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miércoles, 1 de enero de 2014

UN DÍA DE ROL


A veces, la vida, es como un videojuego de rol, o una aventura gráfica. Te sitúas en un escenario desconocido en el que tienes que realizar unos movimientos determinados que sabes que te llevarán a la siguiente fase. Que también puede ser un nuevo escenario desconocido. O también puedes volver atrás, a lo que ya conoces, y adquirir experiencia muy lentamente.  La fase en la que me sitúo ahora es el aeropuerto de Praga. Debería ser una de esas fases cortas y fáciles. Transitorias. Mi objetivo es la siguiente fase principal: Tokio. Pero hoy hay una dificultad añadida. La espesa niebla ha impedido que aterrice el avión que tenía que llevarme a Moscú, donde estaba prevista la escala. Una cosa que me parece extraña de este aeropuerto es que hay un control de seguridad antes de cada una de las puertas de embarque. Después del control de seguridad no hay nada. Solo los bancos donde esperar. No hay tiendas, ni bares ni lugar donde darse un paseo. Pasamos el control de seguridad, pero parece que algo falla. Ya es casi la hora de embarcar y todavía nadie nos abre la puerta ni parece dispuesto a atendernos. Me fijo en una chica joven muy guapa que escucha música en sus auriculares.  No tengo nada mejor que hacer en aquella sala de mala muerte. Tras esperar un buen rato nos dicen que salgamos por donde hemos entrado que se retrasa el vuelo. A través del arco de seguridad. Nunca antes había cruzado un arco de seguridad de un aeropuerto en dos direcciones. ¡Quién me hubiera dicho en ese momento que iban a ser cuatro! Le explico al empleado del aeropuerto que tengo que pillar un vuelo a Tokio en Moscú, y que solo hay un par de horas entre los dos vuelos, por lo que lo voy a perder, que si tengo que hacer algo. Me dice que esté tranquilo, que lo primero es llegar a Moscú, y allí me dirija a los “transfer desks” que me lo solucionarán. No me da más información. Resignado, salgo de la diminuta sala de espera, y a fuera no me queda otra que esperar. Acudo a la ventanilla de información, me dice que no se sabe nada del vuelo a Moscú todavía. Al lado hay unas ventanillas que pone “transfer”, pero  el empleado del aeropuerto me había dicho claramente que tengo que acudir a las “transfer” una vez en Moscú. Aquellas que veo al lado de la de información deben de ser para la gente que tuviera escala en Praga y pierda el vuelo. Es lo que pienso en ese momento. La mujer de Información no me ayuda en absoluto. Le pregunto una y otra vez, cada diez o quince minutos aproximadamente. Le explico toda la historia, que tengo que coger un vuelo a Tokio en Moscú, que lo voy a perder, que cuando habrá noticias, pero solo dice una y otra vez “todavía no hay noticias  acerca del vuelo a Moscú”.  Como uno de esos personajes de relleno de las ciudades de los juegos de rol, a los que te acercas a hablarles y no hacen más que repetirte una y otra vez la misma frase, normalmente una frase totalmente inútil o con información reiterada.  Es un ser humano, pero en su lugar podrían haber puesto una figura de acción de He-man de esas con un botoncito que al apretarlo dice “por el poder de Grayskull”. El resultado hubiera sido el mismo, y mucho más barato.
  De repente me siento totalmente atascado. Es uno de esos tediosos niveles en los que tienes un espacio de movilidad muy reducido y no sabes dónde tienes que apretar el botón o hacer click.
  Al cabo de unas horas veo algo cambiar en la pantalla, y un rayo de esperanza me ilumina. El vuelo a Moscú, que tenía el campo de partida vacío, ahora marca las 18:30. Son las 12:15, “solo” tengo que esperar seis horas y cuarto. Luego, una vez en Moscú, ya me aclararán como llegar a Tokio. Me lo ha dicho claramente el empleado del aeropuerto. Me lo tomo lo mejor que sé. Me siento al lado de un enchufe, en el suelo, porque no hay asientos al lado delos enchufes, y me pongo a jugar con el móvil. Así consigo que se me pase más o menos rápida una hora, pero los juegos ya me aburren y todavía faltan más de cinco para el vuelo. Compro algo para picar, pero tampoco me excedo, la comida en el aeropuerto es cara y no me quedan muchas coronas checas. Camino de un extremo a otro de la sala. Una vez, otra vez, y otra, y otras cuantas también. La mochila, mi equipaje de mano, pesa bastante y mi espalda se resiente. Decido sentarme en los sillones que hay para masajes que funcionan con una moneda. Aunque lo que recibo dista mucho de un buen masaje, me levanto descansado y camino hasta el extremo opuesto a mi puerta de embarque. Allí veo una tienda cuya entrada te invita a comprar cerveza a un precio aceptable, para ser un aeropuerto. Vuelvo al lado de mi puerta de embarque y me siento de nuevo en el suelo, junto a un enchufe. Me quito los zapatos y bebo la cerveza mientras se carga el móvil. Me lo tomo lo mejor que sé. Podría ser confundido perfectamente con un mendigo.
  Pasan horas, posiblemente las más aburridas que he pasado en mucho tiempo. No recuerdo haber pasado tanto aburrimiento desde niño, tal vez. Pero bueno, finalmente llega la hora, vuelven a abrir el control de seguridad para entrar en la diminuta sala de espera donde se encuentra la puerta de embarque. Pasado el control, en la sala de espera, decido quedarme el último de la fila para entrar en el avión. Estoy emocionado contándoles a mis amigos por el móvil que por fin voy a coger el avión. Que por fin acaba mi suplicio y voy a pasar a la siguiente fase. Nada más alejado de la realidad. Cuando llega mi turno, el empleado, que ya no es el mismo de la vez anterior, supongo que ése debe haber acabado ya su turno, me dice que no puedo coger el avión. Que tendría que haber ido a “transfer desk” desde un primer momento para coger no sé qué otro vuelo, para enganchar en otro lugar con otro vuelo a Tokio. Llaman a la compañía para ver si me lo pueden solucionar, mientras yo, por un momento, pierdo la calma. Tras el largo día perdido en el aeropuerto siento como si me arrebatasen una parte de mí cuando me impiden pillar el vuelo. Deseo saltar sobre el mostrador y arrancarles las cabezas a los empleados, irracionalmente, solo quiero subir a ese avión por el que he estado esperando todo el puto día, aun cuando me dicen que no puedo pillar ningún vuelo a Tokio en Moscú hasta el día siguiente, pues solo hay uno al día. Es uno de esos momentos en los que desearía que la vida fuera un poco más parecida el GTA, y no a los juegos de rol, en los que deseo sacar una recortada de mi bolsillo izquierdo y liarme a tiros hasta llegar a la cabina del avión que, por supuesto, sé pilotar, y conducir yo mismo hasta Tokio el vehículo sin pensar en las consecuencias. Las lágrimas de la desesperación por un momento parece que van a brotar de mis ojos. Pero finalmente me calmo y les escucho. Tampoco me pueden dar mucha información, me dicen que vaya al mostrador de Aeroflot, la compañía con la que compré el vuelo, y que allí me indicarán que hacer.

  Así lo hago, vuelvo a la entrada del aeropuerto, y me dirijo al empleado de Aeroflot, al que le hago todas las preguntas disponibles en el archivo de mi memoria. Me soluciona lo del billete, y me lo cambia para el día siguiente Aunque no me pone menú vegetariano
porque hay que solicitarlo con treinta y seis horas de antelación y no me avisa. Menos mal que siempre viajo con un paquete de cacahuetes en mi inventario. Tengo que recuperar mi equipaje. Me dice que acuda a reclamación de equipajes y voy. Llego a la puerta, nuevo acertijo. Hay un telefonillo con una lista con números y no sé muy bien cual apretar. La lista no es muy clara, y tampoco estoy seguro de si estoy en la terminal uno o dos del aeropuerto. Finalmente me decido por llamar a un número, pero no obtengo respuesta. Como mi paciencia no está al cien por cien ahora mismo, no dudo ni un momento en marcar cualquier otro número. Me lo pillan de la otra terminal y me dice que tengo que llamar al primer número que llamé. Sigo insistiendo hasta que alguien contesta. Me dicen que espere. Al rato me abren la puerta y me dejan pasar tras pedirme que les muestre mi tarjeta de embarque no utilizada. Estoy en las cintas correderas por las que sale el equipaje cuando llegas. Nunca había estado en una sala de estas sin haber pillado previamente un avión. Todo nuevas y “emocionantes” experiencias hoy. Una vez dentro me vuelven a dejar solo sin darme indicaciones de hacia dónde tengo que ir. Acudo al único mostrador en el que veo a alguien, y me dicen que allí no es, que es el mostrador de al lado, donde no hay nadie. Me dicen que espere. No tengo más remedio. Espero. A cualquier persona que pasa por allí con pintas de trabajar en el aeropuerto le pregunto si saben algo sobre quien debería estar en ese mostrador. Pero no obtengo pistas. Más personajes de relleno, de bulto, en el escenario. Tras un rato aparece alguien en el mostrador. Le explico mi situación y llama por teléfono. Me dice que mi equipaje saldrá por la cinta número 12. Que espere. Espero. Espero. La mujer del mostrador desaparece y vuelvo a sentirme abandonado, sin nadie a quien preguntar, esperando a que salga mi equipaje. Pero pasa casi una hora y no sale nada de la cinta doce, ni de ninguna otra. La mujer vuelve a aparecer, le digo que no ha aparecido mi equipaje por la cinta, y vuelve a llamar, me vuelve a decir que espere en la cinta doce, que ya lo subirán. Finalmente aparece. Mi equipaje y otros cuantos más de los que tendrían que haber ido a Moscú,  que me demuestran, por suerte, que no he sido el único tonto en perder el vuelo. Ya saben lo que dicen que es consuelo de tontos. Por fin, con mi equipaje vuelvo a casa de mi amiga Klara, que me acoge con amabilidad, y se sorprende de mi historia. Me voy a dormir, melodía de buenas noches, sonidito de restauración de PH y PM y al día siguiente a intentar la misma fase con la energía a tope. Aunque con la experiencia adquirida seguro que la supero con facilidad y menos frustrantemente, pues hago amistad con la chica checa de los auriculares, a quién le sucedió lo mismo que a mí.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

LOS VENGARANGERS 1: PODEROSA ESCARLATA


Mothman City vuelve a estar amenazada. Ésta vez un monstruo gigante con un cuerpo peludo, parecido al de un koala, pero con la boca donde iría el ojo izquierdo, una enorme trompa de elefante donde la nariz y un solo ojo en el lado derecho de su cara, es la amenaza. Aplasta a cualquier cosa o persona que se le ponga por delante, y las autoridades, tanto locales como nacionales, se ven totalmente impotentes ante un ataque de tal magnitud. Una vez mas. La ciudad recibe mas o menos un ataque de tal calibre cada quince, o veinte días. Pero ni su cuerpo de protección civil, ni su ejército, están preparados. Falta presupuesto en I+D. El alcalde de la ciudad vive en una mansión con piscina, quince sirvientes y la mayor colección de Rols Royces del planeta. Pero nunca hay presupuesto para mejorar el armamento antimonstruosgigantesdestructores. Entonces, las autoridades locales se ven forzadas a pedir ayuda a una organización ilegal de enmascarados misteriosos que arriesgan sus vidas con motivación desconocida. Dicha organización son los VengaRangers.
  Así, el jefe del departamento de Policía de Mothman City da la orden y el gran foco se enciende proyectando en el cielo, como si de una gran luna se tratase, un gran círculo blanco con una V y una R en el centro. Es la Vengaseñal. Se necesita urgentemente su ayuda, se reclama a los VengaRangers, y los VengaRangers acuden. Bueno, no todos. El único que ve la señal es el VengaRanger rojo, conocido como Poderosa Escarlata. Está en pelotas viendo la tele en su casa y observa la señal por la ventana. Entonces decide llamar al móvil de sus compañeros para ver si acuden a ella.
  Superforzudo está tumbado en la acera al borde del coma etílico, sin fuerzas siquiera para volar hasta el lugar de los hechos. La chica EstrellaPoderosa está ahora mismo ocupada manteniendo relaciones sexuales a cambio de dinero con un admirador obsesivo. No es que suela hacerlo, pero al ser un personaje tan popular entre los jóvenes adictos a los cómics, cuya diminuta capacidad social les dificulta perder la virginidad, ha llegado a recibir ofertas de sumas demasiado grandes como para rechazarlas. Por último, Moscaman, que adquirió las habilidades proporcionales de una mosca, fuerza, habilidad de volar, y gusto por la mierda, no puede evitar darse paseos por las alcantarillas por donde fluyen las aguas fecales de la ciudad, es dónde se encuentra ahora mismo y, por supuesto, allí no hay cobertura.
  Así, tras varios intentos de llamada, sin respuesta, el VengaRanger rojo PoderosaEscarlata, decide pasar a la acción en solitario. Le da un poco de miedo, pero desde que salieron a la luz por Internet unos vídeos antiguos en los que se le podía apreciar practicando sexo con otros hombres, al mismo tiempo, no quiere desaprovechar ni una ocasión para hacerse el héroe y lavar su imagen. Mira el montón de ropa sucia del suelo, toda roja a excepción de la ropa interior, agarra lo primero que encuentra y se lo pone. Un pijama rojo y sus gafas de pasta de montura roja. Se dispone a saltar por la ventana al edificio de al lado, pero se da cuenta de que en la entrepierna de su pantalón hay un gran agujero, por lo que decide coger unos calzoncillos y ponérselos por encima. No puede perder ni un segundo y volver a cambiarse. Nadie hubiera dicho por aquel entonces que crearía tendencia en el mundo de los superhéroes y acabaría enfrentado a un tal Clark en los tribunales por el tema de los derechos de imagen. Pero esa ya es otra historia.
  Finalmente se lanza, salta de edificio en edificio en dirección a los estruendos provocados por el gran monstruo koala elefante diabólico. Preguntándose quién estará detrás de él. Pues tiene toda la pinta de ser un ataque del doctor Malvado, o tal vez sea del doctor Chiflado. Siempre son los mismos. Lo que siempre se ha preguntado Escarlata es porque todos los villanos de la ciudad son doctores. Ignora que la mayor academia de villanos del mundo se encuentra en la ciudad, por lo que salen todos con el doctorado. Lo que es incomprensible es que cada dos o tres semanas sean capturados y puestos entre rejas y siempre se escapen. Será que no se hacen cárceles mas seguras por falta de presupuesto, también.
  Pero bueno, dejémonos de historias, lo importante ahora es derrotar al monstruo que está aterrorizando la ciudad entera. De azotea en azotea, Poderosa Escarlata no tarda en llegar a encontrarse cara a cara con el maléfico monstruo. Y empieza el combate. Smack, thud, plas, POW. Una serie de golpes, todos recibidos por PoderosaEscarlata. Es normal que esté en una clara desventaja teniendo en cuenta que el bicharraco es diez veces mayor que él. De no ser por su hiperresistencia, adquirida al exponerse a una radiación cósmico-planetaria cuando era joven, hubiera muerto al segundo manotazo. Pero como siempre, cuando todo está perdido, y Escarlata sumido en sus lágrimas, con su vida pendiendo de un hilo, o la de su novia, o la de un niño que pasaba por ahí, el caso es que haya alguna vida pendiente de un hilo, encuentra milagrosamente el punto débil del bicho gigante. Ve una especie de aparato enganchado a la nuca del monstruo, una especie de máquina con una luz parpadeante roja, siempre luces rojas que parpadean, lo cual no puede ser otra cosa sino un dispositivo de control. Por lo que, esquivando un golpe mortal en el último momento, Escarlata salta y dispara uno de sus rayos destructores que puede disparar con sus manos. Unos rayos con una amplia gama de lucecitas rosas que contaminan la iluminación de todo el entorno. El artefacto es destruido y el monstruo para de romper cosas sin piedad, y se dirige hacía el muelle de la ciudad donde desaparece en las profundas y sucias aguas del Mothsea de Mothman City.
  A Escarlata solo le falta descubrir al doctor Chiflado, qué está chiflado que se encuentra no lejos de allí, aporreando un mando con un enorme joystick y un montón de botones. Exclamando:
- ¡ Por qué has dejado de funcionar! ¡Maldita sea!- Agitando su brazo enfurecido.
En cuanto lo ve, Escarlata se planta delante de él de un salto, y le pega una patada. Lo inmoviliza y lo entrega a las autoridades por décima vez en lo que va de semestre. No lo mata, aún sabiendo a ciencia cierta que se volverá a escapar y sus malévolos planes volverán a destruir la ciudad, PoderosaEscarlata nunca mata. Aun sabiendo que eso salvaría miles de vidas en un futuro cercano. Pero es que los superhéroes son así de buenos, nunca matan, ni siquiera a un demonio. Hay que dar ejemplo a los niños de la ciudad. 

lunes, 22 de noviembre de 2010

Yo quiero ser...

(Este iba a ser un guión para un cortometraje. Idea original concebida en conjunto con Daniel Martin y Patricio Felices.)


YO QUIERO SER...

  La madre de Pablo está en la cocina preparando los cafés y las copas de manera apresurada. Se ve como prepara café y whiskeys para seis personas. Justo en el momento en el que acaba de poner el azúcar en las tazas el café empieza a hervir y ella le apaga el fuego y lo vuelca. Mientras, se escuchan unas conversaciones de fondo procedentes del salón.
            - ... si es que el precio de la vivienda ahora mismo es imprevisible, los bancos tienen mogollón de pisos guardados que no ponen en venta esperando un mejor momento y así falsifican la oferta y por lo tanto manipulan los precios... (el padre)
            - ... pero si es que si seguimos así, con la cantidad de paro que estamos viendo hoy en día es imposible comprarse una casa... (el tío)
            -... por eso lo importante es estudiar, porque como no estudies no tienes nada que hacer, hoy en día... (La tía)
            - ... los barcos navegan entre los delfines... - La voz de la abuela.
            - ... pues tampoco te creas que te garantiza nada, será que no hay abogados en las colas del paro y currando de camareros... (el marido de la tía)
  La madre de Pablo pone las tazas y las copas en una bandeja y se las lleva hacia el salón donde la tertulia inunda el comedor de la casa, no se puede escuchar silencio ni un solo momento, las voces se superponen la una sobre la otra como si a nadie le importara escuchar lo que le dicen y todos quisieran decir la suya y ser escuchados. Alrededor de Pablo, el pequeño de la familia, se sitúan sus padres, Pedro y Helena, su tía por parte de madre con su marido, su otro tío soltero y la abuela.
            - A ver que futuro le espera al chaval, con los tiempos que corren... - Dice el tío del chaval señalándole con un gesto de la cabeza. A dichas palabras la abuela reacciona pellizcando con ímpetu la mejilla del niño y hablándole.
            - ¡Pero que majo y que grande es ya mi nietecito!
            - ¡ Y bien fuerte! -  Dice su tío, el soltero, levantando el brazo. - Nuestro chaval va para futbolista, el nuevo Messi, si señor.
            - En ver... - La voz del chico es interrumpida por su tía.
            - Futbolista, anda que no vives tú en Babia. Estudiar y ser médico es lo que tiene que hacer. - La mirada del niño se dirige a su tía y se dispone a hablar pero no lo consigue.
            - Pero que tonterías dices, Concha. Se va a pasar media vida estudiando sin que eso le garantice nada. Hoy en día tal y como están las cosas, servir al país y asegurarse una buena jubilación es lo mejor, se convertirá en un buen policía. - Dice su marido.
  Y mientras su mujer le debate la opción debido a la peligrosidad del oficio, su madre acaricia el pelo del niño y dice:
            - Que haga unas oposiciones y se convierta en un funcionario, que viven muy bien. - Y se levanta y se dirige a la habitación contigua, la cocina, cuya puerta está a las espaldas del niño.
            - Tenemos un futuro marinero, como su abuelo. - Dice la abuela que le vuelve a pellizcar la mejilla con dos dedos hasta provocar una mueca de dolor en el niño.
  El niño mira a uno y después a otro buscando su momento para hablar, pero no lo encuentra ya que inmediatamente, y a la vez que su tío y su mujer se ponen a discutir de si es mejor ser médico o policía, su padre dice acariciando la cabeza del chaval:
            - Llevará el negocio familiar, con su padre.
  De repente, por un momento se hace el silencio y todos miran en dirección al chico que parece que va a ser escuchado.
            - Yo quiero ser... - Y su boca se mueve pero su voz es completamente silenciada por los cantos de cumpleaños feliz que le dedican sus familiares a la vez que su madre aparece por detrás suya y le pone enfrente una tarta de cumpleaños con velas encendidas. 

martes, 27 de abril de 2010

El ciclo del poder. (Promo)

EL CICLO DEL PODER

- Todo el Estado vive amenazado. Un ser indefinido es su líder. Desde su palacio nos dicta las leyes, nos obliga a trabajar catorce horas diarias en pro de su enriquecimiento personal. Después obliga a todos los miembros de nuestra sociedad a tomarse la dosis diaria, para así, conseguir que no pensemos y controlarnos. – Pregonaba yo mi discurso desde lo alto de un improvisado escenario formado por un par de mesas de comedor.- Se que todos los que estáis aquí – eran cinco personas y yo. – os habéis dado cuenta de que la píldora que nos daban después de cada jornada era lo que os mantenía sumisos. Supongo que, como yo, habéis estado vomitando al llegar a casa para expulsar todos los ácidos que la componen antes de que vuestro estómago los filtrara hacia vuestra sangre. Por ello os felicito. Os felicito, a vosotros y a vuestros padres que os lo enseñaron desde pequeños. Os felicito porque, al contrario que el resto de ciudadanos del país, os habéis dado cuenta de que no vivimos en un Estado de auténtica felicidad. La gente lo cree porque las píldoras nos lo hacen creer. Pero no es así. El jefe supremo del Estado nos obliga comprar. Nos esclaviza y después nos da una paga que nos obliga a gastar en cosas que no necesitamos. Ésta es su manera de mantener la economía del país activa, generando una gran cantidad de beneficios que se lleva al bolsillo mientras nosotros trabajamos jornadas inhumanas y sufrimos. Ha destruido toda la cultura ajena al propio Estado, la única música permitida es el himno del Estado, todos los canales de televisión son su propaganda. El Estado, el Estado, el Estado. ¿Hasta cuando vamos a permitir que sus abusos continúen?

Los gritos y vítores de los asistentes a esa reunión me animaban a continuar con el discurso, realmente me hacían sentir un líder.

- ¿Dónde está la libertad? Esto no ha podido ser siempre así. Seguro que antes de la llegada del actual gobernador existía un mundo en el que la gente hacía lo que quería. Compraba si quería y se drogaba si quería. Existen pruebas de que antes la gente podía salir de las fronteras del Estado, ahí donde todo está envuelto por el misterio. Porque, a pesar de que ahora nos parece imposible, mas allá del Estado hay vida. Seguramente una vida salvaje y libre donde no llega la influencia de nuestro gobernador. Se que os parece ciencia ficción porque el Estado destruyó cualquier prueba o documento que lo demuestre. Libros quemados, formatos de vídeo destruidos, fotografías desaparecidas... Pero yo creo, y lo digo con mi mano izquierda en el corazón, que es factible. Hoy os quiero proponer que intentemos volver al pasado, que volvamos a la libertad de nuestro país durante tantas generaciones oprimido. ¡Y os propongo que lo hagamos hoy mismo!
Después de este discurso la sala estalló en una euforia incontrolada. Los gritos de seis personas parecían la fiesta de un centenar. Los seis habíamos decidido cambiar las cosas de una vez por todas.

Salimos de allí decididos. El gobernador era una persona, y nosotros éramos seis. Todos los guardias y policías, así como toda la gente de la ciudad, eran simples marionetas en sus manos. Sin titiritero los títeres no se moverían. Las personas que eran mas cercanas al gobernador eran las que estaban mas anuladas mentalmente. Estaban dispuestas a dar sus vidas por el gobernador, pero sí, y solo sí, el gobernador se lo ordenaba. Sino era así ya podía estar muriéndose delante de sus propios ojos que no harían nada para salvarle. No tenían autoconsciencia, o bien la tenían totalmente dominada por las píldoras del Estado, por ello era conocida como la droga gobernante. Tenía serias sospechas, que con el tiempo se me habían confirmado, de que las dosis de las personas que trabajaban en contacto directo con el gobernador eran dobles para asegurarse de que no actuaran sin permiso ni para ir al lavabo.

Nuestras armas eran bates de baseball, cuchillos, y, incluso, una guitarra eléctrica. La llevaba el Gerard. Cuando estaba contento nos abordaban acordes salvajes que nos llenaban de energía y nos preparaban para la lucha. Sin embargo cuando estaba triste, Gerard nos dedicaba unas melancólicas notas que sonaban como lágrimas chocando contra el suelo. Siempre la llevaba consigo. Siempre recordaré el día en que descubrí porque. No era para poder hacer música en cualquier momento. Gerard había sido de los primeros en actuar en contra del gobernador. Una vez lo vi asaltando el tren que lleva los alimentos a la ciudad. Después repartió el botín entre la gente que el gobernador deja morir a las afueras de la ciudad debido a su inutilidad en su sistema productivo. Si, es así, si alguien tiene un accidente que le deja incapacitado para realizar su tarea productiva se le abandona a las afueras de las ciudades por órdenes directas del gobernador. Una vez allí se le suministra la dosis diaria de droga gobernante para que se muera sin cuestionarse una manera de vivir. Esta maldita píldora elimina incluso los instintos mas básicos de las personas. Bueno, como os contaba, Gerard había estado asaltando los trenes de los alimentos para repartir la comida entre los exiliados, y la vez que lo vi, fue cuando comprendí porque siempre llevaba la guitarra con él. Su guitarra era una contundente herramienta rompecabezas. Literalmente. Cada vez que asestaba un golpe a los guardias que vigilaban el tren dejaba escapar un dulce acorde que, mezclado con los gritos de dolor de los derribados con cráneos fracturados, creaban una música angelical. Para los vigilantes del vehículo sin embargo, debía sonar como el tambor infernal que anunciaba su muerte. Era digno de ver la rabia con la que se desahogaba Gerard con sus oponentes, los convertía en residuos humanos inidentificables, todo, a golpes de guitarra. Es una pena que ya no esté entre nosotros...

Si os interesa saber como continúa el relato os paso un enlace del libro al que pertenece. Un libro de relatos cortos en el que he participado. Yo puedo conseguir ejemplares en papel por 7 Euros, que en la tienda se supone que valdrá 12.

El enlace:

http://www.todoebook.com/10-RELATOS-10-AUTORES-VVAA-KIT-BOOK-ebook-9788492808281.html