domingo, 22 de febrero de 2015

LA EXPERIENCIA BLABLACAR

Se encuentran un hippie, por decir algo, un judío americano, un militar, un bombero, una estudiante de derecho con su gato en un coche, y dice el militar:
-          ¿Todos preparados?
Parece el inicio de un chiste malo, pero no lo es. Es la reunión de individuos que nos juntamos por un objetivo común. Viajar de Granada a Madrid. El conductor es quien pone el anuncio de que va a hacer tal viaje, y los demás nos apuntamos porque sale más barato y es más cómodo que un autobús.
  Cuando conozco un poco al conductor, ya sé que hay ciertos temas que es mejor no tratar. Es un militar y entre sus complementos, ya sean llaveros o pulseras, ves repetidas veces la bandera española. O sea que es un militar patriota convencido. No de esos que se alistan por hacer algo. Va bien afeitado y la cabeza repelada. Es el típico chico guapo de pueblo. A los que me conozcan entenderán que de buenas a primeras no sienta afinidad con él. A los que no, digamos, que me siento más cercano a un yonqui anarquista okupa que a un militar que jura la bandera todas las mañanas y cree defender “la patria”. Ese fantasma manipulador de mentes que enfrenta a seres de una misma raza por intereses ajenos.
  El conductor y el bombero se hacen afines. Se ve que incluso habían coincidido previamente en algunas oposiciones, sin conocerse. El militar le dice al bombero que le gustaría pasarse a su sector, lo cual me hace pensar que tal vez no todo esté podrido en su cabeza. En el asiento del copiloto se sienta la estudiante, ya que lleva a su gato. Una madrileña con un par de rastas que tiene un ex novio turco y se irá en breves a visitar Estambul y otros países del este europeo. Yo, sin participar, escucho su conversación. A destacar como el militar le comenta a la joven de apenas veinte años que no quiere que le manden a ninguna misión y la muchacha, pobre ingenua, le pregunta:
-          Pero ¿Por qué? ¿Por la peligrosidad que ello supone o por qué no estás de acuerdo con la intervención internacional?
-          Estar de acuerdo o no, no importa, si te llaman tienes que ir y punto – contesta el militar demostrando ser la máxima expresión de borrego en la sociedad actual – no quiero ir porque no quiero estar lejos de mi novia y mi familia – concluye. La chica me cae bien.
  Mientras, yo converso con el hippie judío californiano. Un chico de veinticinco años, clavado a Berto Romero, que toca la guitarra, odia a los Estados Unidos por su incultura y quiere quedarse a vivir en España. Le hablo del Burning Man Festival, y me dice que es una mierda porque se ha vuelto muy comercial. Paramos en una estación de servicio y el tipo empieza a imitar la danza de Borat, demostrando ser un chiste de sí mismo.  

  Cuando nos subimos al coche dispuestos a reanudar la marcha, veo lo que escribe el conductor en su móvil, a la que, supongo, será su novia. Escribe por whatsapp “detrás van como una lata de sardinas” y añade dos carcajadas de esas de los emoticonos. La que tiene las lagrimillas. Tiene toda la razón, vamos como sardinas, todo el viaje tocando hombro con hombro. Se me escapa una risa, pero no digo nada, no sea que se sintiera ofendido por mirar sus conversaciones privadas. Cuando le da a la tecla de inicio de su móvil, veo que su fondo de pantalla es una imagen e Dragon Ball Z y me imagino un universo paralelo en el que somos dos niños que jugamos a intentar fusionarnos para convertirnos en un guerrero definitivo. Y me pregunto cuál es el mecanismo de control mental del poder que, de adultos, nos hace ver a cuasi cualquier persona como un enemigo en potencia. Y recuerdo la canción de John Lennon “imagine”. Imaginaos que no existieran las banderas. Y me imagino en un universo paralelo, pero en la actualidad, compartiendo momentos de la serie de nuestra infancia. Pero solo lo imagino. Llegamos a Madrid sin intercambiar muchas más palabras. El cansancio del viaje se hace notar en todos nosotros. Una vez allí nos disolvemos sin más. Cada uno continúa con su trayectoria sin que, probablemente, nos volvamos a encontrar nunca.

sábado, 14 de febrero de 2015

HORA DE LA SIESTA

Nuestras lenguas enzarzadas,
como en una pelea dos felinos,
nuestras manos entrelazadas,
nuestros espíritus unidos.
Saboreo tus sales expulsadas,
alrededor de los pezones en giro,
humedezco una concepción cicatrizada,
un poco más abajo del ombligo.
                                             Y sigo.
Sigo bajando y allí llego,
al abrirse sus piernas me invitan,
poco a poco hundo el dedo,
sintiendo el intenso sabor,
poco a poco vuelvo al beso,
con su sonrisa me anima,
poco a poco la penetro,
y con placer empieza la fricción,
                     y a continuación,
a continuación llega la repetición,
cómo el océano en calma al principio,
gradualmente se levanta el ciclón,
estruendosas olas contra el precipicio.
Tras varias olas la explosión,
de la tormenta solo queda un indicio,
es el galopar de éste, nuestro corazón,
que reduce hasta quedarnos dormidos.



sábado, 24 de enero de 2015

PERSIGUIENDO UN SUEÑO


  Johnny era un joven de familia campesina al que siempre le había sabido a poco la vida en el campo. Acabada la educación básica, dejó de estudiar, a pesar de sus buenas notas, porque le suponía un reto económico demasiado grande. Así que se dedicaba a ayudar a sus padres en la granja familiar. Cuando anochecía y podía descansar, se dedicaba a escribir. Afición que se le había despertado en la adolescencia. Desde hacía años, a través de Internet, seguía los pasos de su escritor favorito: Mark Farahniuk. Gracias a la web conocía todo sobre este hombre. En los foros y en las redes sociales, a menudo, el escritor se dedicaba a responder preguntas a sus fans. En twitter, el escritor tecleaba “abajo el sistema”. Tecleaba “el consumismo nos mantiene esclavos”. Escribía “la sociedad del consumo es la decadencia de la humanidad”. Y los ‘favs’ y los ‘rt’ se disparaban. Escribía “Me gusta desayunar en starbucks coffe”. Escribía “mirad el nuevo diseño de la camiseta de mi libro” junto a una foto de una chica luciéndola. Y los números de su cuenta corriente se disparaban.
  Johnny, como buen fan, cogía su libreta, se ponía la camiseta del último libro publicado por Mark Farahniuk y se iba al starbucks a tomar un café mientras trabajaba en la que tenía que ser la novela que le situara en el escenario literario. Su historia iba de alguien que creaba una organización para cambiar el mundo y esta se ponía en su contra. Un argumento ya utilizado con anterioridad por su escritor favorito precisamente, pero al que creía poder darle una vuelta de tuerca que lo hiciera interesante. Llevaba ya más de un año trabajando en ella, y no iba a abandonarla.” Era una idea cojonuda”, se decía a sí mismo.
  Un día, mientras se tomaba una cerveza de la marca que promocionaba el escritor, Johnny vio una noticia que le alegró el día. Su escritor iba a dar una conferencia para promocionar su nueva novela en una ciudad cercana.  Solo cobraba treinta dólares por entrar. Un precio razonable por ver y escuchar a su inspiración máxima en persona. Tal vez, con un poco de suerte, pudiera hasta hablar con él.
  Llegó el gran día. Le dijo a su padre que ese día no iba a poder ayudar en la granja. Cogió el autobús y se fue a la ciudad a ver a su ídolo. Llevaba toda la equipación. La camiseta de la novela, los vaqueros de la marca que el autor afirmaba que eran de muy buena calidad, el perfume de nombre seductor que aseguraba utilizar, y una copia del borrador de su novela, que si tenía la oportunidad, le haría llegar a su querido ídolo. Nada le haría más feliz que el hecho de que su adorado leyera su novela. Pasó por taquilla, pagó la entrada y se sentó. La sala estaba abarrotada de gente con camisetas con las portadas de los libros de Mark Farahniuk, el olor a perfume invadía la sala y abundaban las gafas de pasta negras, como las del autor. Johnny vio a gente que incluso llevaba gafas sin cristal, solo para emular a su idolatrado escritor, y pensó que él haría lo mismo, ya que no tenía problema de visión alguno. Los asistentes, mientras esperaban a que el maestro de ceremonias apareciera, tarde, intercambiaban opiniones sobre los libros del autor, sobre la moda que vestía, sobre lo que comía, sobre la cerveza que bebía y sobre lo de acuerdo que estaban con su opinión acerca del último bombazo informativo de actualidad. Algunos estaban 90% de acuerdo con él, otros 110%.
  Finalmente, media hora más tarde de lo previsto, el afamado escritor hizo presencia. Habló sobre la novela que tanto tiempo le había llevado escribir, lo que había querido retratar en ella y un sinfín de cosas más mientras los fanáticos, todos ateos porque esa era la postura de su ídolo, divinificaban al escritor admirando absolutamente cualquier cosa que dijera o hiciera. Por absurda que fuera. Farahniuk concluyó su habladuría invitando a los asistentes a comprarle el libro allí mismo, puesto que tendrían un pequeño descuento, mucho más pequeño que el precio de la entrada, una vez finalizada la ronda de preguntas.
  Durante la ronda de preguntas, Johnny se pasó todo el rato con la mano levantada. Había tantas preguntas que quería hacerle que no sabía cuál escogería. Pero veía cómo iba pasando el tiempo y el escritor iba señalando y contestando a otras personas. Mayoritariamente a chicas de buen ver. Johnny se enfadaba un poco cada vez que no le preguntaba a él. No podía ser, él era su mejor fan, y le estaba ignorando por completo. Se acabó el tiempo y el chico no pudo intercambiar ni una palabra con su ídolo. Pero le quedaba una esperanza. La firma de libros. Tras pagar veinte dólares por el libro, con el descuento, se puso en la larga cola para que le firmara su ejemplar. Esperó una hora y el autor dijo que se había acabado el tiempo de firmas cuando todavía quedaban tres o cuatros personas antes que él. Pero Johnny no se iba a dar por vencido. Cuando el autor desapareció por detrás del escenario en el que había dado su charla, Johnny burló la seguridad y fue tras él.
-          ¡Ey, Mark, Mark! – Llamó su atención el joven.
-          ¿Pero qué coño…? – dijo el autor dándose la vuelta.
-          Hola, me llamo Johnny, soy tu fan número uno. Tengo todos tus libros, y cuando sale la edición especial un par de meses después de su lanzamiento, me la compro también. Y, bueno, creo que merezco un poco de tu atención.
-          Por favor, déjame tranquilo, el tiempo de la conferencia ya se ha alargado más de lo previsto.
-          Ya, pero de verdad, quería, necesitaba darte esto – dijo Johnny extendiendo sus brazos sujetando el borrador de su novela.
-          ¿Y yo para qué lo quiero? No soy editor – replicó el escritor.
-          Ya, pero te admiro mucho. Solo el hecho de que leyeras mi primera novela sería un gran honor para mí, y si pudieras darme tu opinión, me harías el hombre más feliz del mundo.
-          Paso, no tengo tiempo – contestó el afamado escritor dándose la vuelta.
-          Por favor Mark – dijo el chico arrodillándose – te lo suplico.
Sorprendido, el escritor se dio la vuelta y se acercó a su fan.
-          Levántate – le dijo
  Y al ver que el chico no reaccionaba ¡slap! le dio una bofetada en la cara que casi lo tumba a la vez que los folios de su borrador se saltaron por los aires desperdigándose por toda la sala. Hecho que sucedió a cámara lenta, en plan dramático.
-          ¡Eres un hombre patético! – le gritó el escritor - ¡Los hombres jamás se arrodillan ante otros hombres!... Si divinizas a un semejante, siempre serás un inferior. Vete de aquí, no quiero volver a verte.

Johnny salió de allí derrotado. Se fue en dirección a la parada de autobús para ir a su casa. No podía parar de llorar. Por el camino, tiró su borrador a la basura. Había dejado de admirar a su autor favorito, precisamente, la única vez que éste había hecho algo por él. Su próximo relato sería algo totalmente distinto, alejado de la influencia de Mark Farahniuk. 

jueves, 25 de diciembre de 2014

MIRADAS

Es hora punta en la ajetreada ciudad de Krung Tep, más conocida como Bangkok. El tráfico apenas avanza y el semáforo se pone en rojo. Mientras camino por la acera, a lo lejos, diviso a una preciosa chica asomando por la ventanilla trasera de un autobús. Sus ojos se dirigen hacia mí, y yo no puedo evitar mantener mi mirada clavada en la suya. Me pierdo en sus pupilas como en una ciudad desconocida, anhelando descubrir todo aquello que esos ojos rasgados han visto, y yo no. Sigo mirando mientras camino, no sé por cuánto rato, ¿veinte segundos? ¿treinta?. Puede parecer poco tiempo, pero es bastante aguantando la mirada con una desconocida. Cuando ya considero que se puede sentir molesta, o acosada, decido mirar al frente. Pero cuando estoy a punto de sobrepasarla, no puedo evitarlo y la vuelvo a mirar, y ella me está mirando todavía, y sonríe, y sonrío, y esa sonrisa nos la llevamos a nuestras casas.

domingo, 14 de diciembre de 2014

TIME IS RUNNING OUT

Avanza y no se detiene,
inexorable, imparable. 
Destruye sueños y esperanzas, 
desgasta pieles y almas, 
las hojas caen para siepre
se descomponen y fusionan con la tierra. 

Avanza y no se detiene, 
calculas cada movimiento 
no quieres hacerlo en balde
comprendes que hay un límite.
Crece en volumen lo añorado, 
aunque mengua en intensidad. 

Avanza y no se detiene, 
dejando un reguero de cadáveres
que acaban siendo nada, como todo, 
Infalible destructor 
que de nada se apiada, 
una semilla en las cenizas cae.  

Avanza y no se detiene, 
el erguido se curva, 
el niño se masturba, 
y la semilla se hace flor. 
La rueda que jamas cesa. 

Avanza y no se detiene, 
por mas trabas que encuentre, 
por menos se lo imploremos, 
pierde pétalos la flor, 
lo marchito pierde su olor,
pero cae otra semilla. 

Avanza y no se detiene, 
la vida tan efímera, 
nada en ella permanece, 
mente cansada enferma, 
lagrimal se humedece 
y solo consuela el amor.

Imagen extraida del video "NEVER ENDS" de FlowFidelity films: http://vimeo.com/50158314

martes, 4 de noviembre de 2014

MI PAÍS

Mi país,
tierra de mentirosos, 
falsos poderosos 
y asesinos de toros, 
en mi país. 

Mi país, 
que abandona a los necesitados
y ampara a los verdugos, 
herencia del dictado, 
libertades bajo yugo, 
en mi país. 

Mi país, 
que me provoca asco, 
rabia, 
impotencia, 
desprecio, 
vergüenza, 
náuseas, 
por perseguir a los justos, 
y recompensar la vileza, 
por abandonar en alta mar al inocente,
para porteger su riqueza, 
por aclamar el catetismo, 
y abandonar la destreza, 
por el trascender de la realeza.
¿orgullo patrio? 
No. Lo siento. 

PERDERME

Quiero perderme en tí
y jamás encontrarme
Ya me olvidé de mí, 
no quiero recordarme. 
Quiero perderme en tí, 
recorrer todo tu cuerpo, 
escalar tus montañas
y explorar tus cuevas. 
No sé qué será de mí, 
pero tampoco me importa. 
Quiero perderme en tí
y descubrir el lejano oriente, 
quiero desprenderme de mí, 
y ocupar el interior de tu mente.
Quiero ser uno contigo, 
lograr entenderte, 
quisiera que vengas conmigo
y que estemos juntos por siempre.