El día. Durante el día el sol brilla, aumenta el tráfico en
las carreteras, el fluir de la gente, se llenan los colegios, las oficinas
encienden los ordenadores. El día recoge una gran cantidad de vida que parece
llevada al punto de ebullición. Todo junto parece un frenesí, pero en el fondo
la mayoría de las personas se encuentran en un estado de serenidad causado por
la rutina y los convencionalismos sociales. Por el contrario en la noche, el
sol no brilla. Reina la oscuridad interrumpida por las farolas de las ciudades
y pueblos. La gente no se deja ver demasiado por las calles. Sin embargo, tras
las cortinas se suceden cosas que son inimaginables durante el día. Se dan las
más desenfrenadas fiestas en las que los asistentes bailan enloquecidos, se
suceden las más salvajes muestras de amor, todo a escondidas. Así la que a
simple vista parece una apacible noche, esconde las más frenéticas actividades,
y lo que luce como un ajetreado día puede ser mucho más pacífico de puertas
para adentro. Exactamente igual que ellas dos.
viernes, 30 de octubre de 2015
DIANOCHE
jueves, 24 de septiembre de 2015
INFIERNO A LA CARTA
Estaba John disfrutando de sus vacaciones de verano en
Ibiza, gozando de lo que más le gustaba en este mundo, abusar de la oferta de
hotel con todo incluido. Pasaba días llenándose más platos de carne de los que
podía comer en el bufet libre, pidiendo rondas de cubatas de tres en tres
bebiéndose la mitad y dejando la otra mitad repartida por la terraza de la piscina.
Realmente estaba gozando cuando, repentinamente, su corazón dejó de funcionar.
Llevóse John la mano al pecho y con una mueca de dolor abandonó la vida. El
exceso de grasas, azúcares y alcohol le habían pasado factura. Su alma dejó su
cuerpo para descender al mundo de las tinieblas.
Como despertando de
un profundo sueño, lo primero que vio al abrir los ojos fue una criatura bípeda
con cabeza de cerdo y un cuerpo de una textura rara, como si estuviera su piel
del revés y toda su superficie estuviera en carne viva. Lo que más le
sorprendió fue escucharle hablar su idioma perfectamente. Al mirar a su
alrededor, John vio que se encontraba en la orilla de un lago del que emanaba
un nauseabundo olor. El cerdo le contó que ese era su nuevo hogar, y que allí
iba a habitar por el resto de la eternidad. Al acercarse al lago, John observó
asqueado al ver que el líquido era marrón y algo más espeso que el agua, para
más inri, flotaban en él trozos de limón, de naranja, cacahuetes y servilletas
con diferentes logotipos hoteleros. Una especie de versión gigante de la pica
de un bar cuando se atasca el desagüe. Por si esto no fuera suficiente para
hacer difícil la estancia junto al lago, de sus aguas surgían millones de
mosquitos con ganas de picar y absorber la sangre del recién llegado. Según
palabras del cerdo, aquel lago se había formado con todas las bebidas pedidas y
no consumidas en todos los bares de los hoteles con todo incluido de la tierra.
Todo ese líquido que acabó desperdiciado y lanzado a través del desagüe de la
pica de la barra por haber sido pedido por borrachos que ya no podían beber
más. Informó el cerdo a John que solo él había ampliado el lago aportando mil
litros de líquido a lo largo de su vida.
El cerdo le explicó
a John también la causa de su existencia. Contó que cada vez que alguien se
llenaba un plato de carne en un bufet libre y lo tiraba sin siquiera probarlo,
esa carne iba a parar a la granja del infierno, dónde cada cien quilos
recibidos de carne creaban a una criatura como él. Algunos con cabeza de cerdo,
otros de cordero, otros de vaca, pero todos con cuerpos creados con las
diferentes carnes desperdiciadas. Le remarcó el hecho de que él mismo había
sido creado básicamente por carne desperdiciada por John. La conciencia
superior entendía el sacrificio de otros seres por alimentación, pero no
toleraba el desprecio a las vidas sacrificadas con tal propósito.
John empezó a sentir
miedo, se estaba dado cuenta de cuánto mal había hecho en vida al planeta, pero
ya era demasiado tarde para arrepentirse. A su lado observó que había muchos
hombres y mujeres con sus cabezas hundidas en las inmundas aguas del lago de
los cubatas desperdiciados mientras eran sodomizados por criaturas similares al
cerdo que le hablaba. Entre dos víctimas sodomizadas, John vio un espacio,
justo frente a él, y entendió estremecido que ese era su lugar. Con los ojos
llorosos miró al cerdo, quien respondió con una tétrica sonrisa y asintiendo. A
pesar de sus súplicas, John fue empujado violentamente por el cerdo hasta que
su cabeza fue hundida con fuerza en las pestilentes aguas. Tragó la mezcla de
líquidos pestilentes hasta la asfixia, pero no murió. Ya estaba muerto, así que
le quedaba la sensación de estar asfixiándose durante rato y rato sin llegar a
morir, un sufrimiento extremo para toda la eternidad. Cuando su cuerpo estaba
lleno del líquido vomitaba, aportando bilis al pestilente lago, y se repetía el
ciclo de tragar y vomitar continuamente. Por si tal agonía no fuera suficiente,
notó como el cerdo le desgarraba los pantalones y seguidamente el ojete. John
no lo escuchó puesto que tenía los oídos sumergidos en el agua, pero el gruñido
de placer del cerdo al penetrarle retumbó por todo el valle infernal. Y esa iba
a ser la situación de John por el resto de la eternidad.
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lunes, 17 de agosto de 2015
BYE
If you want to cry when you say good bye,
then cry, don’t be shy.
It is not sadness that causes the tear drop,
but happiness that you felt before
so cry, and be thankful for the good days you
had.
And never forget, it is not sadness,
sad is when the good bye causes relief,
this tear drop is dropped by the happiness in
your memories.
domingo, 2 de agosto de 2015
CARA B
Ibiza, esa isla conocida por sus fiestas, sus playas y su
diversión. Esa isla en la que los garitos presumen de conseguir cualquier cosa
que desees, siempre y cuando puedas pagarlo, claro. Ese lugar de caras
festivas, alegres, disfrutando de la vida nocturna a tope y relajándose durante
el día en sus playas de agua cristalina. A ritmo de música electrónica en su
cara A. Pero le damos la vuelta al disco y la música es bien distinta, porque
toda esa fiesta y disfrute no se genera sola. En la cara B están los artífices,
rostros cansados que salen de sus trabajos de madrugada y con dolor de piernas.
Son los rostros que no saldrán en google cuando buscas Ibiza. A las dos de la
madrugada los puedes ver en los barrios paseando a sus perros, todavía con sus uniformes
de camareros, o limpiadores o pantalones a cuadros de haber salido de una
cocina. Con las placas identificativas todavía colgadas de sus camisas. Placas
en las que aparece su nombre y el de la empresa a la que entregan su juventud a
cambio de un salario al mes. Estos son los rostros de la cara B, pálidos por no
haber tenido tiempo ni energía para ir a la playa, a pesar de tenerla a diez
minutos, serios, cansados de sonreír hipócritamente a sus clientes por
exigencias del contrato. Rostros decepcionados que una vez soñaron ser
futbolistas, estrellas de la música, o de la televisión, pero crecieron.
Crecieron y soñaron en ser abogados, arquitectos, biólogos o escritores, pero
maduraron. Maduraron y se ven atrapados en sus rutinarias jornadas que les absorben
el tempo para perseguir sus sueños, y se encuentran con sus semejantes, hay
complicidad, se abrazan, pasean al perro por las noches y tienen su pequeña
recompensa.
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miércoles, 15 de julio de 2015
EL HECHIZO
Estoy con Susana
paseando por Khao San Road, una pequeña calle de Bangkok abarrotada de
turistas, negocios y buscavidas poco honestos.
-
Ten cuidado, cariño – me dice Susi
mientras me lleva de la mano – por aquí hay seres de mirada hechizadora.
-
Tranquila Susi, todo irá bien mientras
no nos soltemos la mano – le contesto con una sonrisa
-
Si, y no te olvides de mantener la
mirada al frente, es muy importante, si estableces contacto visual con la
medusa puede que te pierdas para siempre.
-
Descuida.
Me sigue llevando de la
mano. Tiene más experiencia que yo, ha estado antes aquí. Aunque no es solo
aquí. Siempre ha tenido más iniciativa que yo, tiene dotes de liderazgo.
Caminamos a través de la multitud ignorando todos los sonidos que tratan de
llamar nuestra atención. “tuk tuk” “ping
pong” “hello sir” son cantos de sirena claramente dirigidos a nosotros.
Pero continuamos con nuestras miradas fijas al frente, con nuestro objetivo
fijo, dirección al hotel, donde estamos a salvo del hechizo de la medusa. Un
par de calles antes de llegar allí, paramos en un puestecito de fruta para
comprar una ración de piña y otra de sandía. Es típico en las calles de esta
ciudad encontrarte todo tipo de productos frutales. Exquisitas frutas ya
cortadas, zumos, batidos o helados, todo listo para tomar. Una estrategia
estupenda para combatir el tremendo calor. Mientras la amable mujer del puesto
nos corta la fruta escucho un sonido que me llama la atención. Es como una
ventosa, repetidas veces. Miro a mi alrededor tratando de averiguar de dónde
procede tal extraño sonido. Mi mirada se cruza con los ojos del causante del
sonido. Y entiendo, era el canto de la sirena, y ahora estoy recibiendo la
mirada de la medusa. He caído de lleno en el hechizo. Estoy jodido. El hombre
de mediana edad que hace el sonido de ventosa con la boca, me mira y se ríe
mientras siento su poder penetrar en el interior de mis pupilas. He caído en su
trampa. Su energía me atrapa sin que pueda resistir y acabo metido en la cabina
de su tuk tuk, una especie de moto de tres ruedas con un compartimento trasero
para pasajeros. Usado principalmente como taxi en todo el país. De repente, sin
darme cuenta, me encuentro circulando en una desconocida calle y no tengo ni
idea de dónde está Susana, supongo que a ella no le atrapó el hechizo.
-
¿Ping pong show? ¿Hotel? – me pregunta
el conductor.
-
No quiero ir a ningún lugar, déjame
bajar aquí
-
¿Español? – pregunta
-
Si, para aquí, quiero bajar
-
¿Al bar? Barato barato, happy hour
mojito, ¿Barselona o Madrid? – me pregunta
-
Eso me la suda, déjame bajar – le digo
-
¿Melasuda juega Champions? Vamos a bar
muy barato y bueno – no sé si no me entiende o no me quiere entender.
Sin darme cuenta estoy
en un garito tomando mojitos de garrafón a cien baht. Bebo y bebo y vuelvo a
beber. Su estrategia es poderosa, cuánto más bebo más mengua mi resistencia al
hechizo. La camarera, una belleza asiática con una simpatía encantadora, no
para de traerme copas, y yo cada vez ofrezco menos resistencia. Estoy sentado
en un taburete justo al lado de la calle, puedo ver al conductor del tuk tuk
vigilándome en todo momento. No me pierde de vista. Y cuánto más bebo mayor es
su sonrisa. Se me ocurre intentar escapar. Cuando me levanto tengo al conductor
preparado para atraparme otra vez y le digo que solo voy al baño. Allí voy
directo a buscar una escapatoria. Una ventanilla o algo por donde me pueda
escurrir. Si sigo bebiendo acabaré totalmente dócil bajo el influjo del
hechizo. Pero no encuentro nada. Salgo y me meto en el baño de mujeres, que por
la orientación del edificio es más probable que tenga una salida a la calle y
¡Bingo! Tiene una ventanilla. Es de éstas que solo se abren un par de
centímetros, así que estiro hasta romper los enganches y la atravieso. Caigo en
un montón de bolsas de basura y veo como huyen despavoridas por el estruendo un
montón de ratas y cucarachas. En la esquina veo a un mendigo occidental con una
larga barba y pintas de haber venido del siglo XIX con una máquina del tiempo.
Bebe de una de esas botellas sin etiqueta algún tipo de licor de destilación
tailandesa. De esos que saben a rayos de excremento y le pegan a tu cerebro con
un bate de béisbol.
-
Has caído en el hechizo, lo veo en tus
ojos – me dice después de dar un trago
-
¿quién eres tú? - pregunto
-
Mi nombre es Cogliostro, yo fui como tú
una vez, y lo que haces no es buena idea, te puede llevar ante demonios más
malignos que los que te retienen ahora
-
¿Quiénes son? ¿Qué puedo hacer?
De repente el hombre se
asusta al escuchar unos gritos en tailandés. Al final de la calle veo a unos
policías que señalan hacia mí.
-
¡Corre! ¡Vuelve a meterte en la
ventanilla y paga tus deudas! ¡No quieras acabar en la cárcel!
-
¿Cómo? – No entiendo nada, pero no deja
cabida a la conversación
-
¡¡Coree!! ¡¡Escóndete!! ¡¡ y paga tus
cuentas!!
Su intensa mirada al
gritar me convence. Me apresuro a volver a meterme en el interior del edificio
por la ventanilla del baño de señoras. Cuando salgo de allí, por la misma
puerta por la que había entrado, hago como que me había confundido. Pago mi
cuenta y antes de poner un pie en la calle tengo al conductor esperándome con
una sonrisa, la sonrisa del demonio que me tiene totalmente atrapado.
-
¿Bar bueno? – Me pregunta mientras me
vuelve a hundir en las profundidades del tuk tuk.
-
Si, bar bueno – le contesto – pero
quiero …
-
Ping pong show – me interrumpe
imponiendo, no preguntando esta vez.
-
Si… ping pong show - dice mi boca a pesar de que mi mente dice no.
Después de veinte minutos de trayecto a
través de la ciudad llegamos a una calle dónde se junta lo peor de la sociedad
de cada uno de los cinco continentes. Me recuerda a Sin City. Un escaparate de
mujeres se levanta a ambos lados de la calle y por el suelo se arrastran
borrachos y mendigos, difícilmente se puede distinguir entre unos y otros. El
taxista me empuja dentro de un garito, me cobran la entrada y empieza el show.
Una mujer preciosa se abre de piernas y empieza a disparar pelotas de ping pong
hacia el público mientras una camarera no para de servirme bebidas. Empiezo a
perder mi conciencia no sin que se me pase por la cabeza volver a intentar
escapar. Pero recuerdo a Cogiliostro y decido pagar mi cuenta y salir del
garito. Entro en el tuk tuk por mi propio pie.
-
¿Quieres lady? ¿Marijuana? ¿Opio? – me
dice, siempre con su sonrisa
-
No… hotel… - le digo a la vez que se
cierran mis ojos.
En mi siguiente
recuerdo estoy durmiendo en una cómoda cama. Obviamente estoy en la habitación
de un hotel. Un hotel de lujo. Me pregunto cuánto habré pagado por ello. Me
duele la cabeza de una manera exagerada, supongo que debido al alcohol barato
consumido anoche. O tal vez sea la resaca del hechizo. Me meto en la ducha y
allí intento recapitular todo lo ocurrido anoche. No recuerdo nada después de
ver el ping pong show, solo espero que no sucediera nada más. Tal vez beber
hasta perder la conciencia rompió el hechizo. Miro el contenido de mi cartera
que es cercano a cero. Salgo de la habitación y me acuerdo de Cogliostro
aconsejándome que pague mis deudas. Tal vez fuera eso lo que me liberó del
hechizo, quedarme sin dinero. Paso por recepción para hacer el check out y
salgo de las instalaciones con las esperanzas de volver a ser libre. Pero toda
mi esperanza se derrumba al ver al pequeño maligno esperándome en la puerta.
Debe haber pasado allí toda la noche. Intento esquivarle, darle esquinazo y
correr en dirección opuesta a él, pero no sirve de nada. Al doblar la siguiente
esquina allí está él, con su mirada fija en mí y su maligna sonrisa. Su hechizo
me vuelve a atrapar y las fuerzas invisibles me vuelven a hundir en las
profundidades del tuk tuk. Sin darme ni cuenta vuelvo a estar en circulación
por el interior de la ciudad.
-
¿desayuno? ¿restaurante? – me pregunta
-
Pero no tengo dinero – le digo- no me necesitas para nada
-
ATM – me responde. Se nota que no es la
primera vez que le ponen esta excusa.
Paramos la marcha un
momento frente a un cajero automático para que pueda sacar dinero. Tengo que
esquivar a un borracho para poder llegar a las teclas. El borracho está
aparentemente dormido y sujeta una botella de veneno tailandés. Su cara está
cubierta por un antiguo sombrero. Al introducir mi contraseña bancaria la
maquinaria hace un ruido molesto que le despierta.
-
¿todavía atrapado? – me pregunta
Cogliostro
-
Si – le digo a la vez que rompo a llorar
y me abrazo a él – ya no sé qué hacer, quiero volver con Susana ¿qué hago?
¿cómo rompo el hechizo?
-
Gasta todo tu dinero – dice Cogliostro
con su profunda voz – si no tienes dinero no tienen poder sobre ti.
-
Pero lo hice, y mírame, aquí me tienes
sacando más dinero
-
Pero gástalo todo, hasta que tu cuenta
esté a cero.
-
No lo gastaré nunca – digo entre
lágrimas y sollozos – soy jodidamente rico.
-
Puedes conseguirlo, bebe más, come más,
dile al conductor que te lleve a los sitios más caros y buenos que conozca,
tienes que gastar todo tu dinero.
-
Pero tengo rentas, cobro cada mes sin
que haga nada.
Cogliostro me abraza y
su aliento a alcohol junto con el hedor que emana de su cuerpo crean una
atmósfera fatídica, ideal para lo que me va a decir:
-
Lo siento mucho, no hay esperanza para
ti.
Lloro abrazado al
pestilente Cogliostro durante un buen rato. Al final se me secan los ojos. No
me quedan lágrimas. Entonces decido levantarme y enfrentarme a mi fatal destino
de infinitas comidas en restaurantes caros y borracheras.
-
Antes de irte – me retiene Cogliostro -
¿Me das cien bahts?
-
Claro, toma, te doy más, todos los que
quieras….
-
No no no, no me líes. A mi dame solo
cien baht para una botella, si adquiero más dinero corro el riesgo de volver a
caer bajo el hechizo de la sirenomedusa.
Le doy los cien baht, y
me subo al tuk tuk con la cabeza gacha. El conductor sigue con su imborrable
sonrisa del diablo.
-
¿Breakfast?- me pregunta
-
Sí, quiero el mejor desayuno que me
puedas conseguir.
Desayuno como un rey,
me traen de todo. Desayuno continental, lo llaman. Tiene huevos, pan, queso,
fruta con yogurt y muesli, y café. Desayuno dos veces. Puedo hacerlo. Tengo que
gastar más de lo que gano. Acudo a los centros de masaje más caros y me pido el
masaje con aceite. Ceno en un buffet libre japonés y luego de vuelta al bar. A
beber hasta que mi cuerpo aguante para evitar el riesgo de que me lleve a un
burdel. Jamás podría perdonarme el serle infiel a mi amada Susana. Y nada de
garrafón, todo primeras marcas para gastar más dinero. Acabo por los suelos,
vomitando.
En mi siguiente recuerdo estoy en un
hospital. La cama no es tan cómoda como la de la noche anterior. Salgo de allí
y me hacen pasar por recepción para pagar la factura. Una factura bastante más
alta que la de un hotel. Es lo que tiene viajar sin seguro. En ese momento algo
se ilumina en mi mente. Si acabo en el hospital todas las noches, tal vez
consiga gastar bastante más dinero del que gano. Abandono el hospital, y allí,
en la puerta misma de éste está el pequeño diabólico conductor del tuk tuk.
Entro decidido a iniciar lo que se convertirá en mi salvación. Ignoro el dolor
de cabeza y tras un copioso desayuno decido empezar a beber para perder pronto
mi consciencia. Y así un día y otro. A
veces pierdo algo más que la consciencia. Un día me levanto con una muela menos
y dolor por todo el cuerpo, otro día me levanto y tengo varios puntos de sutura
en la ceja. Es estupendo, cuanto más trabajan conmigo en el hospital más me
cobran, y siento más cerca el final, la ruptura del hechizo.
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero mi
aspecto se asemeja ya al de Cogliostro. “ATM”
le digo al tailandés que me tiene recluso en su tuk tuk. Me lleva, y cuando
intento sacar dinero me invade la felicidad al leer en la pantallita “su crédito es insuficiente”.
-
¡Eh! – le digo al conductor- ¡Eh! ¡Me he
quedado en bancarrota, no tienes poder sobre mí! – Y seguidamente suelto una
carcajada digna de villano de película de serie B.
-
¿Cómo? ¡Me tienes que pagar mis
servicios!- Me dice, sin sonreír por primera vez desde que le conozco.
-
Cóbrate las comisiones del bar, a mí no
me queda ni un baht – ahora es mi sonrisa la que no se borra
-
Pero yo tu taxi dos semanas, me tienes
que pagar cuarenta mil baht.
-
No tengo nada – y le doy la espalda.
Estoy cerca de la
libertad, pero todo tiene un precio. El conductor no me va a dejar irme sin
pagar así como así. Me agarra por el hombro y al girarme me pega un potente
puñetazo en la cara. Jamás hubiera dicho que ese hombre tan pequeño fuera capaz
de pegar con tal fuerza. Luego recuerdo que el deporte nacional es el Muay
Thai. Mientras yo corría detrás de un balón, este pequeño hombre se partía la
cara con sus compañeros de clase por diversión. Y eso se nota. El pequeño
hombre que ya no sonríe me pega con las rodillas, con los codos, me parte la
boca, la nariz, y alguna costilla. Me deja en el suelo al borde de la
inconsciencia.
Mi siguiente recuerdo es una voz que
reconozco.
-
¡Marc! ¡Marc! ¿Estás bién?
Abro los ojos y veo a
mi querida Susi. Su cara muestra una gran preocupación.
-
He roto el hechizo- le digo sonriendo
-
Oh, Marc, pensaba que te había perdido
para siempre – me dice abrazándome
-
Pero nos he arruinado
-
Tranquilo, no pasa nada, lo importante
es que estás a salvo. Vamos para casa.
FIN
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viernes, 26 de junio de 2015
Reporting from Cambodia: A Project Mayhem Tale.
Sir, as you
can check on the newspapers, the project Mayhem in Spain is a complete success.
The Euro is going to collapse and the country soon will see its borders blurred
by the rise of the all dancing all singing crap of the country. I buried the
seed and took care of the tree until it was independent enough to keep growing
up by itself. Now is about to bloom. The project doesn’t need me there anymore.
So I moved on.
Now I’m in
Cambodia and after a deep analysis of the society I decided to move into the
community, the country side, which is a mine of cheap labourers for the
expensive business in town. Young men and women who are lied, they are promised
to have the chance to promote in their jobs and get as rich as their employers
are, but that is not gonna happen, and they realized, what makes them very
pissed off. Meanwhile, the middle class tourists can get a luxury style of life
that they can’t afford in their countries, and the owners of the lands get more
expensive cars than the whole houses of their workers. Everything at the
expenses of the health of the modern slaves called employees. The countryside
folks have no formation or knowledge, so they accept any kind of humiliation
from their bosses in order to get a couple of dollars at the end of the day.
They feel the frustration, they feel the anger, but they don’t know how to
drive it… yet.
Since I’m
here, many young boys and girls showed interest for the project. They are good
learners and they understand the purpose of the actions. The seed has been
buried, and the first sprout is showing up. Project Mayhem keeps expanding
overseas.
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domingo, 31 de mayo de 2015
MIDSUMMER TALE
summer, and
summer, as every year, is time to come back home. A sweet and sour feeling is
with me when I first step on my island every year. My little town, the place
where I grew up, looks quite the same for the last twenty years. The old
friends have the same old habits. They go to the same old bar. They have the
same old jobs, and the same girlfriends. However, I see everything different.
There is a new feeling about every single people, about every single place.
They are the same, but the feeling perceived is different. The change is inside
me, and it is irreversible.
After some days of peace, getting adapted to
the new time zone, I have to start the worst of the modern day mind engagement.
I have to return back to my seasonal stupid work as a waiter of a hotel. As
every summer, the season starts on June, and I start working, cancelling any
chance of exploring my inner self in order to get spiritual peace. Call it
mental peace or sanity if you want. There, I let the days pass by fast while I
serve rivers of draught beer and vodkas that flow through my hands and leads
into the thirsty mouths of the inebriate tourists mostly coming from the United
Kingdom. It looks like a never ending story, every day the same. It is kind of
funny how most of the people tells me how lucky I am to live here. They always
tell me that I must go to the beach a lot; they always think that I must party
hard every day in those clubs full of chicks, drugs and deejays. And they
always say that I must fuck a lot, when I say I am from Ibiza. Nothing is
further from the truth. Often, I go to the beach a couple of times along the
whole summer. I don’t go to the big clubs unless I get paid for doing some job
in there. And about sex… let’s say that I’m too busy for that while I’m
working. My perspective of this internationally known as “the party island” is
completely different. For me is the work place. Never happens something
exciting to me when I’m there. Summers are just for work, that disgusting
operation that has to be done to extirpate the tumor of poverty that grows on
my bank account along every winter tripping around Asia. Every day here is like
the copy of the previous day, sometimes hotter.
This summer -I wander why- I have started
being more talkative with the clients of the hotel. I used to be the least speaker
waiter of the world. I used to just speak the minimum amount of words needed to
execute my task. But I’m acting different towards the people this year.
Something had change, and isn’t about them, but me. Having some conversation
with the people makes my days lighter, and gives me the impression that the
summer is going to finish earlier so I can take off sooner. I speak with John,
the family guy, about the profitable business he has in Scotland. I speak with
Jane, the aged lady, about the book she is reading. I speak with most of the
people about how they are enjoying their holidays or some other trivial
conversation that I don’t really give a fuck about. But is entertaining to
listen, as a bad song playing on the radio, it makes the time smoother. Until I
speak with Jean or she speaks to me; to be more accurate. She was with her
friends, giving the last farewell to the single life of one of them, and
getting drunk, of course. She is an interesting person, looks nice. And she has
a perspective of the world that I like. She has something more in her head than
bullshit deejays and parties. And she works on the world of cinema, one of my
many frustrated vocations. She is the one of her friends coming to the bar to
buy all the shots. The conversation flows a little bit every time. I can feel
like every shot she drinks, she is a step closer into my mind. The first shot
she tells me how long they will be partying in Ibiza, the second shot she tells
me about her work, the third shot she tells me about the kind of movies she likes,
after the seventh shot she tells me how interesting she thinks I am. I notice
she likes me, not because I’m good at that, but because she is giving me
indications with lighting arrows. She can’t help herself and tells me to go
with her behind the bar because she wants to tell me one thing. I have to say
that she is drunk as fuck. She asks me to go with them to the party somewhere
where I’m not interested to go at all, and I am to sober to go, so I kindly
refuse her invitation. Instead I offer a meeting the following day, the both of
us, after my work. She accepts giving me a long kiss on my lips as a sign of
the deal. That escalated quickly. I have to interrupt her kiss in order to be
able to continue working. I’m sure some client could see that, and it could
result as problems for me.
The next day I buy a bottle of red wine and I
go to work. I am nervous, I’ve never done that before. Never with a client,
never with a so unknown girl. When I see her, I ask if she still remembers that
we have a date. That drunk she was, that I wouldn’t be surprised if she says
that she doesn’t remember, or that she changed her mind. But she says yes, with
a much shier smile on her face. After work I go to have a quick shower and I
pick her up, who is waiting at the bar. It is a little embarrassing for me the
fact that all my coworkers see me with her. Is the first time I have date with
a client.
I drive my car to a remote beach where we
drink the wine together, we talk, we laugh, we kiss and then we have sex with
the waves of the sea as a background soundtrack. We enjoy a good time together,
and suddenly my work is not so a bad thing. At the second round she says she
feels sour at her legs, she is having a hard time to keep them opened for so
long, so we have to change position. No one said something like that to me
before. I realize that flexibility on women is an important skill for sex. It
feels good to have a special night like that. We have some nice time together,
and I drive her back to the hotel with the first lights of dawn.
The day of her departure we say good bye with
a big hug. We exchange our emails. I would like to keep in touch, maybe have a
new friend. But probably she thought something else, because she never answered
back my emails. After some time had passed, I thought that she might had a
boyfriend back home, and I was the crazy night in Ibiza. Quite sad, but anyway
I feel thankful for that special day which made my summer less charging.
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