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domingo, 26 de enero de 2014

PREVIEW: Crónica de una acción desesperada //Inicio provisional//

Me despierto de nuevo en el sofá. La tele está encendida. No sé qué hora es, pero tampoco me importa demasiado, desde que desistí de buscar empleo después de casi un año intentándolo con todo mi empeño. Me levanto del sofá, tropiezo con la botella de cerveza vacía que me bebí anoche. O tal vez es de la noche anterior. Por suerte no se rompe. Voy al baño y, tras una larga e intensa micción, observo mi rostro en el espejo. Debe hacer cuatro o cinco días que no me ducho, más que no me peino, y por lo menos un mes que no me afeito. He dejado mis amistades de lado. Me dedico a dejar pasar los días como si por arte de magia todo fuera a cambiar de repente. Tal vez la revolución estalle de verdad y de un día para otro se redistribuya la riqueza del país, de manera que la falta de trabajo no sea un impedimento para una vida digna. Aunque ya hace meses que no se habla de la supuesta “spanish revolution”. Eso ya se acabó. De vez en cuando reviso mi correo. Esperando encontrar algo allí que cambie mi vida. Una oferta de trabajo en algún periódico o revista, una proposición de publicación de mi novela… pero nada. Obviamente, si no lo conseguí mientras lo intentaba con ímpetu, no va a sucederme ahora de manera milagrosa.
  Me dispongo a prepararme el desayuno. La nevera está bastante vacía. Solo hay unos pocos huevos, una cebolla y un par de cervezas. Cojo un par de huevos y los pongo a freír. Mientras caliento agua para hacerme un té. De esos de sesenta céntimos la caja de veinte bolsitas. Me gusta empezar el día hidratándome, que llegada cierta hora, solo me deshidrato. Alguien golpea la puerta. Sé quiénes son. A parte de ser los únicos que se acercan a mi casa últimamente, son los únicos que jamás utilizan el timbre para llamar. No sé si no lo han visto, o se lo impide alguna de sus creencias raras. Acerco el ojo a la mirilla y, efectivamente, ahí están los dos hombres de edad avanzada que ya han intentado venir varias veces. Van bastante elegantemente vestidos, y sujetan entre sus brazos varios libros y panfletos religiosos. Veo como uno de ellos, el que parece ser más viejo de los dos, levanta el brazo para volver a golpear la puerta, pero abro antes de que pueda hacerlo.
-        ¿Tiene unos minutos para hablar de Dios? Me preguntan al unísono, a coro, como si lo hubieran ensayado.
-        Claro, adelante. – Es la primera vez que hablo con ellos, normalmente, como todo el mundo, fingía no estar en casa hasta que se cansaban de aporrear la puerta.
-        Nos complace encontrarte en casa, – me dice el más viejo – a menudo habíamos pasado por aquí y nunca nadie había respondido a nuestra llamada.
-        Antes trabajaba… - aunque ya hace tiempo que llevo controlando sus movimientos alrededor de mi puerta. Una o dos veces por semana vienen, golpean la robusta madera de mi puerta. Tres golpes cada dos minutos, y a los diez minutos sin respuesta, se van – justo iba a desayunar, siéntense. ¿Quieren un poco de té? – Los dos niegan la oferta.
-        Así que… ¿Ha perdido su trabajo? – me pregunta otra vez el más viejo, que es claramente el líder de los dos.
Asiento con la cabeza mientras mastico un trozo de pan con un poco de huevo, con la yema todavía chorreante.
-        Porque yo quería comentarte una cosa – sigue hablando el viejo – con todo esto que está pasando, la crisis, los desahucios, todo este asunto de Corea, las guerras de oriente medio que empeoran, los tsunamis y terremotos que han ocurrido últimamente en Asia… - hace una pausa, reflexivo - ¿no te da la sensación de que algo grande tiene que pasar?
-        Tal vez – Le digo mientras sigo comiendo.
-        Pues hay una manera de no preocuparse, -  me contesta como si le hubiera dicho un rotundo y desesperado si – te explico cual es. Nosotros hemos encontrado un gran alivio. Hemos hallado todas las respuestas en un libro. Un libro maravilloso que es éste de aquí -  me dice acariciando una pequeña biblia que tiene entre las manos – pues nosotros, los testigos de Jehovah nos dedicamos a estudiar la palabra de Dios directamente tal y como él la ordeno escribir a sus discípulos. Sin intermediarios ni falsos líderes espirituales que predican la palabra de Dios desde un trono. Nosotros vamos directamente a la fuente del saber, la Biblia, - se le llena la boca al pronunciar la palabra biblia – que escribieron los apóstoles, a dictado de Cristo. Y como ésta fuente de sabiduría infinita dice: - Le hace un gesto a su compañero.
-        Como dice el libro de Mateo… – y empieza a leer el de las barbas, que parece un poco más joven – “Ustedes van a oír de guerras e informes de guerras; vean que no se aterroricen. Porque estas cosas tienen que suceder, más todavía no es el fin. Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá escaseces de alimento y terremotos en un lugar tras otro. Todas estas cosas son principio de dolores de angustia.” – Y me mira sonriente, orgulloso de su lectura.
-        ¿No te parece – vuelve a hablar el viejo con su voz pausada – que todo eso que dice la biblia que va a suceder, pueda ser una metáfora de lo que está sucediendo ahora?
-        ¿Tú crees? – Le pregunto yo mientras me limpio con una servilleta un poco de jugo de huevo que se derrama de mis labios.
-        Yo estoy convencido – me contesta. – El apocalipsis es inminente. Pero no hay que tenerle miedo, al contrario, va a ser una bendición para los hombres de Dios. Nosotros ya somos un poco viejos y tal vez no lo veamos, pero estoy seguro que tú sí. En treinta o cuarenta años sucederá, no creo que la tierra aguante mucho más este ritmo. Y entonces, como dice la Biblia, Jesús bajará de los cielos y acabará con los pecadores y devolverá a la vida a los buenos hombres que yacen bajo tierra. Nosotros nos reunimos todos los domingos, no lejos de aquí está nuestra iglesia, y nos alegramos de tener a invitados interesados en la salvación. ¿Qué te parece, te gustaría acompañarnos este domingo?
-        Verán – le respondo mientras sigo comiendo – yo quiero ser un hombre de Dios y ser salvado cuando llegue el momento, pero hay algo que me perturba de todo este asunto. Según la biblia hay que tener fe, y los que tengan fe serán salvados y los que no destruidos. ¿Cierto?
-        Cierto. – Me contesta, como siempre, el más viejo.
-        Entonces, me pregunto yo, ¿Qué pasa con esos pueblos de esquimales que viven ajenos a todo esto de la palabra de Dios, la biblia, o cualquier otra creencia, sin embargo nunca han hecho daño a nadie. No son malas personas, ¿verdad?
-        No, claro que no.
-        Sin embargo no tienen fe, entonces, ¿irán ellos al infierno?
-        Bueno, en esos casos, el profeta, cuando descienda de los cielos, sabrá juzgar correctamente. – Me dice tras unos segundos de reflexión.
-        Entonces, ustedes hacen lo que dice la biblia, ¿literalmente?
-        Si, esa es nuestra salvación. – Me responde convencido.
-        Verán – les digo yo – es que hay unos versos de la biblia que me tienen a mí un poco preocupado, es lo que dice levítico, en el versículo 18:22, creo. ¿Lo puede mirar?
-        Si, lo busco – dice ahora el más joven de los dos mientras pasa páginas y más páginas de su libro. – “No te echarás con varón como con mujer; es abominación.” – Pone cara un poco como sorprendido, diría que es la primera vez que lo lee.
-        Entonces, ¿es malo ser homosexual? – Pregunto casi fingiendo preocupación.
-        Pues sí – me dice sonriente el viejo – lo dice claramente, es una abominación a los ojos de Dios.
-        ¿Y qué solución me dan? ¿Voy a ir al infierno, a pesar de ser una persona que no hace daño a nadie, y ayuda a los demás en lo que puede, solo porque practico sexo con otros hombres?
-        Verás joven… - mide las palabras que va a decir el viejo del pelo blanco y la coronilla al viento – …te voy a decir una cosa, - se quita las gafas y me mira como si fuera a ofrecerme una solución milagrosa – yo antes fumaba, pero ahora ya no.
Se forma un silencio de unos segundos, solo interrumpido por el sonido del tren que pasa a escasos metros de mi casa. Ambos esperan mi respuesta con sus ojos clavados en mí, sin borrar su sonrisa en ningún momento. Supongo que creen que recibirán unas gracias por tal iluminación. Como si una condición sexual fuera como un mal vicio que hay que dejar. En lugar de eso, les pregunto:
-        ¿Ustedes comen marisco?  - ambos asienten con la cabeza – Pues yo no. – Les digo – entonces estamos igual de expuestos al castigo de Dios, porque como levítico también dice en el 11:9 y 11:10  “Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis. Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación.” Por lo tanto, yo no como marisco, pero practico sexo con otros hombres, sin embargo ustedes comen marisco pero no practican sexo con otros hombres. Nos hace igual de pecadores y dignos de ser castigados por Dios. ¿Estoy en lo cierto?
  Se forma otro largo silencio. No saben que responderme. Los circuitos neuronales de los dos testigos de Jehová parecen haberse frito. Yo les miro satisfecho de mi actuación, y espero con intriga su respuesta. La verdad es que llevo tiempo preparando esto.
-        Verás… - rompe el silencio el viejo de la nuca blanca – Hay normas cuya aplicación ha cambiado con el tiempo.
-        Entonces – respondo - ¿comer marisco está bien, pero practicar sexo con otros hombres está mal, aun cuando lo dice Levítico con unos pocos versículos de diferencia?
-        Exactamente. – Me dice el viejo señalándome con la patilla de sus gafas como si por fin yo hubiera entrado en razón.
  Su mirada está clavada en mí con una sonrisa de gran satisfacción. Se siente victorioso. Su fe ha derrotado mis creencias pecaminosas, el bien ha derrotado al mal, Dios ha derrotado al pecado. Aunque mi punto de vista es totalmente diferente. Me siento impotente ante una credulidad ciega en un libro que ni siquiera conocen al cien por cien. Por un momento se me pasa por la cabeza atacarle aplicando la lógica, debatir el tema. Pero si algo he aprendido de esta conversación es que la lógica no sirve de nada ante la fe, pues la fe está para que las cosas de las que se desconoce la lógica tengan sentido, así la ignorancia de cosas tan relevantes como el sentido de la vida dejan de ser una preocupación, pues está en manos de Dios. La mente de los hombres de fe funciona de otra manera. Y a la vez siento que llevo demasiado rato con esta falsa. Ya he acabado el desayuno. Me levanto a por una cerveza y mientras empiezo a bebérmela les invito a irse de mi casa.
-        Estoy ocupado – les digo – Por favor, déjenme con mis asuntos.
-        De acuerdo, entonces, ¿se pasará el domingo por la iglesia? – me pregunta el viejo – nos encantaría verle por allí, y tal vez podamos ayudarle también con eso. – Me dice señalando mi cerveza.
-        Miren, yo busco el refugio de la realidad en unas cosas, y ustedes en otras. – En el fondo tal vez no seamos tan diferentes.
-        Hijo – me dice ya en la puerta – tienes salvación. Esperamos verte el domingo.
-        Venga, hasta el domingo – les digo en un tono desganado y cerrando la puerta en su cara.
-        Entonces, ¿Vendrá, no? – escucho como hablan al otro lado de la puerta.
-        No lo sé, puede que sí, creo que le hemos sembrado la semilla de la fe.
-        Si, seguro que sí – escucho su voz un poco más débil debido a que ya se están alejando.
  Me vuelvo a acostar en el sofá, el lugar donde paso la mayor parte del día. En una mano sostengo mi cerveza, y en la otra la caña que me hace de mando a distancia desde que éste se quedó sin pilas. Doy una vuelta a todos los canales mientras siento como la cerveza aturde poco a poco mis sentidos. Veo los canales de noticias. El resumen sería paro, corrupción y desahucios. Veo unos instantes de muchas cosas, hienas apareándose, Belén Esteban y su best seller, el inmortal Jordi Hurtado, programas de salud, series… No me detengo en ningún canal por más de quince segundos hasta que veo algo que me llama la atención. Unos dibujos de mi infancia en los que aparecían cinco hippies con unos anillos mágicos que, al juntar sus poderes, invocaban al capitán planeta. Una especie de Superman ecológico con peinado de quinqui que se dedica a patear traseros de los incívicos empresarios y mafiosos que contaminan de manera exagerada la ciudad. Es curioso lo que me gustaban de pequeño, y sin embargo la escasa calidad en la animación que aprecio ahora. La madurez nos hace exigentes, tal vez demasiado. Sigo haciendo zapping por un rato, hasta que caigo dormido otra vez, escasas tres horas desde que me he levantado.
-        Hola chicos – dice el capitán Planeta – como hemos visto en el capítulo de hoy, este país no tiene futuro. Se hunde a una velocidad considerable, pero puedes no hundirte con él, formando la república independiente de tu casa – cuánta televisión en mi cabeza. – El pueblo de Villa Almudena está desierto y rodeado por un fortín. Okupa el fortín y tendrás todo un pueblo entero para ti, al margen del país. Así pues empieza a estudiar las leyes de la okupación de tu país. Y hasta aquí nuestro eco consejo de hoy. ¡Hasta la próxima, amigos del planeta!

  Al despedirse, en mi mente, se reproduce la musiquita de los créditos del final de los dibujos. Poco después despierto. En la tele, que nunca se apaga, están dando un reportaje sobre pueblos abandonados en lugares remotos de la España profunda. En ese momento están hablando precisamente de Villa Almudena. Un pueblo abandonado que está rodeado de un fortín medieval, con inusualmente grandes habitaciones en su base. De manera que realmente es un edificio, abandonado, y por lo tanto okupable. No hay tiempo que perder, le hago caso al capitán Planeta, y me pongo a investigar por internet como están las leyes actuales en lo que a okupación de edificios se refiere. Es una idea que suena descabellada, pero, tal y como se me presentan los próximos meses, con el subsidio de desempleo a punto de finalizar, dos meses de retraso en el pago del alquiler y la luz pendiente de un inminente corte por impago, no siento que tenga nada que perder. Pasa por mi cabeza la imagen de un pueblo cuyos habitantes viven en paz y armonía. Al margen del contexto político del momento. Jamás volver a hablar de recortes, de derecha o izquierda, ni de monarquía, de desahucios ni de patriotismos sin sentido. Un pueblo, más que eso, un pequeño país, cuya única restricción sea el respeto por los demás habitantes. Solo de pensarlo se dibuja una sonrisa en mi cara. La primera en muchos meses. 

sábado, 2 de julio de 2011

EL BORRACHO INCONSOLABLE: PROMO

EL BORRACHO INCONSOLABLE: Capítulo promocional

            - Ey, oye, despierta- Me dice una voz femenina que desconozco.
  Me mueve la cama para hacer que me levante. Me duele la cabeza y no me atrevo a abrir los ojos.
            - Venga, vamos, que ya deberías estar bien. - Me dice de manera suave y dulce.
  Finalmente, tras mucho esfuerzo, me incorporo y abro los ojos. Estoy en un hospital, pero ni siquiera en una habitación. Me han dejado en una camilla en medio del pasillo. La voz dulce que me ha despertado es una enfermera y me avergüenzo de ver toda mi ropa llena de vómitos. Me vienen a la cabeza solo dos imágenes de la noche anterior que empezó con David y Lluis bebiendo en un bar. La primera es de estar tirado en el taxi con un billete de veinte euros, que me dio David, en la mano. La segunda son cuatro enfermeros levantándome del suelo a la vez que me echo la pota encima. Supongo que el taxista, al no saber donde llevarme, me dejó en el hospital mas cercano. Pero bueno, no se lo puedo recriminar ya que, posiblemente, dejé su coche sucio y lleno de pota.
            - Bueno, ¿Estás bien, no? - Me pregunta la enfermera.
  Asiento con la cabeza y me dice que vaya a recepción a buscar el alta y me vaya. Me levanto, un poco mareado, y me dirijo decididamente a la salida, por dónde se ve mas luz.
            - Ey, perdona, la salida no es por allí, es por aquí. - Me dice la enfermera señalándome la dirección opuesta a la que me dirijo. - ¿Seguro que estás bien?
            - Si, solo es que no recuerdo como llegué hasta aquí, por lo que tampoco recuerdo como salir. - Abro la boca por primera vez mientras siento una increíble sensación de deja vú, de esas.
  Entonces voy a donde me indica la simpática enfermera y allí me dan el alta. Compruebo que esta vez no han hecho nada conmigo, ni si quiera una inyección de B12. Simplemente me han dejado descansando para que se me pase la mierda.
  Al salir del hospital, agradeciendo los cuidados, me encuentro en un lugar que desconozco, pregunto donde está la parada de metro mas cercana y descubro que no estoy demasiado lejos de casa. Supongo que David le dijo al taxista mi dirección, y al verme tan mal, me dejó allí, en el hospital mas cercano a casa. Que buena persona el taxista, me sorprende. Entonces decido ir caminando a casa, arrastrando un olor a vómitos y un dolor de cabeza que me atormenta, y pensando que debería avergonzarme de lo sucedido, pero es que, al mismo tiempo, ya me estoy acostumbrando.   

De momento lo he autoeditado vía la plataforma "Bubok". Os dejo el link de venta en el que puedes pedir el libro y el eBook, bastante más asequible. Saludos y gracias a todos. 

Link de venta online: http://www.bubok.es/libros/198072/EL-BORRACHO-INCONSOLABLE

SINOPSIS: Héctor Espada es un hombre cuya diminuta capacidad social le supone un problema para adaptarse a su entorno, llevándole a despreciar el mundo en el que vive. Encuentra refugio en la vida nocturna en la que se ve rodeado por una espiral de vicio y autodestrucción. No siente motivación por la vida ni siente la necesidad de luchar por nada, hasta que conoce a Estrella, una prostituta del barrio de El Raval de la que se enamora. Una mujer por la que pasará mas de una y mil penurias que intentará ahogar con alcohol.

  Héctor Espada es un hombre en busca de algo mejor, es cualquiera de nosotros en la lucha por sentirnos un poco mejor cada día, Héctor Espada es el borracho inconsolable.