martes, 11 de octubre de 2011

Hispanidad


Día doce de octubre, un día en el que los españoles están de celebración, un día que desde hace tiempo me desconcierta, porque realmente me pregunto qué coño se celebra. En principio se celebra el día en el que el señor, si es que se le puede llamar así, Cristóbal Colón descubrió América. Lo primero que me desconcierta es que en el colegio nos expliquen como la historia real, el hecho de que Cristóbal Colón descubriera un sitio que ya estaba habitado por una civilización bastante avanzada para la época. Con valores mucho mas coherentes con la coexistencia pacífica entre el hombre y el planeta que no los que tenemos a día de hoy. Recordemos aquella profecía de los indios Cree, del norte del continente, que dice:
  Solo después que el último árbol haya sido cortado, solo después que el último río haya sido contaminado, solo después que el último pez haya sido pescado, solo entonces te darás cuenta de que el dinero no se puede comer.
  Y una civilización con tales valores fue arrasada, y aunque no solo fue España, el doce de octubre hace apología al inicio de dicha masacre. Posiblemente uno de los mayores genocidios provocados en toda la historia por "nuestro" país. Y entrecomillo nuestro porque yo no considero que tenga un país. Mas bien yo soy del país, que el país mío, ya que solo he nacido aquí y la nacionalidad me persigue allá donde vaya. Entonces, que alguien me explique, por favor, cual es el motivo de la celebración. ¿Qué un antepasado nuestro descubrió un continente que: arrasamos, matamos a sus legítimos habitantes, violamos a sus mujeres, robamos su oro, despreciamos su cultura y destrozamos su hábitat? Y a cambio, ¿Qué les dimos? ¿Religión? ¿Armas de fuego?
  Se supone que se celebra la patria, y el orgullo de ser español, sin embargo se hace referencia uno de los actos mas vergonzosos llevados a cabo por esta nación, sino el que más. No existe ningún enlace dentro de mi entramado neuronal que me diga que esto tiene alguna lógica.
  El día que aumento mi desconcierto, en lo que al tema tratado se refiere, fue el día en el que descubrí que al otro lado del charco también se celebra dicha festividad. O sea que un conjunto de países, considerados en gran parte no desarrollados o en vías de desarrollo, condición consecuencia en gran parte de los expolios y saqueos sufridos en el pasado por España, país que a día de hoy rechaza o dificulta la entrada de los habitantes de dichos países, celebran el día de la hispanidad y el orgullo de lo español. ¿Alguien me lo explica?
  En fin, no es mi intención arruinar el día festivo a nadie, pero mi opinión es que en lugar de una festividad, debería considerarse un día de luto nacional y guardar un minuto de silencio en señal de arrepentimiento de los actos acontecidos en el pasado, en lugar de expresar hacia ellos el orgullo que, incomprensiblemente, sienten muchos españoles.   

Os dejo un par de enlaces a interesantes vídeos sobre estas civilizaciones destruidas en el pasado: 




domingo, 2 de octubre de 2011

UNA APASIONANTE TAREA


- Clink, clink, clink...
  El monótono sonido de los cubiertos al golpear entre si, no cesa en horas. Un sonido repetitivo en ritmo y volumen. Cada golpe con un sonido exactamente igual al anterior. La apasionante tarea de secar cubiertos se hace todavía mas interesante gracias a la radio intereferenciada que sintoniza alguna emisora de mierda cuyo sonido, además, es indescifrable. Un ruido ensordecedor de la máquina lavavajillas que hay detrás pone la guinda del pastel a este ruidoso entorno que martiriza mis tímpanos.
- Clink, clink, clink...
  Trato de que cada tenedor quede mirando en la misma dirección al caer al enorme canasto de los cubiertos secos. No es un requisito de la tarea, lo hago para utilizar un mínimo un poco mas amplio de mis aptitudes generales. Para añadir un poco de dificultad a la robótica tarea, que hasta un mono adiestrado podría realizar. Me acuerdo de la palabra alienado, del sentimiento de sin sentido y de mi intento frustrado de estudiar la carrera de sociología.
- Clonk, clonk, clonk...
  Cojo ahora los cuchillos y los acaricio fuertemente, arriba y abajo, dos veces para que queden bien secos y brillantes. No se si será el exceso de tiempo realizando tan absurda tarea que me hace pensar cualquier cosa, o que realmente Freud tenía razón y los hombres solo tenemos sexo en la cabeza, pero el movimiento de la mano me recuerda a la masturbación. Así, en mi cabeza, cada cuchillo que suelto de mis manos, se convierte en una eyaculación metálica.
- Clonk, clonk, clonk...
Soy el robot autómata que eyacula cuchillos limpios y secos preparados para cortar los alimentos que ingerirán los clientes. Por lo que los clientes utilizarán mi semen como herramienta para comer. Se me escapa una pequeña sonrisa, y me siento como un crío de doce años, casi avergonzado de mi propio pensamiento. Pero es que hay que entretener la cabeza para no acabar tarado de tanto clonk, clonk clonk.
  Por un momento me siento infravalorado e inútil. ¿Qué hace un genio como yo haciendo el trabajo de un mono adiestrado, o un autómata eyaculador? Debería estar preparando esa gran obra literaria que se adaptará al cine y me hará millonario. Pienso en dejar el trapo allí mismo, salir por la puerta del hotel y no volver jamás, pero entonces viene a mi mente la imagen de un sinuoso billete que me dice: vuelve, y vuelvo.
- Clonk, clonk, clonk...
Además, si me voy no tendría una excusa para no crear esa gran obra que me hará millonario. Evidenciaría mi falta de aptitud, o mi pereza al respecto. Así que:
- Clonk, clonk, clonk.

jueves, 25 de agosto de 2011

CONVERSACIONES CON EL DIABLO II El precio de la avaricia

Amanece soleado el campo y, como todas las mañanas, me lavo la cara en el mismo lugar dónde previamente he meado. Pero no importa, es lo que tienen los ríos, da igual lo que les tires, se lo lleva lejos, allá donde no lo vemos, por lo que podemos verter cualquier tipo de deshecho, que es como si dejara de existir. Y con esto en mente me lavo la cara bien a gusto, porque el agua del río siempre está limpia a la altura de mi casa, tan cerca de las montañas. Aunque mi felicidad mañanera dura poco, se acaba justo en el momento en el que alzo la mirada al terreno vecino, que está justo al otro lado del río. Es el terreno de Tasicio. En él el sol parece brillar más, los pájaros parecen cantar mejor y las cabras parecen corretear más felices. El terreno de Tasicio es, por lo menos, el doble que el mío, y el trabajo duro que le dedica hace que luzca mucho más bonito. Es verlo y que se borre la sonrisa de mi cara, ya para todo el día. Se me frunce el ceño y se me llena la boca de maldiciones hacia mi vecino. Ese maldito Tasicio, con todo ese terreno, debe ganar un montón de dinero. Hijo de mala madre, ahí le invada la cosecha una plaga de langostas.

  Pero en fin, tengo que empezar mi jornada. Maldecirle no hará que mi terreno crezca o se vea mejor que el suyo. Cavo y, con mi espalda doblada no puedo dejar de pensar en la magnificencia del terreno de Tasicio. Mis dientes no paran de rechinar, más por la rabia que me produce, que por el esfuerzo que necesito para mi tarea. Le pido a Dios que haga algo, que convierta mi terreno en uno mejor que el de Tasicio, o que le arrebate a él el suyo. Oh, señor, ten piedad de mi, de verdad, cualquiera de las dos opciones me servirían. Señor, haz que mis tierras vayan más allá de las montañas. Y día tras día le rezo al magnífico para que cumpla mis deseos.
  Pasan días y más días, pero no parece que ocurra nada. Por mas que le implore a nuestro Señor, las tierras de Tasicio siguen siendo más grandes, más bonitas y más productivas que las mías. Así que, gradualmente, voy cambiando el destinatario de mis oraciones. Cambio a nuestro Señor por el Diablo. Pero tampoco parece funcionar. Nada cambia durante días y mas días, hasta que un día, por la tarde, cuando me disponía a ordeñar a una de mis cabras, me encuentro algo muy extraño entre ellas. Allí, en medio del campo de hierba, me encuentro a un enorme oso de peluche con una carita dulce y amable y unos grandes cuernos rojos. Está sentado en un trono hecho con enormes huesos. Allí, en el centro del campo donde ordeño a mis famélicas cabras, ha aparecido éste trono ocupado por un peluche gigante. Me asusto, me cuesta de creer lo que ven mis ojos, parece obra de una ilusión o un delirio. Me acerco cauto hasta que escucho:
            - Buenas tardes - retumba una voz poderosa como un trueno que retumba en las montañas.
            - ¿Cómo? ¿Quién habla? - Pregunto al cielo, y me quedo mirando al peluche gigante, incrédulo.
            - Adivina adivinanza, eres tú el que me ha estado llamando. - dice el oso, ahora con una voz mas directa.
            - ¡¿Dios?! - pregunto sorprendido en el momento en el que veo al oso mover la boca al hablar.
            - Caliente, caliente - responde el peluche.
            - ¿San Pedro?
            - Pero a ver, ¿Acaso has implorado tú alguna cosa a San Pedro? - Noto por su voz, que no le ha gustado la pregunta.
            - No - contesto - pero siendo cercano a Dios, no se me ocurre quien puede ser... - digo pensativo.
            - ¡Qué soy el Diablo, imbécil!
            - Pero... - reflexiono unos segundos - ¿Es ése tu aspecto?
            - ¡¿Pones en duda mi palabra?! - decía ahora el Diablo en un tono amenazante y atronador como cuando dio las buenas tardes. Y, supongo que es su voluntad, pero el terror me invade todo el cuerpo.
            - De acuerdo, perdóname, ¡Oh! Gran Señor ¿Qué quieres de mi?
            - ¡Joder! Siempre con lo mismo. ¿Qué quieres TÚ de mi?
            - Yo nada, Oh Gran Señor oscuro. - Intento hacerle las máximas reverencias para que no me destruya. Es el mismo Diablo, y me imagino que es capaz de hacer cualquier cosa maligna solo por diversión.
            - ¿Nada? ¿Cómo que nada? Llevas semanas pidiéndome cosas por lo bajini, y ahora que vengo a darte la oportunidad de pedirme lo que quieras, ¿me dices que no quieres nada? Bueno, pues vale, me voy - me dice el Diablo mientras se levanta del trono y me da la espalda haciendo ondular su capa.
            - Espera, Señor, en realidad si que quiero algo. - Con estas palabras para su ida.
            - Escucho - dice el oso gigante, a quien se le dibuja una malévola sonrisa en la cara.
            - Pues bien, quiero que el terreno de Tasicio, sea de mi propiedad.
            - De acuerdo - se saca mágicamente unos papeles de debajo de su capa - Aquí tengo las escrituras del terreno. Son tuyas, pero a cambio quiero pedirte algo.
            - ¿El qué?
            - Las de tu terreno.
            - ¿Cómo?
            - Venga, quieres el terreno de Tasicio, pero todo tiene un precio, dame tu terreno y yo te doy el suyo. Es un buen trato. Su terreno es más grande y mejor, siempre lo has sabido.
            - Ya, pero... también quiero mi terreno.
            - ¿Para qué? Si eres totalmente incapaz de encargarte de todo.
            - Pues porque es mío, y lo quiero.
            - Mmm - pasan unos instantes de silencio en los que el Diablo osuno piensa en una alternativa - Está bien, - me dice - te voy a dar una oportunidad de conseguir los dos terrenos, pero tendrás que saber verla, y aprovecharla. Va a llegarte sin previo aviso. Y si la dejas pasar la pierdes.
  Y con estas palabras el demonio desaparece de mi vista.

  Dejo pasar los días y no parece ocurrir nada fuera de lo normal. Siembro mis verduras, recojo los huevos de mis gallinas, llevo a pastar a mis cuatro cabras y nada se sale de lo común. Maldigo al Diablo y empiezo a preguntarme si todo aquello no fue producto de mi imaginación. Llego a preocuparme seriamente por mi salud mental. Aunque por otro lado también podría ser que la oportunidad hubiera pasado sin yo darme cuenta. Ya me dijo que debería saber verla. Se acerca el invierno y la temporada de lluvias viene poderosa éste año. Ya he perdido la esperanza de que aparezca esa oportunidad de conseguir el terreno de Tasicio. No se si lo que viví fue real, pero voy a intentar no pensar mas en ello.

  Lleva varios días sin parar de llover, y empiezo a prepararme para el invierno. Tapo las ventanas del corral de mis cabras, recojo toda la cosecha que ya está madura, hago conservas con mis alimentos para que me duren mucho tiempo y pasan días y mas días sin que nada parezca salirse de lo normal. Excepto las fuertes lluvias que no cesan. Hasta que una noche me parece escuchar una voz gritando a fuera de mi casa. Me cuestiono si serán otra vez mis delirios, que vuelven, pero igualmente acudo a comprobarlo. Salgo de casa y la voz se hace más fuerte.
- ¡Anacleto! - grita mi nombre - ¡Socorro! - y reconozco esa voz. Es Tasicio.
  Está oscuro y la lluvia no me deja ver a mas de un par de palmos de distancia, pero decido seguir el sonido de la voz de mi vecino que necesita de mi ayuda. Al llegar a la orilla del río le veo. Está un poco más abajo, agarrado a una rama que parece que vaya a quebrarse en cualquier momento.
            - ¡La corriente me lleva, Anacleto, ayúdame por lo que más quieras!
  Y vuelvo corriendo a mi casa a buscar una larga cuerda y vuelvo para lanzársela a Tasicio, pero justo en ese momento reflexiono y me detengo.
            - Has dicho por lo que mas quiera, ¿no? - Ésta podría ser mi oportunidad.
            - Si, por el amor de Dios, tírame esa cuerda ya, que no podré aguantar mucho más.
            - Por el amor de Dios no, pero si por las escrituras de tu terreno.
            - ¿Qué? - En medio de la tempestad y las fuertes corrientes del río parece formarse un silencio que nos envuelve a los dos - ¿Cómo que mis escrituras?
            - Si, quiero tu terreno.
            - De acuerdo, pero lánzame esa cuerda ya, por Dios, ¡Sálvame!
  Efectivamente ésta era mi oportunidad. Me apresuro a lanzarle la cuerda. Una vez fuera y a salvo, me mira con rencor. No le culpo. Sin decir ni una palabra cada uno se va a su casa. Ni siquiera se que demonios hacía en el río a estas horas de la noche. Supongo que caería al ir a buscar a alguna cabra extraviada o algo por el estilo.

  Al día siguiente me despierta el timbre de casa. Abro en pijama y rascándome los ojos, muerto de sueño. Es Tasicio, que lleva una maleta en la mano.
            - Aquí tienes las escrituras del terreno a tu nombre y firmadas. Eres una persona ruin, pero yo soy un hombre de palabra, así que te las doy. Mi finca es tuya.
  Pasan unos segundos en los que el no se mueve de la puerta. Supongo que espera que cambie de opinión, y que le diga que no hace falta que me las dé. Pero al ver que yo cojo las escrituras sin decir ni una palabra más, se da la vuelta y se va.
  Me embriaga la emoción, aunque me contengo por un rato por respeto a Tasicio, estoy en casa con unas ganas enormes de saltar y gritar. Y lo hago. Cuando calculo que Tasicio ya está lejos, con su maleta, salgo a corretear por su campo y a gritar y a saltar y reír. ¡Soy rico! ¡Tengo las mejores tierras de la comarca! son mis cantos entre carcajadas. Y así paso todo el día. Me voy a dormir a mi nueva casa, con una sonrisa de oreja a oreja en la cara, una de esas sonrisas que solo tienes cuando estás enamorado, o cuando has vivido el mejor día de tu vida.

   Durante la noche soy despertado violentamente. El río ha desbordado y ha inundado gran parte de mis terrenos. Ha arrastrado un pedazo de mi casa que se derrumba, y me arrastra a mi. La agonía me invade, lucho por mi supervivencia, pero da igual a lo que me agarre. Todo va violentamente río abajo, dirección al mar. La fuerza del agua me obliga a zambullirme una y otra vez. Con gran esfuerzo consigo sacar la cabeza por un momento, pero al abrir la boca para coger oxígeno solo consigo tragar agua. Voy río abajo, con los pulmones y el estómago llenos de agua, de ésta no me voy a salvar. ¡Maldito Diablo! 

Fuente: Google


jueves, 14 de julio de 2011

MOLDEADO DE BARRO

Eran las dos de la madrugada y Marta, a pesar de que tenía que madrugar al día siguiente, gozaba de la suave y resbaladiza textura del barro. El torno no reparaba en la hora que era y daba vueltas y más vueltas mientras ella moldeaba a su antojo. Todavía no sabía la forma que tendría, ni tan solo si sería capaz de sacar algo que luciera bonito, lo único que sabía era que ponía todo su amor en ello. Toda la intención de hacer una obra honrada y digna. Lo hacía a aquellas horas porque eran las únicas que le quedaban con un poco de tiempo para ella misma. Para querer y mimar su alma haciendo aquello que más le satisfacía como persona individual. La mañana siguiente fue otra cosa muy diferente.
  A la mañana siguiente sonó el despertador a las siete y media de y Marta se levantó muerta de sueño. Bostezando y frotándose los ojos. Pero no podía vacilar. No podía perder ni unos minutos en la cama si quería llevar a Jorge, su hijo de siete años, al colegió y llegar al trabajo a tiempo. Tenía que hacerle levantar, ayudarle a vestir, hacerle el desayuno, asegurarse de que se lavaba los dientes y, a la vez, tenía que desayunar y preparar la clase para sus alumnos. Después, como cada mañana de la semana, coger el coche, dejar a Jorge en la escuela una hora antes de que empiecen las clases. Ésa hora en la que siempre estaba el cuidador esperando a los niños cuyos padres empezaban a trabajar a la misma hora que empezaba el horario lectivo. Entonces arrancaba su vehículo de nuevo y se dirigía a un colegio un poco mas alejado, donde era ella la profesora de los mas pequeños. Los niños de preescolar.
  A aquellos niños les enseñaba a colorear, a leer, a cantar canciones, a escribir sus primeras palabras... Pero, a su vez, les enseñaba algo mucho mas importante y que no está en los libros de texto, ni siquiera en google. Les enseñaba a respetar, a querer, a comprender. Unas lecciones a las que, desde su punto de vista, se les daba demasiada poca importancia en el sistema educativo actual. Más de un compañero se había encontrado que se limitaba a impartir las lecciones de los libros, sin importarle la motivación individual de cada uno de sus alumnos. Con el tiempo había aprendido a clasificar a los profesores en dos tipos: los que lo hacían por afán de obtener una vida fácil y cómoda, con muchas vacaciones, fines de semana libres y una buena jubilación, y los vocacionales, a los que, por supuesto, Marta pertenecía. Siempre había pensado que la manera de cambiar el mundo, con todas sus miserias, era mejorando la educación. Tratar de erradicar odios irracionales de la sociedad como el racismo o la homofobia no tenía ningún sentido si no se arrancaban de raíz. Y la raíz de la sociedad, consideraba ella, eran los niños.
  Al acabar su jornada salía del colegio con una agotada sonrisa y de vuelta con su vehículo, pasaba por casa de sus padres donde esperaba su hijo. Cuando por fin llegaba a su casa debía ayudar a Jorge con los deberes de su escuela y preparar la lección para impartir a sus alumnos al día siguiente. Después de la cena siempre intentaba que su hijo se fuera pronto a la cama. Era lo mejor para él. pero, siendo sincera, también era lo que ella quería para poder dedicarle mas rato a sus esculturas. Aunque, ¿Quién podría recriminar tan pequeño acto egoísta después de un día entero entregado a los demás? Que Jorge se acostara a veces costaba alguna pataleta y algún pequeño alzamiento de voz, pero como mejor resultado obtenía era con la comprensión y explicación de los motivos. Era consciente de que su comprensión desembocaba en la del niño, y era el mejor ejemplo que podía dar si no quería acostumbrar a Jorge a tratar de conseguir las cosas con enfados y rabietas. Así pues siempre había considerado que la mejor lección era el ejemplo.
  Cuando por fin conseguía que su hijo se durmiera, volvía a encender el torno y a disfrutar de sus manos embarradas y el fluir de éstas por la superficie viscosa. Pero esa noche el sueño era mayor, y no podría quedarse hasta tan tarde. Al día siguiente había otra cosa que debía moldear. Una obra que seguro no la acabaría ni en un año, ni en una vida, y que no sabía como iba acabar. Solo sabía que ponía todo su amor en ella. Una obra de gran calibre. El futuro. 

sábado, 2 de julio de 2011

EL BORRACHO INCONSOLABLE: PROMO

EL BORRACHO INCONSOLABLE: Capítulo promocional

            - Ey, oye, despierta- Me dice una voz femenina que desconozco.
  Me mueve la cama para hacer que me levante. Me duele la cabeza y no me atrevo a abrir los ojos.
            - Venga, vamos, que ya deberías estar bien. - Me dice de manera suave y dulce.
  Finalmente, tras mucho esfuerzo, me incorporo y abro los ojos. Estoy en un hospital, pero ni siquiera en una habitación. Me han dejado en una camilla en medio del pasillo. La voz dulce que me ha despertado es una enfermera y me avergüenzo de ver toda mi ropa llena de vómitos. Me vienen a la cabeza solo dos imágenes de la noche anterior que empezó con David y Lluis bebiendo en un bar. La primera es de estar tirado en el taxi con un billete de veinte euros, que me dio David, en la mano. La segunda son cuatro enfermeros levantándome del suelo a la vez que me echo la pota encima. Supongo que el taxista, al no saber donde llevarme, me dejó en el hospital mas cercano. Pero bueno, no se lo puedo recriminar ya que, posiblemente, dejé su coche sucio y lleno de pota.
            - Bueno, ¿Estás bien, no? - Me pregunta la enfermera.
  Asiento con la cabeza y me dice que vaya a recepción a buscar el alta y me vaya. Me levanto, un poco mareado, y me dirijo decididamente a la salida, por dónde se ve mas luz.
            - Ey, perdona, la salida no es por allí, es por aquí. - Me dice la enfermera señalándome la dirección opuesta a la que me dirijo. - ¿Seguro que estás bien?
            - Si, solo es que no recuerdo como llegué hasta aquí, por lo que tampoco recuerdo como salir. - Abro la boca por primera vez mientras siento una increíble sensación de deja vú, de esas.
  Entonces voy a donde me indica la simpática enfermera y allí me dan el alta. Compruebo que esta vez no han hecho nada conmigo, ni si quiera una inyección de B12. Simplemente me han dejado descansando para que se me pase la mierda.
  Al salir del hospital, agradeciendo los cuidados, me encuentro en un lugar que desconozco, pregunto donde está la parada de metro mas cercana y descubro que no estoy demasiado lejos de casa. Supongo que David le dijo al taxista mi dirección, y al verme tan mal, me dejó allí, en el hospital mas cercano a casa. Que buena persona el taxista, me sorprende. Entonces decido ir caminando a casa, arrastrando un olor a vómitos y un dolor de cabeza que me atormenta, y pensando que debería avergonzarme de lo sucedido, pero es que, al mismo tiempo, ya me estoy acostumbrando.   

De momento lo he autoeditado vía la plataforma "Bubok". Os dejo el link de venta en el que puedes pedir el libro y el eBook, bastante más asequible. Saludos y gracias a todos. 

Link de venta online: http://www.bubok.es/libros/198072/EL-BORRACHO-INCONSOLABLE

SINOPSIS: Héctor Espada es un hombre cuya diminuta capacidad social le supone un problema para adaptarse a su entorno, llevándole a despreciar el mundo en el que vive. Encuentra refugio en la vida nocturna en la que se ve rodeado por una espiral de vicio y autodestrucción. No siente motivación por la vida ni siente la necesidad de luchar por nada, hasta que conoce a Estrella, una prostituta del barrio de El Raval de la que se enamora. Una mujer por la que pasará mas de una y mil penurias que intentará ahogar con alcohol.

  Héctor Espada es un hombre en busca de algo mejor, es cualquiera de nosotros en la lucha por sentirnos un poco mejor cada día, Héctor Espada es el borracho inconsolable. 


domingo, 12 de junio de 2011

ENSAYO: Reducir el consumo.

La revolución es una cosa de todos, y de todos los días. Hay que cambiar muchas cosas y, desde mi punto de vista, una de las más importantes es el volumen de consumo. Debemos ser conscientes de que cada vez que compramos algo le estamos haciendo daño al planeta. Es muy difícil encontrar productos en el mercado que hayan sido completamente respetuosos, tanto con el medio ambiente, como con el medio humano. Da igual si es un ordenador, unos pantalones o una lata de guisantes. Todo colabora en el deterioro general del planeta, por no hablar de los atroces crímenes de los que son impunemente responsables algunas compañías y nosotros, al consumir sus productos, cómplices. Aunque no nos demos cuenta.
  Un ejemplo de dichos crímenes son los que realizan compañías como motorola o nokia al comercializar móviles fabricados con Coltan procedente del Congo. Un lugar donde los mineros son esclavizados y torturados por los militares, quienes se quedan con el beneficio de la extracción del mineral para subvencionar su lucha armada. O las compañías de tejanos que han trasladado sus fábricas a Turquía donde todavía se permite la técnica de desgaste de jeans por chorro de arena. Una técnica que contamina los pulmones de los trabajadores de polvo de sílice, provocándoles así silicosis, una enfermedad respiratoria que a veces llega a ser mortal. Total para que podamos llevar pantalones desgastados, menuda gilipollez.
 Y estos son los dos ejemplos que han llegado a mi pantalla, de entre todo lo que ignoramos. Se que es muy difícil saber, de todo lo que llega a nuestras tiendas, que está manchado de sangre y que no, así como lo que es respetuoso con el medio ambiente. Por lo que creo que deberíamos, todos, adoptar la responsabilidad de tratar de reducir el consumo a su mínima expresión. Hay muchos pequeños gestos que pueden ayudar, como por ejemplo el no cambiar de ropa cada año, ni cada dos, la ropa dura mucho más tiempo y se puede llevar, puede que no se vea nueva y se vea un poco desgastada, pero a quien le importa, te cubre del frío y te tapa igual. La moda es una estafa, un robo directo a nuestros bolsillos, y un abuso del planeta, pues te hace creer que necesitas cambiar de ropa constantemente. Alimenta los mercados de segunda mano, puedes encontrar lo que necesitas sin aumentar la demanda de producción. No tires nada que funcione o se pueda reparar, véndelo o regálalo a alguien que lo necesite. Utiliza los foros de Internet para encontrar soluciones para tus aparatos estropeados, puedes encontrar como arreglar de todo, ordenadores, neveras, ventiladores, impresoras... Solo hay que dedicarle un poco de tiempo, pero ahorrarás dinero y planeta. Procura comprar los productos alimenticios en medidas grandes, por ejemplo, seis medianas son dos litros, pues antes que coger los seis envases que tendrás que desechar, mejor coge dos litronas y utiliza vasos. Evita el paquete en medida de lo posible, es mejor siempre comprar verduras frescas que en los ultracongelados o en botes de conserva. Lo mejor de todo es que, si te fijas, además de ayudar al planeta y alimentar un poco menos el violento sistema en el que vivimos, todas estas medidas son beneficiosas para nuestros bolsillos, por lo que, reduciendo el consumo ganamos todos. O casi todos. 


Les dejo con el documental que explica la historia del Coltan. Una triste historia, sin duda. 




PD: Con los tiempos que corren, se me hace mas necesario escribir este tipo de ensayos que relatos o cuentos de borrachos y demonios. Pero volverán, cada cosa a su tiempo.

martes, 7 de junio de 2011

ENSAYO: FUEGO Y CENIZA


  En los últimos días nuestra isla, Ibiza, ha sufrido el mayor incendio registrado en su historia. Mas de mil quinientas hectáreas afectadas. Gran parte del bosque norte, y, por supuesto, no la misma parte que se quemó el año pasado. Las autoridades señalan con su dedo acusador a Martín, un profesor de tenis de niños. Un "boludo" argentino que acudía a dar las clases con su pantalón de pijama. Un hippie que, sin duda, ama la naturaleza tanto como cualquiera. Y en todos los medios se le califica de "el responsable". Y así, el gobierno ha canalizado toda la ira e impotencia de la población de la isla, que ha visto convertir su principal pulmón a cenizas, hacía Martín. He llegado a leer por twitter que hay gente a la que le gustaría verle a él quemado. Cierto, hizo fuego en una época en la que, además de estar prohibido, es de sentido común no hacerlo, pero, ¿fue realmente solo él? Pues muchos testigos aseguran haber visto varios focos. Aun así, suponiendo que sea cierto, no entiendo como pretenden acusarlo a pena de hasta diez años de cárcel por una negligencia, porque ¿De quién fue la negligencia?
  Los incendios son un riesgo de cada año, y solo tenemos un avión y un par o cuatro de helicópteros. Estábamos advertidos tras el incendio del año pasado en el que se quemaron setecientas hectáreas. Y no se hicieron cortafuegos ni se preparó el bosque. El gobierno insular, que multa a los propietarios de las tierras si cortan un solo árbol por preservar el espacio natural, ha permitido que todo se queme mientras compra máquinas quitanieves para la autopista, aquí donde nunca nieva y nadie quería dicha autopista. Por no hablar del turbio misterio de la ausencia de vigilantes en la torre de control, o las erróneas calificaciones del grado del incendio a la hora de pedir ayuda. Para mi el principal negligente es el gobierno, pensando bien y sin pensar que ha sido provocado intencionadamente con algún objetivo, sin embargo pretenden castigar al argentino, mandarle a prisión, estigmatizarle de por vida con una experiencia que, por seguro, no se merece ni está preparado.
  Y digo yo, tras decir que me parece injusto que se le castigue solo a él, puestos a castigarle, ¿no sería mejor para el gobierno, para todos los contribuyentes y para el propio acusado que se le condene a trabajar en la reforestación del bosque?
  No se como lo veis vosotros, pero yo lo veo todo muy turbio, y me parece un motivo más para no parar la revolución y apoyarla hasta el final. Nuestros gobiernos nos perjudican demasiado.