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sábado, 22 de junio de 2019

PODEROSO

Odia al negro que salta la valla,
mientras yo te robo la pensión.
Peleate con el vecino por un trabajo mísero,
mientras destruyo tu condición,
concediéndole al patrón
bajada de sueldo,
                           O congelación,
enriquecerme es tu única función.


Pasa por el aro,
todo es más caro,
no llegas a fin de més,
desahuciado por impago,
despedido tras baja por estrés.
Y no protestes,
sobretodo, no protestes.  


El único culpable de tu situación,
es tu propia ambición,
pretendías una vida digna,
acercarte a mi posición.
Pero yo soy intocable,
puedes llamarme señor.
Solo eres libre hasta donde yo permito,
si sales del rebaño te meto en prisión.
Pasa por el aro,
paga.


Escucho protestas,
¿Conciencia de clase? ¿Huelga? ¿Unión del proletariado?
Un Iphone para quien vuelva al trabajo,
y pasáis por el aro,
dadme las gracias, claro,
pues soy creador de empleo,
muchos matarían por vuestro sueldo,
cien euros semanales,
mejor que pedir en la calle,
recuerda al negro,
viene a vivir de tus impuestos,
ya he destruido la educación.


Pasa por el aro,
que yo sigo.
Sigo porque soy el poder,
sigo porque es mi deber,
sigo porque soy yo quien guia,
soy yo quien hace que avance,
que rueden los engranajes,
y es a mí a quien pagas tus deudas.
Voy a por la sanidad,  
                              pero recuerda,
vienen del otro lado de la valla,
...
haz lo que yo te diga y calla.



viernes, 29 de junio de 2018

Sí, es amor

Harto de dar explicaciones,
porque sí, es amor.
No entra en tus esquemas,
tenemos la libertad por bandera,
los celos no caben en escena,
porque nos amamos
más allá de la pasión,
más allá de la lujuria,
disfrutamos la conexión,
cuerpo y mente en sintonía
bailando la coreografía
del amor sin posesión,
porque ella no es mía,
ella es solo suya,
porque sí, es amor.

Tu intento de control,
tu chantaje emocional,
o tu violación de la intimidad,
eso no, no es amor.
Tu contrato de exclusividad,
exigiendo permanencia,
tu deseo de poseerla,  
y satisfacer tu voluntad,
no es amor más que por tí mismo,
y ese dolor tras su marcha,
no es más que tu ego herido.

Pero si es amor,
cuando si hay distanciamiento,
no hay rencores,
agradecemos el momento,
y rechazamos el dolor.
Respeto a la voluntad,
culto a la individualidad,
olvida lo que dijo, la santa trinidad,
elimina de tu mente la deidad,
y entiende:

Sí, es amor.



miércoles, 26 de octubre de 2016

Cuántas veces

¿Cuántas veces manchaste tus hojas?
¿Cuántas veces escribiste llorando?
En frente de un folio en blanco,
soltando mierda, buscando descanso,
necesario vaciar la mente,
incapaz de desconectar.

¿Cuántas veces salpicaste tus folios?
¿Cuántas veces escribiste borracho?
Recordando lo que fue y no quiso,
imaginando lo que no pudo haber sido,
añorando amor, tantas veces renacido,
añorando a aquellos que ahora ya se han ido.

¿Cuántas veces manchaste tus libretas?
¿Cuántas veces escribiste sangrando?
Anhelando un cambio,
que no dejas que suceda,
buscando algo,
que por más que busques no encuentras
experimentando la meta-escritura,
simplemente dejando que fluya
con filosofía nula,
por saciedad pura
de esta droga dura.

¿Cuántas veces manchaste tus folios?
¿Cuántas veces escribiste odiando?
A tu jefe,
a los reyes,
a tu vecino el del ruido,
a los jeques,
al capital,
a los creadores de todo mal,
y paro.
Me desgasto.
Pienso en el pasado.
Sonrío.

¿Cuántas veces entregaste tus hojas?
¿Cuántas veces escribiste amando?



sábado, 24 de septiembre de 2016

BLOQUEO


Sufro un bloqueo,
no sé qué escribir,
sufro un bloqueo.

Cuando no sé qué escribir y escribo, simplemente no escribo nada, sino que solo gasto hojas de papel y tinta por el hecho de escribir. Porque escribo. Porque quiero ser escritor y no me puedo permitir no escribir aunque no sepa sobre qué. Porque me propuse, además de algún que otro proyecto a parte algo más ambicioso, escribir una entrada mensual en el blog, como mínimo. Por eso escribo, aunque no tenga ni idea de el que escribir.
No esperes ninguna reflexión profunda al final de este texto, tampoco ninguna entretenida historia de acción. Esto que tienes en frente es tan interesante como los prospectos en el dorso de los botes de champú. Tal vez llegues al final si lo estás leyendo desde el móvil mientras cagas. Son palabras vacías. Pero escribo.

Escribo preguntándome por qué escribo tras tanto fracaso acumulado a mis espaldas, escribo preguntándome por qué no escribo más o por qué sigo. Y escribo preguntándome por qué no se me ocurre nada sobre lo que escribir. Tal vez la edad acorte la imaginación, tal vez sea la frustración de las cuarenta y ocho horas semanales, tal vez sean lo castigadas que tengo las neuronas, tal vez sea el amor que vuela a mi alrededor y me hace visitas inesperadas que revuelven mi mente. Tal vez sea la sensación de vanidad del existir de todos los que vivimos como si fuéramos lo más importante del universo cuando no somos nada más que simples seres nacidos de una casualidad cósmica.


El caso es que, no sé de lo que escribir, pero escribo.   



Pequeña muestra de exposición fotográfica 


miércoles, 24 de agosto de 2016

PUES, TE JODES


¿Lloras? Te jodes.
Paga tus errores,
no te mereces amores
te jodes.
Se puso a tu lado, 
y le ofreciste un lazo,
ocultando una cadena,
que destruía su libertad.
La tenías a tus pies,
y en lugar de darle la mano,
y alzarla hasta tu lado,
la pisaste.
La usaste de felpudo,
y la cadena se hizo más corta.

Ella es luz,
pero tú apagaste su brillo.
Ella es agua,
pero tú secaste su río.
Ella es aire,
pero tú la rociaste con veneno tóxico.
La contaminaste.
Pero no se rindió.
Te dio mil y una oportunidades,
ella creía amarte,
y tú no cambiaste,
pero ella sí.
Ahora lloras, y te jodes.

Sobrepasaste el colmo,
y se acabó el síndrome de Estocolmo.
Ahora vuela libre,
y eres tú el que se arrastra buscando sus pies,
pero no los encuentras, porque vuela alto.
Te jodes.
Aprende de tus errores,
a volar al lado,
sin estratos,
pero no con ella.
Ella se te ofreció como regalo,
y tu la despreciaste,
y ahora lloras, y te jodes.
No volverá a tu lado,
ha probado la felicidad,
y sabe que no está contigo,
sino consigo y su libertad.

Así que te jodes. 



martes, 2 de febrero de 2016

PHA

Pha se mudó a Bangkok hace ya unos cuantos años porque su pueblo natal le ofrecía escasas oportunidades de crecimiento y desarrollo personal. La joven decidió estudiar bellas artes en la capital tailandesa y desde entonces vive allí ganándose la vida como puede. Cómo en cualquier ciudad del mundo, convertirse en un artista exitoso es muy difícil sin los contactos adecuados, y se extrema la dificultad sin un mecenas que quite de la cabeza la preocupación del artista de pagar el alquiler o llenar la nevera. Cuando esos mecenas son los padres, desaparecen cuando decides cambiar de ciudad.
  Pha se levanta todos los días a las 6 de la mañana para ir a trabajar, los lunes a las 4, porque en hora punta y después del fin de semana, el autobús de línea a menudo se queda atascado en el tráfico por un par de horas. Solo si tiene suerte, en una hora llega a su lugar de trabajo, hora que aprovecha para recuperar horas de sueño atrasadas. Allí tiene que lidiar con su estricto jefe japonés y con los estúpidos clientes, en su mayoría extranjeros debido al elevado precio de los cafés y la bollería. Su jefe parece que no se acostumbra al ritmo relajado de los tailandeses, y le exige una disciplina y un rendimiento extremo durante toda la jornada laboral. Los clientes le ponen de los nervios, especialmente los italianos cuando se empiezan a quejar de que el capuchino no se hace así, sino de otra manera. <<Aquí lo hacemos así y a la gente le gusta nuestro capuchino, si lo quiere como en Italia, quédese en Italia>> le contestó una vez a uno, hecho que le hizo ganarse una buena bronca de su jefe, aunque mereció la pena. A menudo se imagina a si misma ejecutando alguno de los golpes de tae kwon do, que aprendió de adolescente, sobre los clientes cansinos, o incluso sobre su jefe cuando le riñe por cualquier minucia. Pero solo fantasea con ello, pues no quisiera perder el trabajo. 
  Tras diez horas de trabajo se dirige de vuelta a casa. Pasa más de una hora dormitando en el lento autobús, por fin llega, saluda a su hermana con quien comparte alquiler, y sube a su habitación esquivando los escalones medio podridos por la carcoma de la escalera para evitar que se rompan y el casero les haga asumir el coste de la reparación.
 Su habitación es su santuario. Cientos de bocetos, lienzos a medio terminar, pinturas, lápices y pinceles habitan los suelos de su habitación. A pesar del cansancio no duda en ponerse manos a la obra, como cada día. Cada día tiene que trabajar un poquito, de lo contrario teme caer en la maldición de la rutina y olvidarse para siempre de su arte, que sería lo mismo que olvidarse para siempre de sí misma. Entra en trance, se olvida de la hora, del tambaleo de la casa que produce el tren al pasar a poca distancia, del ruido de los coches y de que mañana tiene que ir a trabajar. Es su momento y lo disfruta con total intensidad, como si pintar fuera lo único que importa en esta vida. Desarrolla un estilo de arte moderno basado en texturas y formas abstractas, ese tipo de piezas de arte que cuando las ves no te dicen nada, y a la vez te lo dicen todo. Hay noches en las que casi llega hasta el amanecer y se dirige el trabajo sin apenas dormir, pero bueno, el largo autobús le sirve para recuperar algo de energías.
  Los sábados a veces sale con sus amigos aprovechando que no trabaja en la cafetería y que “solo” trabaja unas cuatro horas dando clases de refuerzo a jóvenes que preparan sus pruebas de acceso a la universidad. Los domingos, después de su trabajo complementario, a veces queda con extranjeros, pues le gusta conocer acerca de otros lugares y culturas, y no conoce mejor manera de hacerlo, puesto que su presupuesto no le permite viajar mucho. 

  Un domingo cercano a Navidad, temporada alta de turismo en Tailandia, queda para tomar algo con dos amigos que viajan juntos por el Sureste asiático. Les enseña los garitos que ella conoce, apartados de la muchedumbre de turistas enloquecidos de Kao San Rd, y hablan de mil cosas. Comparte con ellos sus inquietudes artísticas, y se comprenden mutuamente. Sus dos nuevos amigos son fotógrafos a un paso de la profesionalidad, pero parece que llevan demasiado tiempo a ese paso de distancia como para que eso vaya a cambiar. Siente cierta envidia de ellos cuando se entera de que los dos trabajan de camareros como ella, pero en Europa, y a pesar de trabajar solo medio año, pueden permitirse viajar a otro continente por unos cuantos meses. Y no solo eso, sino que además los dos llevan unas cámaras de fotos carísimas, que ella no podría permitirse a no ser que ahorrara por un año. A ella le encanta viajar, sin embargo rara vez sale del sureste asiático, y ello ya le supone un gasto importante. Pero decide abandonar esos pensamientos de su cabeza y, a pesar de trabajar mañana por la mañana, disfruta de la compañía y vivencias de sus dos nuevos amigos hasta bien entrada la madrugada. Ya recuperará fuerzas en el autobús de camino al trabajo.