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lunes, 12 de agosto de 2019

MAÑANA

Las sábanas revueltas, 
la cabellera suelta, 
un beso, una caricia,     tu olor. 
Un día cualquiera, 
¿Y si la felicidad cupiera? ¿Y si no sufrieras?
Deja atrás el dolor. 

Te doy la mano, 
tu a mi un abrazo, 
el llanto es pasado, 
y el ahora es nuestro, cubierto de co2. 
Disfrutemos de nuestros cuerpos perfectos
envueltos de esperpentos perversos
 que se pasean por lo muerto
 y lo destruyen todo,
a cambio de un puñado de oro. 

Y a nuestro alrededor no queda nada, 
pero estamos tu y yo, lo tenemos todo.
Vivamos el día, 
como si se estuvieran derritiendo los polos. 
Besémonos con pasión, 
comos si se estuvieran secando los pozos. 
Hagamos el amor, 
como si se fuera a acabar todo. 
Amémonos como si no hubiera mañana, 
porque tal vez…   
       

                                  no lo haya.



sábado, 26 de agosto de 2017

EL MECHERO


  • ¡Mierda mierda! - exclamó frustrado.

Lo tenía todo preparado, pero se había olvidado el mechero. El puto mechero. Rememorizó sus últimos pasos tratando de recordar cuando fue la última vez que lo había utilizado. ¿Se lo había dejado en el bar donde había almorzado? No... Allí no lo había usado. Siguió pensando. “¡Mierda, Miguel!” dijo para sus adentros recordando que se lo había dejado a su amigo para que se encendiera un cigarrillo. “Ya podría comprarse sus putos mecheros, siempre hace lo mismo. Te pide fuego y se apalanca el mechero”. Abrumado por el kaos que le rodeaba, corrió a buscar refugio en un callejón cercano. Ahí se enconró a una chica sentada junto a unos contenedores. La primera reacción que tuvo ella fue asustadiza, pero al verle bien, le inspiró confianza. Con sus ojos, la única parte de la cara que se le veía a la chica, le invitó a sentarse a su lado.

  • ¿Joder, vaya movida, no? - le dice ella apartando el palestino que le cubría la boca.
  • Ya ves – contesta él impresionado por la belleza de la joven muchacha – y encima yo me he quedado sin fuego.
  • En eso te puedo ayudar – dice ella tendiéndole un mechero – te lo puedes quedar, yo ya me he quedado sin gasolina.
  • Perfecto, luego corremos hacia el norte y nos vamos de aquí, ¿te parece? - le propone él.
  • Me parece – le contesta la chica asintiendo con una sonrisa enamoradora.


Se apresuró él entonces a encender el trapo y lanzó así un cóctel molotov con su corazón lleno de amor.


martes, 4 de abril de 2017

La típica película de amor

 Esto es la típica película de amor en la que chico conoce a chica, chico se enamora, chica le ignora, chica se enamora, un mal entendido le hace pensar que está con otra y se dispone a coger un avión para ir a vivir a otro país, o a otro estado norteamericano, mientras, desolado, chico habla con amigo en común, el típico amigo gracioso, y le hace entender porque chica se va. Entonces chico corre, cruza la ciudad, y tras un par de escenas de tensión, se reúne con chica en la puerta de embarque justo a tiempo, ese lugar en el que en realidad no te dejan pasar en los aeropuertos si no tienes la tarjeta de embarque, y, o bien ella no se va, o bien él se va con ella. Así, sin reserva ni nada. Y viven juntos felices para siempre. Leído esto ya os podéis ahorrar ver la mayoría de las películas de amor de los noventa y principios de del dos mil. Ahora bien, éste es el argumento de las películas americanas, si la misma cosa sucediera en la vida real y en otro lugar geográfico, el asunto sería muy distinto.

Hasta el punto en que chica está a punto de coger el avión todo sería mas o menos igual. Solo que con un toque extra de dramatismo sobre actuado digno de los dramas asiáticos. Estamos en Bangkok. Cuando chico se entera de que chica en realidad le quiere y decide largarse a raíz de un malentendido, salta del sofá y echa a correr por las abarrotadas calles de la metrópolis. Esquiva carritos de comida, turistas borrachos que sostienen una cerveza Chang a las diez de la mañana y pesados conductores de tuk tuk, que bien sabe, como buen habitante de la cuidad, que utilizar sus servicios le haría perder más tiempo que ninguna otra cosa. Llega a un taxi, que se niega a poner el taxímetro y le pide una exagerada suma de dinero por el trayecto por lo que para al siguiente que baja la calle, el cual si accede a poner el taxímetro pero sin embargo escoge una ruta mas larga para el trayecto, a pesar de las palabras que chico ha pronunciado al entrar: “Al aeropuerto, lo más rápido que puedas”. Por si fuera poco, el taxista tiene que parar a los pocos metros debido al tráfico. Los coches apenas avanzan por la calle y en la acera ve como los peatones avanzan a más velocidad que él. La chica, por su parte, está a punto de embarcar en el avión que la llevará al otro lado del mundo a iniciar una nueva vida. Consciente de ello, el chico agota su paciencia y decide correr hasta la estación de metro. Exhausto, chico se desespera al ver la cola de gente esperando para comprar el tíquet, y colarse, con los seguratas que vigilan siempre junto a las puertas, no es una opción. Frustrado, se pone a la cola.

Mientras tanto, la chica embarca en el avión, y despega.


Ya en el interior del vagón, chico mira la hora y decide que ya no hay nada que hacer, así que baja del tren y se sube en el siguiente que le lleva de vuelta. El vuelo de su amada ha despegado. Un día, decidirán aclarar el malentendido hablando a través de mensajes de alguna aplicación del teléfono móvil con muchos emoticonos. Pero ella ya está en otro país y la vida sigue. Ambos vivirán sus vidas por separado, vidas normales y corrientes, con sus altos y sus bajos. Fin.

martes, 2 de febrero de 2016

PHA

Pha se mudó a Bangkok hace ya unos cuantos años porque su pueblo natal le ofrecía escasas oportunidades de crecimiento y desarrollo personal. La joven decidió estudiar bellas artes en la capital tailandesa y desde entonces vive allí ganándose la vida como puede. Cómo en cualquier ciudad del mundo, convertirse en un artista exitoso es muy difícil sin los contactos adecuados, y se extrema la dificultad sin un mecenas que quite de la cabeza la preocupación del artista de pagar el alquiler o llenar la nevera. Cuando esos mecenas son los padres, desaparecen cuando decides cambiar de ciudad.
  Pha se levanta todos los días a las 6 de la mañana para ir a trabajar, los lunes a las 4, porque en hora punta y después del fin de semana, el autobús de línea a menudo se queda atascado en el tráfico por un par de horas. Solo si tiene suerte, en una hora llega a su lugar de trabajo, hora que aprovecha para recuperar horas de sueño atrasadas. Allí tiene que lidiar con su estricto jefe japonés y con los estúpidos clientes, en su mayoría extranjeros debido al elevado precio de los cafés y la bollería. Su jefe parece que no se acostumbra al ritmo relajado de los tailandeses, y le exige una disciplina y un rendimiento extremo durante toda la jornada laboral. Los clientes le ponen de los nervios, especialmente los italianos cuando se empiezan a quejar de que el capuchino no se hace así, sino de otra manera. <<Aquí lo hacemos así y a la gente le gusta nuestro capuchino, si lo quiere como en Italia, quédese en Italia>> le contestó una vez a uno, hecho que le hizo ganarse una buena bronca de su jefe, aunque mereció la pena. A menudo se imagina a si misma ejecutando alguno de los golpes de tae kwon do, que aprendió de adolescente, sobre los clientes cansinos, o incluso sobre su jefe cuando le riñe por cualquier minucia. Pero solo fantasea con ello, pues no quisiera perder el trabajo. 
  Tras diez horas de trabajo se dirige de vuelta a casa. Pasa más de una hora dormitando en el lento autobús, por fin llega, saluda a su hermana con quien comparte alquiler, y sube a su habitación esquivando los escalones medio podridos por la carcoma de la escalera para evitar que se rompan y el casero les haga asumir el coste de la reparación.
 Su habitación es su santuario. Cientos de bocetos, lienzos a medio terminar, pinturas, lápices y pinceles habitan los suelos de su habitación. A pesar del cansancio no duda en ponerse manos a la obra, como cada día. Cada día tiene que trabajar un poquito, de lo contrario teme caer en la maldición de la rutina y olvidarse para siempre de su arte, que sería lo mismo que olvidarse para siempre de sí misma. Entra en trance, se olvida de la hora, del tambaleo de la casa que produce el tren al pasar a poca distancia, del ruido de los coches y de que mañana tiene que ir a trabajar. Es su momento y lo disfruta con total intensidad, como si pintar fuera lo único que importa en esta vida. Desarrolla un estilo de arte moderno basado en texturas y formas abstractas, ese tipo de piezas de arte que cuando las ves no te dicen nada, y a la vez te lo dicen todo. Hay noches en las que casi llega hasta el amanecer y se dirige el trabajo sin apenas dormir, pero bueno, el largo autobús le sirve para recuperar algo de energías.
  Los sábados a veces sale con sus amigos aprovechando que no trabaja en la cafetería y que “solo” trabaja unas cuatro horas dando clases de refuerzo a jóvenes que preparan sus pruebas de acceso a la universidad. Los domingos, después de su trabajo complementario, a veces queda con extranjeros, pues le gusta conocer acerca de otros lugares y culturas, y no conoce mejor manera de hacerlo, puesto que su presupuesto no le permite viajar mucho. 

  Un domingo cercano a Navidad, temporada alta de turismo en Tailandia, queda para tomar algo con dos amigos que viajan juntos por el Sureste asiático. Les enseña los garitos que ella conoce, apartados de la muchedumbre de turistas enloquecidos de Kao San Rd, y hablan de mil cosas. Comparte con ellos sus inquietudes artísticas, y se comprenden mutuamente. Sus dos nuevos amigos son fotógrafos a un paso de la profesionalidad, pero parece que llevan demasiado tiempo a ese paso de distancia como para que eso vaya a cambiar. Siente cierta envidia de ellos cuando se entera de que los dos trabajan de camareros como ella, pero en Europa, y a pesar de trabajar solo medio año, pueden permitirse viajar a otro continente por unos cuantos meses. Y no solo eso, sino que además los dos llevan unas cámaras de fotos carísimas, que ella no podría permitirse a no ser que ahorrara por un año. A ella le encanta viajar, sin embargo rara vez sale del sureste asiático, y ello ya le supone un gasto importante. Pero decide abandonar esos pensamientos de su cabeza y, a pesar de trabajar mañana por la mañana, disfruta de la compañía y vivencias de sus dos nuevos amigos hasta bien entrada la madrugada. Ya recuperará fuerzas en el autobús de camino al trabajo.

miércoles, 1 de enero de 2014

UN DÍA DE ROL


A veces, la vida, es como un videojuego de rol, o una aventura gráfica. Te sitúas en un escenario desconocido en el que tienes que realizar unos movimientos determinados que sabes que te llevarán a la siguiente fase. Que también puede ser un nuevo escenario desconocido. O también puedes volver atrás, a lo que ya conoces, y adquirir experiencia muy lentamente.  La fase en la que me sitúo ahora es el aeropuerto de Praga. Debería ser una de esas fases cortas y fáciles. Transitorias. Mi objetivo es la siguiente fase principal: Tokio. Pero hoy hay una dificultad añadida. La espesa niebla ha impedido que aterrice el avión que tenía que llevarme a Moscú, donde estaba prevista la escala. Una cosa que me parece extraña de este aeropuerto es que hay un control de seguridad antes de cada una de las puertas de embarque. Después del control de seguridad no hay nada. Solo los bancos donde esperar. No hay tiendas, ni bares ni lugar donde darse un paseo. Pasamos el control de seguridad, pero parece que algo falla. Ya es casi la hora de embarcar y todavía nadie nos abre la puerta ni parece dispuesto a atendernos. Me fijo en una chica joven muy guapa que escucha música en sus auriculares.  No tengo nada mejor que hacer en aquella sala de mala muerte. Tras esperar un buen rato nos dicen que salgamos por donde hemos entrado que se retrasa el vuelo. A través del arco de seguridad. Nunca antes había cruzado un arco de seguridad de un aeropuerto en dos direcciones. ¡Quién me hubiera dicho en ese momento que iban a ser cuatro! Le explico al empleado del aeropuerto que tengo que pillar un vuelo a Tokio en Moscú, y que solo hay un par de horas entre los dos vuelos, por lo que lo voy a perder, que si tengo que hacer algo. Me dice que esté tranquilo, que lo primero es llegar a Moscú, y allí me dirija a los “transfer desks” que me lo solucionarán. No me da más información. Resignado, salgo de la diminuta sala de espera, y a fuera no me queda otra que esperar. Acudo a la ventanilla de información, me dice que no se sabe nada del vuelo a Moscú todavía. Al lado hay unas ventanillas que pone “transfer”, pero  el empleado del aeropuerto me había dicho claramente que tengo que acudir a las “transfer” una vez en Moscú. Aquellas que veo al lado de la de información deben de ser para la gente que tuviera escala en Praga y pierda el vuelo. Es lo que pienso en ese momento. La mujer de Información no me ayuda en absoluto. Le pregunto una y otra vez, cada diez o quince minutos aproximadamente. Le explico toda la historia, que tengo que coger un vuelo a Tokio en Moscú, que lo voy a perder, que cuando habrá noticias, pero solo dice una y otra vez “todavía no hay noticias  acerca del vuelo a Moscú”.  Como uno de esos personajes de relleno de las ciudades de los juegos de rol, a los que te acercas a hablarles y no hacen más que repetirte una y otra vez la misma frase, normalmente una frase totalmente inútil o con información reiterada.  Es un ser humano, pero en su lugar podrían haber puesto una figura de acción de He-man de esas con un botoncito que al apretarlo dice “por el poder de Grayskull”. El resultado hubiera sido el mismo, y mucho más barato.
  De repente me siento totalmente atascado. Es uno de esos tediosos niveles en los que tienes un espacio de movilidad muy reducido y no sabes dónde tienes que apretar el botón o hacer click.
  Al cabo de unas horas veo algo cambiar en la pantalla, y un rayo de esperanza me ilumina. El vuelo a Moscú, que tenía el campo de partida vacío, ahora marca las 18:30. Son las 12:15, “solo” tengo que esperar seis horas y cuarto. Luego, una vez en Moscú, ya me aclararán como llegar a Tokio. Me lo ha dicho claramente el empleado del aeropuerto. Me lo tomo lo mejor que sé. Me siento al lado de un enchufe, en el suelo, porque no hay asientos al lado delos enchufes, y me pongo a jugar con el móvil. Así consigo que se me pase más o menos rápida una hora, pero los juegos ya me aburren y todavía faltan más de cinco para el vuelo. Compro algo para picar, pero tampoco me excedo, la comida en el aeropuerto es cara y no me quedan muchas coronas checas. Camino de un extremo a otro de la sala. Una vez, otra vez, y otra, y otras cuantas también. La mochila, mi equipaje de mano, pesa bastante y mi espalda se resiente. Decido sentarme en los sillones que hay para masajes que funcionan con una moneda. Aunque lo que recibo dista mucho de un buen masaje, me levanto descansado y camino hasta el extremo opuesto a mi puerta de embarque. Allí veo una tienda cuya entrada te invita a comprar cerveza a un precio aceptable, para ser un aeropuerto. Vuelvo al lado de mi puerta de embarque y me siento de nuevo en el suelo, junto a un enchufe. Me quito los zapatos y bebo la cerveza mientras se carga el móvil. Me lo tomo lo mejor que sé. Podría ser confundido perfectamente con un mendigo.
  Pasan horas, posiblemente las más aburridas que he pasado en mucho tiempo. No recuerdo haber pasado tanto aburrimiento desde niño, tal vez. Pero bueno, finalmente llega la hora, vuelven a abrir el control de seguridad para entrar en la diminuta sala de espera donde se encuentra la puerta de embarque. Pasado el control, en la sala de espera, decido quedarme el último de la fila para entrar en el avión. Estoy emocionado contándoles a mis amigos por el móvil que por fin voy a coger el avión. Que por fin acaba mi suplicio y voy a pasar a la siguiente fase. Nada más alejado de la realidad. Cuando llega mi turno, el empleado, que ya no es el mismo de la vez anterior, supongo que ése debe haber acabado ya su turno, me dice que no puedo coger el avión. Que tendría que haber ido a “transfer desk” desde un primer momento para coger no sé qué otro vuelo, para enganchar en otro lugar con otro vuelo a Tokio. Llaman a la compañía para ver si me lo pueden solucionar, mientras yo, por un momento, pierdo la calma. Tras el largo día perdido en el aeropuerto siento como si me arrebatasen una parte de mí cuando me impiden pillar el vuelo. Deseo saltar sobre el mostrador y arrancarles las cabezas a los empleados, irracionalmente, solo quiero subir a ese avión por el que he estado esperando todo el puto día, aun cuando me dicen que no puedo pillar ningún vuelo a Tokio en Moscú hasta el día siguiente, pues solo hay uno al día. Es uno de esos momentos en los que desearía que la vida fuera un poco más parecida el GTA, y no a los juegos de rol, en los que deseo sacar una recortada de mi bolsillo izquierdo y liarme a tiros hasta llegar a la cabina del avión que, por supuesto, sé pilotar, y conducir yo mismo hasta Tokio el vehículo sin pensar en las consecuencias. Las lágrimas de la desesperación por un momento parece que van a brotar de mis ojos. Pero finalmente me calmo y les escucho. Tampoco me pueden dar mucha información, me dicen que vaya al mostrador de Aeroflot, la compañía con la que compré el vuelo, y que allí me indicarán que hacer.

  Así lo hago, vuelvo a la entrada del aeropuerto, y me dirijo al empleado de Aeroflot, al que le hago todas las preguntas disponibles en el archivo de mi memoria. Me soluciona lo del billete, y me lo cambia para el día siguiente Aunque no me pone menú vegetariano
porque hay que solicitarlo con treinta y seis horas de antelación y no me avisa. Menos mal que siempre viajo con un paquete de cacahuetes en mi inventario. Tengo que recuperar mi equipaje. Me dice que acuda a reclamación de equipajes y voy. Llego a la puerta, nuevo acertijo. Hay un telefonillo con una lista con números y no sé muy bien cual apretar. La lista no es muy clara, y tampoco estoy seguro de si estoy en la terminal uno o dos del aeropuerto. Finalmente me decido por llamar a un número, pero no obtengo respuesta. Como mi paciencia no está al cien por cien ahora mismo, no dudo ni un momento en marcar cualquier otro número. Me lo pillan de la otra terminal y me dice que tengo que llamar al primer número que llamé. Sigo insistiendo hasta que alguien contesta. Me dicen que espere. Al rato me abren la puerta y me dejan pasar tras pedirme que les muestre mi tarjeta de embarque no utilizada. Estoy en las cintas correderas por las que sale el equipaje cuando llegas. Nunca había estado en una sala de estas sin haber pillado previamente un avión. Todo nuevas y “emocionantes” experiencias hoy. Una vez dentro me vuelven a dejar solo sin darme indicaciones de hacia dónde tengo que ir. Acudo al único mostrador en el que veo a alguien, y me dicen que allí no es, que es el mostrador de al lado, donde no hay nadie. Me dicen que espere. No tengo más remedio. Espero. A cualquier persona que pasa por allí con pintas de trabajar en el aeropuerto le pregunto si saben algo sobre quien debería estar en ese mostrador. Pero no obtengo pistas. Más personajes de relleno, de bulto, en el escenario. Tras un rato aparece alguien en el mostrador. Le explico mi situación y llama por teléfono. Me dice que mi equipaje saldrá por la cinta número 12. Que espere. Espero. Espero. La mujer del mostrador desaparece y vuelvo a sentirme abandonado, sin nadie a quien preguntar, esperando a que salga mi equipaje. Pero pasa casi una hora y no sale nada de la cinta doce, ni de ninguna otra. La mujer vuelve a aparecer, le digo que no ha aparecido mi equipaje por la cinta, y vuelve a llamar, me vuelve a decir que espere en la cinta doce, que ya lo subirán. Finalmente aparece. Mi equipaje y otros cuantos más de los que tendrían que haber ido a Moscú,  que me demuestran, por suerte, que no he sido el único tonto en perder el vuelo. Ya saben lo que dicen que es consuelo de tontos. Por fin, con mi equipaje vuelvo a casa de mi amiga Klara, que me acoge con amabilidad, y se sorprende de mi historia. Me voy a dormir, melodía de buenas noches, sonidito de restauración de PH y PM y al día siguiente a intentar la misma fase con la energía a tope. Aunque con la experiencia adquirida seguro que la supero con facilidad y menos frustrantemente, pues hago amistad con la chica checa de los auriculares, a quién le sucedió lo mismo que a mí.


viernes, 23 de agosto de 2013

LOS VENGA-RANGERS IV: SuperForzudo

  A Superforzudo, a pesar de sus superpoderes, también le entran apretones. Especialmente cuando bebe, cosa que sucede casi cada día. Así que deja la copa de whiskey a medias sobre la barra, con prisa y el descontrol de su fuerza, la rompe. Se hace añicos y se derrama el líquido que restaba.
-          ¿¡Otra vez!? – grita el camarero.
  Pregunta totalmente ignorada, pues la necesidad es demasiado grande. Corre al servicio, se sienta, y sale a presión un montón de mierda medio líquida. A veces cuesta creer que eso, antes  era comida. Cuando parece que ha terminado, siente una fuerte puñalada en el interior de su estómago, y le siguen unos gases súper poderosos. Tan poderosos que rajan el retrete y se parte en varios pedazos, derramando el líquido oscuro y mal oliente que contenía. Ahora lo del vaso de whiskey le parecerá una minucia al camarero. Decide que tiene que huir de ahí. Otro bar al que no puede volver a entrar. Cuando va a limpiarse, se da cuenta de que no hay papel, ni siquiera el cartón, por lo que decide limpiarse con los calzoncillos y abandonarlos allí. Se sube sus pantalones, se pone su oscuro pasamontañas y rompe los barrotes de la ventana para salir volando de allí.
  Entre la borrachera, y su vértigo natural, cuando está surcando los cielos, vomita. Alcohol, bilis y nachos con boloñesa se mezclan en su propulsada potada que cae encima de los coches aparcados en el hotel “Royal Luxe” esparcida como si fuera una lluvia ácida. Se para en una azotea para descansar. Su casa todavía está lejos. Desde lo alto del edificio ve cómo pasan un par de coches de policía por la calle, con las sirenas sonando y a toda velocidad. Aunque desea irse a casa y pillar la cama, no se lo puede permitir. El deber de súper héroe le llama. Vuela a toda prisa hacia donde se dirigen los policías y se encuentra el clásico atraco a un banco. Como, en la ficción, los atracadores de bancos todavía son los malos, decide irrumpir con su súper fuerza para detener a los ladrones.
-          Tío, el otro día estaba con una piba en la playa, y claro, no llevábamos condón y tuve que echar el merengue al mar, y lo vi largarse por el mar, sin disolverse, y empecé a pensar… ¿Y si mi semen acaba en la vagina de una ballena y nace un ser especial, medio humano medio balleno? – pregunta uno de los asaltantes.
-          No digas tonterías, eso es imposible – le contesta tajante su compañero mientras ata a uno de los rehenes con una cuerda.
-          ¿Por qué?
-          Pues porque no se puede quedar embarazada una ballena de alguien de distinta especie, ¿es que tú no fuiste al colegio o qué?
-          Sí que se puede, tu padre lo consiguió – dice seguido de una carcajada.
-          ¿Estás llamando gorda a mi madre, hijo de puta? – le responde enojado.
-          No está tan gorda para ser una ballena – y se ríe todavía más
-          ¡Callaos! – grita ahora un tercer asaltante. El típico con una cicatriz y cara de más malo que los demás, una cicatriz causa de una caída sobre un cristal en un momento ebrio, pero que da la impresión de ser un verdadero busca peleas que se enfrenta a cualquiera– Estoy intentando concentrarme en abrir esto y no hacéis más que decir gilipolleces, como no os calléis de una puta vez os meto un tiro a cada uno.
  Los asaltantes llevan veinte minutos intentando abrir la caja fuerte en ese momento, pero no saben cómo conseguirlo. De repente, como caído del cielo, bueno, literalmente caído del cielo, aparece Súperforzudo en un aterrizaje forzoso que, tras atravesar el tejado del banco, choca contra la caja fuerte haciendo saltar la tapa por los aires. Los atracadores llenan sus bolsas con billetes de los grandes. Sus caras son todo felicidad en ese momento. Escapan fácilmente gracias al agujero causado por Súperforzudo al caer. El súper héroe, aturdido, se encuentra solo ante la policía. Le apuntan con sus armas y uno de ellos dice:
-          ¡Alto o disparo!

  SúperForzudo, frustrado, sale volando a toda velocidad. Los impactos de bala en su cuerpo rebotan como si fueran balas de goma. Desearía haber ayudado, pero no lo ha conseguido. Decide irse a su casa y ver la tele en calzoncillos estirado en el sofá. Es su manera de regalarse su merecido descanso. Si es que, a veces, ser un súper héroe puede ser más complicado de lo que parece.

miércoles, 19 de junio de 2013

INMÓVIL

Estoy en pie, firme, aguantando el tipo, sin mover un solo músculo, sin siquiera parpadear. Estoy tan quieto que parezco el centro de gravedad del entorno a mí alrededor. Algunos niños que corretean esquivando mesas, dando vueltas a la circunferencia que forma el bar en el que estoy metido. Nadie consume, ya he limpiado lo limpio y tengo prohibición expresa de sentarme, de mirar el móvil, de apoyarme, de beber cerveza… por lo que lo tengo el deber y la obligación de aguantar el tipo, dar buena presencia, incluso cuando nadie me ve. Así que allí estoy, de pie, inamovible, como un guardia real del palacio de Buckingham. No muevo ni un músculo, mientras las horas pasan lentas, tan lentas que parece que no pasan. Mientras un niño camboyano pierde una pierna al pisar una mina “made in USA”. Un finlandés muere ahorcado por la soga que el mismo ha atado a las vigas de su linda casa de madera al no encontrar sentido a la vida después de la jubilación. Un empresario español muere al estrellar su nuevo deportivo en Zurich. Un espermatozoide penetra un óvulo generando una nueva vida en el interior de Somya, la bella muchacha hindú de quince años. Mientras, un terremoto quiebra un bloque de viviendas en Tokyo y dos perros sin dueño están jodiendo en el parque. Pero yo permanezco inmóvil, una hora, dos horas, tres horas… Al principio pensando en mis cosas, recordando historias pasadas. Me acuerdo de mi primer amor en la ciudad condal, y de amor platónico en Elche. Me acuerdo de la pasión turca, y de mi amor oriental. Y una erección empieza a materializarse, por lo que cambio la pista del disco que gira en el interior de mi cráneo. Y cuando me canso de pensar, dejo de hacerlo, sé que puede parecer difícil, pero me da la impresión de conseguirlo, por un pequeño instante no pienso en absolutamente nada… Tal vez alcance el nirvana…

miércoles, 24 de abril de 2013

IBIZA



  Después de tres meses de descubriendo la discutible magia del lejano oriente, vuelvo a mi ciudad natal en una pequeña isla del Mediterráneo. Ibiza, conocida mundialmente por la loca fiesta nocturna y el blanco, debatiendo la masa ignorante que acude a los clubs nocturnos si es el blanco de las casas o de la cocaína, ofrece un paisaje muy diferente en esta época del año en la que aún no ha empezado el ajetreo del verano. Las calles están poco transitadas y abundan los mendigos en las esquinas pidiendo unas monedas para llevarse el pan a la boca. Si, en la tierra prometida según un programa de televisión, de cuyo nombre no quiero acordarme, hay mucha gente sin techo a la que le cuesta, no llegar a fin de mes, si no al final del día. Y hay muchos mas que hace tres meses. Bienvenido de vuelta a España.


martes, 12 de marzo de 2013

ADORABLES


El pequeño Alfonsito se divertía corriendo detrás de las palomas a lo largo de la plaza. Se le iluminó la cara con una sonrisa al ver un gran cúmulo de pájaros en el extremo opuesto del que se encontraba y echó a correr con todas sus fuerzas. Espantar grandes bandadas de palomas era una gran diversión para él. El aletear simultáneo de decenas de pájaros a su alrededor le hacía sentir alguien especial. De repente, se dio cuenta de que en el banco de al lado había un viejete que estaba alimentando las palomas que él había espantado. Alfonsito le miró inquieto, pensando que le había fastidiado la diversión al abuelo y que tal vez se enfadaría por ello. El abuelo levantó la mano, sonrió y le acarició la cabeza. “Qué adorable infante” pensó el abuelo totalmente inconsciente, claro está, de que el niño sería el motor principal de un gran número de atentados contra la población civil que se cobrarían muchas víctimas mortales en el futuro. El niño se apasionaría por Maquiavelo durante su adolescencia y seguiría a rajatabla el principio de “El fin justifica los medios”. El niño le devolvió la sonrisa y, tras recibir un caramelo que el viejo le ofreció, corrió junto a su madre:
-          ¡Mamá, mamá! ¿Puedo comerme el caramelo?
-          ¿Quién te lo ha dado? – Preguntó preocupada su madre, que siempre le había dicho al niño que no acepte regalos de desconocidos.
-          Ese señor – dijo el pequeño señalando con su dedo al Abuelo que volvía a alimentar apaciblemente a las palomas.
  La mujer miró al hombre que sonreía al apreciar el vuelo de los pájaros. “Qué adorable ancianete” pensó la mujer, inconsciente de que la pasión por los pájaros que sentía el abuelo la había recibido al envidiar su libertad mientras cumplía condena en prisión por múltiples violaciones con posterior asesinato. Una de las chicas asesinadas era menor de edad.
-          Cómete el caramelo – dijo la madre confiada – ese señor es buena persona.
 Es curioso como cerca del principio y del final de la vida, los acontecimientos venidos o por venir de la etapa intermedia no importan. Ya sea por inconsciencia de la naturaleza de los infantes o por compasión a una muerte cercana de los ancianos, todos parecemos adorables cerca del principio o del fin. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

LOS VENGARANGERS 1: PODEROSA ESCARLATA


Mothman City vuelve a estar amenazada. Ésta vez un monstruo gigante con un cuerpo peludo, parecido al de un koala, pero con la boca donde iría el ojo izquierdo, una enorme trompa de elefante donde la nariz y un solo ojo en el lado derecho de su cara, es la amenaza. Aplasta a cualquier cosa o persona que se le ponga por delante, y las autoridades, tanto locales como nacionales, se ven totalmente impotentes ante un ataque de tal magnitud. Una vez mas. La ciudad recibe mas o menos un ataque de tal calibre cada quince, o veinte días. Pero ni su cuerpo de protección civil, ni su ejército, están preparados. Falta presupuesto en I+D. El alcalde de la ciudad vive en una mansión con piscina, quince sirvientes y la mayor colección de Rols Royces del planeta. Pero nunca hay presupuesto para mejorar el armamento antimonstruosgigantesdestructores. Entonces, las autoridades locales se ven forzadas a pedir ayuda a una organización ilegal de enmascarados misteriosos que arriesgan sus vidas con motivación desconocida. Dicha organización son los VengaRangers.
  Así, el jefe del departamento de Policía de Mothman City da la orden y el gran foco se enciende proyectando en el cielo, como si de una gran luna se tratase, un gran círculo blanco con una V y una R en el centro. Es la Vengaseñal. Se necesita urgentemente su ayuda, se reclama a los VengaRangers, y los VengaRangers acuden. Bueno, no todos. El único que ve la señal es el VengaRanger rojo, conocido como Poderosa Escarlata. Está en pelotas viendo la tele en su casa y observa la señal por la ventana. Entonces decide llamar al móvil de sus compañeros para ver si acuden a ella.
  Superforzudo está tumbado en la acera al borde del coma etílico, sin fuerzas siquiera para volar hasta el lugar de los hechos. La chica EstrellaPoderosa está ahora mismo ocupada manteniendo relaciones sexuales a cambio de dinero con un admirador obsesivo. No es que suela hacerlo, pero al ser un personaje tan popular entre los jóvenes adictos a los cómics, cuya diminuta capacidad social les dificulta perder la virginidad, ha llegado a recibir ofertas de sumas demasiado grandes como para rechazarlas. Por último, Moscaman, que adquirió las habilidades proporcionales de una mosca, fuerza, habilidad de volar, y gusto por la mierda, no puede evitar darse paseos por las alcantarillas por donde fluyen las aguas fecales de la ciudad, es dónde se encuentra ahora mismo y, por supuesto, allí no hay cobertura.
  Así, tras varios intentos de llamada, sin respuesta, el VengaRanger rojo PoderosaEscarlata, decide pasar a la acción en solitario. Le da un poco de miedo, pero desde que salieron a la luz por Internet unos vídeos antiguos en los que se le podía apreciar practicando sexo con otros hombres, al mismo tiempo, no quiere desaprovechar ni una ocasión para hacerse el héroe y lavar su imagen. Mira el montón de ropa sucia del suelo, toda roja a excepción de la ropa interior, agarra lo primero que encuentra y se lo pone. Un pijama rojo y sus gafas de pasta de montura roja. Se dispone a saltar por la ventana al edificio de al lado, pero se da cuenta de que en la entrepierna de su pantalón hay un gran agujero, por lo que decide coger unos calzoncillos y ponérselos por encima. No puede perder ni un segundo y volver a cambiarse. Nadie hubiera dicho por aquel entonces que crearía tendencia en el mundo de los superhéroes y acabaría enfrentado a un tal Clark en los tribunales por el tema de los derechos de imagen. Pero esa ya es otra historia.
  Finalmente se lanza, salta de edificio en edificio en dirección a los estruendos provocados por el gran monstruo koala elefante diabólico. Preguntándose quién estará detrás de él. Pues tiene toda la pinta de ser un ataque del doctor Malvado, o tal vez sea del doctor Chiflado. Siempre son los mismos. Lo que siempre se ha preguntado Escarlata es porque todos los villanos de la ciudad son doctores. Ignora que la mayor academia de villanos del mundo se encuentra en la ciudad, por lo que salen todos con el doctorado. Lo que es incomprensible es que cada dos o tres semanas sean capturados y puestos entre rejas y siempre se escapen. Será que no se hacen cárceles mas seguras por falta de presupuesto, también.
  Pero bueno, dejémonos de historias, lo importante ahora es derrotar al monstruo que está aterrorizando la ciudad entera. De azotea en azotea, Poderosa Escarlata no tarda en llegar a encontrarse cara a cara con el maléfico monstruo. Y empieza el combate. Smack, thud, plas, POW. Una serie de golpes, todos recibidos por PoderosaEscarlata. Es normal que esté en una clara desventaja teniendo en cuenta que el bicharraco es diez veces mayor que él. De no ser por su hiperresistencia, adquirida al exponerse a una radiación cósmico-planetaria cuando era joven, hubiera muerto al segundo manotazo. Pero como siempre, cuando todo está perdido, y Escarlata sumido en sus lágrimas, con su vida pendiendo de un hilo, o la de su novia, o la de un niño que pasaba por ahí, el caso es que haya alguna vida pendiente de un hilo, encuentra milagrosamente el punto débil del bicho gigante. Ve una especie de aparato enganchado a la nuca del monstruo, una especie de máquina con una luz parpadeante roja, siempre luces rojas que parpadean, lo cual no puede ser otra cosa sino un dispositivo de control. Por lo que, esquivando un golpe mortal en el último momento, Escarlata salta y dispara uno de sus rayos destructores que puede disparar con sus manos. Unos rayos con una amplia gama de lucecitas rosas que contaminan la iluminación de todo el entorno. El artefacto es destruido y el monstruo para de romper cosas sin piedad, y se dirige hacía el muelle de la ciudad donde desaparece en las profundas y sucias aguas del Mothsea de Mothman City.
  A Escarlata solo le falta descubrir al doctor Chiflado, qué está chiflado que se encuentra no lejos de allí, aporreando un mando con un enorme joystick y un montón de botones. Exclamando:
- ¡ Por qué has dejado de funcionar! ¡Maldita sea!- Agitando su brazo enfurecido.
En cuanto lo ve, Escarlata se planta delante de él de un salto, y le pega una patada. Lo inmoviliza y lo entrega a las autoridades por décima vez en lo que va de semestre. No lo mata, aún sabiendo a ciencia cierta que se volverá a escapar y sus malévolos planes volverán a destruir la ciudad, PoderosaEscarlata nunca mata. Aun sabiendo que eso salvaría miles de vidas en un futuro cercano. Pero es que los superhéroes son así de buenos, nunca matan, ni siquiera a un demonio. Hay que dar ejemplo a los niños de la ciudad. 

martes, 8 de noviembre de 2011

PARAÍSO EN LLAMAS



  Hoy, sin saber como, me he despertado en el paraíso.  Abro los ojos y todo son colores luminosos, placeres intensos, disfrute extremo. Me levanto y me dirijo a un árbol abundante de jugosos melocotones. Saboreo el jugo de su interior mientras sus ramas me abrazan y me dan calor y afecto. Y de camino al siguiente placer esparzo gasolina por todo el lugar.
  Me entrego al calor de las enredaderas que me sirven en bandeja manzanas rojas, mientras me fundo en su abrazo que me otorga todo el cariño y el amor que necesito. Mi cuerpo y mi mente se sienten totalmente relajados en el interior de esta espiral de sensaciones orgásmicas. Y entre el licor de los dioses que me provoca la mas sensacional embriaguez, el pan de las serenas tardes que me causa un sobrio bienestar casi extasiante y las lágrimas de tristeza de tiempos pasados que alivian la carga de los años, voy dejando montoncitos de pólvora unidos por una mecha.
  Jamás saldría del paraíso si pudiera, pero la realidad está allí fuera, y a veces es necesario salir. Será un periodo limitado, pero tal vez demasiado largo. Solo el tiempo lo dirá.
  Así que me levanto del paradisíaco lecho rodeado de abrazos y derribo, sin darme cuenta, otro bidón de gasolina. Abro la puerta de salida y enciendo mi último cigarrillo en el edén. El humo sabe mejor aquí dentro. Saboreo con nostalgia las últimas caladas. Cargo con la mochila a mis espaldas, dejo caer la colilla y cierro la puerta del paraíso detrás de mi, sin ver donde cae la colilla que lanzo, todavía encendida.
  La vida real, la vida fuera del edén, es dura, es jodida, pero se sobrevive. Recuerdos del tiempo de felicidad extrema en el interior del mas puro placer me dan aliento. La esperanza de poder volver a ello me da alegría, el recuerdo de lo vivido se presenta en mi mente por fragmentos. Son mis fragmentos personales del edén. Cuanto mas se acerca la fecha del regreso, mas dura se hace la espera debido al incremento de mi impaciencia. Pero finalmente llega, todo llega algún día.
  Abro pálpito de emoción la puerta de mi edén personal. Todo parece estar igual a primera vista, todo tiene el mismo aspecto, o aproximado, la puerta se abre con la misma llave, pero algo falla. Huele a humo, huele a ceniza, huele a quemado. Y el paraíso no me acoge cono lo hacía. En lugar de ello me empuja hacia fuera, me rechaza, me desprecia. Comprendo que el paraíso ha ardido en mi ausencia, ha sido totalmente destruido, entiendo, por mi inconsciencia, y se ha vuelto a reconstruir en mi ausencia. Ahora soy un punto negro en el edén. Un elemento que agita la tierra e incomoda a los árboles. Las enredaderas ya no me dan afecto, sino que me empujan con rencor, me esquivan. Los frutos causantes de sensaciones orgásmicas se esconden y no quieren ser atrapados. Dejé el paraíso en llamas y tuvo que apagarlas por si solo, sin mi ayuda, y tuvo que aprender a reconstruirse, y no le fue mal en mi ausencia, aprendió a vivir una vida si mi y ahora no concibe mi reentrada. Ahora no me quiere ya mas en su interior.
  Triste y en soledad, no me queda otra que abandonar lo que fue mi edén. Me acerco a la salida, dejo caer una lágrima en su interior antes de partir y cierro la puerta a mis espaldas. Ahora solo queda dolor. 

jueves, 21 de abril de 2011

AMOR DESQUICIADO

(Mi primer relato realista, escrito ahora hace ya unos diez años, adjunto un link con el enlace al que también fue mi primer corto, ahora hace unos 3 años, inspirado en el mismo relato. En fin, si ahora tengo mucho que aprender, entonces aun mas, pero con todo le tengo cariño a este relato que fue narrado en la radio de Barcelona y su guión adaptado reconocido por mis profesores y compañeros de clase como de los mejores de clase para llevarlo a cabo como corto, por lo que me apetecía compartirlo. Gracias.)

Ya han pasado tres meses desde que la vi entrar por primera vez por la puerta de la oficina. – Es una Diosa- Pensé, y lo sigo pensando. Hace unos días que me saluda cada mañana al llegar a la oficina, son unos pocos segundos, pero es mi pequeña ración de felicidad diaria, antes de que empezara a saludarme nunca obtenía ni una miga de felicidad al día. A veces escucho las conversaciones que mantiene con sus amigas y compañeras de trabajo. A partir de ellas he descubierto que es una chica muy buena y muy lista, que son las dos cualidades que más aprecio en una persona y, si además es tan guapa como ella, la persona que las posee se convierte en una Diosa para mí. Cada día me la cruzo por el pasillo una o dos veces. Me pasa tan cerca que hasta puedo adivinar la marca de champú que utiliza. Uno de esos con aroma a naranja. Me pasa muy muy cerca pero sin embargo yo la siento tan lejos, tan intocable, no me parece que alguien como ella pueda ser de verdad. A veces pienso que estoy alucinando por la falta de sueño o que la tele me ha comido la olla y empiezo a ver cosas irreales o, incluso, que me estoy volviendo esquizofrénico, pero entonces me acerco a otro compañero de trabajo y le pregunto: - ¿Tú, también la ves verdad? – Me contesta afirmativamente y me desaparecen todas esas ideas absurdas de la cabeza.

   Ayer escuche una conversación que mantuvo con una amiga suya en un bar. El bar donde casualmente voy todas las mañanas a desayunar, desde sé que va ella. - ¿Te has enterado la noticia?- Le preguntaba su amiga sorprendida. -¿Qué noticia?- Le ha respondido mi Diosa. - Pues resulta que un enterrador de no sé que pueblo de por Castilla es necrofílico y se follaba a todas las chicas guapas que enterraba. – Le ha contado su amiga y ella se ha mantenido bastante indiferente y la ha dejado con la boca abierta cuando le ha respondido. Sinceramente yo también lo he flipado. – No lo veo tan mal, hay muchas cosas peores, al fin y al cabo ese hombre no ha hecho daño a nadie. Por que una vez muertos ya hemos abandonado el cuerpo y ya no siente nada de nada y si cuando ya no somos nada aún podemos darle la felicidad a un pobre hombre que no tiene a nadie mejor, pues, no lo veo tan tan mal. Peor es una violación. – Ella siempre tan espiritual, “el alma cambia de cuerpo cuando nos morimos”, “Esta comida está tan buena que nutre mi alma” y como éstas le he escuchado muchas frases que demuestran que tiene una creencia similar a la hindú.
  Esta tarde me he acercado a ella y la he invitado a cenar. Le he dicho que iba a invitar a más gente de la oficina, pero no es verdad, quiero pasar una noche a solas con ella, es algo que deseo mucho, es algo que me llenaría de felicidad y si al final me dice que me quiere soy capaz de morir de emoción. Por el contrario no sabría que haría cuando me hubiere rechazado.
  Al salir del trabajo me he pasado por la tienda de jardinería y he comprado un veneno letal para matar conejos devora hortalizas. He llegado a casa y lo he guardado en el segundo cajón de la cocina, justo debajo de los cubiertos. Me he puesto en seguida a preparar comida para seis personas pues, le había dicho que iba a invitar a más personas, y no he querido que descubra mis verdaderas intenciones desde el principio. Ha sido puntual, a las ocho de la tarde ha sonado el timbre de mi casa. – Eres la primera en llegar – Le he dicho para disimular. Realmente ella ha sido la primera persona que ha pisado mi casa desde hace años ya que yo siempre estoy solo. Dos horas después le he dicho que será mejor que vayamos empezando ya sabiendo que no hacía falta esperar a nadie más.
  Nos hemos sentado los dos a comer en la mesa, que estaba preparada para seis personas. Nos hemos sentado cara a cara. Nos hemos conocido bastante durante la larga cena que ha durado hasta hace a penas unas horas, hemos hablado de muchas cosas y sé que no le ha convencido mi forma de ser. Pero no me iba a rendir y he seguido con mi intención de declarar mis sentimientos hacia ella. Ha sido una oportunidad que no he podido dejar escapar. Quedarme con la duda de lo que ella pueda sentir hacia mí es lo peor que me podría pasar. Además la deseo con una fuerza muy grande, deseo tanto su cuerpo como su alma, esa preciosa cara de ángel, esas curvas de vértigo, esa inteligencia y esa gran bondad tenían que ser mías. Ella es la mujer que ilumina mi corazón, la que me quita la sed solo con mirarme, la que me da la felicidad solo con un saludo, yo sería su esclavo y haría todo lo que me pidiese por humillante que fuese, así que se lo he dicho, le he pedido si sería capaz de tener una relación de amor puro con un desgraciado como yo y me ha contestado que no. Que no... Que no...
  Me ha destrozado el corazón pero no me he rendido. Le he pedido que se acabe la cena y se ha mostrado de acuerdo. Mientras ella ha ido acabándose el segundo plato yo he ido a por el postre. Estaba desesperado, he querido tener su cuerpo y su alma, he querido poseerlo todo y no he sabido que hacer así que me he dirigido al cajón de debajo de los cubiertos, he sacado el veneno y lo he puesto encima del mostrador. Le he preparado el postre y se lo he llenado de veneno. Se lo he llevado, el helado me ha salido muy bonito, tan bonito y tan letal a la vez. Sin dudarlo le ha metido una cucharada, he notado que ponía cara de asco pero ha seguido comiendo, supongo que no quería hacerme el feo de decirme que el helado que he estado toda la tarde preparando estaba malo. Después de cuatro cucharadas se ha dado un golpe con la frente contra la mesa y ahora hace pocos minutos que ha dejado de respirar. Ahora ya es mía, mía para siempre, quería su cuerpo y su alma, pero como el alma me impedía tenerlas a ambas, he tenido que eliminarla así puedo tener al menos una de las dos cosas que más he deseado en mi vida. Su cuerpo, medio premio, pero es que era imposible tener el premio entero. Lo quería todo pero, a falta de pan, buenas son tortas. Desde esta noche en que su alma ha abandonado su cuerpo, ya tengo su consentimiento para hacer lo que quiera con ella, que permanecerá conmigo siempre. Hasta mi muerte me encargaré de conservar su belleza junto a mí. Peor habría sido una violación. ¿Verdad?. Ahora es mía para siempre, a medias pero mía. SOLO MÍA.

Os paso también un enlace al corto en Vimeo, por si queréis verlo, aunque la calidad del material es bastante regular, pero es lo que tienen los inicios: http://www.vimeo.com/8345062




jueves, 7 de abril de 2011

DESTINO IGNORADO

(Relato presentado al concurso de microrrelatos de renfe)

El viaje es ajetreado, las curvas bruscas, el temporal hace tambalearse el vehículo entero. Mi vagón está lleno de gente molesta. Algunos hablan demasiado alto, otros tienen ganas de hacerme caer, creyendo, falsamente, poder ocupar mi lugar.

  Aún así, me levanto y voy al vagón bar. Con una cerveza en mano, analizo la sociedad que me envuelve y me parece ruin e hipócrita. Pero yo hago un esfuerzo por buscar a aquellas personas que me aportan algo bueno, una sensación positiva, pues, si el destino de todos es la muerte: ¿Qué mejor que intentar disfrutar del viaje?

jueves, 6 de enero de 2011

RABIA

La disputa había sido acalorada, la violencia aun flotaba en el aire y Jorge lloraba arrepentido. Nunca antes había sentido un arrepentimiento tan grande. Se hacía extraño ver como un hombre tan grande derramaba lágrimas de tal manera por una cosa así. Aunque ya conocéis lo que dicen de las apariencias. El caso es que la ira le consumía. La rabia acumulada durante años necesitaba ser canalizada. Recordaba casos de hombres cercanos a él que habían acabado descontrolando su ira golpeando así a quien no lo merecía. Y Jorge temía acabar como ellos, pegándole a un amigo, o, peor aun, a una novia futura. Ese era el pensamiento que le hacía arrepentirse tanto de no haberle partido la cara a aquél capullo que les había vacilado prepotentemente. Había desaprovechado un canal de descarga de ira digno y su contador de furia acumulada había aumentado. Ahora era demasiado tarde. El capullo se encontraba ya lejos y lo único que podía hacer era derramar lágrimas, a pesar de que le avergonzaba que todo el mundo le viera así. 



*Fragmento rescatado de entre manuscritos caídos en el cajón del olvido.

martes, 4 de enero de 2011

CIENTO UNA


Ciento una caras,
cien de ellas que no recordaré,
una de ellas que jamás olvidaré.

Ciento una historias,
ninguna de ellas conoceré,
una compartir por siempre desearé.

Ciento una vidas,
cien de ellas ni me interesan,
mas una deseos en mi despierta.

Ciento una caras,
cien de ellas completa indiferencia,
mas una, la tuya, absoluta belleza.

*Poesía escrita hace aproximadamente un año, la subo ahora para darle un poco de vida al blog que parece estar muerto, aunque no lo está.

martes, 14 de septiembre de 2010

El borracho inconsolable II

II

  Es jueves y estoy frente al ordenador maquetando la revista. Mañana por la mañana es el día de entrega, o "dead line", como dicen los americanos. Esta semana he estado un poco distraído y, la verdad, no me sobra el tiempo para entregar dentro del tiempo límite. Aun así, de entre todos los clicks de ratón que hago, algunos los dedico a mi entretenimiento personal. La dedicación plena y absoluta al trabajo me crea una sensación de agobio y sin sentido, me hace perder de vista lo que hago y me satura. Es lo que se llama sensación de absurdidad. Así que, de vez en cuando, entro a las redes sociales en las que tengo cuenta. No tengo mensajes. Continúo un rato trabajando y, en un intento desesperado de reclamar atención, cuelgo a la red las fotos que me hicieron durante el "bukake". Ahora todos mis amigos, excompañeros de clase o curros, simples conocidos, mis enemigos e incluso gente que no conozco de nada, ni se porque extraño motivo tengo agregados, ven mis fotos. Allí estoy yo, sin pantalones, ni necesidad de ellos. En un ambiente íntimo, en un momento privado, con otros cuatro tíos y la chica quien, por su puesto, cobró por ello. Así, un material que se mantenía en privado, solo disponible para mí, los otros cuatro tíos y la chica. Y bueno el cámara, y también toda la comunidad de internautas aficionados al porno amateur, y... bueno, vale, no era tan privado. El caso es que ahora está expuesto y publicado como una noticia importante en un lugar donde todos mis conocidos, o casi todos, siempre hay algún reacio a esto de las redes sociales, pueden verlo y comentarlo.
  Allí está la foto en la que salgo tocándole las tetas a la chica a la vez que otros dos tíos. Otra en la que me estoy masturbando frente a ella, otra en la que sale ella bebiendo de una ensaladera llena de semen. Todas ellas, yo, sin quitarme mi sudadera de "Rhapsody". Si me preguntan diré que es por hacerle propaganda al grupo, que se lo merece. Sin embargo, la auténtica verdad de todo esto, es que me avergüenza ligeramente mostrar toda la inmensidad de mi barriga gelatinosa y peluda en una sesión de fotografía pornográfica.
  Sigo trabajando y me viene a la mente una estrella. Una estrella que quiero que sea mi Estrella Polar, para que me guíe por el camino de la vida. Una estrella que no esta en el cielo sino en la tierra, en la calle más concretamente. O, teniendo en cuenta la hora que es, tal vez esté ya en una pensión de mala muerte con algún cliente, el primero de su jornada.
  Cojo una cerveza de la nevera y sigo trabajando. A pesar de pasarme horas delante de los artículos de la revista, nunca me los leo. Pero hoy, no se porque, tal vez por esa necesidad de mantenerte ocupado con lo que sea pero sin entretenerte demasiado porque tienes cosas que hacer, me da por echarle un vistazo al artículo de mi horóscopo. A continuación de la silueta que representa al rey de la selva se explica que esta semana será una semana de suerte. Que un gran cambio en mi vida mejorará notablemente mi situación laboral y, lo mas gracioso de todo, que una persona a la que estoy conociendo será una persona muy importante en mi vida. Y que con toda probabilidad, y remarca esas palabras en negrita, será la chica con la que comparta los próximos años de mi vida. Cojo otra cerveza. Me aseguro de que el logotipo prediseñado esté perfectamente alineado con el número de la página, con el párrafo, con el icono del horóscopo, con todos los elementos de la composición editorial. Cojo otra cerveza.
  Los pies de foto del "bukake" empiezan a llenarse de comentarios. No contesto a ninguno de ellos, pero hay uno que me llama la atención especialmente. Lo ha escrito mi amigo Lluís, y dice:
  "Supongo que no aspiras a ligarte a ninguna mujer que tengas agregada en el facebook, ¿eh cabroncete?"  
  Pues la verdad es que no. No tengo agregadas a muchas chicas, y desde luego no tengo esperanza de conseguir nada con ninguna de ellas. Casi me da hasta gracia el comentario. Sigo maquetando.
  Se hacen las doce, la una, las dos... La papelera de mi cuarto llena de trocitos de papel higiénico manchados con mocos o semen, ahora está rebosante también de latas de cerveza vacías y machacadas.
  De repente suena el timbre. Me pregunto quién será. A estas horas de la madrugada no solemos recibir visitas inesperadas. Sin embargo, voy decidido a abrir. Me sorprende infinitamente encontrarme con Estrella al otro lado de la puerta. No sonríe simpáticamente como solía hacer la otra noche. Ahora su mirada es lasciva y su boquita entreabierta me está pidiendo a gritos que me la coma. Pero estoy tan sorprendido que no puedo actuar. Cada uno de mis músculos se queda totalmente paralizado ante dicha escena. Incluido mi cerebro. Así que es ella quien me coge y me besa salvajemente apasionada. Sin mediar palabra me va empujando suavemente hacia mi habitación, a la vez que me va besando todas las partes de mi cara. Una vez dentro me empuja fuertemente de manera que caigo tendido encima de la cama. Ella se pone encima mío apoyando una de sus rodillas a cada lado de mi cuerpo, noto la calidez de su entrepierna apretada contra la mía. Se inclina poco a poco, y en un momento mágico, sus labios vuelven a tocar los míos.

  Me sorprendo a mi mismo eyaculando en solitario, en el interior de los calzoncillos, a la vez que suena mi teléfono móvil. Me llaman del curro y acumulé demasiado esperma durante la noche que pasé con Estrella. Miro la hora en el ordenador, que sigue todavía encendido, y es justo la hora de entrega. Me he pasado toda la noche dormido en la silla de trabajo, fantaseando con una mujer a la que casi ni conozco, pero ha sido de las fantasías mas intensas de mi vida. No he llegado a la entrega, y eso a mi jefe no le va a gustar. Cojo el teléfono, sin quitarme de la cabeza la sensación pegajosa del interior de mi calzoncillo, y contesto como si no me diera cuenta de lo que pasa:
            - ¿Diga?
            - Héctor, tío, ¿Qué demonios estás haciendo? Está pasando el plazo de entrega y tú todavía no has subido los archivos...
            - ¿Cómo? - Le interrumpo en un intento de hacerme el sueco.
            - Coño, que entro en la ftp y no me salen los archivos, te estás columpiando.
            - Pero si los subí hace un rato. -  Interrumpo de nuevo, sorprendido de mi capacidad para improvisar una mentira en un caso tan necesario.
            - ¿Qué? -  Se sorprende mi jefe.
            - Que si, vuelve a mirar.
  He ganado unos minutos antes de que me vuelva a llamar, así que continúo a toda prisa la maquetación. Sin ni siquiera cambiarme los calzoncillos. Por suerte me queda poco para acabar. En veinte minutos mi jefe vuelve a llamar.
            - ¿Lo has podido descargar o no? - Inicio yo la conversación mientras sujeto el teléfono móvil con el hombro a la vez que sigo trabajando en el ordenador con las dos manos.
            - Que no aparece - Me dice un poco extrañado de todo el asunto.
            - Bueno, pues... - Vacilo unos segundos pensando en lo que le voy a decir - Habrá sido un error del servidor. Volveré a subirlo todo, vuelve a mirar dentro de unos veinte minutos.
  Supongo que mi trola colará, teniendo en cuenta que el jefe es un inepto informáticamente hablando. Por suerte prácticamente había acabado antes de dormirme, así que acabo a toda prisa. Dejando de lado el escaso perfeccionismo del que suelo hacer gala cuando trabajo. En veinte minutos estoy subiendo la revista acabada, por primera vez esta semana. Mi jefe no me vuelve a llamar, por lo que calculo que todo le ha llegado correctamente. A estas horas de la mañana tengo todo el cuerpo dolorido de haber dormido en la silla, y la cabeza de haberme hartado de cerveza. Lo único que se me ocurre que puedo hacer ahora mismo es meterme en la cama y perder otro día de clase. El maldito trabajo me desconcentra de los estudios.

  Me despierto horas después. Entre mis piernas noto que una parte de los calzoncillos ha adquirido una dureza desagradable. La masa gelatinosa blanca se ha secado en mi ropa interior, convirtiendo la suave seda, o algodón o lo que se de lo qué estén hechos mis gayumbos, en algo duro e incómodo. Decido que necesito una ducha, y un cambio de ropa interior. Y tras ello me dirijo al instituto. Por supuesto, no llego a tiempo para asistir a ninguna clase, pero es viernes, y después de clase los compañeros suelen ir a tomar unas cervezas a un bar cercano al colegio. A euro y poco la doble malta, y con gente con la que puedo compartir opiniones acerca de muchas cosas, vale la pena ir. El lugar en cuestión es una especie de taberna trasga. Cuando llego, mis compañeros ya están ahí, tomando unas cervezas en la terraza. Una terraza que consta de dos mesas abandonadas en el patio trasero del bar, dónde se guarda todo el material pesado. De este modo, barriles de cerveza, pies de sombrilla amontonados, cajas de cartón apiladas y un retrete sucio son el escenario de nuestra charla. El tabernero, un hombre gordo alto y tuerto, me pide que voy a tomar. Le digo que una doble malta y me guiña el ojo. ¿Habéis visto alguna vez a un tuerto guiñar un ojo? Es de lo mas raro. Debido a esto y mucho mas, y cuando digo mucho quiero decir mucho, no es de extrañar que tan carismático bar sea conocido entre los estudiantes de mi instituto como "Mordor bar", aunque por su puesto, éste no es su verdadero nombre.
  Durante las primeras cervezas me mantengo bastante al margen de la conversación entre Lluís, David y Carlos, que son los que están más cerca de mi en la mesa. Intercambian opiniones sobre cine. "El club de la lucha", "Doce monos" y "Seven" se encuentran entre las películas favoritas de David. Esa fijación por las películas de Brad Pitt me hace dudar de su sexualidad. Lluís prefiere "Trainspotting" y "Réquiem por un sueño". Me pregunto que debe ver en los yonkis para considerar estas películas las mejores que ha visto. Tras un par de cervezas me empiezo a animar y expongo mis preferencias:
            - "28 días después". Eso si que es un peliculón. - Digo
            - Cierto, cierto - Afirma efusivamente David.
            - ¡Pero que dices! Una de zombies, eso es muy poco sofisticado. - Rehúsa Carlos.
            - Pero que va, esa peli trabaja la psicología humana de una manera brutal, ante esas situaciones lo que somos capaces de hacer -  Le discute David.
            - Si, además, no son zombies, son infectados. - Añado yo.
            - Es cualquier cosa - Continúa Carlos - Al final se basa en crear espectáculo a base de sangre, violencia y efectos especiales.
            - Estás muy equivocado, los zombies son solo el contexto, la trama principal es totalmente psicológica, te hace pensar hasta donde puede llegar la bajeza humana y muestra el lado mas oscuro de la mente. - Argumenta David.
            - A ver, ¿Que películas miras tu? - Le pregunto yo a Carlos, ya que se ha mantenido al margen, o ha opinado negativamente de todas las que hemos mencionado hasta ahora.
            - Pues, lo mejor que se ha visto hasta la fecha, es la Nouvelle Vague, la generación de los años cincuenta en Francia. Eso si que es un ejemplo de explicar grandes historias con los medios justos y necesarios. No tenían la necesidad que tienen ahora los americanos de desperdiciar cantidades      industriales de dinero para explicar historias basura.
            - ¡Tío, eres un puto gafapastoso! - Digo gritando a la vez que me levanto de la silla dando un golpe en la mesa. - Además de un ignorante, porque "28 días    después" ni siquiera es americana. - Añado mientras me dirijo al baño sin esperar su respuesta.

  Eres el típico borracho que tiene siempre la razón, la tengas o no. Debería darte vergüenza, pues estás lleno de esa intolerancia que tanto te molesta en los otros. Y tan borracho que tienes que ir a vomitar. Aunque en esta ocasión te viene perfecto para huir de la situación que has provocado. Aunque Lluís y David se hayan reído, lo que has dicho no ha estado bien. Fácilmente hayas ofendido a Carlos, y eres demasiado cobarde para afrontar las consecuencias de tales actos. Así que te levantas, vas al baño, y vomitas. Esta vez en el peor retrete del peor tugurio de la ciudad. O casi. Al poco rato vuelves a la mesa, te sientas y pides otra cerveza, orgulloso como si eso fuera un logro, o una hazaña. Carlos se ha marchado, probablemente por tu culpa, como, tal vez, todo el resto de la gente que había en la mesa hace un par de horas. Ahora solo quedáis tú, David, Lluís y vuestras magnánimas borracheras. ¿Te sientes tan importante como para ser la causa de la marcha de toda esta gente? ¿O puede que tengas delirios de grandeza causados por tu estado ebrio? Tal vez, solo tenían cosas que hacer. Pero por si todo esto fuera poco vergonzoso, tras echar una gran cantidad de líquido por el retrete, vuelves a sentarte en la mesa, victorioso, y, como si fuera el golpe de gracia a tu enemigo, le pides otra cerveza al camarero. Y ese es tu mayor triunfo. Cuán fracasado eres para tener que estar orgulloso de tu capacidad alcohólica.

  Pasan unas horas y el camarero me trae uno bocadillo de salchichas. Ni si quiera recordaba haberlo pedido, pero me viene cojonudo. Me repone. Después de comérmelo vuelvo a tener conciencia de mis actos y de mi ser. Son las seis de la tarde y el tuerto nos dice que ya no va a servirnos mas bebidas, que tiene que cerrar.
  Llevamos un montón de horas aquí bebiendo, de las cuales muchas ni recuerdo. Sacamos nuestros cuerpos tambaleantes del bar y, casi sin darnos cuenta, nos separamos cada uno por su lado. Por un momento me preocupo por Lluís. Había venido a clase en bici, y supongo que en ese estado volverá también en bici. Aunque el peligro no es mucho menor para mi que no consigo ni caminar en línea recta. Vuelvo a casa y voy a dormir un rato. Pero no mucho. Hoy es viernes y estoy desando salir. Y lo deseo más que nunca porque quiero reencontrarme con Estrella. Así, antes de dormirme, programo el despertador del móvil a las diez de la noche.

  Suena el despertador, te despiertas, te duele la cabeza, le das a snooze, te vuelves a dormir. Vuelve a sonar diez minutos mas tarde, casi consciente, le vuelves a dar a snooze. Vuelve a sonar, coges el teléfono y te planteas si darle a stop o a snooze. Tienes montones de cosas que hacer, trabajos atrasados del curso, en el cual deberías ponerte en serio si quieres sacártelo algún día y cambiar de trabajo. Proyectos personales, y ganas de ver un montón de películas que descargaste pero nunca te has mirado. Pero, por otro lado, como en casi todos tus despertares, estas siendo castigado por un terrible dolor de cabeza, tienes sueño y te importa poco la hora que sea. Te ves incapaz de decidir si te levantas o te quedas durmiendo. Así que vuelves a darle a snooze y ya decidirás después. Cuando vuelve a sonar te acuerdas de que son casi las once de la noche, y calculas las veces que has apagado el móvil, y cada cuanto suena, y llegas a la conclusión de que ha sonado unas cuantas veces sin que ni te despiertes. A ese estado de inconsciencia has llegado. Esta vez te empiezas a plantear más en serio la posibilidad de levantarte, o al menos porque pusiste el despertador, ya que, son las once de la noche, por supuesto no es hora de ir a clase. Recapitulas los últimos días de tu vida y te das cuenta de que el despertador no te está avisando de que tengas que currar ni estudiar. Te está avisando de que es viernes por la noche y es el día de ir en busca de una estrella.

  Y con Estrella en mente no me cuesta trabajo levantarme y prepararme para una nueva noche de fiesta. Una nueva epopeya etílica. Me ducho, me echo una cantidad importante de desodorante por todo el cuerpo, me recorto la barba y me lavo los dientes concienzudamente. Aunque este último paso no se para que, ya que dentro de un par de horas mi aliento olerá tanto a cerveza que olerlo emborrachará. Me voy directo al Raval, allí encontré a Estrella por primera vez, y allí espero volver a encontrármela. Conforme avanzo a través de la ciudad me van entrando los temores, y un intenso temblor en la boca del estómago se hace cada vez mas fuerte. Me estoy poniendo nervioso pensando en que volveré a ver a Estrella. Pensando en que le diré o que haré. A mi mente viene una imagen de mi mismo estilizado, más alto, delgado y fuerte. Con este aspecto, y en un escenario con un fondo de colores luminosos, me acerco a una inocente Estrella y, con una voz seductora, más parecida a la de Constantino Romero en "Terminator" que a la mía propia, digo: "Buenas noches preciosa, eres el ser mas maravilloso que existe, tu belleza es de tal magnitud que roza la divinidad. Se la estrella que me guíe por el mar de la vida y hazme así el hombre más feliz del mundo." Ésas son las palabras que voy a utilizar.
  A una calle de donde me encontré a Estrella por primera vez, un fuerte la latido del corazón me impide seguir avanzando. Los nervios me traicionan y lo único que puedo hacer es entrar en el bar más cercano y pedirme una cerveza. Doble malta, doble alegría. Aunque por esa regla de tres con la segunda la alegría debería multiplicarse por cuatro. Pero no es así. Apoyado en la barra de un bar cualquiera, a una calle de encontrarme con mi amor, no me atrevo a llegar a él. Múltiples temores me invaden. Mi incapacidad social, encontrármela en el momento en el que se va con otro cliente, que me diga que no quiere que me vuelva a acercar a ella ni pagando... Así que voy a seguir bebiendo hasta que se me despeje un poco la cabeza y desaparezcan todas estas ideas de mi mente. O, tal vez, sería más apropiado decir que seguiré bebiendo hasta que se me nuble lo suficiente el juicio como para que todos los dichos temores queden ocultos tras una cortina de humo. En cualquier caso, sigo bebiendo, e inicio una conversación con el tío de la barra. Me abro a él como si fuera mi psicólogo.
            - Tío -  Le digo zarandeando una cerveza - Creo que me he enamorado.
            - Ahá - Asiente tras echarme una mirada, arqueando una de sus espesas cejas a la vez que seca unas copas.
            - ¿Sabes cuando realmente quieres a alguien?¿Cuando no puedes dejar de pensar en ella ni por un minuto?
            - Ahá - Responde mientras continúa con su monótona tarea.
            - Pues así es como me siento.
            - Ahá - Responde.
            - Pero eso no es lo malo - Continúo yo, que me siento escuchado. - Lo malo es que no me atrevo a ir a por ella. Es una mujer tan superior a mí.
            - Ahá - Me dice mientras coge otra copa y se dispone a secarla.
            - Ella es una persona suprema, se acerca a la divinidad y, sin embargo yo... yo...   no puedo estar a la altura ni en un millón de años. Es un amor imposible. Y encima está lo de su trabajo. Nunca podremos llegar a nada...
            - Ahá.
            - Somos como Romeo y Julieta, como Pocahontas y John Smith, como Meier Link y Charlotte Elbourne. Nuestro amor está condenado a un fracaso prematuro. No vale la pena que siga pensando en ella. Más vale que la olvide.
            - Ahá. - Sigue dando vueltas a una copa envuelta en un trapo.
            - Sin embargo, siento que necesito a esa mujer.
            - Ahá.
            - Tengo que luchar por lo que quiero, de lo contrario nunca tendré lo que quiero. ¿Cierto?
            - Ahá.
            - Claro, es mejor salir allí fuera e intentar conquistarla. Convencerla de que otro estilo de vida es posible. Convencerla de que tiene que venirse conmigo.
            - Ahá.
            - Eso voy a hacer, si...
  Tras este intenso diálogo con el camarero me siento un poco mejor. Más seguro de mi mismo. Aún así pasa aproximadamente una hora hasta que me decido a salir ahí fuera a luchar por lo anhelado. Tengo que armarme de valor, y eso lleva un tiempo, y unos tragos. Cuando por fin me siento preparado, me levanto enérgicamente, dando un golpe con las palmas de la mano en la barra, me doy la vuelta, y parto en busca de la felicidad.
            - ¡Eh! ¡Espera! - Es el camarero que, sorprendentemente ha cesado su actividad.
            - ¿Qué? - Me doy la vuelta extrañado.
            - ¡Págame! ¡Me debes treinta pavos!
            - De acuerdo, lo siento, se me olvidaba. - Lo cierto es que se me olvidaba, pero...  ¿¡Treinta pavos!? ¿Tanto he bebido?
            - No pasa nada - Me contesta mientras cuenta el dinero. Aunque su cara reacia no parece decir lo mismo que sus palabras.   
  Después de pagar salgo a la calle Sant Pau. Pero algo menos decidido. El camarero me ha cortado el rollo. Camino un poco y me detengo en la esquina con la calle Robadors. Me dispongo a recorrer la calle del vicio, la calle dónde la vi por primera vez. Pero me falta valor, y pasa un "paki" y me ofrece una lata de valor a un Euro. Me la tomo, parado en la esquina como si esperara algo. Allí me ofrecen de todo, bocadillos, hachís, juguetitos luminosos, cocaína y flores. Eso es una buena idea, flores. Una rosa me cuesta un Euro y creo que puede gustarle a Estrella. Rosa en mano me adentro en la calle Robadors, conocida popularmente como la calle de las putas. La recorro de arriba abajo y de abajo a arriba. Me doy cuenta de que el horizonte este empieza a clarear y me pregunto cuantas horas debí estar en el bar. Pero a pesar de eso sigo pateándome la calle. No pierdo la esperanza de encontrar a Estrella, aquella estrella que quiero que sea mi estrella polar. Mientras voy subiendo y bajando la calle, voy pidiendo cervezas a los vendedores ambulantes. Una tras otra, y mi caminar vuelve a ser un zig zag de acera a acera. Me imagino mi emotivo encuentro con Estrella. Cuando me vea y nos abracemos. Y, tras recibir mi rosa, nos daremos un apasionado beso. Tal vez hasta se nos salte alguna lagrimilla de la emoción. Pero primero tengo que encontrarla. Voy de un extremo a otro de la calle una vez, y otra vez, y otra... Camino ignorando a los yonquis que me piden dinero y a los besos muertos y piropos que lanzan las mujeres de la calle. Aunque hay más de una que tiene muy buen ver, vamos que me la hubiera follado en cualquier otra ocasión, pero ahora mismo mi cabeza, ambas, están totalmente ocupadas por una sola mujer.   
  Después de un par de horas, con la calle ya totalmente iluminada por el sol, me canso de caminar y me siento en una esquina cualquiera. Con mi rosa medio marchita a mi lado. Desde allí sigo vigilando la calle por si ella aparece. Pero voy borracho. Muy borracho. Me pesa la cabeza, me pesan los ojos, y parpadeo lentamente. Muy lentamente. Hasta que cierro los ojos y tardan en volverse a abrir.

  Y en tu intento de buscar una Estrella Polar, solo logras ver una estrella fugaz. ¿Pero de verdad pensabas que iba a ser tan fácil? ¿Qué te estaría esperando, te presentarías ante ella con una rosa medio marchita, y que os iríais a follar sin parar? Deja de intentar vivir tus fantasías, así nunca conseguirás nada de provecho. Tienes ya veinticinco años. Es hora de que toques con los pies en el suelo y evites escenas tan patéticas como ésta en tu vida. Porque, mírate. En plena calle Robadors, en una esquina dormido cual mendigo, mientras caen los pétalos de tu rosa. Uno a uno se van esparciendo y difuminando por el aire sin dejar rastro.

  Me despierto un par de horas después, la estela de una estrella fugaz ya ha desaparecido por completo, asumo que debo olvidar a Estrella. Es una prostituta que me trató bien por dinero. Tengo que convencerme de ello. Cuando me levanto me siento totalmente descolocado. Como fuera de lugar. Y me duele la cabeza de una manera brutal. A mi lado hay un charco de vómito que, por el sabor de boca que siento, puede ser mío. Es hora de ir para casa, y cuando empiezo a caminar me doy cuenta de que me falta algo. Tengo una raja en el bolsillo del pantalón, dónde guardaba la cartera, y ahora allí solo queda aire. Debería ir a efectuar la denuncia de robo para no ir indocumentado. Pero primero tengo que ir a casa a dormir y, puesto que el ticket de metro lo conservaba en el interior de la cartera, tendré que ir caminando. Vaya paliza, a paso normal tardaría unos cuarenta y cinco minutos. A paso resacoso y pesado como el que tengo hoy, me espera mas de una hora de caminata para poder pillar la cama, que tanto ansío en estos momentos.