martes, 4 de abril de 2017

La típica película de amor

 Esto es la típica película de amor en la que chico conoce a chica, chico se enamora, chica le ignora, chica se enamora, un mal entendido le hace pensar que está con otra y se dispone a coger un avión para ir a vivir a otro país, o a otro estado norteamericano, mientras, desolado, chico habla con amigo en común, el típico amigo gracioso, y le hace entender porque chica se va. Entonces chico corre, cruza la ciudad, y tras un par de escenas de tensión, se reúne con chica en la puerta de embarque justo a tiempo, ese lugar en el que en realidad no te dejan pasar en los aeropuertos si no tienes la tarjeta de embarque, y, o bien ella no se va, o bien él se va con ella. Así, sin reserva ni nada. Y viven juntos felices para siempre. Leído esto ya os podéis ahorrar ver la mayoría de las películas de amor de los noventa y principios de del dos mil. Ahora bien, éste es el argumento de las películas americanas, si la misma cosa sucediera en la vida real y en otro lugar geográfico, el asunto sería muy distinto.

Hasta el punto en que chica está a punto de coger el avión todo sería mas o menos igual. Solo que con un toque extra de dramatismo sobre actuado digno de los dramas asiáticos. Estamos en Bangkok. Cuando chico se entera de que chica en realidad le quiere y decide largarse a raíz de un malentendido, salta del sofá y echa a correr por las abarrotadas calles de la metrópolis. Esquiva carritos de comida, turistas borrachos que sostienen una cerveza Chang a las diez de la mañana y pesados conductores de tuk tuk, que bien sabe, como buen habitante de la cuidad, que utilizar sus servicios le haría perder más tiempo que ninguna otra cosa. Llega a un taxi, que se niega a poner el taxímetro y le pide una exagerada suma de dinero por el trayecto por lo que para al siguiente que baja la calle, el cual si accede a poner el taxímetro pero sin embargo escoge una ruta mas larga para el trayecto, a pesar de las palabras que chico ha pronunciado al entrar: “Al aeropuerto, lo más rápido que puedas”. Por si fuera poco, el taxista tiene que parar a los pocos metros debido al tráfico. Los coches apenas avanzan por la calle y en la acera ve como los peatones avanzan a más velocidad que él. La chica, por su parte, está a punto de embarcar en el avión que la llevará al otro lado del mundo a iniciar una nueva vida. Consciente de ello, el chico agota su paciencia y decide correr hasta la estación de metro. Exhausto, chico se desespera al ver la cola de gente esperando para comprar el tíquet, y colarse, con los seguratas que vigilan siempre junto a las puertas, no es una opción. Frustrado, se pone a la cola.

Mientras tanto, la chica embarca en el avión, y despega.


Ya en el interior del vagón, chico mira la hora y decide que ya no hay nada que hacer, así que baja del tren y se sube en el siguiente que le lleva de vuelta. El vuelo de su amada ha despegado. Un día, decidirán aclarar el malentendido hablando a través de mensajes de alguna aplicación del teléfono móvil con muchos emoticonos. Pero ella ya está en otro país y la vida sigue. Ambos vivirán sus vidas por separado, vidas normales y corrientes, con sus altos y sus bajos. Fin.

miércoles, 29 de marzo de 2017

BICICLETARIO: LUANG PRABANG

Ya ha pasado la ceremonia de las almas en Luang Prabang, es decir, ya es de día y los negocios abren. Me despierto y me marco un buen desayuno continental. Tengo la intención de que la primera comida del día me dure lo suficiente en el estómago como para dar una buena vuelta en bici. Leí por Internet sobre una ruta a lo largo del río Khan, subiendo por su lado este y bajando por su lado oeste. Así, tras la espera en el lugar de alquiler de bicis, empiezo mi ruta. Luang Prabang va desapareciendo del paisaje conforme avanzo. Los edificios son gradualmente sustituidos por campo y naturaleza. El objetivo es Ban Picknoy, un pueblo donde parece ser que es fácil cruzar el río con la ayuda de los pescadores y sus barcas.

Hago una primera parada en la tumba de un señor francés, que por algún motivo se decidió que descansara para toda la eternidad en medio del bosque, entre nada y ningún sitio. Un tal Henri Mohot, explorador de la época colonial. Para llegar a ella se ha construido un corto pero bonito paseo cruzando un pequeño puente de madera y subiendo unas escaleras formadas a base de moldear el propio terreno de la colina. Al lado de su tumba le han levantado una estatua, de manera que está siempre allí esculpido al lado de la tumba donde descansan sus restos.
Continuo el camino que acaba al lado del río, donde puedo ver a varias recolectoras de algas. Ese alimento conocido como Mekongweed que frito está tan bueno. Me miran y comentan entre ellas algo que incluye la palabra “farang”. Que significa extranjero no asiático. Las saludo y parece que se avergüenzan un poco al ver que me he dado cuenta de que hablaban de mi. Siguiendo en dirección a mi bici por la orilla del río, llego a una pequeña tiendecilla donde compro algo para picar. Me lo como mientras observo como, un poco más allá, unos cuantos laoenses montan una carpa donde celebrarán San Valentín esta noche.

Vuelvo a la carrera. Decido ir hasta Ban Picknoy sin volver a parar. El pueblo donde pretendo cruzar el río antes de iniciar mi camino de regreso. El camino se hace un poco más duro, pero factible, a pesar de sus subidas y bajadas. Llego al pueblo bastante cansado, así que decido aparcar la bici y dar una vuelta caminando. Me paseo por el templo del pueblo y escucho como los locales comentan acerca del “farang” que ha aparecido en el pueblo. Me adentro entre las casas y veo perros, niños y adultos sorprendidos al verme. Los más extrovertidos se atreven a saludarme y dibujan una sonrisa tímida cuando les devuelvo el saludo. Parece ser que el principal motor de la economía del pueblo son las algas del río, puesto que en el patio de cada casa se encuentran cientos de ojas de algas extendidas al sol, secándose, con rodajas de tomate y ajo sobre ellas para darles sabor. Callejeando por el pueblo, si es que a esos polvorientos espacios entre las casas se les pueden llamar calles, acabo de nuevo en la orilla del rio. Allí me encuentro a dos chicas en cuclillas amasando las algas que han recogido del río para convertirlas en una masa homogénea. Cuando me ven les entra una risilla tímida. Les cuesta mantener la mirada conmigo. Le pregunto a una de ellas si le puedo echar una foto, y asiente, pero cuando levanto la cámara, oculta su rostro tras su enorme sombrero. Veo que a su lado descansa una barca y le pregunto si me puede llevar al otro lado del río. Toda la comunicación es a través del lenguaje corporal, porque ni yo entiendo una palabra de laoense ni ella una palabra de inglés. Me dice que no, y me señala un poco más abajo del río donde veo una carpa en la que unos chicos están preparando la celebración de San Valentín.

De camino me cruzo con un hombre si dientes y el logo de SevenUp tatuado en el brazo. Sube corriendo hacia el pueblo y cuando me ve deja al descubierto el agujero negro debajo de su nariz a modo de sonrisa y me saluda efusivamente. Se nota a la legua que va intoxicado por alcohol, o algo peor. Llego a la carpa y de los cuatro chicos que hay allí, uno habla inglés y me dice que el barquero ha ido un momento al pueblo, pero que volverá enseguida. Temo que sea el chico sin dientes. Me pregunta de dónde soy y cuando le contesto me responde que le gusta el fútbol español. “Barcelona, Madrid”. Le sigo un poco el rollo y le digo que si, que tenemos buen fútbol y que soy del Barça, y el es del Madrid. Pero eso no despierta rivalidad en ellos, pues me dice que el Barcelona es su segundo equipo de fútbol favorito. Luego me pregunta que si fumo, que me puede conseguir marihuana y opio. Declino su oferta amablemente y tras unos minutos de conversación superflua, aparece el barquero. El hombre sin dientes al que casi parece que le cuesta mantenerse en pie. El chico que ha hablado conmigo me dice que va borracho, pero que no me preocupe, y cruzamos el río los tres. En medio del río me siento totalmente indefenso y vulnerable. Pienso que he decidido confiar en unos desconocidos que podrían hacerme lo que quisieran impunemente, pues sería muy difícil hallarme si algo me pasara aquí, cuando creo que nadie sabe donde estoy. Luego pienso que he visto demasiadas películas y que son dos chavales contentos de haberme encontrado pues se podrán comprar un par de cervezas más para la celebración de esta noche. Me ayudan a subir la bici por la ladera del río hasta el plano del pueblo. Me despido de mis amigos circunstanciales e inicio el descenso.

Por lógica, debería ser más fácil bajar a lo largo del río que subirlo. Por lógica. Pero no es así. El terreno es una montaña rusa de subidas y bajadas y el asfalto no existe a este lado del rio. Mi bicicleta, de carretera, me ofrece más resistencia en este terreno. De vez en cuando me adelanta un camión y entonces como polvo. Mucho polvo. Lleno mis pulmones de la tierra roja de la cual se compone el camino. Además se me pega a todo el cuerpo por el sudor. La piel se me está poniendo muy roja del sol y entiendo que bajar va a ser lo más duro del recorrido. El cansancio me empieza a apretar, y el hambre también. Entonces veo un resort. Lo había visto anunciado en el pueblo, es uno de esos sitios en los que hacen negocios con los elefantes al que no me gustaría darles dinero. Pero mi supervivencia ahora es una prioridad así que me detengo con la esperanza de poder comer unos buenos fideos y descansar un poco para reponer fuerzas. Me siento y el recepcionista me pregunta que de dónde vengo. Cuando le digo la ruta que estoy haciendo se ríe de mi, y me dice que es mucho. Imagino que suele ver a gente más preparada haciendo dicha ruta. Entonces le pido de comer, pero mala suerte. La cocina está cerrada. Aún así, veo que tienen chocolatinas y recuerdo la energía que me daba de pequeño el snickers, esa con cacahuetes en su interior. Así que cojo un snickers, y de la nevera una beerlao y un agua. Aunque no están frías puesto que durante el día apagan la nevera para ahorrar energía. Y allí estoy, comiéndome un snickers con todo su aceite de palma en un resort que explota a animales salvajes como negocio. El hambre no entiende de principios.


Me largo de allí y sigo mi trayectoria. Muerdo el polvo levantado por los camiones y la montaña rusa sigue siendo igual de irregular. En varias ocasiones incluso tengo que bajar de la bici porque al subida se me hace demasiado empinada para vencerla pedaleando. Llevo ocho horas de trayecto de las seis que me prometía el blog de Internet, pero finalmente diviso el aeropuerto de Luang Prabang, señal de que llego a la ciudad sano y salvo con una experiencia inolvidable a cuestas.



 

domingo, 5 de febrero de 2017

HAIKU JAM

Llevo un par de días enganchado a esta aplicación en la que entre muchos desconocidos creamos mini poemas, que ni son Haikus ni son nada, puesto que nos pasamos la estructura por el forro, pero me apetecía compartir por aquí las que más me gusta como han quedado.










lunes, 30 de enero de 2017

VENGA RANGERS: CIVIL BAR (Episodio V)

(Aunque sea el episodio V de los Venga Rangers, cada episodio cuenta como un relato independiente y comprensible a pesar de no haber leído los anteriores, si quieren leer los anteriores, en la esquina izquierda del blog he añadido la etiqueta "Vengarangers")
El atardecer de Mothman City baña de naranja los rascacielos y el descenso de las temperaturas llena los bares de gente. En un bar de los barrios bajos se toman juntos una cerveza nuestros cuatro súper héroes mientras discuten algo vital. Os lo podéis imaginar, no? Su identidad secreta. Parece un conflicto un poco chorra, pero cualquier excusa es buena para hacer que grandes y rentables súper héroes se peleen entre sí con tal de petarlo en taquilla. La reunión fue convocada por Poderosa Escarlata, quién se sintió responsabilizado a llevar a sus tres amigos al nuevo registro de súper héroes del gobierno.

  • El caso es que el comisario Johnson me pidió que os convenciera, ya sabéis, con tanto lunático enmascarado provocando el caos últimamente en la ciudad, la ciudadanía se ha puesto un poco nerviosa y vuelto un poco escéptica ante la idea de que haya gente con súper poderes que esconden su identidad – explicó Poderosa Escarlata.
  • No.
  • Ni de coña.
  • Qué va!

La respuesta es unánime. Ni MoscaMan ni Estrella Poderosa ni Súper Forzudo están dispuestos a descubrir su identidad puesto que bien conocen la peligrosidad que ello conlleva. Especialmente Estrella Poderosa quien carga en suconciencia con la muerte de su antigua compañera de trabajo Abiona.

  • Vamos – insiste Poderosa Escarlata – Hacedlo por el comisario Johnson, el siempre nos ha ayudado y defendido, sin embargo nosotros no le hemos traído más que problemas. Si le ayudamos en esto tal vez le ayudemos a recuperar el prestigio que tenía.
  • Me la pela el comisario Gordon - replica Súper Forzudo
  • Es Johnson – contesta Escarlata
  • ¡Cómo sea! ¡Otra cerveza! - le pide Forzudo al camarero.
  • Bueno, me gustaría que os pararais a pensar en ello detenidamente. Podríamos ganar mucho dinero vendiendo exclusivas a las revistas – dato importante para Poderosa Escarlata puesto que odia su empleo a tiempo parcial en una hamburguesería.
  • Hombre, visto así... - reflexiona Súper Forzudo al recordar los números rojos de su cuenta bancaria.
  • Pfff – resopla Estrella Poderosa – como si tuviera interés en convertirme en un personaje de la prensa rosa.
  • ¡Vamos! Ya sabes que es lo que mas vende en este país – intenta convencerla Escarlata de que no es mala idea.
  • Imaginaos el interés que tengo yo en darme a conocer – añade Mosca Man acomplejado por su aspecto de ojos grandes y brazos peludos. Por no hablar de sus alas, ahora ocultas enrolladas debajo de su gabardina.
  • Pues por lo menos no serías una puta – le contesta Poderosa Escarlata a Estrella Poderosa
  • ¿¡Cómo!?
  • Y tu podrías trabajar en el freak's show del circo – le dice Súper Forzudo a Mosca Man.
  • ¿¡De qué vas!? ¡Borracho de mierda! - le contesta mosqueado, nunca mejor dicho.
  • Pues eso, que es mejor salir en revistas que tu trabajo – sigue Escarlata a Estrella
  • ¡Vete a la mierda freidor de hamburguesas! - le dice ella
  • Yo al menos tengo un trabajo digno, y no me vendo.
  • ¿Tú, acaso tú no eres el que dice que la riqueza la crea el proletario? - le cuestiona Estrella
  • Si
  • ¿Y no eres también el que dice que la cadena Mc Burger Queen para la que trabajas es maligna debido a la insalubridad de sus alimentos y el maltrato de los animales en sus granjas? Por no hablar de que odias el trabajo – dice Estrella, inquisidora.
  • ¿Qué tiene que ver eso ahora?
  • ¡Pues que tú colaboras a generar la riqueza de una empresa a la que consideras maligna y si consideras que eso no es venderse y lo mío si es que tienes un concepto del sexo mancillado por una rancia moral católico-cristiana, porque, que sepas, que yo elijo a mi clientela y además disfruto del sexo y encima cobrando! ¡Envidioso, que eres un envidioso!
  • ¿¡Cómo que envidioso!? - pregunta alterado Escarlata.
  • ¡Pues si! ¡Ya te gustaría a ti poder cobrar por sexo! ¡Pero con esa cara de pringao que tienes seguro que ni pagando puedes conseguir un polvo!

En paralelo, Súper Forzudo y Mosca Man echan más leña al fuego con su propio conflicto.

  • ¿¡A quién coño llamas borracho!?
  • Joder, yo no llevo ni media y tu ya llevas cuatro cervezas – explica Mosca.
  • Porque tú disfrutas mas bebiendo aguas fecales – dice el forzudo con una mueca de asco
  • Sabes que no lo puedo evitar, es mi deformación genética. Yo no tuve la suerte de convertirme en un playboy musculoso sin cerebro.
  • ¡Oye! ¡Repite eso si te atreves! - reta Forzudo a Mosca
  • ¿El qué? ¿Es qué tus neuronas no han conectado lo suficientemente rápido como para entenderlo? ¡Descerebrado! ¡Qué eres un descerebrado! Te lo repito tantas veces como haga …
THUD

El sonido de un puñetazo de Forzudo en la cara de Mosca acaba con la conversación. Al unísono, Estrella le pega a Escarlata en su cara. Y estalla la tormenta. Conscientes de que no llevan sus trajes, se aseguran de no utilizar sus súper poderes para mantener su identidad. Pero aún así los golpes son violentos, las sillas vuelan y las mesas se parten al caer sobre ellas. Como en las películas de vaqueros, o de Jackie Chan. La resistencia estoica de nuestros héroes hace que la pelea dure lo suficiente como para dejar todo el mobiliario del bar reducido a escombros ante los atónitos ojos del propietario que se pregunta por qué tarda tanto la policía. Y es que era la hora del café y la rosquilla en comisaría. Como cada hora. Sangrantes y exhaustos, la pelea se detiene con el ensordecedor sonido de las sirenas de los coches de policía que vienen a intentar parar el pequeño apocalipsis.

  • ¡Mierda! ¿Ahora qué hacemos? - pregunta Estrella Poderosa
  • ¿Sabéis? Después de esto creo que tenéis razón. Si nos descubrimos, los Venga Rangers van a adquirir muy mala reputación – comenta Escarlata mientras destruye de su bolsillo sus características gafas que sólo lleva cuando ejerce de súper héroe.
  • Joder, me duele la cabeza, la mosquita pega más fuerte de lo que parece. – se lamenta Súper Forzudo incorporándose - ¿Qué sugerís que hagamos?
  • Creo que lo mejor será dejarnos detener y actuar como personas normales que se han metido en una pelea - Propone Estrella.
  • Eso nos va a costar un montón de pasta. Nos van a hacer pagar todos los desperfectos – se lamenta Forzudo.
  • Yo puedo asumir los costes – dice Estrella – pero a cambio tenéis que prometerme que no se volverá a hablar del tema de la identidad secreta. No quiero que nadie utilice a los que me rodean para llegar a mí.
  • Hecho – dice Súper Forzudo.
  • Hecho – dice también Poderosa Escarlata al recibir la mirada de Estrella.

Los tres héroes no oponen resistencia y permiten que los agentes de policía les arresten. Se sienten derrotados, pero no tanto físicamente como moralmente. Al ver los destrozos causados y las magulladuras en el cuerpo de los que siempre son sus dos compañeros de lucha en la gran reiterada hazaña de salvar al mundo, Estrella Poderosa entiende que este es el día más patético de su vida.
  • ¿Qué cojones nos ha pasado? Pregunta echando una última mirada al desolado bar antes de agachar la cabeza para entrar en el coche de polcía.
  • No permitamos que se repita un episodio similar – le contesta Escarlata ya desde el interior del vehículo.
  • Por cierto, ¿ y Mosca? - pregunta Súper Forzudo.
  • Ya sabes, no hay de que preocuparse – le responde Estrella.


Mosca Man había hecho gala de su capacidad para reducir el tamaño de su cuerpo al de una mosca y huir, consciente de que no hubiera podido mantener su identidad secreta debido a sus peculiaridades físicas. Además entiende que tendrá que ser el Venga Ranger de guardia mientras sus tres compañeros están en el calabozo. Y así acaba el particular enfrentamiento de los entre los Venga Rangers, su particular civil war, o mejor dicho civil bar.


miércoles, 4 de enero de 2017

CRISTINA PEDROCHE Y EL VESTIDO DE LA DISCORDIA

Otra vez, a un a riesgo de evidenciar borreguismo, uno de los principales temas de los que debatir durante los primeros días del año es el vestido de la Pedroche. Si, un puto vestido. Me cuesta creer que, a día 3 de enero, todavía haya cantidad de gente comentando y compartiendo artículos sobre si el vestido de Cristina Pedroche en la gala de noche vieja de Antena3 era demasiado provocativo, machista, hortera... Sobre ella, una presentadora de la tele, una asalariada, que si es una zorra, una víctima del patriarcado, una cómplice... Y no lo entiendo. Estamos hablando de A3. Se suponía que estábamos entrando en la era de Internet. Se suponía que íbamos a bajar a los oligarcas de las antenas de televisión y a remarcar su patetismo quitándoles el poder que les otorga el monopolio de la información. Se suponía que a estas alturas las televisiones ya debieran estar rogando likes favs y subs como cualquier idiota con conexión a Internet y verían su poder totalmente mermado ante la capacidad del usuario de seleccionar la vía informativa que consumir. Se suponía que íbamos a derrocar a los demonios de la torre que emite ondas radiofónicas cargadas de manipulación e intenciones oscuras. Pero aquí estamos, día tres y todavía hablando del vestido que llevaba una señora en una fiesta a la que no fui. Yo que no tengo tele y trato de seleccionar la información que consumo de entre diversas y variadas fuentes, veo mis fuentes inundadas por la discordia del momento causada por la televisión, Antena3 para más inri.

Si os importa mi opinión, y si habéis leído hasta aquí es que supongo que si, mi opinión es que me la pela el vestido de la Pedroche, me la pela todo lo que haga una cadena fascista como Antena3, por favor dejad de hablar de lo que en la tele hacen mal, que si tienen a un cantante misógino en un programa de música, que si hacen programas para retrasados, etc, porque les estáis dando poder. A3 suelta el anzuelo de la provocación y vosotros mordéis, dejando que se apoderen así de gran parte de la fuente que se suponía iba a ser su destrucción. Porque os aseguro que la decisión de ponerle a Cristina Pedroche un vestido más pequeño cada año no está alimentada por un principio machista, ni de objetización de la mujer, aunque tal vez si fuera así en primera instancia, ahora solo responde a una única necesidad, conseguir audiencia, y con ella poder, es decir, dinero de las empresas que se publicitan en su canal. Porque les habéis demostrado por tercera vez consecutiva que su idea es un éxito, porque cada año se despierta la polémica y se engancha a una cantidad considerable de espectadores a las campanadas del año siguiente solo para ver el vestido de la Pedroche y poder ser los primeros en twittear que Antena3 es machista o que es una vergüenza que todavía pasen esas cosas. Al ver los resultados a la mañana siguiente, el equipo directivo de la cadena se frotará las manos sabiendo que pueden seguir explotando un año más la simple provocación sin causa que les da tanta audiencia, pidiendo más dinero si cabe a quien quiera ser el primer anunciado del año cuando tanta gente hay delante de las pantallas. Así es la guerra de las audiencias. Es algo que me parece evidente ya desde que empecé a tener conciencia de la voluntad tras el informador: Ganar dinero. 


Pero lo que a mí me parece una vergüenza de verdad, y de la grande, es que le deis tanta cuerda a una cadena rancio-facha como Antena3. Aquellos que supuestamente la despreciáis por vulgar, machista, mediocre, por no ofrecer contenidos de calidad y todas esas cosas que se dice sobre la cadena de televisión en la red, sois una fuente de alimentación necesaria, si no la principal de dicha cadena. Es una obviedad pero parece que todavía hay que decirlo. Antena 3 se aferra al principio de conseguir que hablen de ellos, aunque sea mal. Dijo Oscar Wilde “Qué hablen mal de uno es espantoso, pero hay algo peor, que no hablen”, así que ya sabéis, si queréis dejar a Antena3 y sus mierdas en el siglo pasado, que es al que corresponden, el año que viene simplemente no pongáis la cadena e ignorar el hecho de que el vestido de la presentadora sea más provocativo aún. No dejéis que salten de las antenas de televisión a las redes. Que quienes hayamos tenido la tele apagada el 31 de diciembre no sepamos si quiera el vestido que llevaba tal o cual presentadora, que Antena3 se hunda en la oscuridad que se merece.

  

domingo, 18 de diciembre de 2016

MICRO RELATOS

TEMÁTICA: ROMÁNTICA 
RELATO: ELLA

Ella brillaba con fuerza y tú apagaste su luz. Ella se puso a tus pies, y en lugar de alzarla de la mano, la usaste de felpudo. Ella creía que podías cambiar, y te dio mil oportunidades que desaprovechaste. Pero ahora ya no está a tu lado, te arrastras buscando sus pies pero no los encuentras porque vuela alto, y doy gracias por volar junto a ella.


TEMÁTICA: LIBROS
RELATO: RUTINA

La vida se hace rutinaria. Cada día es la copia de una copia de una copia… No encuentro sentido al hecho de estar secando copas durante horas con el fin de sacarles brillo, y me importan una mierda las necesidades de los clientes. Malditos esnobs capaces de poner una queja por una mota de polvo en su copa. Llego a pensar que la vida apesta, pero entonces, abro un libro.


lunes, 14 de noviembre de 2016

CIRCULAR RAILWAY (YANGON, MYANMAR)


Inside any public transportation in the world you can see a pretty accurate portrait of the society where it belongs. A trip on the metro of any city in the world gives you a brush of how middle class, which means most of the people, of that city behaves and interacts with their siblings. In Yangon city, at the south of Myanmar, there is a very special example of it. A circular train makes laps from the very deepest heart of the city, place for young people’s hang outs, studies and businesses, to the countryside bordering the city, where the salary men and women carry all the collected grain and vegetables along the day.

  From my first step in the car of the train, I felt truly welcomed by all the passengers. They kept smiling at me and greeting, apparently curious for seeing such a tall man and with those strange clothes. I took my camera and I was a kind of fun for some of the Burmese people, no matter young or old, male or female, many of them offered themselves to be the protagonists of one of my pictures. When the train got full, some people woke up from their seats to offer them to me. They were kind like that, even the elder ones. I gently declined they offer, I thought they need it more than me, plus I was enjoying walking around the cars of the train. Sometimes, food from the homemade meals, either with noodles or rice, some people were eating was offered to me. I wonder why, maybe is because Myanmar opened their borders to the tourist recently and seeing foreigner visitors is exciting for locals, or maybe is just their nature, but Burmese people are extremely kind and friendly.




 I looked around and I saw kids, mothers, elder people, young fashionable students, Buddhist monks dressed in garnet, nuns in pink, and I see a girl with an extremely exotic beauty staring at me with her deep intense black eyes. After a few seconds staring each other, I ask her to be in one of my pictures. She assents with a shy smile and I still get seduced every time I look at the picture taken. The train makes many stops along the way, but there is one special stop because the loud noise of voices yelling heard coming from outside. It iwas the first stop in the limit of the city, a train station surrounded by corn and wheat fields. The scandal outside were the peasants rushing and organizing the way they had to carry all the foods collected along the day. Sacks full of different vegetables were thrown inside through the windows and then the field workers jumped in too. There was a big contrast between the people coming in now, with all the dust on their clothes and their big hats to get protection from the sun, and the young modern and fashionable students that came in the train at the stops nearby the University of Yangon. No doubt that was an interesting mosaic of faces.
 I’ve spent about three and half hours inside the train to make the whole lap. And every single minute was worth it thanks to the amazing inhabitants of Yangon.