, aun cuando me dicen que no puedo pillar ningún vuelo a Tokio en Moscú hasta el día siguiente, pues solo hay uno al día. Es uno de esos momentos en los que desearía que la vida fuera un poco más parecida el GTA, y no a los juegos de rol, en los que deseo sacar una recortada de mi bolsillo izquierdo y liarme a tiros hasta llegar a la cabina del avión que, por supuesto, sé pilotar, y conducir yo mismo hasta Tokio el vehículo sin pensar en las consecuencias. Las lágrimas de la desesperación por un momento parece que van a brotar de mis ojos. Pero finalmente me calmo y les escucho. Tampoco me pueden dar mucha información, me dicen que vaya al mostrador de Aeroflot, la compañía con la que compré el vuelo, y que allí me indicarán que hacer.

  Así lo hago, vuelvo a la entrada del aeropuerto, y me dirijo al empleado de Aeroflot, al que le hago todas las preguntas disponibles en el archivo de mi memoria. Me soluciona lo del billete, y me lo cambia para el día siguiente Aunque no me pone menú vegetariano
porque hay que solicitarlo con treinta y seis horas de antelación y no me avisa. Menos mal que siempre viajo con un paquete de cacahuetes en mi inventario. Tengo que recuperar mi equipaje. Me dice que acuda a reclamación de equipajes y voy. Llego a la puerta, nuevo acertijo. Hay un telefonillo con una lista con números y no sé muy bien cual apretar. La lista no es muy clara, y tampoco estoy seguro de si estoy en la terminal uno o dos del aeropuerto. Finalmente me decido por llamar a un número, pero no obtengo respuesta. Como mi paciencia no está al cien por cien ahora mismo, no dudo ni un momento en marcar cualquier otro número. Me lo pillan de la otra terminal y me dice que tengo que llamar al primer número que llamé. Sigo insistiendo hasta que alguien contesta. Me dicen que espere. Al rato me abren la puerta y me dejan pasar tras pedirme que les muestre mi tarjeta de embarque no utilizada. Estoy en las cintas correderas por las que sale el equipaje cuando llegas. Nunca había estado en una sala de estas sin haber pillado previamente un avión. Todo nuevas y “emocionantes” experiencias hoy. Una vez dentro me vuelven a dejar solo sin darme indicaciones de hacia dónde tengo que ir. Acudo al único mostrador en el que veo a alguien, y me dicen que allí no es, que es el mostrador de al lado, donde no hay nadie. Me dicen que espere. No tengo más remedio. Espero. A cualquier persona que pasa por allí con pintas de trabajar en el aeropuerto le pregunto si saben algo sobre quien debería estar en ese mostrador. Pero no obtengo pistas. Más personajes de relleno, de bulto, en el escenario. Tras un rato aparece alguien en el mostrador. Le explico mi situación y llama por teléfono. Me dice que mi equipaje saldrá por la cinta número 12. Que espere. Espero. Espero. La mujer del mostrador desaparece y vuelvo a sentirme abandonado, sin nadie a quien preguntar, esperando a que salga mi equipaje. Pero pasa casi una hora y no sale nada de la cinta doce, ni de ninguna otra. La mujer vuelve a aparecer, le digo que no ha aparecido mi equipaje por la cinta, y vuelve a llamar, me vuelve a decir que espere en la cinta doce, que ya lo subirán. Finalmente aparece. Mi equipaje y otros cuantos más de los que tendrían que haber ido a Moscú,  que me demuestran, por suerte, que no he sido el único tonto en perder el vuelo. Ya saben lo que dicen que es consuelo de tontos. Por fin, con mi equipaje vuelvo a casa de mi amiga Klara, que me acoge con amabilidad, y se sorprende de mi historia. Me voy a dormir, melodía de buenas noches, sonidito de restauración de PH y PM y al día siguiente a intentar la misma fase con la energía a tope. Aunque con la experiencia adquirida seguro que la supero con facilidad y menos frustrantemente, pues hago amistad con la chica checa de los auriculares, a quién le sucedió lo mismo que a mí.


martes, 12 de marzo de 2013

ADORABLES


El pequeño Alfonsito se divertía corriendo detrás de las palomas a lo largo de la plaza. Se le iluminó la cara con una sonrisa al ver un gran cúmulo de pájaros en el extremo opuesto del que se encontraba y echó a correr con todas sus fuerzas. Espantar grandes bandadas de palomas era una gran diversión para él. El aletear simultáneo de decenas de pájaros a su alrededor le hacía sentir alguien especial. De repente, se dio cuenta de que en el banco de al lado había un viejete que estaba alimentando las palomas que él había espantado. Alfonsito le miró inquieto, pensando que le había fastidiado la diversión al abuelo y que tal vez se enfadaría por ello. El abuelo levantó la mano, sonrió y le acarició la cabeza. “Qué adorable infante” pensó el abuelo totalmente inconsciente, claro está, de que el niño sería el motor principal de un gran número de atentados contra la población civil que se cobrarían muchas víctimas mortales en el futuro. El niño se apasionaría por Maquiavelo durante su adolescencia y seguiría a rajatabla el principio de “El fin justifica los medios”. El niño le devolvió la sonrisa y, tras recibir un caramelo que el viejo le ofreció, corrió junto a su madre:
-          ¡Mamá, mamá! ¿Puedo comerme el caramelo?
-          ¿Quién te lo ha dado? – Preguntó preocupada su madre, que siempre le había dicho al niño que no acepte regalos de desconocidos.
-          Ese señor – dijo el pequeño señalando con su dedo al Abuelo que volvía a alimentar apaciblemente a las palomas.
  La mujer miró al hombre que sonreía al apreciar el vuelo de los pájaros. “Qué adorable ancianete” pensó la mujer, inconsciente de que la pasión por los pájaros que sentía el abuelo la había recibido al envidiar su libertad mientras cumplía condena en prisión por múltiples violaciones con posterior asesinato. Una de las chicas asesinadas era menor de edad.
-          Cómete el caramelo – dijo la madre confiada – ese señor es buena persona.
 Es curioso como cerca del principio y del final de la vida, los acontecimientos venidos o por venir de la etapa intermedia no importan. Ya sea por inconsciencia de la naturaleza de los infantes o por compasión a una muerte cercana de los ancianos, todos parecemos adorables cerca del principio o del fin. 

jueves, 15 de noviembre de 2012

ADICTO


Suena el despertador y ya estoy pensando en ello. Reviso los cajones de mi casa, y no me queda ni un gramo. Así que me visto y acudo a mi distribuidor habitual y le pido una dosis para tomar en el acto. Da igual si llego tarde al trabajo, no empiezo el día sin mi dosis.  Durante el trabajo lo mismo. Toda la jornada pensando en ello, aprovechando cualquier momento para escaquearme a por otra dosis. Y al terminar la dura jornada laboral, no vuelvo a casa sin pasar por mi distribuidor a por una dosis más. A veces doble.
  Cuando empecé solo tomaba de vez en cuando. Para socializar. Como todo el mundo en mi entorno tomaba, yo empecé a tomar. Pero solo era eso, quedar con alguien y tomar una o dos. Luego empecé a comprar pequeñas cantidades, a pedir dosis individuales a amigos o vecinos para preparármelas en casa, y ya llevo tiempo comprando a quilo y consumiendo en solitario. A todas horas. Todos los días. Ya lo decía mi madre “ten cuidado que eso engancha” “estás tomando demasiado a menudo”. Pero yo nunca escuché.
  Ahora veo como la sustancia tiene a todo el mundo dominado. Pronto nadie podrá vivir sin sus dosis, y el mundo se verá sumido en la oscuridad de la total ausencia del libre albedrío. El hecho de que nadie parezca ser consciente de ello, no lo hace menos real. Todos acuden a por sus dosis, como si fuera lo más normal del mundo, ignorando, por voluntad o no, aquella vocecila interior que les dice: “adicto”. Y yo también. Aunque me duela colaborar en este complot de proporciones cataclísmicas, no puedo evitarlo. Lo necesito. Acudo una vez más a mi distribuidor habitual y pido:
-          ¡Otro café!

viernes, 6 de julio de 2012

MIEDO Y ASCO EN IBIZA



  Pues esto es lo que sentimos mayoritariamente los que somos de por aquí. Aunque supongo que es un sentimiento expandido por todo el territorio de este decadente país llamado España. Los que buscamos trabajo, o tenemos trabajo, sentimos asco. Asco por la precariedad laboral, cuyo aumento se nota como empalmarse con el chándal. Una precariedad cada vez mayor alimentada por el miedo. El miedo de los altos empresarios hoteleros a ganar menos, no sea que no ganen lo suficiente como para invertir en hoteles que les salgan mas rentables al otro lado del atlántico. Esas personas cuya ambición monetaria les ha desplazado su afinidad hacia otros seres humanos a lo más recóndito de su alma, el bienestar, la felicidad, los intereses, en definitiva, la persona, no importa. Acepta el trabajo, anula totalmente tu existencia individual y pasa a formar parte de mi engranaje crea dinero. Y sin rechistar, que hay cientos detrás de ti esperando encontrar un curro. Ya he mandado a la mierda, de manera siempre educada, pero a la mierda al fin y al cabo, a un par de estos negreros, explotadores, esclavistas a quienes solo les falta el látigo. Me los imagino lanzándose a su piscina de billetes y monedas cual tío Gilito, y atragantándose con una de ellas hasta quedar sin respiración y acabar su vida de una manera lenta, agónica y dolorosa. Y una sonrisa se dibuja en mi boca. Es lo que se merecen. Se lo merecen por importarles una mierda la vida de los demás, por mirar antes su bolsillo que el bienestar general de la sociedad. Porque con la excusa de la crisis, en lugar de contratar a dos personas, aun haciéndoles hacer menos horas y pagándoles un poco menos, le piden a una que haga el trabajo de 3, y le pagan como media. Y tienes que dar gracias porque tienes trabajo. Y la ley parece no existir en este salvaje oeste de empresas dispuestas a sacrificarlo todo por el dinero. Pues hasta lo que yo sé muchas, pero muchas de las prácticas laborales que se llevan a cabo por estos lares sodomizan a la ley de manera brutal y salvaje, aunque la ley parezca estar acostumbrándose a ello, oponiendo cada vez menos resistencia. Esto es la crisis, además de una excusa perfecta para que el gobierno nos recorte derechos con total impunidad, también es la excusa perfecta de los empresarios para exprimir hasta la última gota de sangre de sus empleados sacando un beneficio extra para sus bolsillos. Pues por mas que haya crisis, hay terrazas de hoteles que no engañan, que están llenas como cada Julio, y sin embargo la precariedad laboral ha aumentado con creces. No sé donde vamos a llegar, y me entristece mucho ver como las luchas de nuestros antepasados por conseguir unas condiciones laborales medio aceptables se ven ninguneadas y pisoteadas dejando a los empresarios de almas podridas actuar a su libre albedrío. Si seguimos dejando que esto ocurra, vamos a acabar muy jodidos, mas aún.    

martes, 8 de noviembre de 2011

PARAÍSO EN LLAMAS



  Hoy, sin saber como, me he despertado en el paraíso.  Abro los ojos y todo son colores luminosos, placeres intensos, disfrute extremo. Me levanto y me dirijo a un árbol abundante de jugosos melocotones. Saboreo el jugo de su interior mientras sus ramas me abrazan y me dan calor y afecto. Y de camino al siguiente placer esparzo gasolina por todo el lugar.
  Me entrego al calor de las enredaderas que me sirven en bandeja manzanas rojas, mientras me fundo en su abrazo que me otorga todo el cariño y el amor que necesito. Mi cuerpo y mi mente se sienten totalmente relajados en el interior de esta espiral de sensaciones orgásmicas. Y entre el licor de los dioses que me provoca la mas sensacional embriaguez, el pan de las serenas tardes que me causa un sobrio bienestar casi extasiante y las lágrimas de tristeza de tiempos pasados que alivian la carga de los años, voy dejando montoncitos de pólvora unidos por una mecha.
  Jamás saldría del paraíso si pudiera, pero la realidad está allí fuera, y a veces es necesario salir. Será un periodo limitado, pero tal vez demasiado largo. Solo el tiempo lo dirá.
  Así que me levanto del paradisíaco lecho rodeado de abrazos y derribo, sin darme cuenta, otro bidón de gasolina. Abro la puerta de salida y enciendo mi último cigarrillo en el edén. El humo sabe mejor aquí dentro. Saboreo con nostalgia las últimas caladas. Cargo con la mochila a mis espaldas, dejo caer la colilla y cierro la puerta del paraíso detrás de mi, sin ver donde cae la colilla que lanzo, todavía encendida.
  La vida real, la vida fuera del edén, es dura, es jodida, pero se sobrevive. Recuerdos del tiempo de felicidad extrema en el interior del mas puro placer me dan aliento. La esperanza de poder volver a ello me da alegría, el recuerdo de lo vivido se presenta en mi mente por fragmentos. Son mis fragmentos personales del edén. Cuanto mas se acerca la fecha del regreso, mas dura se hace la espera debido al incremento de mi impaciencia. Pero finalmente llega, todo llega algún día.
  Abro pálpito de emoción la puerta de mi edén personal. Todo parece estar igual a primera vista, todo tiene el mismo aspecto, o aproximado, la puerta se abre con la misma llave, pero algo falla. Huele a humo, huele a ceniza, huele a quemado. Y el paraíso no me acoge cono lo hacía. En lugar de ello me empuja hacia fuera, me rechaza, me desprecia. Comprendo que el paraíso ha ardido en mi ausencia, ha sido totalmente destruido, entiendo, por mi inconsciencia, y se ha vuelto a reconstruir en mi ausencia. Ahora soy un punto negro en el edén. Un elemento que agita la tierra e incomoda a los árboles. Las enredaderas ya no me dan afecto, sino que me empujan con rencor, me esquivan. Los frutos causantes de sensaciones orgásmicas se esconden y no quieren ser atrapados. Dejé el paraíso en llamas y tuvo que apagarlas por si solo, sin mi ayuda, y tuvo que aprender a reconstruirse, y no le fue mal en mi ausencia, aprendió a vivir una vida si mi y ahora no concibe mi reentrada. Ahora no me quiere ya mas en su interior.
  Triste y en soledad, no me queda otra que abandonar lo que fue mi edén. Me acerco a la salida, dejo caer una lágrima en su interior antes de partir y cierro la puerta a mis espaldas. Ahora solo queda dolor. 

miércoles, 13 de abril de 2011

CONVERSACIONES CON EL DIABLO. La agonía de la elección.

La agonía de la elección


  Estoy a punto de ir para a casa recién terminada mi tarea. Hace años que me dedico a la limpieza de escaleras, y en este edificio lo hago especialmente a gusto. Fue en el que conocí a Marina, y, tras esperarla durante meses, al acabar mi jornada para charlar un poco con ella, la semana pasada conseguí mi primera cita con ella. Y parece que fue bien. Ella vive en el segundo, y suelo verla salir a trabajar. Tengo ganas de charlar con ella unos minutos, y aun no ha salido, así que me siento a esperar un poco antes de irme a casa. A ver si tengo la oportunidad de que ilumine un poco mi oscura existencia.
  Sentado en una silla, al pie de las escaleras, saboreo un listón venenoso lleno de nicotina, pasándome la ley por el forro de los sagrados. Mientras exhalo, escucho una puerta que viene de arriba y miro por el hueco de la escalera a ver si adivino quien va a bajar.
  - ¡Cuidado, que hoy he encerado el suelo! - Grito para advertir de lo especialmente resbaladizas que están en este momento las escaleras.
  Y aun no he acabado mi mensaje de alerta, que se superpone a mi voz un grito femenino de terror. El terror que se siente al resbalar en el primer escalón de una escalera con dos pisos por debajo. Marina empieza a descender rodando. Da vueltas y mas vueltas hasta que llega a mis pies. Inerte. Muerta. Y yo que me pensaba que las películas exageraban. Me invade la desesperación y la agonía. Yace muerta ante mi la chica que recientemente me había dado un motivo para sonreír. La verdad es que me gustaba, era, sin duda, una chica especial. Me agacho, la abrazo, miro al cielo y grito:
  - ¡Dios! ¿¡Por qué ella!? ¡Llévame a mi en su lugar!
  Y en ese momento una explosión de humo sucede, seguida de un extraño olor a azufre.
  - Buenas tardes, miserable. -  Me dice de entre el humo aparecido una voz grotesca.
  - Es... ¿Es a mi? - Pregunto intentado entre ver algo o a alguien a través de la nube gris.
  - ¿Ves a alguien más por aquí cerca? - Me dice la misma voz, y tras dar un vistazo respondo:
  - No, pero... yo no soy un miserable, me gano la vida dignamente.
  - No me hagas reír. - Me dice
  - ¿Qué pasa? Vale que no tengo el mejor trabajo del mundo, ni nunca voy a vestir Dolce & Gabbana, ni conducir un buen coche, ni me podré permitir un chalet en Benidorm, pero trabajo dignamente.
  - Eres un mierdecilla, y lo sabes. - Escucho mientras se descubre ante mi, una figura colorada con grandes cuernos.
  - Pero... ¿Qué hay de aquello de que el trabajo dignifica?
  - Esa frase la inventé yo para que fracasados como tú nunca intente ser mejores. Así sois mansos y manipulables.
  - Joder, ha sido el sustento de mi vida, y ahora me dices que es mentira...
  - Claro, mierdecilla. - Me dice. - ¿Y como se te ocurre basar tu vida en una frase que no sabes ni de donde viene?
  - Es verdad, soy un mierda... - Digo afligido.
  - ¿Ves lo que te decía? - Me dice con una gran sonrisa. - Bueno, a lo que íbamos, decías que te gustaría cambiarte con ella ¿No?
  - Si... - Digo pensativo mientras acaricio mi barba.
  - Pues bien, te concedo el deseo, dame la mano y desciende conmigo al infierno, a cambio, ella vivirá.
  - ¿Cómo? ¿Así de fácil?
  - Si, así de fácil.
  - Espera, tu eres el Diablo, ¿Dónde está el truco? ¿Qué pierdo?
  - A ver... - Me dice con cierto tono irritado. - Estoy harto de que os creáis mierdas de películas o libros que hablan de mi, y no me han visto en la vida. Que por cierto, un libro, no por mas gordo es mas respetable o creíble. Yo he venido a llevarme un alma humana, y me la trae floja si es la tuya o la de la muchacha. Así que venga, si tanto quieres salvarla, vamos para el infierno, que tengo cosas que hacer.
  - Pero... ¿El infierno? ¿Por qué el infierno? Yo le estaba rogando a Dios, y, la verdad, no creo que ella mereciera el infierno.
  - Primero, ¿Qué sabrás tu de ella? A parte de que tiene un buen culo. Y segundo, Dios es un vago y no se lleva a la mitad de los que le toca llevarse, por lo que me los tengo que llevar yo. Así que, es lo que hay. ¿Te vienes conmigo o no?
  - Al infierno... - Digo pensativo.
  - No, a las islas Caimán, si te parece... ¿Es qué no me ves la cola? - Me dice haciendo girar una cola acabada en un triangulo que le sale del final de la espalda.
  - Es que... visto así, no me apetece tanto, yo creo que no me merezco esto, si yo solo trabajo y no hago mal a nadie.
  - Entonces ¿Qué crees que mereces?
  - No se... - Me lo pienso unos segundos - ¿El cielo?
  - Si, claro. Ni que fueras tan bueno. En fin, tío, has pedido un deseo y te lo puedo cumplir. ¿Vienes o no? - Me dice mientras me tiende la mano.
  - Mmm... Creo que mejor no.
  Ignoro su mano y le doy la espalda. Camino en dirección a la calle y, justo antes de atravesar la puerta, me detengo al oír su voz.
  - Entonces irás al infierno por egoísta. - Y me lo dice con cara de cabrón y una sonrisa de oreja a oreja. Es un "trolleador máximo".
  - ¿Entonces, no tengo otra opción? - Le digo volviéndome hacia él.
  - No - Me responde entre risitas.
  - No te creo, es una de tus jugarretas, pero voy a salir indemne, soy mas listo de lo que crees.
  - Claro que si, señor Limpiaescaleras Einstein. - Me dice haciéndome una referencia burlesca.
  Salgo de allí. Voy por la calle destino a casa intentando olvidar tan terrible encuentro. Intento pensar en otras cosas y distraigo mi mente. Me evado de mi entorno hasta que, de repente, un grito de una señora me hace volver a la realidad. Es un grito de pánico procedente de arriba, de alguna terraza que hay por encima de mi cabeza. Miro hacia arriba y lo último que veo en mi vida es una enorme maceta de roca en dirección a mi frente. El diablo se lleva a dos. 


IMAGEN 1: Santi Casas: http://santideikari.blogspot.com/
IMAGEN 2: Trollface en google. 


lunes, 28 de marzo de 2011

CUESTIONARIO EN CADENA

Una entrada excepcional para seguir el juego de las preguntas encadenadas, un ejercicio interesante para conocer mas sobre los autores de los blogs amigos. Sigan la cadena, o no, como quieran. 

Mi amigo Pedroj (pedrojescritor.blogspot.com) me pasa el testigo de Tu preguntas y yo Respondo.

¿Cuantas preguntas puedes contestar inteligentemente?

-Todas, para contestar inteligentemente a una pregunta solo tienes que ser consciente de si eres consciente (disculpe la redundancia) de lo que se te pregunta, en caso afirmativo se contesta inteligentemente, en caso negativo, se contesta un inteligente "no lo se"

¿Una duda?

-¿Cómo es posible desestructurar ésta tan bien estructurada dictadura comercial en la que vivimos?

 ¿Una certeza?

- Somos un colectivo de individuos controlados y presionados por fuerzas ajenas que solo se mueven motivados por aumentar su capital, deberíamos concienciarnos de ello y dejar de pelearnos entre nosotros en pro de una corrección de este sistema.

¿Un color?

- Mis colores corporativos son el rojo y el negro, normalmente, pero mi color preferido desde niño siempre fue el amarillo, solo que no me pega en los diseños. Igual es porque ya tenía atracción por las cosas que no encajan en un conjunto. 

¿Un deseo?

-Que la raza humana aprenda a recapacitar, comparto éste deseo con el que me pasó el link del cuestionario, mi hermano Pedroj, y le añado la muerte de los multimillonarios que arruinan economías de países enteros por aumentar sus riquezas y no renunciar a sus 7 jets privados y sus múltiples mansiones con piscina.

¿Una virtud?

 -Sinceridad, que a veces resulta ser un arma de doble filo, pero bueno, es lo que hay.

¿Una frase?

- Y de cosecha propia: "Mejor que pretender no caer es aprender a levantarse"

Un sueño

-Vivir haciendo lo que me gusta, aunque en este mundo parece mucho pedir.

Un defecto

-Mmm, no se, es algo que debería dejarlo a juicio de otros, creo, pero tal vez, mucha gente, considera como defecto el odio, odio a menudo, tal vez demasiado, aunque a mi no me parece un defecto del todo.
Otro, a veces me enrollo demasiado, hablo demasiado y llego al nivel de bocazas. Y, bueno... prefiero no continuar, que no acabamos hoy.

¿Que significado tiene para ti una hoja en blanco?
 
- Un mundo de posibilidades 

¿Escribes por necesidad o por afición?

-Por ambas, es una afición que necesito, o tal vez una necesidad hecha afición, no lo tengo muy claro. El caso es que me gustaría, algún día, poder contestar "por profesión".

¿Pones música en tu blog?

- No, y creo que nadie debería hacerlo, es una opinión personal, y una recomendación que me dieron cuando di unas clases de diseño web. Pero un estudio dice que, si cuando entras en una web, suena una música que no te gusta y no encuentras el botón de apagarla en menos de dos segundos, la cierras sin mirar el contenido. Pueden creerlo, o no.

Eres una persona sentimental

- Es otra cosa que me gusta dejar a juicio de los demás, pero bueno, supongo que la respuesta es si.

Si tuvieras que tener un solo sentimiento ¿Cuál sería?

- Felicidad, supongo, aunque no se eso en que clase de ente lobotomizado me convertiría.

¿Una Pregunta?

- ¿Eres consecuente con tus actos?

¿Si desearas algo que pedirías?

- Felicidad y desaparición de las desigualdades sociales en este mundo.

¿Cuándo escribes que sientes?
 
- De todo, absolutamente de todo, pero sobretodo un desahogo, a menudo es mi cura al insomnio.

¿Eres creyente?

-No, soy dubitativo, pero si hablamos de Instituciones religiosas, profunda y estrictamente NO.

¿Si no fueras creyente en que creerías?

- En un sistema diferente al nuestro, mas humano, mas comunista, que el comunismo tiene el estigma de haberse manifestado como dictaduras represoras en todas las ocasiones que se ha puesto en práctica a lo largo de la historia, pero hay muchas cosas que aprender de ese sistema, y ni se le mira, por ser "malo y dictatorial". Pero lo de ahora también es dictatorial, y además en pro de las empresas y las desigualdades. Hay que buscar un tercer camino, y es en lo que creo.

¿Que esperas de la vida?

- Intento no esperar nada, por el miedo a la decepción, pero bueno, supongo que poder disfrutar, de un modo u otro.

Tienes un blog ¿Por qué?

- Porque me gusta transmitir a la gente lo que recorre mi interior. Y bueno, en algún caso también para promocionarme. Si, perdonen las contradicciones, pero a pesar de ser anticapitalista, busco el lucro, pero es que me gustaría poder vivir del desarrollo de mi capacidad intelectual en lugar de estar trabajando para una multinacional.

Crees que eres una persona que se reconoce tu valía

- No se hasta donde llega mi valía, por lo que no se si se reconoce, se infravalora, o se sobrevalora.

¿Qué esperas del amor?

- El amor no es una cosa de la que puedas esperar algo, creo yo, es un sentimiento al que abrazar cuando se tiene y buscarlo cuando no.

¿Qué le pedirías a la vida?
  
 - Creo que le hemos pedido muchas cosas ya, pero no se, ¿La juventud eterna tal vez?. Y, siendo mas realistas, ¿Qué tal una muerte sin muchos sufrimiento, rápida, y totalmente asumida?

No se si he aportado nada interesante pero bueno.
 Siguiendo con el ritual debo elegir 5 blogs.

Les paso el testigo a los siguientes amigos/as si ellos quieren continuar con la cadena