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sábado, 22 de junio de 2019

PODEROSO

Odia al negro que salta la valla,
mientras yo te robo la pensión.
Peleate con el vecino por un trabajo mísero,
mientras destruyo tu condición,
concediéndole al patrón
bajada de sueldo,
                           O congelación,
enriquecerme es tu única función.


Pasa por el aro,
todo es más caro,
no llegas a fin de més,
desahuciado por impago,
despedido tras baja por estrés.
Y no protestes,
sobretodo, no protestes.  


El único culpable de tu situación,
es tu propia ambición,
pretendías una vida digna,
acercarte a mi posición.
Pero yo soy intocable,
puedes llamarme señor.
Solo eres libre hasta donde yo permito,
si sales del rebaño te meto en prisión.
Pasa por el aro,
paga.


Escucho protestas,
¿Conciencia de clase? ¿Huelga? ¿Unión del proletariado?
Un Iphone para quien vuelva al trabajo,
y pasáis por el aro,
dadme las gracias, claro,
pues soy creador de empleo,
muchos matarían por vuestro sueldo,
cien euros semanales,
mejor que pedir en la calle,
recuerda al negro,
viene a vivir de tus impuestos,
ya he destruido la educación.


Pasa por el aro,
que yo sigo.
Sigo porque soy el poder,
sigo porque es mi deber,
sigo porque soy yo quien guia,
soy yo quien hace que avance,
que rueden los engranajes,
y es a mí a quien pagas tus deudas.
Voy a por la sanidad,  
                              pero recuerda,
vienen del otro lado de la valla,
...
haz lo que yo te diga y calla.



lunes, 7 de marzo de 2016

COLONIZACIÓN 2.0

En el libro “Días Birmanos”, Flory, una clara representación de la persona real y autor del libro George Orwell, es un colono inglés destinado en Birmania que tras comparar a sus compatriotas con los locales, llega a odiar a los de su propia raza. Esnobs ingleses que explotan la pobreza de los que les rodean para vivir una vida llena de lujos, siervos y ginebra trabajando lo menos posible. Se pasan la mayor parte del tiempo en el exclusivo club Inglés donde los locales no tienen permitida la entrada a no ser que sean criados del lugar. 

 En el Instituto Francés de Phnom Penh, Cambodia, proyectan un documental sobre George Orwell y las similitudes que tiene la Birmania actual con su profético libro 1984 y que residuos quedan de aquella época colonial en la que vivió. Muestran como los colonos despreciaban a las personas locales tratándoles come poco más que animales, que eran solo útiles en caso de que pudieran ser siervos, prostitutas, en definitiva, esclavos. Cualquier birmano que no fuera siervo de un blanco, era considerado un enemigo. No había término medio. Me gusta que haya esta conciencia y se denuncien tales atrocidades. Demuestra que las personas hemos aprendido y la lucha por la igualdad social en el mundo va adelante. ¿O no?

 Decido ir a ver el documental, y como llego un poco antes y hace mucho calor, me siento a tomarme antes un té helado en la barra montada en la entrada del centro cultural. Me lo prepara una simpática y alegre camboyana. La única del lugar. Me siento como en una versión moderna de los clubs colonos en los que los locales solo servían para servir, solo que en lugar de leyes prohibitivas y policía, ahora hay otro método para retenerlos en la entrada. Unos precios abusivos que el camboyano medio jamás pagaría. La camboyana que sirve en la barra está contenta porque tiene un sueldo y unas condiciones y salario ligeramente por encima de la media Camboyana, unas condiciones que se considerarían ridículas en cualquier país europeo. Igual que los criados de los clubes retratados en la novela de George Orwell, que estaban contentos de servir a los blancos porque representaba alto estatus y ganaban algo más de dinero que trabajando en el campo o en cualquier otro trabajo que no requiriera una formación específica demasiado difícil y costosa. Así que las cosas tampoco han cambiado tanto. El sudeste asiático sigue estando lleno de blancos que explotan la pobreza local para enriquecerse o montar sus lugares de recreo. A lo largo y ancho de Tailandia, Camboya, e imagino que también Laos Indonesia etc… dr pueden ver locales en los que raramente entra un nativo del país si no es un empleado, en su lugar están disfrutando de sus cócteles con precios exagerados hombres y mujeres blancos, hablando de cosas de blancos, conversaciones en las que no tiene cabida un asiático. Colonización 2.0 de la mano de nuestro amigo capitalismo.



sábado, 16 de agosto de 2014

PRESA DEL CAPITAL

Ya he caído en otra de sus redes, ya me ha enlazado con otra de sus cadenas. El capitalismo me ha lanzado un Smartphone al cuello, y ya no sé cómo desenredarme de él. Empecé con el rollo ese de “este es barato” adquiriendo un Smartphone de procedencia dudosa, de los antiguos, bastante precario, pero eran veinte Euros y funcionaba lo suficiente para escribir por whatsapp a mis amigos que parecían haberme dado esquinazo desde que ellos se habían instalado la aplicación y yo no. Además ahorraría dinero en llamadas y SMS, me decía. “Es de segunda mano y no alimento la demanda en el mercado al adquirirlo” me decía. Me decía tantas cosas que le sonaban coherentes a mi yo anticapitalista que parecía una tontería no coger aquel primer Smartphone a veinte Euros. Y más cuando había perdido mi anterior teléfono, en algún lugar de la India de cuyo nombre no quiero acordarme, un teléfono básico que me había durado unos cuatro años. Así que lo compré, y al señor Capitalismo se le dibujó una sonrisa en la cara.
 Otra víctima del huracán Smartphone. Creía que podía vencerle, jugando a su juego, pero no se puede vencer al diablo. Una persona reacia al consumo, al comprar por comprar, adquiría su primer Smartphone, y quedaría atrapado en la espiral de consumo despiadado que ello implica. El señor Capitalismo lo sabe. Había caído en su trampa, una de ellas, pues ni sería la primera ni la última. Con mi nuevo-viejo Smartphone me di cuenta de que también podía ver el Facebook. “¡Qué bien para los ratos muertos, no vaya a acostumbrarme a llevar un libro encima y leer!”. Y me conformo con ese teléfono por un tiempo. Pero empiezan las molestias. Se tiene que actualizar demasiado a menudo, el software es obsoleto, no consigo hacer que el google maps funcione, y tampoco puedo instalar aplicaciones como line, Instagram, así como ningún juego. Y para más INRI el tetris que viene de serie en ese teléfono no me guarda los récords. Que tragedias. Estoy organizando un viaje a una ciudad desconocida y siento la absurda necesidad de conseguir un Smartphone totalmente funcional. Como si no hubiera estado antes en un lugar desconocido. Decido acudir al mercado de segunda mano, que en Internet es amplio, y así no contribuyo a la fabricación de más teléfonos. “No colaboro a la explotación de mineros que mueren extrayendo coltan en África para fabricar las baterías del teléfono ni colaboro en la explotación de obreros en las fábricas chinas que trabajan bajo condiciones esclavistas” Me digo. Estoy hecho todo un anticapitalista. Seguro que el señor Capitalismo tiembla al verme. Pero el teléfono ya tiene unos años, y unos meses después de adquirirlo cae víctima de la obsolescencia programada. Pero yo ya estoy enganchado al Instagram, utilizo Line para relacionarme con un par o tres de personas, y los niveles del Candy Crush no se van a pasar solos. El señor Capitalismo se ríe en mi cara, y señalándome con el dedo índice, mientras me compro mi tercer teléfono en cuestión de un año. Me gasto un poco más de dinero, y me lo compro nuevo. No quiero volver a ser víctima de la obsolescencia programada. Y este parece ser el teléfono definitivo. “Me va a durar unos años”. Me digo. Aunque no es la hostia, es un Smartphone cien por cien funcional, le funciona todo, la cámara hace fotos más o menos aceptables. Suficiente para el uso que le doy. Pero poco tiempo después ya tengo crujida la pantalla en pedazos y la cámara está tan rayada que enguarra todas las fotos que hago de manera que casi no se entiende nada en las imágenes. Me voy a comprar otro puto teléfono. Será el cuarto teléfono que tengo en mis manos en cuestión de un año, o poco más. Que le den al africano que extrae coltán, o al que vive al lado de un vertedero rodeado de montañas de móviles rotos procedentes de Europa y América que casi tocan el cielo. Que le den al chino explotado en las fábricas que no tiene tiempo para ver a la familia por la que trabaja quince horas al día. No puedo defraudar a mis seguidores de Instagram. Necesito otro móvil.



domingo, 26 de enero de 2014

PREVIEW: Crónica de una acción desesperada //Inicio provisional//

Me despierto de nuevo en el sofá. La tele está encendida. No sé qué hora es, pero tampoco me importa demasiado, desde que desistí de buscar empleo después de casi un año intentándolo con todo mi empeño. Me levanto del sofá, tropiezo con la botella de cerveza vacía que me bebí anoche. O tal vez es de la noche anterior. Por suerte no se rompe. Voy al baño y, tras una larga e intensa micción, observo mi rostro en el espejo. Debe hacer cuatro o cinco días que no me ducho, más que no me peino, y por lo menos un mes que no me afeito. He dejado mis amistades de lado. Me dedico a dejar pasar los días como si por arte de magia todo fuera a cambiar de repente. Tal vez la revolución estalle de verdad y de un día para otro se redistribuya la riqueza del país, de manera que la falta de trabajo no sea un impedimento para una vida digna. Aunque ya hace meses que no se habla de la supuesta “spanish revolution”. Eso ya se acabó. De vez en cuando reviso mi correo. Esperando encontrar algo allí que cambie mi vida. Una oferta de trabajo en algún periódico o revista, una proposición de publicación de mi novela… pero nada. Obviamente, si no lo conseguí mientras lo intentaba con ímpetu, no va a sucederme ahora de manera milagrosa.
  Me dispongo a prepararme el desayuno. La nevera está bastante vacía. Solo hay unos pocos huevos, una cebolla y un par de cervezas. Cojo un par de huevos y los pongo a freír. Mientras caliento agua para hacerme un té. De esos de sesenta céntimos la caja de veinte bolsitas. Me gusta empezar el día hidratándome, que llegada cierta hora, solo me deshidrato. Alguien golpea la puerta. Sé quiénes son. A parte de ser los únicos que se acercan a mi casa últimamente, son los únicos que jamás utilizan el timbre para llamar. No sé si no lo han visto, o se lo impide alguna de sus creencias raras. Acerco el ojo a la mirilla y, efectivamente, ahí están los dos hombres de edad avanzada que ya han intentado venir varias veces. Van bastante elegantemente vestidos, y sujetan entre sus brazos varios libros y panfletos religiosos. Veo como uno de ellos, el que parece ser más viejo de los dos, levanta el brazo para volver a golpear la puerta, pero abro antes de que pueda hacerlo.
-        ¿Tiene unos minutos para hablar de Dios? Me preguntan al unísono, a coro, como si lo hubieran ensayado.
-        Claro, adelante. – Es la primera vez que hablo con ellos, normalmente, como todo el mundo, fingía no estar en casa hasta que se cansaban de aporrear la puerta.
-        Nos complace encontrarte en casa, – me dice el más viejo – a menudo habíamos pasado por aquí y nunca nadie había respondido a nuestra llamada.
-        Antes trabajaba… - aunque ya hace tiempo que llevo controlando sus movimientos alrededor de mi puerta. Una o dos veces por semana vienen, golpean la robusta madera de mi puerta. Tres golpes cada dos minutos, y a los diez minutos sin respuesta, se van – justo iba a desayunar, siéntense. ¿Quieren un poco de té? – Los dos niegan la oferta.
-        Así que… ¿Ha perdido su trabajo? – me pregunta otra vez el más viejo, que es claramente el líder de los dos.
Asiento con la cabeza mientras mastico un trozo de pan con un poco de huevo, con la yema todavía chorreante.
-        Porque yo quería comentarte una cosa – sigue hablando el viejo – con todo esto que está pasando, la crisis, los desahucios, todo este asunto de Corea, las guerras de oriente medio que empeoran, los tsunamis y terremotos que han ocurrido últimamente en Asia… - hace una pausa, reflexivo - ¿no te da la sensación de que algo grande tiene que pasar?
-        Tal vez – Le digo mientras sigo comiendo.
-        Pues hay una manera de no preocuparse, -  me contesta como si le hubiera dicho un rotundo y desesperado si – te explico cual es. Nosotros hemos encontrado un gran alivio. Hemos hallado todas las respuestas en un libro. Un libro maravilloso que es éste de aquí -  me dice acariciando una pequeña biblia que tiene entre las manos – pues nosotros, los testigos de Jehovah nos dedicamos a estudiar la palabra de Dios directamente tal y como él la ordeno escribir a sus discípulos. Sin intermediarios ni falsos líderes espirituales que predican la palabra de Dios desde un trono. Nosotros vamos directamente a la fuente del saber, la Biblia, - se le llena la boca al pronunciar la palabra biblia – que escribieron los apóstoles, a dictado de Cristo. Y como ésta fuente de sabiduría infinita dice: - Le hace un gesto a su compañero.
-        Como dice el libro de Mateo… – y empieza a leer el de las barbas, que parece un poco más joven – “Ustedes van a oír de guerras e informes de guerras; vean que no se aterroricen. Porque estas cosas tienen que suceder, más todavía no es el fin. Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá escaseces de alimento y terremotos en un lugar tras otro. Todas estas cosas son principio de dolores de angustia.” – Y me mira sonriente, orgulloso de su lectura.
-        ¿No te parece – vuelve a hablar el viejo con su voz pausada – que todo eso que dice la biblia que va a suceder, pueda ser una metáfora de lo que está sucediendo ahora?
-        ¿Tú crees? – Le pregunto yo mientras me limpio con una servilleta un poco de jugo de huevo que se derrama de mis labios.
-        Yo estoy convencido – me contesta. – El apocalipsis es inminente. Pero no hay que tenerle miedo, al contrario, va a ser una bendición para los hombres de Dios. Nosotros ya somos un poco viejos y tal vez no lo veamos, pero estoy seguro que tú sí. En treinta o cuarenta años sucederá, no creo que la tierra aguante mucho más este ritmo. Y entonces, como dice la Biblia, Jesús bajará de los cielos y acabará con los pecadores y devolverá a la vida a los buenos hombres que yacen bajo tierra. Nosotros nos reunimos todos los domingos, no lejos de aquí está nuestra iglesia, y nos alegramos de tener a invitados interesados en la salvación. ¿Qué te parece, te gustaría acompañarnos este domingo?
-        Verán – le respondo mientras sigo comiendo – yo quiero ser un hombre de Dios y ser salvado cuando llegue el momento, pero hay algo que me perturba de todo este asunto. Según la biblia hay que tener fe, y los que tengan fe serán salvados y los que no destruidos. ¿Cierto?
-        Cierto. – Me contesta, como siempre, el más viejo.
-        Entonces, me pregunto yo, ¿Qué pasa con esos pueblos de esquimales que viven ajenos a todo esto de la palabra de Dios, la biblia, o cualquier otra creencia, sin embargo nunca han hecho daño a nadie. No son malas personas, ¿verdad?
-        No, claro que no.
-        Sin embargo no tienen fe, entonces, ¿irán ellos al infierno?
-        Bueno, en esos casos, el profeta, cuando descienda de los cielos, sabrá juzgar correctamente. – Me dice tras unos segundos de reflexión.
-        Entonces, ustedes hacen lo que dice la biblia, ¿literalmente?
-        Si, esa es nuestra salvación. – Me responde convencido.
-        Verán – les digo yo – es que hay unos versos de la biblia que me tienen a mí un poco preocupado, es lo que dice levítico, en el versículo 18:22, creo. ¿Lo puede mirar?
-        Si, lo busco – dice ahora el más joven de los dos mientras pasa páginas y más páginas de su libro. – “No te echarás con varón como con mujer; es abominación.” – Pone cara un poco como sorprendido, diría que es la primera vez que lo lee.
-        Entonces, ¿es malo ser homosexual? – Pregunto casi fingiendo preocupación.
-        Pues sí – me dice sonriente el viejo – lo dice claramente, es una abominación a los ojos de Dios.
-        ¿Y qué solución me dan? ¿Voy a ir al infierno, a pesar de ser una persona que no hace daño a nadie, y ayuda a los demás en lo que puede, solo porque practico sexo con otros hombres?
-        Verás joven… - mide las palabras que va a decir el viejo del pelo blanco y la coronilla al viento – …te voy a decir una cosa, - se quita las gafas y me mira como si fuera a ofrecerme una solución milagrosa – yo antes fumaba, pero ahora ya no.
Se forma un silencio de unos segundos, solo interrumpido por el sonido del tren que pasa a escasos metros de mi casa. Ambos esperan mi respuesta con sus ojos clavados en mí, sin borrar su sonrisa en ningún momento. Supongo que creen que recibirán unas gracias por tal iluminación. Como si una condición sexual fuera como un mal vicio que hay que dejar. En lugar de eso, les pregunto:
-        ¿Ustedes comen marisco?  - ambos asienten con la cabeza – Pues yo no. – Les digo – entonces estamos igual de expuestos al castigo de Dios, porque como levítico también dice en el 11:9 y 11:10  “Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis. Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación.” Por lo tanto, yo no como marisco, pero practico sexo con otros hombres, sin embargo ustedes comen marisco pero no practican sexo con otros hombres. Nos hace igual de pecadores y dignos de ser castigados por Dios. ¿Estoy en lo cierto?
  Se forma otro largo silencio. No saben que responderme. Los circuitos neuronales de los dos testigos de Jehová parecen haberse frito. Yo les miro satisfecho de mi actuación, y espero con intriga su respuesta. La verdad es que llevo tiempo preparando esto.
-        Verás… - rompe el silencio el viejo de la nuca blanca – Hay normas cuya aplicación ha cambiado con el tiempo.
-        Entonces – respondo - ¿comer marisco está bien, pero practicar sexo con otros hombres está mal, aun cuando lo dice Levítico con unos pocos versículos de diferencia?
-        Exactamente. – Me dice el viejo señalándome con la patilla de sus gafas como si por fin yo hubiera entrado en razón.
  Su mirada está clavada en mí con una sonrisa de gran satisfacción. Se siente victorioso. Su fe ha derrotado mis creencias pecaminosas, el bien ha derrotado al mal, Dios ha derrotado al pecado. Aunque mi punto de vista es totalmente diferente. Me siento impotente ante una credulidad ciega en un libro que ni siquiera conocen al cien por cien. Por un momento se me pasa por la cabeza atacarle aplicando la lógica, debatir el tema. Pero si algo he aprendido de esta conversación es que la lógica no sirve de nada ante la fe, pues la fe está para que las cosas de las que se desconoce la lógica tengan sentido, así la ignorancia de cosas tan relevantes como el sentido de la vida dejan de ser una preocupación, pues está en manos de Dios. La mente de los hombres de fe funciona de otra manera. Y a la vez siento que llevo demasiado rato con esta falsa. Ya he acabado el desayuno. Me levanto a por una cerveza y mientras empiezo a bebérmela les invito a irse de mi casa.
-        Estoy ocupado – les digo – Por favor, déjenme con mis asuntos.
-        De acuerdo, entonces, ¿se pasará el domingo por la iglesia? – me pregunta el viejo – nos encantaría verle por allí, y tal vez podamos ayudarle también con eso. – Me dice señalando mi cerveza.
-        Miren, yo busco el refugio de la realidad en unas cosas, y ustedes en otras. – En el fondo tal vez no seamos tan diferentes.
-        Hijo – me dice ya en la puerta – tienes salvación. Esperamos verte el domingo.
-        Venga, hasta el domingo – les digo en un tono desganado y cerrando la puerta en su cara.
-        Entonces, ¿Vendrá, no? – escucho como hablan al otro lado de la puerta.
-        No lo sé, puede que sí, creo que le hemos sembrado la semilla de la fe.
-        Si, seguro que sí – escucho su voz un poco más débil debido a que ya se están alejando.
  Me vuelvo a acostar en el sofá, el lugar donde paso la mayor parte del día. En una mano sostengo mi cerveza, y en la otra la caña que me hace de mando a distancia desde que éste se quedó sin pilas. Doy una vuelta a todos los canales mientras siento como la cerveza aturde poco a poco mis sentidos. Veo los canales de noticias. El resumen sería paro, corrupción y desahucios. Veo unos instantes de muchas cosas, hienas apareándose, Belén Esteban y su best seller, el inmortal Jordi Hurtado, programas de salud, series… No me detengo en ningún canal por más de quince segundos hasta que veo algo que me llama la atención. Unos dibujos de mi infancia en los que aparecían cinco hippies con unos anillos mágicos que, al juntar sus poderes, invocaban al capitán planeta. Una especie de Superman ecológico con peinado de quinqui que se dedica a patear traseros de los incívicos empresarios y mafiosos que contaminan de manera exagerada la ciudad. Es curioso lo que me gustaban de pequeño, y sin embargo la escasa calidad en la animación que aprecio ahora. La madurez nos hace exigentes, tal vez demasiado. Sigo haciendo zapping por un rato, hasta que caigo dormido otra vez, escasas tres horas desde que me he levantado.
-        Hola chicos – dice el capitán Planeta – como hemos visto en el capítulo de hoy, este país no tiene futuro. Se hunde a una velocidad considerable, pero puedes no hundirte con él, formando la república independiente de tu casa – cuánta televisión en mi cabeza. – El pueblo de Villa Almudena está desierto y rodeado por un fortín. Okupa el fortín y tendrás todo un pueblo entero para ti, al margen del país. Así pues empieza a estudiar las leyes de la okupación de tu país. Y hasta aquí nuestro eco consejo de hoy. ¡Hasta la próxima, amigos del planeta!

  Al despedirse, en mi mente, se reproduce la musiquita de los créditos del final de los dibujos. Poco después despierto. En la tele, que nunca se apaga, están dando un reportaje sobre pueblos abandonados en lugares remotos de la España profunda. En ese momento están hablando precisamente de Villa Almudena. Un pueblo abandonado que está rodeado de un fortín medieval, con inusualmente grandes habitaciones en su base. De manera que realmente es un edificio, abandonado, y por lo tanto okupable. No hay tiempo que perder, le hago caso al capitán Planeta, y me pongo a investigar por internet como están las leyes actuales en lo que a okupación de edificios se refiere. Es una idea que suena descabellada, pero, tal y como se me presentan los próximos meses, con el subsidio de desempleo a punto de finalizar, dos meses de retraso en el pago del alquiler y la luz pendiente de un inminente corte por impago, no siento que tenga nada que perder. Pasa por mi cabeza la imagen de un pueblo cuyos habitantes viven en paz y armonía. Al margen del contexto político del momento. Jamás volver a hablar de recortes, de derecha o izquierda, ni de monarquía, de desahucios ni de patriotismos sin sentido. Un pueblo, más que eso, un pequeño país, cuya única restricción sea el respeto por los demás habitantes. Solo de pensarlo se dibuja una sonrisa en mi cara. La primera en muchos meses. 

viernes, 14 de junio de 2013

RETIRADOS

(La historia que se relata a continuación es una ficción. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia. O no…)

-          -  Que buenos tiempos hemos vivido. Es una pena que estén llegando a su fin. – Me dice Rodrigo mientras disfrutamos de un buen bourbon en el jardín de su mansión.
-          -  Si, y nada habría sido posible sin ti, -le digo- tu esfuerzo dio un resultado excelente.
-          -  Pero tú fuiste la cabeza pensante del plan. Todo es mérito tuyo, yo solo ejecuté el trabajo que me pediste.
-          -  Y con mucha eficacia. – Suele pasar que nos emocionamos con elogios mutuos, y nos cuesta parar. Cada elogio debe ser respondido por uno mayor. Es la cortesía de los hombres correctos.
-          -  Si te soy sincero – me explica – realmente tuve miedo de excederme y hundir el país hasta un punto de no retorno.  Y que la maniobra acabara hasta con nuestras riquezas.
-          -  Bueno… ciertamente la estrategia tenía sus riesgos, sí, pero, mi querido Rodrigo Rato, ahora soy recordado como un héroe español. El mejor político de la historia de la democracia. Nadie cuestiona el hecho de que merezco todas las riquezas que disfruto. Y tú, tu tomaste una posición muy importante en mi encumbramiento. Y por ello, te he traído un regalo.
Doy dos palmadas para que entre el camión con el regalo. Es un cofre del tesoro gigante que le he preparado a Rodri. Veo como se le iluminan los ojos al apreciar tamaño regalo.
-          -  ¿Es para mí?
-          -  Pero Rodrigo, ¿tu ves a alguien más por aquí alrededor?  - aprecio como el operador de la grúa me mira mientras baja el cofre de la carga de su camión. Supongo que se cree alguien. Pero es solo servidumbre. Ellos no cuentan.
Emocionado, Rodrigo Rato entra en el cofre del tesoro por la puerta que tiene en la parte frontal. Con esfuerzo levanta la cabeza para apreciar las miniaturas de oro de las torres Kyo. Tres metros de alto con un cielo azul siempre brillante pintado por encima de ellas. Todo el cofre está dotado de un sistema de iluminación que provoca un resplandor majestuoso en las pequeñas torres. Por supuesto, no falta el icono de “caja Madrid” en una de las torres. Sé que a Rodrigo Rato se le despiertan endorfinas al recordar como ganaba montañas de dinero allá por primeros de siglo. Desde que se retiró no ha vuelto a ser el mismo. Está apagado. Eso de que le ingresen millones de euros anuales en la cuenta por que sí no es tan divertido como ganarlos. Es como si ya no pudiera practicar su razón de ser. Ganar dinero a través de cualquier medio.  Entiendo perfectamente ese sentimiento. Una lagrimilla asoma por los ojos de mi amigo.
-          -  Muchas gracias José María. Me encanta.
-          -  De nada hombre. Para eso están los amigos.
-          -  ¿sabes? Pensando en ello, hay alguien que me da un poco de pena. Mariano también desempeñó una gran tarea, de hecho fue el que tuvo que manchar más su imagen pública. Su papel también fue muy difícil en esta trama.
-          -  Bah, no te preocupes, él ya tiene sus 40.000 Euros anuales. Que se abra una mercería en Galicia. -  No puedo evitar mofarme.
-          -  Pero eso es calderilla…
-          -  Suficiente para él, siempre fue motivo de burla, ya desde el colegio. No era un hombre destinado a triunfar. Estaba destinado a ser un perdedor, y sin embargo, gracias a mí, tuvo su momento y llegó a ser presidente de España, ni más ni menos.  
-          -  Pero es que con las medidas que tuvo que tomar no quedó ni un solo español que le tenga estima… me pregunto si era estrictamente necesario que aboliera las pensiones y los subsidios de desempleo.
-          -  Pues claro que sí. Así mi relevo fue triunfal. Y solo tuve que restituir la jubilación a los 102 años, y restablecí un subsidio de desempleo de dos mensualidades por año trabajado. Salvé el partido, salvé el país, salvé nuestra hegemonía política y lo más importante, perpetué la clase alta. La nuestra. La de los buenos hombres y las buenas familias. Y todo el plan llevado a cabo con la sutileza de un verso de Torquato Tasso.
-          -  Si, sin duda eres un héroe de la gente de bien del país. Solo que me da un poco de pena el pobre Mariano.
-          -  Podría haberse afiliado a Izquierda Unida. – Y estallamos los dos en profundas carcajadas.
-          -  Vayas payasos ellos – me dice.
-          -  Ya te digo -  empiezo a llorar de la risa – un mundo sin pobres, vaya ocurrencias.
-          -  ¿Qué sentido tendría entonces ser rico? – me dice sin cesar su risa.
-          -  La vida entera perdería el sentido. 
Tras un buen rato riéndonos a carcajadas, nos quedamos un buen rato más observando la estupenda iluminación de la sala del interior del cofre. Después, como ya no tengo nada que decir, me despido.
-          -  Bueno pues, nos vamos viendo mientras nuestras piernas nos respondan, ¿de acuerdo?
-          -  Claro que sí José María, claro que sí. Muchas gracias por el regalo.
-          -  Gracias a ti por ser de confianza – le contesto.
Me subo a un carrito de minigolf y me lleva hasta la entrada del terreno donde me espera mi limusina blindada. Le digo al conductor que me lleve a casa. Sé que no me quedan muchos años de vida. Pero estoy orgulloso y satisfecho de mi trabajo realizado. Mi carrera política me ha recompensado con unos privilegios dignos de mí. He sido un político perfecto. 

miércoles, 24 de abril de 2013

IBIZA



  Después de tres meses de descubriendo la discutible magia del lejano oriente, vuelvo a mi ciudad natal en una pequeña isla del Mediterráneo. Ibiza, conocida mundialmente por la loca fiesta nocturna y el blanco, debatiendo la masa ignorante que acude a los clubs nocturnos si es el blanco de las casas o de la cocaína, ofrece un paisaje muy diferente en esta época del año en la que aún no ha empezado el ajetreo del verano. Las calles están poco transitadas y abundan los mendigos en las esquinas pidiendo unas monedas para llevarse el pan a la boca. Si, en la tierra prometida según un programa de televisión, de cuyo nombre no quiero acordarme, hay mucha gente sin techo a la que le cuesta, no llegar a fin de mes, si no al final del día. Y hay muchos mas que hace tres meses. Bienvenido de vuelta a España.


jueves, 28 de febrero de 2013

COSAS Y CASOS


  Tengo que correr, no puedo parar ni un segundo. Voy por la calle a toda velocidad, empujando a quien quiera que se me ponga en el camino. Jóvenes, abuelas, niños, no hago distinción ninguna. Cualquier cosa por llegar cuanto antes a la guest house donde me alojo y cagar. Así es. Tengo una necesidad tan grande de soltar el lastre que no puedo detenerme ni un segundo. Ni siquiera para pedir perdón a la abuela que llevaba la bolsa de la compra y se ha caído al suelo a causa de mi empujón. Mi mierda aprieta con una fuerza desproporcionada, causándome un intenso dolor de barriga similar al de diez puñaladas en mi interior. Me pregunto si así se sentiría la madre de nuestro presidente antes de parir.
  Por fin llego. Echo el pestillo de la puerta del retrete y sale a presión el montón de mierda que llevo dentro. Sale mierda y más mierda, no puedo parar y una desagradable sensación recorre todo mi cuerpo al notar que el montón de mierda toca mi culo. Mierda. Pero no puedo hacer otra cosa que continuar cagando, no puedo contenerme. Cuando todo el espacio del interior del retrete ya está ocupado por mi gran cagada noto como mi cuerpo empieza a elevarse, mis pies se despegan del suelo y asciendo poco a poco hasta tocar el techo, apoyado en la torre que está formando mi mierda. Pero la fuerza no para, y me empuja más y más. Mi espalda doblada hace tal presión en el tejado que quiebra la madera y sigo subiendo. Me siento como si estuviera en mi particular torre de Babel, que me lleva a la supremacía. Veo como las personas que pasean por la calle se alejan, pero sin perder nitidez. Ahí abajo siguen con sus vidas como si nada hubiera pasado, mi particular torre de mierda debe ser imperceptible a sus ojos. Cuando paro de ascender, estoy encima de tan alta torre que se tambalea a los lados. A esta altura, sin duda, mi caída sería mortal. Cuando consigo mantener el equilibrio, y que la torre esté estabilizada, observo las vistas que me ofrece. Una perspectiva súper amplia y nítida, algo casi surreal.
  A un par de calles veo a un gordo alemán que lleva a una niña tailandesa de unos doce años de la mano. Y no parece ser su hija adoptiva. Veo este país y los que están más allá. Y en todos veo niños esclavos en talleres y niñas sin salida empujadas a trabajar las calles. Y veo a la dulce resistente que engordó expresamente al llegar a la pubertad para evitar ese destino. En el país vecino, veo a un turista norte americano, sentado en la terraza de un café, hablando orgulloso de su patria, mientras, pasa por la calle un chico pidiendo limosna, con una pierna desaparecida al pisar una mina de las colocadas durante la guerra de Vietnam. Veo degradación de la persona allá donde mire. Veo grandes líderes espirituales manipulando masas mientras se enriquecen. Veo empresas causar la destrucción total del medio ambiente, que es lo que nos da vida, a cambio de maximizar beneficios. Veo mafias, y veo corrupción. Y hablando de corrupción, desde aquí también veo “mi país”. Entrecomillo, pues no siento en absoluto que yo le pertenezca. Y veo en él a los patriotas orgullosos de su bandera. Un gran país cuyos ciudadanos se muestran orgullosos de pertenecer. Con un glorioso pasado, dicen. Protagonistas de uno de los más grandes, sino el que más, genocidios de la historia. Con grandes deportistas, dicen. Deportistas motivados por un gobierno que permite e incentiva sus lujosas vidas mientras deja a su pueblo sin recursos, sin casa, sin educación, sin salud. Con un buen clima dicen. La única cualidad indiscutible que es fruto única y exclusivamente de la casualidad. O de alguna divinidad que vive más allá de Plutón, que cogió la península ibérica y la colocó allí en el origen de los tiempos.
  Y a aquellos que dicen que ser español es un honor y un orgullo que no tiene precio, siento decirles que, ahora si lo tiene. Exactamente 160.000€.

sábado, 15 de diciembre de 2012

DIOS, LOS MERCADOS Y OTROS SERES IMAGINARIOS


-          Papá, papá, ¿Nosotros somos cristianos?
-          No, hijo...
-          ¿Por qué?
El padre, votante decidido del partido político en el gobierno, trató de satisfacer la curiosidad de su hijo:
-          Pues bueno, digamos que no creemos en un pensamiento que nos empuja a hacer sacrificios para un dios invisible, que no sabemos ni si existe.
Satisfecho, el niño continuó jugando a la playstation durante un rato. Al padre le preocupaba que jugara tantas horas, no tanto por la salud del chaval como por la factura a final de mes. Pero no quería preocupar a su hijo, por lo que, habiendo quitado ya la mitad de las bombillas de la casa, le dejaba jugar todo lo que quisiera. Pero sabía que tarde o temprano pasaría. De repente, se fue la luz.
-          Papá, papá, ¿Por qué se ha ido la luz?
-          Pues, supongo que la habrán cortado, con las últimas subidas de impuestos no me llega para pagarla… - dijo el padre hablando más consigo mismo que con su hijo.
-          ¿Y por qué no protestas en la calle como los que salían en la tele?
El padre, sorprendido por el alto grado de comprensión de su hijo, y un poco preocupado por su actitud, respondió:
-          Verás, hijo, no hay que protestar por ello. Lo que tengo que hacer es conseguir pronto un trabajo. Los impuestos los han subido porque no les ha quedado más remedio. Era un sacrificio necesario.
-          ¿Por qué? – preguntaba el niño.
-          Pues… - sin saber muy bien que iba a contestar, el padre, empezó a hablar – para calmar a los mercados, y que todo vaya mejor.
-          Entonces… - respondió el chaval - ¿Has sacrificado la luz a los mercados?
-          Mmm… algo así. – le contestó su padre, deseando que acabara aquella conversación.
-          ¿Y quién son los mercados?
-          Pues… no lo sé – dijo su padre rendido a la curiosidad insaciable de la infancia.
-          Entonces… - pensó unos segundos antes de formular la pregunta - ¿Son los mercados nuestro dios?
-          Pues… - a esta pregunta, el padre, un poco ignorante, no se le ocurrió ninguna respuesta – vete a dormir, que mañana tienes colegio.
Eso había sonado ya menos comprensivo. El niño se fue a la cama y el padre quedó sentado en el sofá, en la penumbra de la noche. Sin absolutamente nada que hacer, al no tener electricidad, empezó a preguntarse cómo había sido posible que llegaran a ello en un país que, se suponía, garantizaba un mínimo de bienestar. Empezó a cuestionarse si, el pueblo, la clase popular, estaban siendo víctimas de un complot de proporciones históricas. Planteándose la posibilidad de que la religión hubiera sido siempre un entrenamiento para prepararles para los sacrificios que les suponían el enriquecimiento de las altas élites. Al fin y al cabo, la riqueza de un país la generan los trabajadores, sin embargo no son los que la disfrutan. En la antigüedad, en nombre de las religiones, se hacían sacrificios humanos, se conquistaban y aniquilaban pueblos enteros, y las personas aprendían a vivir bajo la privación de tipos de disfrute básico. Todo por satisfacer a un dios, un ente invisible que no les aportaba beneficio alguno en vida. Ahora todo eso se hacía en nombre de los mercados. Ese ente etéreo que ejerce presión sobre las personas llevándolas hasta el suicidio y por el que hay que sacrificar todo tipo de bienestar. Tal vez su hijo tuviera razón y debieran acudir los dos a la siguiente protesta. Aún a riesgo de perder un ojo. 

viernes, 6 de julio de 2012

MIEDO Y ASCO EN IBIZA



  Pues esto es lo que sentimos mayoritariamente los que somos de por aquí. Aunque supongo que es un sentimiento expandido por todo el territorio de este decadente país llamado España. Los que buscamos trabajo, o tenemos trabajo, sentimos asco. Asco por la precariedad laboral, cuyo aumento se nota como empalmarse con el chándal. Una precariedad cada vez mayor alimentada por el miedo. El miedo de los altos empresarios hoteleros a ganar menos, no sea que no ganen lo suficiente como para invertir en hoteles que les salgan mas rentables al otro lado del atlántico. Esas personas cuya ambición monetaria les ha desplazado su afinidad hacia otros seres humanos a lo más recóndito de su alma, el bienestar, la felicidad, los intereses, en definitiva, la persona, no importa. Acepta el trabajo, anula totalmente tu existencia individual y pasa a formar parte de mi engranaje crea dinero. Y sin rechistar, que hay cientos detrás de ti esperando encontrar un curro. Ya he mandado a la mierda, de manera siempre educada, pero a la mierda al fin y al cabo, a un par de estos negreros, explotadores, esclavistas a quienes solo les falta el látigo. Me los imagino lanzándose a su piscina de billetes y monedas cual tío Gilito, y atragantándose con una de ellas hasta quedar sin respiración y acabar su vida de una manera lenta, agónica y dolorosa. Y una sonrisa se dibuja en mi boca. Es lo que se merecen. Se lo merecen por importarles una mierda la vida de los demás, por mirar antes su bolsillo que el bienestar general de la sociedad. Porque con la excusa de la crisis, en lugar de contratar a dos personas, aun haciéndoles hacer menos horas y pagándoles un poco menos, le piden a una que haga el trabajo de 3, y le pagan como media. Y tienes que dar gracias porque tienes trabajo. Y la ley parece no existir en este salvaje oeste de empresas dispuestas a sacrificarlo todo por el dinero. Pues hasta lo que yo sé muchas, pero muchas de las prácticas laborales que se llevan a cabo por estos lares sodomizan a la ley de manera brutal y salvaje, aunque la ley parezca estar acostumbrándose a ello, oponiendo cada vez menos resistencia. Esto es la crisis, además de una excusa perfecta para que el gobierno nos recorte derechos con total impunidad, también es la excusa perfecta de los empresarios para exprimir hasta la última gota de sangre de sus empleados sacando un beneficio extra para sus bolsillos. Pues por mas que haya crisis, hay terrazas de hoteles que no engañan, que están llenas como cada Julio, y sin embargo la precariedad laboral ha aumentado con creces. No sé donde vamos a llegar, y me entristece mucho ver como las luchas de nuestros antepasados por conseguir unas condiciones laborales medio aceptables se ven ninguneadas y pisoteadas dejando a los empresarios de almas podridas actuar a su libre albedrío. Si seguimos dejando que esto ocurra, vamos a acabar muy jodidos, mas aún.    

miércoles, 14 de diciembre de 2011

FALSAS APARIENCIAS



            - ¡Hola querida cuñada! - dice Eulalia con una hipócrita sonrisa.
            - ¡Hola guapa! - responde Tamara con otra sonrisa, igualmente hipócrita. Se acercan y, ante toda la familia, se dan dos sonoros besos intentando camuflar un intenso y mutuo odio, ya histórico. La verdad es que cuando se besan parece que se den asco, apenas se tocan.
            - ¿Cuánto tiempo, verdad? - dice Eulalia.
            - Si, ya tenía ganas de verte - responde Tamara. Pero en el interior de su mente aparece la realidad de sus deseos hacia su interlocutora. El entramado neuronal de Tamara reproduce a todo detalle una secuencia en la que sale ella misma arrancando una a una las uñas de los pies a Eulalia. Ésta grita a cada tirón, y gime, y sufre. Un sufrimiento que crea en Tamara una sonrisa. Lo sé porque Tamara lo sabe. Sus maridos tampoco se gustan, pero en lugar de odiarse mutuamente, se limitan a beber. Beber hermana a los hombres, o los anula cerebralmente hasta que olvidan que se odian, una de dos. Pero Tamara es incapaz de borrar su odio hacia Eulalia, ni por un segundo.
            - Estas muy guapa - dice Tamara mientras piensa que está más gorda, más vieja y mal maquillada. Y eso le gusta. Disfruta viendo como su eterna rival envejece sin dignidad y evidencia su mal aspecto con un exceso de potingues en la cara. Piensa que todo el mal que le pueda ocurrir es menos del que se merece por haber intentado matar a su suegra, empujándola por las escaleras, y por haberle hecho firmar a su suegro la entrega de la herencia, cuando éste estaba senil. Todo por recibir antes su herencia. Y la muy cerda sigue allí, en libertad, faltaron pruebas para acusarla. Pero yo lo sé. Tamara lo sabe.
            - ¿Has visto? Ya ha llegado Encarna con su nuevo novio - le comenta Eulalia a Tamara - que fulana que es, y encima siempre está mirándonos por encima del hombro.
            - Claro, se cree que por llegar en un coche caro es superior, pero todo el dinero que tiene es el que le saca a su novio, siempre con novios ricos y cambiando, seguro que es una infeliz - contesta Tamara.
            - Seguro, además cada vez está mas gorda, si sigue así acabara sola, sin nadie a su lado que le ayude en su vejez.
  Cuando Encarna se acerca a ellas le saludan sonrientes y continua el festival de banal hipocresía hasta la hora de comer.
  Se sientan y, al alrededor del abundante banquete, parece respirarse un ambiente feliz, todos los primos reunidos a la sombra de los pinos, disfrutando de la brisa primaveral mientras comen. Hablan y comentan sobre experiencias vividas, se huele la nostalgia. Todos parecen llevarse bien. Pero Tamara sabe que eso es todo una ilusión, ella sabe bien las disputas que han tenido, las rivalidades, las envidias... no son pocas.
  Tamara se ha cansado hace un rato de ser hipócrita y guardar las apariencias, no puede aguantarlo más. El odio hacia los familiares que la rodean empieza a aumentar, la sonrisa de su cara se borra y sus dientes se aprietan. Desde mi celda acolchada os puedo asegurar que Tamara empieza a sentir un fuerte martilleo en su cabeza. No lo aguanta más y se levanta de la mesa sin decir ni una palabra. Acude a la caseta dónde su tío, dueño del terreno, guarda las herramientas. Coge un bidón de gasolina, la que se usa para la motosierra, y sin que nadie se de cuenta, empieza a formar un círculo a unos metros alrededor de la mesa donde están los invitados disfrutando de la comida. Cuando el círculo se cierra le prende fuego con un mechero y, en cuestión de pocos segundos, todos los comensales se ven presos de una jaula de llamas. Cunde el pánico, la gente grita, y alejándose del círculo que les tiene rodeados, se acercan unos a otros. En medio del caos y la confusión Eulalia, sin ni darse cuenta, coge la mano de Encarna. Por un momento se miran con aparente complicidad, pero de repente empiezan a discutir.
            - ¡Tú, eres una zorra! ¡Siempre mirando a las demás por encima del hombro por tener un novio rico! - le grita Eulalia.
            - ¡Y tú eres una ruin roba herencias sin moral! - le contesta Encarna con el mismo tono de voz, y tras un par de palabras no muy bonitas más, llegan a las manos.
  Los maridos de Eulalia y Tamara también sacan a relucir los fantasmas del pasado.
            - ¡Ladrón de mujeres, Eulalia tenía que ser mía! - grita el marido de Tamara.
            - Pero tu me dijiste que estaba todo bien, eres mi primo, pero si fuiste el padrino de bodas y todo - le contesta el de Eulalia.
            - Te odio más por eso, tenías que restregarme tu triunfo, eres un ser repugnante y malvado.
            - Pues te jodes, tu siempre me restregabas tus juguetes nuevos y todo lo que te compraban tus padres durante la niñez.
  Y también empiezan a pegarse. La violencia se contagia, poco a poco, hasta que los quince asistentes al picnic familiar acaban pegándose unos con otros. El territorio delimitado por las llamas pasa a ser una batalla campal.
  Tamara ríe a carcajadas desde lo alto de la caseta del terreno. Ríe y disfruta al ver lo que ha provocado, le satisface ver un poco de sinceridad entre sus familiares, cosa que siempre había faltado.
  Al poco rato llegan los bomberos y la policía. Todo se soluciona. En unos minutos apagan el incendio y no hay heridos graves. Tamara abandona el área en un coche patrulla, pero Tamara ya no existe. Se ha desvanecido, ahora solo queda Tammy llena de amor, Tammy llena de felicidad, de Tamara ahora solo quedo yo. Tamara ya no existe y su familia nunca, jamás, volverá a organizar un encuentro conjunto como el descrito en estas líneas.