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viernes, 5 de abril de 2024

LA MEJOR HAMBURGUESA QUE HE SERVIDO EN MI VIDA

 Otro día más, otro día de la marmota más. Entro a las 5 de la tarde y ya hace un calor abrasador. Te piden buena presencia e higiene, pero la primera tarea es “engalanar” la terraza para la noche. Entrecomillo engalanar porque básicamente lo que hacemos es colocar más mesas donde durante el día hay hamacas. Al sol de agosto de las cinco de la tarde, como cualquiera puede adivinar, estoy sudando como un cerdo a los cinco minutos. Cinco, cinco, cinco. Soy un genio del neuromárketing. A está hora quedan muy pocos clientes y se puede aprovechar para limpiar las mesas, hacer desaparecer toda cubertería y cristalería de plástico para dar paso a los vasos de verdad. Aquellos que añaden un montón de peso a tu bandeja como las jarras de cerveza de asa. Es un horario muy inglés, comen sobre las doce y para las cinco, pasada su primera borrachera, suben a su habitación en el hotel para ducharse y prepararse para una cena sobre las seis y media y una posterior segunda borrachera. 


 Estoy limpiando las mesas, retirando platos de cartón de aquellos clientes a los que les pilló hambre después de la comida pero antes de la cena. La normativa del hotel lo indica claramente, se puede pedir “comida” en el bar hasta las seis de la tarde. Entrecomillo comida porque esa basura plasticosa que viene en paquetes de plástico congelados y metemos en el hornillo durante 10 minutos antes de servirlo no puede llamarse comida. Aunque lo barnices de ketchup. Voy entrando vasos de plástico reutilizables al ofis, vacío su contenido en la pica y los meto en los racks para el lavavajillas. Que raro, la pica se ha vuelto a atascar y está hasta arriba de un líquido de color marrón en el que flotan infinidad de rodajas de limón y pajitas de plástico. Cuando tengo todas las mesas colocadas y despejadas es el turno de la limpieza. Pasar la bayeta. Una pasadita de bayeta, y mesa limpia. No importa si la mesa está pringosa de cubatas o sangría derramados o incluso helado de chocolate. La bayeta da para todas las mesas, no hay tiempo de volver al ofis a limpiarla después de cada mesa. Dejo las mesas de abajo de los pinos para el final, porque esas no fallan, esas están siempre llenas de mierdas de pájaro. 


  Encargándose de la barra está Iván. Iván es el chaval de la plantilla. Diecinueve años y una educación que sale de lo normal. Algo tímido, siempre sonríe a todos los clientes, nunca alza la voz más de lo necesario, siempre es atento con todo el mundo y jamás le he escuchado rechistar ni quejarse. Deporte habitual entre los que llevamos aquí varios años. Iván es de esas personas de las que absolutamente nadie puede decir una sola cosa mala. No es arrogante, no es cabezón, es buen compañero, no habla demasiado, no molesta. Bueno, a mi si me molesta un poco una cosa de este chaval. Se toma el trabajo demasiado en serio. Aplica las dosis de bebidas solicitadas por la directiva al milímetro, nunca toma una sola cerveza en el trabajo, intenta conseguir la máxima rentabilidad para la empresa. Más o menos lo contrario a lo que hago yo. De hecho, cuando aparece el clásico cliente alcohólico dispuesto a reventar la pulsera del todo incluido, de esos que desayuna cerveza y come con gintonic, yo me lo tomo como un reto personal y durante las noches le sirvo las copas con ochenta por ciento de licor y veinte de refresco. Ese tipo de cliente, a esas horas de la noche, no siente que sepa mal una bebida de estas proporciones, y eso que servimos garrafón. Pero mi reto es conseguir que al día siguiente por la mañana pida agua. Y creedme que más de una vez lo he conseguido.


  Iván está despachando gente en la barra con tranquilidad, no hay gran cosa a esta hora. Pasan cinco minutos de las 6 y saca la que es la última comanda de comida que se había pedido hace unos diez minutos. Entonces el siguiente cliente ve la hamburguesa con aspecto de chancla perdida en la playa y la pide:

  • I want one of this -  Quiero una de esas balbucea

  • Perdón, pero es que ya pasan las seis, y la hora de la comida… - se dispone a explicarle mi compañero

  • ¡Qué te he dicho que me pongas una de esas! -  sobra decir que la conversación entera se sucede en inglés, pero no un inglés británico sofisticado, sino más bien un inglés como el que hablan los de la serie Misfits. O más bien como los de la película Tyrannosaur, de Paddy Considine. No sé de qué parte de Inglaterra viene.  

  • Señor, lo siento mucho pero es que después de las 6 no servimos… -  contesta Iván en un tono educado pero con síntomas de nerviosismo en su voz

  • ¡Qué te jodan! ¡Te he dicho que me sirvas una hamburguesa y me la vas a servir! 


Inmediatamente Iván agacha la cabeza y se dirige al ofis, donde está el congelador de la “comida” y el horno. 

  • No se la irás a poner -  le digo incrédulo tras ver la reacción del cliente. 

 Iván no me contesta y se va directo a encender el horno y mete una hamburguesa a pesar de sus manos temblorosas. Son diez minutos. Mientras yo sigo a lo mío en el ofis, entre tragos de cerveza voy limpiando vasos, cortando limones y preparando el pase de la noche. No pasan ni cinco minutos, que Iván vuelve y mira el horno. 

  • ¿Está la hamburguesa? - me pregunta

  • Todavía no, yo la controlo. Déjame que la saque yo. 

Sigo un poco con mis tareas hasta que suena la campanilla. Saco la hamburguesa y la veo abierta en el plato. Me pregunto ¿Qué le hago?. Mi primera idea es escupirle, pero eso es demasiado poco. Hay que ser justo, y un escupitajo se lo llevó la semana pasada una señora que me pidió que sonriera tres o cuatro veces en una hora, y al rato fue a quejarse a la recepción de que no sonreía. Supongo que el hecho de que el camarero esté pasando un mal día le jode las vacaciones a ella. Un moco se lo puse a un tipo que se me plantaba delante cuando iba con la bandeja cargada hasta los topes y casi me hace perder el equilibrio de esta varias veces. Hay que ser justo, éste hombre se merece más. Éste hombre merece el correctivo más severo de la historia. O al menos de mi historia.  Esta gente que viene aquí y creen que pueden hablarnos como si fuéramos sus esclavos merecen todo el peso de la justicia divina. ¡Ah, ya sé! Llamo a Iván para que lo vea todo. En cuanto asoma, cojo la hamburguesa con la mano y la restriego por el suelo negro de mierda del ofis. 

  • Nooo -  aparta la vista Iván

  • Espera espera - le digo

 Me quedo mirando la hamburguesa. El paseíto por el suelo pisoteado y lleno de líquidos derramados no me parece suficiente. Entonces se me enciende la bombilla. Veo el trozo de tela a cuadros azules y blancos. La bayeta. Esa misma bayeta con la que limpié todas las mesas de la terraza, incluidas las mierdas de pájaro. Bonus, tiene una punta tocando el líquido inmundo de la pica. La agarro con celeridad, y la exprimo encima de la hamburguesa. 


  • ¡Tío! ¿¡Y si enferma!? - exclama Iván nervioso

Me giro sonriente, le miro a los ojos fijamente y le respondo:

  • Eso sería el mayor éxito posible

  • Voy a hacer como que no he visto nada - acaba diciéndome Iván y abandona el Ofis tras lo que me parece ser una arcada. 

  • Si enferma siempre podemos decir que es de tajarse a muerte a diario -  le digo, aunque creo que ya no me escucha pues ha salido del ofis. 

Agarro el plato con la hamburguesa “aliñada”. Entrecomillo aliñada porque… Bueno, supongo que no hace falta que lo explique. Me planto en la mesa del cliente, sonrío como nunca, y le doy la hamburguesa con los botes de ketchup y mayonesa. Disimuladamente observo todo el proceso. Veo que le echa salsa en abundancia. Una ventaja, extra de disimulo para el aliño extra que le añadí yo. Está a punto de hacerse justicia. Actúo sin pedir nada a cambio y sin que nadie se entere. Soy Batman. Bueno, no, mejor no, que es un multimillonario asqueroso que en lugar de invertir su fortuna en proyectos sociales para bajar los índices de criminalidad de Gotham city se dedica a inventar batcacharros para apalear a los más desfavorecidos de la ciudad. Más bien soy Spiderman. Pobre y perdedor, pero con un gran sentido de la justicia. 


 Se zampa la hamburguesa como si no hubiera comido en días y cuando ha terminado me acerco a la mesa. De nuevo con mi mejor sonrisa y mi inglés formal le pregunto: 

  • ¿Estaba buena la hamburguesa? 

  • Si, muy buena -  me responde con una sonrisa socarrona al creer que le estoy tratando bien para que se le quite el enfado, pobre iluso. 


Fin de la historia. Estoy contento, una vez más se ha hecho justicia. Pero no me puedo despedir sin daros el consejo del día, como en las series de dibujos de los ochenta. Nunca tratéis mal a quien os va a dar de comer. Bueno, no seáis capullos y no tratéis mal a nadie, pero especialmente a quien os da de comer.



viernes, 30 de agosto de 2019

PONTE EL CINTURÓN


En la década de los cuarenta, el industrial norteamericano Preston Tucker, intentó revolucionar la industria del automóvil añadiendo el concepto de seguridad en los coches para usuarios y con ello el cinturón. Invento que heredaba de la industria de la aviación de guerra. Su empresa quebró, pero el concepto de seguridad perduró en la industria automovilística. Más adelante, en 1959, el sueco Nils Bohlin, ingeniero de volvo, retomó el concepto y se comercializó por fin el coche con cinturón de seguridad. Sin embargo, no es hasta 1985 el momento en el que se establece la obligatoriedad el uso del cinturón de seguridad en todos los conductores en el territorio español. Y gracias a esta serie de acontecimientos, estoy vivo. 

 Es verano, han caído cuatro gotas, y voy con unos cuantos kilómetros por hora demás. Soy imbécil. La traicionera película de barro que queda sobre la carretera me atrapa, el coche empieza a culear, se me va en la curva e intento corregir. Piso el freno, error. Doy un volantazo en la dirección opuesta, error. El coche sale disparado a más velocidad que la que llevaba antes de la frenada. O eso me parece a mí. Noto una sacudida, después siento que soy unos gallumbos en el interior de una lavadora durante el centrifugado, pierdo mis gafas y, finalmente, el coche se para.

 Respiro hondo. Compruebo que no me duele nada, y pienso que a lo mejor no ha sido para tanto. Iluso de mí. Salgo del coche y veo que le falta una rueda trasera, un par de cristales rotos, y las chapas dobladas. Se me ocurre intentar arrancarlo y lo único que obtengo es una humareda blanca que sale del motor. Lo apago y salgo rápidamente. Por suerte la humareda cesa en seguida. Aparecen dos personas, me preguntan si estoy bien, y luego si he tomado éxtasis. ¿Qué clase de pregunta es esa en esta situación? No lo he probado en mi vida. Me dicen que me he dado un buen golpe y se van. Como si necesitara que me lo digan. Luego aparece una señora, tiene pinta de alemana, y ella sí que se preocupa seriamente por mi. Va vestida de uniforme de algún hotel o rent a car, y me dice que ha escuchado el estruendo desde su casa mientras se preparaba para ir al trabajo. Le explico que estoy bien, pero que me siento desorientado porque no tengo las gafas y no veo una mierda. Me pregunta que si tengo muchas dioptrías y sin más palabras se va hacia su casa. 

En ese momento me siento un poco desamparado y no sé muy bien qué hacer, la incomodidad de no ver y los nervios no me dejan pensar con claridad. Por un minuto rompo en llanto y tengo pena por el coche, Seat Alhambra del 98, que había comprado hace apenas dos años a una amiga, al que tantas horas le había dedicado otro amigo para dejarlo impecable y con el que tenía buenos planes de viaje. Pero realmente el llanto es más por pensar lo cerca que he estado de la muerte, y lo imbécil que he sido. Si, le temo a la muerte, y mucho. Un poco después aparece un ibicenco simpático en moto y se para para preguntar: 
- ¿Qué ha pasado? 
-  He perdido el control - le digo 
- ¿Perdona? - me dice incrédulo bajándose de la moto - ¿Tú ibas en ese coche? 
-  Si - respondo.
 El chico me señala a mi con el dedo índice, y luego hace lo mismo con el coche, vuelve a señalarme con la mirada fija en aquello que señala, y de nuevo al coche. 
- ¿Tú has salido de ese coche ahora mismo? - dice sin salir de su asombro 
- Si - repito 
- ¡Caray! - exclama - ¡Dios te ama! - dice riendo como si se alegrara de estar en el lugar donde ha acontecido un milagro. 

 Puede ser. Siempre he pensado que un Dios omnisciente y omnipotente no necesita de la adoración, ni siquiera de la creencia en él, para que te ame. Un ser que necesita que le adoren y le muestren reconocimiento constante sin ser cuestionado para reafirmarse en su postura, es un ser inseguro y ególatra. Y la egolatría y la inseguridad son defectos de seres humanos, no de un dios. 

 Le explico al hombre lo de las gafas y se pone a ayudarme a buscarlas por el suelo, cosa que le hace ver los restos del accidente, así que va reconstruyendo los hechos. Tras salir de la carretera golpeo con la rueda de atrás contra un poste de teléfono. Una tirada de suerte hace que golpee en la rueda y no en otro lugar que podría haber dañado más al coche, y por lo tanto a mi mismo. El coche sale disparado dando una vuelta sobre sí mismo de como doscientos grados, otra tirada de suerte ha puesto gran cantidad de matas que deben frenar el movimiento al que está sometido mi vehículo, que acaba metido dentro de un torrente mirando en la dirección opuesta a la que conducía. La robustez y tamaño del coche evitan que me golpee la cabeza. El cinturón me ha salvado de no correr la misma suerte que mis gafas, que deben haber volado por la ventanilla abierta y no las conseguimos encontrar. Lo que sí encontramos es la rueda, con parte del eje, arrancada de cuajo de la estructura del coche. Está tirada unos cuantos metros más allá y el chico me ayuda a meterla en el maletero del coche. En ese momento reaparece la señora alemana con unas gafas que no son las mías. 
- Pruébatelas, a ver si te ayudan - me dice. Me las pongo y veo sorprendentemente bien. Al parecer la mujer es tan miope como yo. Puedo hasta leer el nombre de la chapa que lleva del uniforme. Suzanne. Tal vez sea inglesa. Le digo que cuando se las devuelvo, pero me dice que me las puedo quedar, que ella ya no las usa. Me deben ver mejor cara, y me dejan, con semblante tranquilo. Yo también estoy más tranquilo y llamo a la grúa por fin. 

Durante la espera reaparece la señora, ya en coche, dirección a un trabajo al que debe estar llegando tarde. Le doy las gracias por enésima vez. Entonces aparece el tonto de turno, que sin preguntarme ni como estoy, lo único que hace es pillar la matrícula de mi coche y pedirme el número informándome de que no tiene internet porque he roto algo en el poste y que eso lo tendrá que pagar mi seguro. Aparece una grúa, le hago señales con la mano para que pare, puesto que el coche dentro del torrente no se ve desde la carretera. El hombre, cuando se para, ve que no es mi coche al que le han mandado a recoger, y me dice que cien metros más adelante hay alguien en la misma situación que yo. Espero un buen rato más, y finalmente aparece la grúa de mi seguro. De ella bajan dos señores muy amables que sacan sin mucha dificultad el coche del torrente. Me informan de que eso no tiene arreglo y no vale la pena llevarlo al taller. Se lo llevan para desguace, y a mi me dejan en mi casa. Me entero después, de que ese día estuvieron hasta las dos de la madrugada recogiendo vehículos salidos de la carretera. Caen cuatro gotas y los conductores parecemos subnormales ineptos al volante. 

 Quitando el moretón en el brazo y en el estómago causados por el cinturón de seguridad, estoy ileso. Con la sensación de que he bailado un vals con la muerte, que está acechando en cada esquina y hoy ha decidido perdonarme para recordarme que ella está siempre presente. Mirando cada uno de nuestros movimientos. Y hoy le tengo más miedo a la muerte que ayer, pero digo yo que será normal cuando el miedo a la muerte es lo que nos mantiene vivos. Pero estoy ileso y tengo que dar gracias a Dios, Preston Tucker y Nils Bohlin.


martes, 4 de abril de 2017

La típica película de amor

 Esto es la típica película de amor en la que chico conoce a chica, chico se enamora, chica le ignora, chica se enamora, un mal entendido le hace pensar que está con otra y se dispone a coger un avión para ir a vivir a otro país, o a otro estado norteamericano, mientras, desolado, chico habla con amigo en común, el típico amigo gracioso, y le hace entender porque chica se va. Entonces chico corre, cruza la ciudad, y tras un par de escenas de tensión, se reúne con chica en la puerta de embarque justo a tiempo, ese lugar en el que en realidad no te dejan pasar en los aeropuertos si no tienes la tarjeta de embarque, y, o bien ella no se va, o bien él se va con ella. Así, sin reserva ni nada. Y viven juntos felices para siempre. Leído esto ya os podéis ahorrar ver la mayoría de las películas de amor de los noventa y principios de del dos mil. Ahora bien, éste es el argumento de las películas americanas, si la misma cosa sucediera en la vida real y en otro lugar geográfico, el asunto sería muy distinto.

Hasta el punto en que chica está a punto de coger el avión todo sería mas o menos igual. Solo que con un toque extra de dramatismo sobre actuado digno de los dramas asiáticos. Estamos en Bangkok. Cuando chico se entera de que chica en realidad le quiere y decide largarse a raíz de un malentendido, salta del sofá y echa a correr por las abarrotadas calles de la metrópolis. Esquiva carritos de comida, turistas borrachos que sostienen una cerveza Chang a las diez de la mañana y pesados conductores de tuk tuk, que bien sabe, como buen habitante de la cuidad, que utilizar sus servicios le haría perder más tiempo que ninguna otra cosa. Llega a un taxi, que se niega a poner el taxímetro y le pide una exagerada suma de dinero por el trayecto por lo que para al siguiente que baja la calle, el cual si accede a poner el taxímetro pero sin embargo escoge una ruta mas larga para el trayecto, a pesar de las palabras que chico ha pronunciado al entrar: “Al aeropuerto, lo más rápido que puedas”. Por si fuera poco, el taxista tiene que parar a los pocos metros debido al tráfico. Los coches apenas avanzan por la calle y en la acera ve como los peatones avanzan a más velocidad que él. La chica, por su parte, está a punto de embarcar en el avión que la llevará al otro lado del mundo a iniciar una nueva vida. Consciente de ello, el chico agota su paciencia y decide correr hasta la estación de metro. Exhausto, chico se desespera al ver la cola de gente esperando para comprar el tíquet, y colarse, con los seguratas que vigilan siempre junto a las puertas, no es una opción. Frustrado, se pone a la cola.

Mientras tanto, la chica embarca en el avión, y despega.


Ya en el interior del vagón, chico mira la hora y decide que ya no hay nada que hacer, así que baja del tren y se sube en el siguiente que le lleva de vuelta. El vuelo de su amada ha despegado. Un día, decidirán aclarar el malentendido hablando a través de mensajes de alguna aplicación del teléfono móvil con muchos emoticonos. Pero ella ya está en otro país y la vida sigue. Ambos vivirán sus vidas por separado, vidas normales y corrientes, con sus altos y sus bajos. Fin.

domingo, 18 de diciembre de 2016

MICRO RELATOS

TEMÁTICA: ROMÁNTICA 
RELATO: ELLA

Ella brillaba con fuerza y tú apagaste su luz. Ella se puso a tus pies, y en lugar de alzarla de la mano, la usaste de felpudo. Ella creía que podías cambiar, y te dio mil oportunidades que desaprovechaste. Pero ahora ya no está a tu lado, te arrastras buscando sus pies pero no los encuentras porque vuela alto, y doy gracias por volar junto a ella.


TEMÁTICA: LIBROS
RELATO: RUTINA

La vida se hace rutinaria. Cada día es la copia de una copia de una copia… No encuentro sentido al hecho de estar secando copas durante horas con el fin de sacarles brillo, y me importan una mierda las necesidades de los clientes. Malditos esnobs capaces de poner una queja por una mota de polvo en su copa. Llego a pensar que la vida apesta, pero entonces, abro un libro.


lunes, 14 de noviembre de 2016

CIRCULAR RAILWAY (YANGON, MYANMAR)


Inside any public transportation in the world you can see a pretty accurate portrait of the society where it belongs. A trip on the metro of any city in the world gives you a brush of how middle class, which means most of the people, of that city behaves and interacts with their siblings. In Yangon city, at the south of Myanmar, there is a very special example of it. A circular train makes laps from the very deepest heart of the city, place for young people’s hang outs, studies and businesses, to the countryside bordering the city, where the salary men and women carry all the collected grain and vegetables along the day.

  From my first step in the car of the train, I felt truly welcomed by all the passengers. They kept smiling at me and greeting, apparently curious for seeing such a tall man and with those strange clothes. I took my camera and I was a kind of fun for some of the Burmese people, no matter young or old, male or female, many of them offered themselves to be the protagonists of one of my pictures. When the train got full, some people woke up from their seats to offer them to me. They were kind like that, even the elder ones. I gently declined they offer, I thought they need it more than me, plus I was enjoying walking around the cars of the train. Sometimes, food from the homemade meals, either with noodles or rice, some people were eating was offered to me. I wonder why, maybe is because Myanmar opened their borders to the tourist recently and seeing foreigner visitors is exciting for locals, or maybe is just their nature, but Burmese people are extremely kind and friendly.




 I looked around and I saw kids, mothers, elder people, young fashionable students, Buddhist monks dressed in garnet, nuns in pink, and I see a girl with an extremely exotic beauty staring at me with her deep intense black eyes. After a few seconds staring each other, I ask her to be in one of my pictures. She assents with a shy smile and I still get seduced every time I look at the picture taken. The train makes many stops along the way, but there is one special stop because the loud noise of voices yelling heard coming from outside. It iwas the first stop in the limit of the city, a train station surrounded by corn and wheat fields. The scandal outside were the peasants rushing and organizing the way they had to carry all the foods collected along the day. Sacks full of different vegetables were thrown inside through the windows and then the field workers jumped in too. There was a big contrast between the people coming in now, with all the dust on their clothes and their big hats to get protection from the sun, and the young modern and fashionable students that came in the train at the stops nearby the University of Yangon. No doubt that was an interesting mosaic of faces.
 I’ve spent about three and half hours inside the train to make the whole lap. And every single minute was worth it thanks to the amazing inhabitants of Yangon.




domingo, 10 de julio de 2016

SOY UN ASESINO

  Me encuentro los dos cadáveres frente a mí. Uno más grande, otro más pequeño. Tal vez fueran madre e hijo. Los veo allí, estirados, inertes, con una mueca de dolor permanente en su cara a causa del rigor mortis. Imagino que, conscientes de que su vida llegaba a su fin, han intentado buscar desesperadamente un poco de consuelo en el contacto físico de un semejante. Pero no han llegado a tiempo. Han muerto a un mísero paso el uno del otro. El veneno que les dejé ha sido letal, y, con sus pulmones encharcados en sangre, no han vivido lo suficiente como para abrazarse una última vez. He segado sus vidas cruel y dolorosamente, sin piedad, solo porque me molestaban y no quiero compartir mi espacio con ellos. Pero no imaginé el dolor que me provocaría ver los cuerpos. Una lágrima intenta asomar, pero resisto. Imagino que no habría guerras si los que las crean tuvieran que ver su horror en primera persona.

  Voy a deshacerme de los cuerpos. Hago una señal de respeto que le pide a un Dios en el que no creo que las lleve con ellas, que acoja a mis víctimas en su seno y acepte a sus almas en su reino. No conozco otra manera de mostrar respeto a los muertos. Cavo un pequeño agujero con la azada y empujo a los dos roedores a su interior, tocándose, como hubieran querido morir y no pudieron.

lunes, 7 de marzo de 2016

COLONIZACIÓN 2.0

En el libro “Días Birmanos”, Flory, una clara representación de la persona real y autor del libro George Orwell, es un colono inglés destinado en Birmania que tras comparar a sus compatriotas con los locales, llega a odiar a los de su propia raza. Esnobs ingleses que explotan la pobreza de los que les rodean para vivir una vida llena de lujos, siervos y ginebra trabajando lo menos posible. Se pasan la mayor parte del tiempo en el exclusivo club Inglés donde los locales no tienen permitida la entrada a no ser que sean criados del lugar. 

 En el Instituto Francés de Phnom Penh, Cambodia, proyectan un documental sobre George Orwell y las similitudes que tiene la Birmania actual con su profético libro 1984 y que residuos quedan de aquella época colonial en la que vivió. Muestran como los colonos despreciaban a las personas locales tratándoles come poco más que animales, que eran solo útiles en caso de que pudieran ser siervos, prostitutas, en definitiva, esclavos. Cualquier birmano que no fuera siervo de un blanco, era considerado un enemigo. No había término medio. Me gusta que haya esta conciencia y se denuncien tales atrocidades. Demuestra que las personas hemos aprendido y la lucha por la igualdad social en el mundo va adelante. ¿O no?

 Decido ir a ver el documental, y como llego un poco antes y hace mucho calor, me siento a tomarme antes un té helado en la barra montada en la entrada del centro cultural. Me lo prepara una simpática y alegre camboyana. La única del lugar. Me siento como en una versión moderna de los clubs colonos en los que los locales solo servían para servir, solo que en lugar de leyes prohibitivas y policía, ahora hay otro método para retenerlos en la entrada. Unos precios abusivos que el camboyano medio jamás pagaría. La camboyana que sirve en la barra está contenta porque tiene un sueldo y unas condiciones y salario ligeramente por encima de la media Camboyana, unas condiciones que se considerarían ridículas en cualquier país europeo. Igual que los criados de los clubes retratados en la novela de George Orwell, que estaban contentos de servir a los blancos porque representaba alto estatus y ganaban algo más de dinero que trabajando en el campo o en cualquier otro trabajo que no requiriera una formación específica demasiado difícil y costosa. Así que las cosas tampoco han cambiado tanto. El sudeste asiático sigue estando lleno de blancos que explotan la pobreza local para enriquecerse o montar sus lugares de recreo. A lo largo y ancho de Tailandia, Camboya, e imagino que también Laos Indonesia etc… dr pueden ver locales en los que raramente entra un nativo del país si no es un empleado, en su lugar están disfrutando de sus cócteles con precios exagerados hombres y mujeres blancos, hablando de cosas de blancos, conversaciones en las que no tiene cabida un asiático. Colonización 2.0 de la mano de nuestro amigo capitalismo.



martes, 2 de febrero de 2016

PHA

Pha se mudó a Bangkok hace ya unos cuantos años porque su pueblo natal le ofrecía escasas oportunidades de crecimiento y desarrollo personal. La joven decidió estudiar bellas artes en la capital tailandesa y desde entonces vive allí ganándose la vida como puede. Cómo en cualquier ciudad del mundo, convertirse en un artista exitoso es muy difícil sin los contactos adecuados, y se extrema la dificultad sin un mecenas que quite de la cabeza la preocupación del artista de pagar el alquiler o llenar la nevera. Cuando esos mecenas son los padres, desaparecen cuando decides cambiar de ciudad.
  Pha se levanta todos los días a las 6 de la mañana para ir a trabajar, los lunes a las 4, porque en hora punta y después del fin de semana, el autobús de línea a menudo se queda atascado en el tráfico por un par de horas. Solo si tiene suerte, en una hora llega a su lugar de trabajo, hora que aprovecha para recuperar horas de sueño atrasadas. Allí tiene que lidiar con su estricto jefe japonés y con los estúpidos clientes, en su mayoría extranjeros debido al elevado precio de los cafés y la bollería. Su jefe parece que no se acostumbra al ritmo relajado de los tailandeses, y le exige una disciplina y un rendimiento extremo durante toda la jornada laboral. Los clientes le ponen de los nervios, especialmente los italianos cuando se empiezan a quejar de que el capuchino no se hace así, sino de otra manera. <<Aquí lo hacemos así y a la gente le gusta nuestro capuchino, si lo quiere como en Italia, quédese en Italia>> le contestó una vez a uno, hecho que le hizo ganarse una buena bronca de su jefe, aunque mereció la pena. A menudo se imagina a si misma ejecutando alguno de los golpes de tae kwon do, que aprendió de adolescente, sobre los clientes cansinos, o incluso sobre su jefe cuando le riñe por cualquier minucia. Pero solo fantasea con ello, pues no quisiera perder el trabajo. 
  Tras diez horas de trabajo se dirige de vuelta a casa. Pasa más de una hora dormitando en el lento autobús, por fin llega, saluda a su hermana con quien comparte alquiler, y sube a su habitación esquivando los escalones medio podridos por la carcoma de la escalera para evitar que se rompan y el casero les haga asumir el coste de la reparación.
 Su habitación es su santuario. Cientos de bocetos, lienzos a medio terminar, pinturas, lápices y pinceles habitan los suelos de su habitación. A pesar del cansancio no duda en ponerse manos a la obra, como cada día. Cada día tiene que trabajar un poquito, de lo contrario teme caer en la maldición de la rutina y olvidarse para siempre de su arte, que sería lo mismo que olvidarse para siempre de sí misma. Entra en trance, se olvida de la hora, del tambaleo de la casa que produce el tren al pasar a poca distancia, del ruido de los coches y de que mañana tiene que ir a trabajar. Es su momento y lo disfruta con total intensidad, como si pintar fuera lo único que importa en esta vida. Desarrolla un estilo de arte moderno basado en texturas y formas abstractas, ese tipo de piezas de arte que cuando las ves no te dicen nada, y a la vez te lo dicen todo. Hay noches en las que casi llega hasta el amanecer y se dirige el trabajo sin apenas dormir, pero bueno, el largo autobús le sirve para recuperar algo de energías.
  Los sábados a veces sale con sus amigos aprovechando que no trabaja en la cafetería y que “solo” trabaja unas cuatro horas dando clases de refuerzo a jóvenes que preparan sus pruebas de acceso a la universidad. Los domingos, después de su trabajo complementario, a veces queda con extranjeros, pues le gusta conocer acerca de otros lugares y culturas, y no conoce mejor manera de hacerlo, puesto que su presupuesto no le permite viajar mucho. 

  Un domingo cercano a Navidad, temporada alta de turismo en Tailandia, queda para tomar algo con dos amigos que viajan juntos por el Sureste asiático. Les enseña los garitos que ella conoce, apartados de la muchedumbre de turistas enloquecidos de Kao San Rd, y hablan de mil cosas. Comparte con ellos sus inquietudes artísticas, y se comprenden mutuamente. Sus dos nuevos amigos son fotógrafos a un paso de la profesionalidad, pero parece que llevan demasiado tiempo a ese paso de distancia como para que eso vaya a cambiar. Siente cierta envidia de ellos cuando se entera de que los dos trabajan de camareros como ella, pero en Europa, y a pesar de trabajar solo medio año, pueden permitirse viajar a otro continente por unos cuantos meses. Y no solo eso, sino que además los dos llevan unas cámaras de fotos carísimas, que ella no podría permitirse a no ser que ahorrara por un año. A ella le encanta viajar, sin embargo rara vez sale del sureste asiático, y ello ya le supone un gasto importante. Pero decide abandonar esos pensamientos de su cabeza y, a pesar de trabajar mañana por la mañana, disfruta de la compañía y vivencias de sus dos nuevos amigos hasta bien entrada la madrugada. Ya recuperará fuerzas en el autobús de camino al trabajo.

miércoles, 6 de enero de 2016

PROJECT MAYHEM REJECTED FILES I: The Flower of the Utmost Devastation

Reporting from Ibiza:
 Sir, the project in Cambodia is going well, so I took a flight to come back to what is defined as “my country” to see how the project is evolving here. From here, I would like to tell you the story of a very special and encouraged Space Monkey. She used to be a professional pleasure manager deluxe in Ibiza. What we usually know as a slut, bitch, whore, prostitute. She used to hang around all the VIP’s rooms in the most worldwide known discos, sharing expensive champagnes, mojitos or cocaine with rich magnates of petroleum, soccer players, stupid deejays or drug dealers. She used to think that, some day, she would be able to get that same unconcerned life style if she had kept attached to those successful menfolks and fucking them for money. But, at her late thirties, and looking the end of her physical beauty approaching her, she found out that she will never be nothing else than the flower to decorate the success of the rich men. A flower that soon would be withered and no man would want to have next to him. She didn’t save much money, she didn’t have experience in any other job, she only could live out of her beauty, and once it had ended she would had nothing, and that pissed her off.
 The first fight she had was against a client who used to abuse her. She almost killed him, and enjoyed the feeling of taking the reins of her life. Then she joined the club at the basement of a trendy beach club, and she gained my trust. She was an example of Angel of Change. She used her connections to seed the chaos in many massive party events where tons of high people waste their lives. And then she volunteered to be the first Flower of the Utmost Devastation.
  The mission was to get infiltrated into a luxury elitist boat party in which the attendants were mostly sheiks who ruled one of the main energetic sources, so a big part of the world, famous soccer stars, and other capitalists managers. She set up the soap made explosives inside the boat and detonate them causing a big explosion that blew up the whole boat. Many obstacles for the New, New World were executed that day, quickly, ruthlessly, without mercy but with compassion, like you ordered. They died enjoying one of the best parties ever. And that is the way how the space monkey became the Flower of the Utmost Devastation. In death, a member of project Mayhem has a name. Her name is Paula Martir, and I think she deserves to be noted in the book of the New, New World.
  Before executing the plan, Paula poured one bottle of three thousand bucks champagne trough the drain and introduced a very clear message inside instead, a message that the waves brought to the shore, much more valuable: Rize or die.

Space Monkey Bartu Juan, singing off.


 

domingo, 2 de agosto de 2015

CARA B

Ibiza, esa isla conocida por sus fiestas, sus playas y su diversión. Esa isla en la que los garitos presumen de conseguir cualquier cosa que desees, siempre y cuando puedas pagarlo, claro. Ese lugar de caras festivas, alegres, disfrutando de la vida nocturna a tope y relajándose durante el día en sus playas de agua cristalina. A ritmo de música electrónica en su cara A. Pero le damos la vuelta al disco y la música es bien distinta, porque toda esa fiesta y disfrute no se genera sola. En la cara B están los artífices, rostros cansados que salen de sus trabajos de madrugada y con dolor de piernas. Son los rostros que no saldrán en google cuando buscas Ibiza. A las dos de la madrugada los puedes ver en los barrios paseando a sus perros, todavía con sus uniformes de camareros, o limpiadores o pantalones a cuadros de haber salido de una cocina. Con las placas identificativas todavía colgadas de sus camisas. Placas en las que aparece su nombre y el de la empresa a la que entregan su juventud a cambio de un salario al mes. Estos son los rostros de la cara B, pálidos por no haber tenido tiempo ni energía para ir a la playa, a pesar de tenerla a diez minutos, serios, cansados de sonreír hipócritamente a sus clientes por exigencias del contrato. Rostros decepcionados que una vez soñaron ser futbolistas, estrellas de la música, o de la televisión, pero crecieron. Crecieron y soñaron en ser abogados, arquitectos, biólogos o escritores, pero maduraron. Maduraron y se ven atrapados en sus rutinarias jornadas que les absorben el tempo para perseguir sus sueños, y se encuentran con sus semejantes, hay complicidad, se abrazan, pasean al perro por las noches y tienen su pequeña recompensa.  

domingo, 31 de mayo de 2015

MIDSUMMER TALE

summer, and summer, as every year, is time to come back home. A sweet and sour feeling is with me when I first step on my island every year. My little town, the place where I grew up, looks quite the same for the last twenty years. The old friends have the same old habits. They go to the same old bar. They have the same old jobs, and the same girlfriends. However, I see everything different. There is a new feeling about every single people, about every single place. They are the same, but the feeling perceived is different. The change is inside me, and it is irreversible.

 After some days of peace, getting adapted to the new time zone, I have to start the worst of the modern day mind engagement. I have to return back to my seasonal stupid work as a waiter of a hotel. As every summer, the season starts on June, and I start working, cancelling any chance of exploring my inner self in order to get spiritual peace. Call it mental peace or sanity if you want. There, I let the days pass by fast while I serve rivers of draught beer and vodkas that flow through my hands and leads into the thirsty mouths of the inebriate tourists mostly coming from the United Kingdom. It looks like a never ending story, every day the same. It is kind of funny how most of the people tells me how lucky I am to live here. They always tell me that I must go to the beach a lot; they always think that I must party hard every day in those clubs full of chicks, drugs and deejays. And they always say that I must fuck a lot, when I say I am from Ibiza. Nothing is further from the truth. Often, I go to the beach a couple of times along the whole summer. I don’t go to the big clubs unless I get paid for doing some job in there. And about sex… let’s say that I’m too busy for that while I’m working. My perspective of this internationally known as “the party island” is completely different. For me is the work place. Never happens something exciting to me when I’m there. Summers are just for work, that disgusting operation that has to be done to extirpate the tumor of poverty that grows on my bank account along every winter tripping around Asia. Every day here is like the copy of the previous day, sometimes hotter.

  This summer -I wander why- I have started being more talkative with the clients of the hotel. I used to be the least speaker waiter of the world. I used to just speak the minimum amount of words needed to execute my task. But I’m acting different towards the people this year. Something had change, and isn’t about them, but me. Having some conversation with the people makes my days lighter, and gives me the impression that the summer is going to finish earlier so I can take off sooner. I speak with John, the family guy, about the profitable business he has in Scotland. I speak with Jane, the aged lady, about the book she is reading. I speak with most of the people about how they are enjoying their holidays or some other trivial conversation that I don’t really give a fuck about. But is entertaining to listen, as a bad song playing on the radio, it makes the time smoother. Until I speak with Jean or she speaks to me; to be more accurate. She was with her friends, giving the last farewell to the single life of one of them, and getting drunk, of course. She is an interesting person, looks nice. And she has a perspective of the world that I like. She has something more in her head than bullshit deejays and parties. And she works on the world of cinema, one of my many frustrated vocations. She is the one of her friends coming to the bar to buy all the shots. The conversation flows a little bit every time. I can feel like every shot she drinks, she is a step closer into my mind. The first shot she tells me how long they will be partying in Ibiza, the second shot she tells me about her work, the third shot she tells me about the kind of movies she likes, after the seventh shot she tells me how interesting she thinks I am. I notice she likes me, not because I’m good at that, but because she is giving me indications with lighting arrows. She can’t help herself and tells me to go with her behind the bar because she wants to tell me one thing. I have to say that she is drunk as fuck. She asks me to go with them to the party somewhere where I’m not interested to go at all, and I am to sober to go, so I kindly refuse her invitation. Instead I offer a meeting the following day, the both of us, after my work. She accepts giving me a long kiss on my lips as a sign of the deal. That escalated quickly. I have to interrupt her kiss in order to be able to continue working. I’m sure some client could see that, and it could result as problems for me.

  The next day I buy a bottle of red wine and I go to work. I am nervous, I’ve never done that before. Never with a client, never with a so unknown girl. When I see her, I ask if she still remembers that we have a date. That drunk she was, that I wouldn’t be surprised if she says that she doesn’t remember, or that she changed her mind. But she says yes, with a much shier smile on her face. After work I go to have a quick shower and I pick her up, who is waiting at the bar. It is a little embarrassing for me the fact that all my coworkers see me with her. Is the first time I have date with a client.
  I drive my car to a remote beach where we drink the wine together, we talk, we laugh, we kiss and then we have sex with the waves of the sea as a background soundtrack. We enjoy a good time together, and suddenly my work is not so a bad thing. At the second round she says she feels sour at her legs, she is having a hard time to keep them opened for so long, so we have to change position. No one said something like that to me before. I realize that flexibility on women is an important skill for sex. It feels good to have a special night like that. We have some nice time together, and I drive her back to the hotel with the first lights of dawn.

  The day of her departure we say good bye with a big hug. We exchange our emails. I would like to keep in touch, maybe have a new friend. But probably she thought something else, because she never answered back my emails. After some time had passed, I thought that she might had a boyfriend back home, and I was the crazy night in Ibiza. Quite sad, but anyway I feel thankful for that special day which made my summer less charging. 

viernes, 24 de abril de 2015

Airports' things

It happened more than one year ago, I don’t know why, but, it came to my mind recently. I was in Prague’s airport ready to go to Japan and I saw a girl that was also waiting that plane that never took off the day before. It was more than one year ago, but today it popped up into my mind like a yesterdays’ fresh memory.
 I sat in front of the girl and I started talking to her. She was very nice. A Finnish girl, maybe Swedish, I don’t remember, who was going to Japan for work, performing in a circus. I was very surprised, such a young girl. She was twenty-two years old and was going to travel to the most far East to work, with all the visa stuff arranged and a work contract with her. She explained all those things without losing the brightening smile on her face. Not even a second.
 The boarding time arrived and I rushed towards the door to make sure that, that time, it would be possible to take the flight. It was my second try, as I explained back in that day in this blog. Meanwhile she went to the toilet, so many people stood up between us. Every time I looked back and our eyes coincided, she dedicated a cute wink of an eye with here gorgeous smile always turned on. That was one year ago, but, even though I don’t remember her name, I remember her face as if that had happened last night. When she passed across me in the alley of the flight winked an eye and smile. When I went to the plane’s toilet and I saw her, sitting in her seat, winked an eye and smiled. The same some more times.
 Once we landed in Moscow, where our flight had to make scale, she approached me with more winks and smiles, and asked to me:
-          Can we go together to the terminal C? – Which was the terminal where our flight to Tokyo took off from.
 I noticed her a little bit overwhelmed of being alone in such an unknown place and, as I told to her earlier, I had traveled quite a lot before, so she might had thought that I could be helpful. We were walking together, chatting, and I thought about sex. It’s told that the men have an average of eight to ten sexual fantasies a day. I had all of them along the twenty minutes we were walking together. Then, suddenly, she started looking continuously at her phone.
-          I have to meet my friend over here – She said.
I was wandering if her friend was going to be a boy or a girl, until we saw him. There he was, behind the glass of the smokers lounge. And then she told me that she was going to smoke a cigarette too, before continuing the walk until the terminal. And then she went inside the smoker’s lounge and I saw through the glass how she kissed her friend on his lips.
-          Ok - I thought. - I confused her sympathy with something else – I told myself. And I kept walking on my own until the waiting room of the terminal.

 After a while, they appeared, happily speaking to each other. She looked at me, but didn’t wink. They sat in a seat a couple of files ahead of mine. After a boring span time, I decided to wake up and speak to them. He was nice, but she wasn’t. She was trying to get his attention speaking in their language and avoiding talking to me. I got it. She didn’t need me anymore, so she didn’t want to know anything more about me. She used me as a free guide trough the unknown airport and then discarded me as an old useless toy. Suddenly I felt very uncomfortable, but luckily my stomach started hurting and I had to go to the toilet to drop a big shit. As I do in almost all the airports I step on. And I had only seen them once again, while we were waiting for our luggage, but I didn’t bother to say them good bye before I left. 

domingo, 29 de marzo de 2015

SEN

Voy a hablaros de Sen. Una niña de doce años, huérfana, que vive en el orfanato “Sok”, en Siem Reap. Una niña que me sorprendió desde el primer día. Con perfecto inglés me preguntó mi nombre y de dónde soy. Al decirle que era de España, me dijo un par de frases en español, las típicas “¿como estás?” “me llamo Sen”. Después de comer arroz con piña y cebolla, el menú que nos ofrecían en el orfanato, me hizo sentarme en la mesa y apareció con un cuaderno en el que ya tenía algunas frases apuntadas en español, y empezó a preguntarme como se dicen en español cosas como animales, números, frases de uso cotidiano, etc… Cada nueva palabra aprendida era apuntada en inglés, español, y luego con la correcta pronunciación en el alfabeto de la lengua Khmer. Después la leía para asegurarse de que la pronunciación era correcta. La niña aprovechaba todos los voluntarios de diferentes nacionalidades, cada vez que aparecía un voluntario de un país concreto, le preguntaba cosas en su propio idioma, y así aprendía. Me sorprendió mucho cuando me dijo que sabía 7 idiomas. Por supuesto no los sabía a la perfección, pero había adquirido, a sus doce años, conocimientos de chino, japonés, español, italiano y francés. Tenía un nivel de inglés bastante alto, además de, por supuesto, hablar su lengua. Esos son sus conocimientos adquiridos fuera de la escuela oficial, a la que puede acudir gracias a la organización de Mr Sok, el hombre que abrió el orfanato tras haber crecido como huérfano en la localidad. Sen, además de aprender, a sus doce años ya ejerce como profesora de inglés de los niños más pequeños del orfanato. Puesto que en el colegio en Camboya el inglés es una asignatura secundaria que se imparte pocas horas, y en la localidad de Siem Reap la economía se basa prácticamente en el turismo, el que adquiera extra conocimiento de inglés tiene muchas más oportunidades de ganarse la vida. Por lo tanto, a su tierna edad, no creo que sea consciente de la oportunidad que está brindando a unos niños cuyo aprendizaje sería muy difícil de lograr, dados sus escasos medios, si no fuera por la dedicación que Sen dedica a enseñarles.


 Me acuerdo de mí a los doce años. Me debatía entre la Playstation y los GiJoe. Aunque a veces dibujaba, no quería ni oír hablar del colegio, y detestaba estudiar. Los deberes me parecían un castigo e iba a la escuela porque era una obligación. Un castigo. Tampoco quiero caer en la reflexión tópica de que qué malcriados somos en Europa porque lo tenemos todo y sin embargo cuánto aprecian la educación los que tienen difícil acceso a ella. Que sí, seguro es parte de la culpa, también pienso en cómo un sistema consigue hacer que aborrezcamos algo que en principio debería ser emocionante como es la adquisición de conocimiento. Tal vez demasiada presión sobre los niños para que saquen buenas notas, tal un exceso de horas cuando la atención de un niño es limitada, tal vez el hecho de que falten elecciones personalizadas para la diversidad característica de la mayoría de clases en las escuelas de hoy día, también ayuden a aniquilar la motivación de aprendizaje. Así, los niños con difícil acceso a la educación, cuando la tienen la aprovechan al máximo y exprimen las horas todo lo que pueden, sin embargo los que poseemos una educación obligatoria nos pasamos una media de 6 horas diarias en el colegio más actividades extra escolares, deseando que acabe ese tiempo para podernos ir a jugar. Tal vez deberíamos dejar que cada niño evolucione un poco más naturalmente y que dedique más o menos horas al estudio dependiendo de su capacidad de concentración para que el estudio no sea percibido por los niños como una imposición de los adultos contra la cual rebelarse. Tal vez no.

sábado, 24 de enero de 2015

PERSIGUIENDO UN SUEÑO


  Johnny era un joven de familia campesina al que siempre le había sabido a poco la vida en el campo. Acabada la educación básica, dejó de estudiar, a pesar de sus buenas notas, porque le suponía un reto económico demasiado grande. Así que se dedicaba a ayudar a sus padres en la granja familiar. Cuando anochecía y podía descansar, se dedicaba a escribir. Afición que se le había despertado en la adolescencia. Desde hacía años, a través de Internet, seguía los pasos de su escritor favorito: Mark Farahniuk. Gracias a la web conocía todo sobre este hombre. En los foros y en las redes sociales, a menudo, el escritor se dedicaba a responder preguntas a sus fans. En twitter, el escritor tecleaba “abajo el sistema”. Tecleaba “el consumismo nos mantiene esclavos”. Escribía “la sociedad del consumo es la decadencia de la humanidad”. Y los ‘favs’ y los ‘rt’ se disparaban. Escribía “Me gusta desayunar en starbucks coffe”. Escribía “mirad el nuevo diseño de la camiseta de mi libro” junto a una foto de una chica luciéndola. Y los números de su cuenta corriente se disparaban.
  Johnny, como buen fan, cogía su libreta, se ponía la camiseta del último libro publicado por Mark Farahniuk y se iba al starbucks a tomar un café mientras trabajaba en la que tenía que ser la novela que le situara en el escenario literario. Su historia iba de alguien que creaba una organización para cambiar el mundo y esta se ponía en su contra. Un argumento ya utilizado con anterioridad por su escritor favorito precisamente, pero al que creía poder darle una vuelta de tuerca que lo hiciera interesante. Llevaba ya más de un año trabajando en ella, y no iba a abandonarla.” Era una idea cojonuda”, se decía a sí mismo.
  Un día, mientras se tomaba una cerveza de la marca que promocionaba el escritor, Johnny vio una noticia que le alegró el día. Su escritor iba a dar una conferencia para promocionar su nueva novela en una ciudad cercana.  Solo cobraba treinta dólares por entrar. Un precio razonable por ver y escuchar a su inspiración máxima en persona. Tal vez, con un poco de suerte, pudiera hasta hablar con él.
  Llegó el gran día. Le dijo a su padre que ese día no iba a poder ayudar en la granja. Cogió el autobús y se fue a la ciudad a ver a su ídolo. Llevaba toda la equipación. La camiseta de la novela, los vaqueros de la marca que el autor afirmaba que eran de muy buena calidad, el perfume de nombre seductor que aseguraba utilizar, y una copia del borrador de su novela, que si tenía la oportunidad, le haría llegar a su querido ídolo. Nada le haría más feliz que el hecho de que su adorado leyera su novela. Pasó por taquilla, pagó la entrada y se sentó. La sala estaba abarrotada de gente con camisetas con las portadas de los libros de Mark Farahniuk, el olor a perfume invadía la sala y abundaban las gafas de pasta negras, como las del autor. Johnny vio a gente que incluso llevaba gafas sin cristal, solo para emular a su idolatrado escritor, y pensó que él haría lo mismo, ya que no tenía problema de visión alguno. Los asistentes, mientras esperaban a que el maestro de ceremonias apareciera, tarde, intercambiaban opiniones sobre los libros del autor, sobre la moda que vestía, sobre lo que comía, sobre la cerveza que bebía y sobre lo de acuerdo que estaban con su opinión acerca del último bombazo informativo de actualidad. Algunos estaban 90% de acuerdo con él, otros 110%.
  Finalmente, media hora más tarde de lo previsto, el afamado escritor hizo presencia. Habló sobre la novela que tanto tiempo le había llevado escribir, lo que había querido retratar en ella y un sinfín de cosas más mientras los fanáticos, todos ateos porque esa era la postura de su ídolo, divinificaban al escritor admirando absolutamente cualquier cosa que dijera o hiciera. Por absurda que fuera. Farahniuk concluyó su habladuría invitando a los asistentes a comprarle el libro allí mismo, puesto que tendrían un pequeño descuento, mucho más pequeño que el precio de la entrada, una vez finalizada la ronda de preguntas.
  Durante la ronda de preguntas, Johnny se pasó todo el rato con la mano levantada. Había tantas preguntas que quería hacerle que no sabía cuál escogería. Pero veía cómo iba pasando el tiempo y el escritor iba señalando y contestando a otras personas. Mayoritariamente a chicas de buen ver. Johnny se enfadaba un poco cada vez que no le preguntaba a él. No podía ser, él era su mejor fan, y le estaba ignorando por completo. Se acabó el tiempo y el chico no pudo intercambiar ni una palabra con su ídolo. Pero le quedaba una esperanza. La firma de libros. Tras pagar veinte dólares por el libro, con el descuento, se puso en la larga cola para que le firmara su ejemplar. Esperó una hora y el autor dijo que se había acabado el tiempo de firmas cuando todavía quedaban tres o cuatros personas antes que él. Pero Johnny no se iba a dar por vencido. Cuando el autor desapareció por detrás del escenario en el que había dado su charla, Johnny burló la seguridad y fue tras él.
-          ¡Ey, Mark, Mark! – Llamó su atención el joven.
-          ¿Pero qué coño…? – dijo el autor dándose la vuelta.
-          Hola, me llamo Johnny, soy tu fan número uno. Tengo todos tus libros, y cuando sale la edición especial un par de meses después de su lanzamiento, me la compro también. Y, bueno, creo que merezco un poco de tu atención.
-          Por favor, déjame tranquilo, el tiempo de la conferencia ya se ha alargado más de lo previsto.
-          Ya, pero de verdad, quería, necesitaba darte esto – dijo Johnny extendiendo sus brazos sujetando el borrador de su novela.
-          ¿Y yo para qué lo quiero? No soy editor – replicó el escritor.
-          Ya, pero te admiro mucho. Solo el hecho de que leyeras mi primera novela sería un gran honor para mí, y si pudieras darme tu opinión, me harías el hombre más feliz del mundo.
-          Paso, no tengo tiempo – contestó el afamado escritor dándose la vuelta.
-          Por favor Mark – dijo el chico arrodillándose – te lo suplico.
Sorprendido, el escritor se dio la vuelta y se acercó a su fan.
-          Levántate – le dijo
  Y al ver que el chico no reaccionaba ¡slap! le dio una bofetada en la cara que casi lo tumba a la vez que los folios de su borrador se saltaron por los aires desperdigándose por toda la sala. Hecho que sucedió a cámara lenta, en plan dramático.
-          ¡Eres un hombre patético! – le gritó el escritor - ¡Los hombres jamás se arrodillan ante otros hombres!... Si divinizas a un semejante, siempre serás un inferior. Vete de aquí, no quiero volver a verte.

Johnny salió de allí derrotado. Se fue en dirección a la parada de autobús para ir a su casa. No podía parar de llorar. Por el camino, tiró su borrador a la basura. Había dejado de admirar a su autor favorito, precisamente, la única vez que éste había hecho algo por él. Su próximo relato sería algo totalmente distinto, alejado de la influencia de Mark Farahniuk. 

jueves, 25 de diciembre de 2014

MIRADAS

Es hora punta en la ajetreada ciudad de Krung Tep, más conocida como Bangkok. El tráfico apenas avanza y el semáforo se pone en rojo. Mientras camino por la acera, a lo lejos, diviso a una preciosa chica asomando por la ventanilla trasera de un autobús. Sus ojos se dirigen hacia mí, y yo no puedo evitar mantener mi mirada clavada en la suya. Me pierdo en sus pupilas como en una ciudad desconocida, anhelando descubrir todo aquello que esos ojos rasgados han visto, y yo no. Sigo mirando mientras camino, no sé por cuánto rato, ¿veinte segundos? ¿treinta?. Puede parecer poco tiempo, pero es bastante aguantando la mirada con una desconocida. Cuando ya considero que se puede sentir molesta, o acosada, decido mirar al frente. Pero cuando estoy a punto de sobrepasarla, no puedo evitarlo y la vuelvo a mirar, y ella me está mirando todavía, y sonríe, y sonrío, y esa sonrisa nos la llevamos a nuestras casas.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La cotidiana tragedia

Está a punto de anochecer, y Guria echa de menos a su pequeña de once años en casa. “Se habrá entretenido jugando por el camino” piensa inocente mientras prepara la cena para toda la familia.
 La pobre niña, sin embargo, se encuentra arrastrada por los mugrientos suelos de alguna de las polvorientas calles de Forbesganj, Bihar. El estado más pobre y conflictivo de toda India. La pequeña, que no es consciente todavía de lo que es el placer sexual, no entiende nada. No comprende porque le pasa esto a ella y llora sin tener ni idea del motivo por el cual la retienen. A rastras, se la llevan hasta un lugar donde no pasa nadie, bastante apartado de las bulliciosas calles del pueblo. El hombre, o tal vez los hombres, una vez alejado de la mirada de los viandantes, se abalanza sobre ella. Si esto fuera una película americana, ahora aparecería el héroe de turno y la salvaría sin que la niña sufriera más daño que algún rasguño. Si fuera cine francés, tal vez la violaran y apareciera entonces el salvador y le reventara la cabeza al agresor con un extintor. Pero esto no es ficción, es la cruda realidad sucedida entre el 13 y el 15 de septiembre de 2014. El hombre, y lo llamaré hombre porque llamarlo bestia deshonra a todo lo que consideramos bestias en el mundo animal, desahoga todos sus impulsos sexuales con la pequeña. Eyacula en su interior desgarrando sus entrañas y le golpea hasta la muerte para acallar sus llantos. No se sabe con exactitud el orden en el que hizo dichas acciones. Cuando se siente aliviado, se sube los pantalones y vuelve al centro del pueblo a seguir con su vida. Algo que jamás comprenderé. No entiendo que sea de mi misma especie alguien capaz de cometer tal atrocidad. Puedo entender un asesinato por venganza, puedo entender al sádico torero que se cree superior a la víctima que tortura, puedo entender al empresario que empuja a trabajar hasta la muerte a sus empleados en fábricas, pues limpiara su conciencia delegando las responsabilidades en otros. Lo que no me entra en la cabeza es que alguien pueda torturar hasta la muerte a una pequeña inocente al azar, con el único propósito de satisfacer su necesidad sexual, y seguir tranquilamente con su vida al día siguiente, saludando a sus vecinos con una sonrisa. Lo peor de todo es que no es un caso aislado. Casos parecidos se suceden continuamente a lo largo y ancho del globo. Es la tragedia cotidiana de la que se ven víctimas miles de mujeres y niñas.  

  Dos días después aparece el cadáver con claras evidencias de maltrato y violación. Guria llora desconsolada su pérdida. La niña no se merecía esto. Nadie se merece esto. Si esto fuera un thriller sueco, la policía desplegaría todos sus medios para investigar el hecho y atrapar al culpable para hacerle pagar. Pero esto es la cruda realidad del Estado más miserable de India. El jefe de proyecto de la ONG en la que trabaja Guria está discutiendo con la policía. Los agentes le piden dinero para proceder a realizar la autopsia a la muchacha para poder seguir la investigación. Indignado, el hombre les pide que respeten la ley y procedan a investigar el asesinato. La corrupción en este país es una práctica habitual. Especialmente entre los agentes de seguridad del estado. La lucha continuará, y los miembros de la ONG en la que trabaja la desafortunada mujer presionarán para que se lleve a cabo la investigación mientras se preguntan en que parte del plan de Dios estaba el sufrimiento y muerte de la pobre niña. Pero no forma parte de ningún plan. Si hubiera un Dios ahí fuera que velara por las personas, jamás permitiría esto. Tampoco podemos hablar de Karma, pues ¿Qué daño podría haberle hecho al mundo una niña de once años? Esto solo tiene una explicación: La miseria moral a la que puede llegar el ser humano.