lunes, 31 de enero de 2011

Cara al sol

*Recuperando textos un poco viejos, pero que al releerlos me han parecido entretenidos. 

Cara al sol con la picha por fuera,
me meo encima de la puta bandera,
la pasma por ello me empapela,
y es solo un pedazo de tela,
y tu sentimiento patriótico me la pela,
y no me consuela
que las muertes sean en nombre del país,
arrancaría las fronteras de raíz,
dedicaos a plantar maíz,
luego el problema es el hachís,
mecachis...
en la puta madre que os parió a todos,
desde el mas flaco,
hasta el mas gordo,
cazáis a jóvenes con futuros rotos,
ejército de subnormales idiotas,
jugáis al hundir la flota,
pero en vuestros barcos
viajan personas,
y no os importa matar sin piedad ni criterio,
vuestros disparos certeros,
no salvan vidas,
sino que las eliminan.

2009

*Uso una obra del banksy para representarlo. 

La sensacion de acabar algo.

Por vueltas que de sobre mi silla giratoria en frente del escritorio no consigo concentrarme en lo que debo. Hace una semana que lo único que quiero hacer es acabar de rematar aquellas páginas a las que casi podría llamar novela, pero me cuesta adquirir la actitud. Mi mente se distrae, y eso de que la determinación lo es todo, no me parece una realidad pues, en mi interior, siento que mi determinación es absoluta. Que voy a acabar el relato este mes y lo voy a presentar a concurso en marzo. Pero la concentración es otra cosa totalmente distinta, adquirirla es algo más difícil. Así que, tras marearme de tanto rodar, decido coger el borrador de los dos últimos capítulos, un boli e ir a dar una vuelta por el barrio, a encontrar un lugar donde merendar un poco y sentirme lo suficientemente a gusto como para leer detenidamente los dos últimos episodios, para corregir su infinidad de fallos y añadir detalles que, a mi parecer, son interesantes.

  Al final entro en un bar, pido un bocata y una cervecita que lo acompañe. Es raro como obtengo una concentración inmediata. No es que sea precisamente un lugar silencioso, es mas bien todo lo contrario, es un estruendo constante y absoluto. Entre la infinidad de voces, los ruidos de la cafetera, los golpes de los cristales al chocar, movimientos de sillas y un sin fin de sonidos diversos, el ruido es tal que no puedes pararte a prestar atención a nada, por lo que busco refugio en mis hojas, y lo encuentro. Hallo la tan ansiada concentración. Se ve que es verdad eso que dicen que los extremos opuestos al final se tocan por el otro lado. El exceso de ruido ha conseguido en mí el mismo efecto que el silencio total.

Así, entre bocado y trago, le doy la última leída a mis dos últimos capítulos de "El borracho inconsolable". Y cuando necesito descansar mis neuronas, simplemente, observo mi entorno, y veo escenas divertidas como el padre de familia que se ha traído a sus dos hijos al salir del colegio. Él no va a irse a casa sin tomar sus cervecitas y a sus hijos les da unos cacahuetes para que se entretengan y no le molesten durante sus preciados minutos frente a su rubia preferida. Una escena muy típica en los bares obreros de la periferia barcelonesa. Cuando acabo de leer el último capítulo, cojo mis cosas, pago, y me voy. Ahora queda maquetar todo lo escrito, subirlo a la web, comprobar que el diseño de la portada encaje a la perfección... en fin, aun queda mucho trabajo, pero la verdad es que yo salgo del bar con la sensación de haber acabado algo, al fin y al cabo, empecé a escribir la historia hace mas de seis meses, espero pronto poder sacarla a la luz.
 
  

sábado, 15 de enero de 2011

PROXIMAMENTE: EL BORRACHO INCONSOLABLE

Héctor Espada es un hombre cuya diminuta capacidad social le supone un problema para adaptarse a su entorno, llevándole a despreciar el mundo en el que vive. Encuentra refugio en la vida nocturna en la que se ve rodeado por una espiral de vicio y autodestrucción. No siente motivación por la vida ni siente la necesidad de luchar por nada, hasta que conoce a Estrella, una prostituta del barrio de El Raval de la que se enamora. Una mujer por la que pasará mas de una y mil penurias que intentará ahogar con alcohol.

  Héctor Espada es un hombre en busca de algo mejor, es cualquiera de nosotros en la lucha por sentirnos un poco mejor cada día, Héctor Espada es el borracho inconsolable. 

jueves, 6 de enero de 2011

RABIA

La disputa había sido acalorada, la violencia aun flotaba en el aire y Jorge lloraba arrepentido. Nunca antes había sentido un arrepentimiento tan grande. Se hacía extraño ver como un hombre tan grande derramaba lágrimas de tal manera por una cosa así. Aunque ya conocéis lo que dicen de las apariencias. El caso es que la ira le consumía. La rabia acumulada durante años necesitaba ser canalizada. Recordaba casos de hombres cercanos a él que habían acabado descontrolando su ira golpeando así a quien no lo merecía. Y Jorge temía acabar como ellos, pegándole a un amigo, o, peor aun, a una novia futura. Ese era el pensamiento que le hacía arrepentirse tanto de no haberle partido la cara a aquél capullo que les había vacilado prepotentemente. Había desaprovechado un canal de descarga de ira digno y su contador de furia acumulada había aumentado. Ahora era demasiado tarde. El capullo se encontraba ya lejos y lo único que podía hacer era derramar lágrimas, a pesar de que le avergonzaba que todo el mundo le viera así. 



*Fragmento rescatado de entre manuscritos caídos en el cajón del olvido.

martes, 4 de enero de 2011

CIENTO UNA


Ciento una caras,
cien de ellas que no recordaré,
una de ellas que jamás olvidaré.

Ciento una historias,
ninguna de ellas conoceré,
una compartir por siempre desearé.

Ciento una vidas,
cien de ellas ni me interesan,
mas una deseos en mi despierta.

Ciento una caras,
cien de ellas completa indiferencia,
mas una, la tuya, absoluta belleza.

*Poesía escrita hace aproximadamente un año, la subo ahora para darle un poco de vida al blog que parece estar muerto, aunque no lo está.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Yo quiero ser...

(Este iba a ser un guión para un cortometraje. Idea original concebida en conjunto con Daniel Martin y Patricio Felices.)


YO QUIERO SER...

  La madre de Pablo está en la cocina preparando los cafés y las copas de manera apresurada. Se ve como prepara café y whiskeys para seis personas. Justo en el momento en el que acaba de poner el azúcar en las tazas el café empieza a hervir y ella le apaga el fuego y lo vuelca. Mientras, se escuchan unas conversaciones de fondo procedentes del salón.
            - ... si es que el precio de la vivienda ahora mismo es imprevisible, los bancos tienen mogollón de pisos guardados que no ponen en venta esperando un mejor momento y así falsifican la oferta y por lo tanto manipulan los precios... (el padre)
            - ... pero si es que si seguimos así, con la cantidad de paro que estamos viendo hoy en día es imposible comprarse una casa... (el tío)
            -... por eso lo importante es estudiar, porque como no estudies no tienes nada que hacer, hoy en día... (La tía)
            - ... los barcos navegan entre los delfines... - La voz de la abuela.
            - ... pues tampoco te creas que te garantiza nada, será que no hay abogados en las colas del paro y currando de camareros... (el marido de la tía)
  La madre de Pablo pone las tazas y las copas en una bandeja y se las lleva hacia el salón donde la tertulia inunda el comedor de la casa, no se puede escuchar silencio ni un solo momento, las voces se superponen la una sobre la otra como si a nadie le importara escuchar lo que le dicen y todos quisieran decir la suya y ser escuchados. Alrededor de Pablo, el pequeño de la familia, se sitúan sus padres, Pedro y Helena, su tía por parte de madre con su marido, su otro tío soltero y la abuela.
            - A ver que futuro le espera al chaval, con los tiempos que corren... - Dice el tío del chaval señalándole con un gesto de la cabeza. A dichas palabras la abuela reacciona pellizcando con ímpetu la mejilla del niño y hablándole.
            - ¡Pero que majo y que grande es ya mi nietecito!
            - ¡ Y bien fuerte! -  Dice su tío, el soltero, levantando el brazo. - Nuestro chaval va para futbolista, el nuevo Messi, si señor.
            - En ver... - La voz del chico es interrumpida por su tía.
            - Futbolista, anda que no vives tú en Babia. Estudiar y ser médico es lo que tiene que hacer. - La mirada del niño se dirige a su tía y se dispone a hablar pero no lo consigue.
            - Pero que tonterías dices, Concha. Se va a pasar media vida estudiando sin que eso le garantice nada. Hoy en día tal y como están las cosas, servir al país y asegurarse una buena jubilación es lo mejor, se convertirá en un buen policía. - Dice su marido.
  Y mientras su mujer le debate la opción debido a la peligrosidad del oficio, su madre acaricia el pelo del niño y dice:
            - Que haga unas oposiciones y se convierta en un funcionario, que viven muy bien. - Y se levanta y se dirige a la habitación contigua, la cocina, cuya puerta está a las espaldas del niño.
            - Tenemos un futuro marinero, como su abuelo. - Dice la abuela que le vuelve a pellizcar la mejilla con dos dedos hasta provocar una mueca de dolor en el niño.
  El niño mira a uno y después a otro buscando su momento para hablar, pero no lo encuentra ya que inmediatamente, y a la vez que su tío y su mujer se ponen a discutir de si es mejor ser médico o policía, su padre dice acariciando la cabeza del chaval:
            - Llevará el negocio familiar, con su padre.
  De repente, por un momento se hace el silencio y todos miran en dirección al chico que parece que va a ser escuchado.
            - Yo quiero ser... - Y su boca se mueve pero su voz es completamente silenciada por los cantos de cumpleaños feliz que le dedican sus familiares a la vez que su madre aparece por detrás suya y le pone enfrente una tarta de cumpleaños con velas encendidas. 

martes, 14 de septiembre de 2010

El borracho inconsolable II

II

  Es jueves y estoy frente al ordenador maquetando la revista. Mañana por la mañana es el día de entrega, o "dead line", como dicen los americanos. Esta semana he estado un poco distraído y, la verdad, no me sobra el tiempo para entregar dentro del tiempo límite. Aun así, de entre todos los clicks de ratón que hago, algunos los dedico a mi entretenimiento personal. La dedicación plena y absoluta al trabajo me crea una sensación de agobio y sin sentido, me hace perder de vista lo que hago y me satura. Es lo que se llama sensación de absurdidad. Así que, de vez en cuando, entro a las redes sociales en las que tengo cuenta. No tengo mensajes. Continúo un rato trabajando y, en un intento desesperado de reclamar atención, cuelgo a la red las fotos que me hicieron durante el "bukake". Ahora todos mis amigos, excompañeros de clase o curros, simples conocidos, mis enemigos e incluso gente que no conozco de nada, ni se porque extraño motivo tengo agregados, ven mis fotos. Allí estoy yo, sin pantalones, ni necesidad de ellos. En un ambiente íntimo, en un momento privado, con otros cuatro tíos y la chica quien, por su puesto, cobró por ello. Así, un material que se mantenía en privado, solo disponible para mí, los otros cuatro tíos y la chica. Y bueno el cámara, y también toda la comunidad de internautas aficionados al porno amateur, y... bueno, vale, no era tan privado. El caso es que ahora está expuesto y publicado como una noticia importante en un lugar donde todos mis conocidos, o casi todos, siempre hay algún reacio a esto de las redes sociales, pueden verlo y comentarlo.
  Allí está la foto en la que salgo tocándole las tetas a la chica a la vez que otros dos tíos. Otra en la que me estoy masturbando frente a ella, otra en la que sale ella bebiendo de una ensaladera llena de semen. Todas ellas, yo, sin quitarme mi sudadera de "Rhapsody". Si me preguntan diré que es por hacerle propaganda al grupo, que se lo merece. Sin embargo, la auténtica verdad de todo esto, es que me avergüenza ligeramente mostrar toda la inmensidad de mi barriga gelatinosa y peluda en una sesión de fotografía pornográfica.
  Sigo trabajando y me viene a la mente una estrella. Una estrella que quiero que sea mi Estrella Polar, para que me guíe por el camino de la vida. Una estrella que no esta en el cielo sino en la tierra, en la calle más concretamente. O, teniendo en cuenta la hora que es, tal vez esté ya en una pensión de mala muerte con algún cliente, el primero de su jornada.
  Cojo una cerveza de la nevera y sigo trabajando. A pesar de pasarme horas delante de los artículos de la revista, nunca me los leo. Pero hoy, no se porque, tal vez por esa necesidad de mantenerte ocupado con lo que sea pero sin entretenerte demasiado porque tienes cosas que hacer, me da por echarle un vistazo al artículo de mi horóscopo. A continuación de la silueta que representa al rey de la selva se explica que esta semana será una semana de suerte. Que un gran cambio en mi vida mejorará notablemente mi situación laboral y, lo mas gracioso de todo, que una persona a la que estoy conociendo será una persona muy importante en mi vida. Y que con toda probabilidad, y remarca esas palabras en negrita, será la chica con la que comparta los próximos años de mi vida. Cojo otra cerveza. Me aseguro de que el logotipo prediseñado esté perfectamente alineado con el número de la página, con el párrafo, con el icono del horóscopo, con todos los elementos de la composición editorial. Cojo otra cerveza.
  Los pies de foto del "bukake" empiezan a llenarse de comentarios. No contesto a ninguno de ellos, pero hay uno que me llama la atención especialmente. Lo ha escrito mi amigo Lluís, y dice:
  "Supongo que no aspiras a ligarte a ninguna mujer que tengas agregada en el facebook, ¿eh cabroncete?"  
  Pues la verdad es que no. No tengo agregadas a muchas chicas, y desde luego no tengo esperanza de conseguir nada con ninguna de ellas. Casi me da hasta gracia el comentario. Sigo maquetando.
  Se hacen las doce, la una, las dos... La papelera de mi cuarto llena de trocitos de papel higiénico manchados con mocos o semen, ahora está rebosante también de latas de cerveza vacías y machacadas.
  De repente suena el timbre. Me pregunto quién será. A estas horas de la madrugada no solemos recibir visitas inesperadas. Sin embargo, voy decidido a abrir. Me sorprende infinitamente encontrarme con Estrella al otro lado de la puerta. No sonríe simpáticamente como solía hacer la otra noche. Ahora su mirada es lasciva y su boquita entreabierta me está pidiendo a gritos que me la coma. Pero estoy tan sorprendido que no puedo actuar. Cada uno de mis músculos se queda totalmente paralizado ante dicha escena. Incluido mi cerebro. Así que es ella quien me coge y me besa salvajemente apasionada. Sin mediar palabra me va empujando suavemente hacia mi habitación, a la vez que me va besando todas las partes de mi cara. Una vez dentro me empuja fuertemente de manera que caigo tendido encima de la cama. Ella se pone encima mío apoyando una de sus rodillas a cada lado de mi cuerpo, noto la calidez de su entrepierna apretada contra la mía. Se inclina poco a poco, y en un momento mágico, sus labios vuelven a tocar los míos.

  Me sorprendo a mi mismo eyaculando en solitario, en el interior de los calzoncillos, a la vez que suena mi teléfono móvil. Me llaman del curro y acumulé demasiado esperma durante la noche que pasé con Estrella. Miro la hora en el ordenador, que sigue todavía encendido, y es justo la hora de entrega. Me he pasado toda la noche dormido en la silla de trabajo, fantaseando con una mujer a la que casi ni conozco, pero ha sido de las fantasías mas intensas de mi vida. No he llegado a la entrega, y eso a mi jefe no le va a gustar. Cojo el teléfono, sin quitarme de la cabeza la sensación pegajosa del interior de mi calzoncillo, y contesto como si no me diera cuenta de lo que pasa:
            - ¿Diga?
            - Héctor, tío, ¿Qué demonios estás haciendo? Está pasando el plazo de entrega y tú todavía no has subido los archivos...
            - ¿Cómo? - Le interrumpo en un intento de hacerme el sueco.
            - Coño, que entro en la ftp y no me salen los archivos, te estás columpiando.
            - Pero si los subí hace un rato. -  Interrumpo de nuevo, sorprendido de mi capacidad para improvisar una mentira en un caso tan necesario.
            - ¿Qué? -  Se sorprende mi jefe.
            - Que si, vuelve a mirar.
  He ganado unos minutos antes de que me vuelva a llamar, así que continúo a toda prisa la maquetación. Sin ni siquiera cambiarme los calzoncillos. Por suerte me queda poco para acabar. En veinte minutos mi jefe vuelve a llamar.
            - ¿Lo has podido descargar o no? - Inicio yo la conversación mientras sujeto el teléfono móvil con el hombro a la vez que sigo trabajando en el ordenador con las dos manos.
            - Que no aparece - Me dice un poco extrañado de todo el asunto.
            - Bueno, pues... - Vacilo unos segundos pensando en lo que le voy a decir - Habrá sido un error del servidor. Volveré a subirlo todo, vuelve a mirar dentro de unos veinte minutos.
  Supongo que mi trola colará, teniendo en cuenta que el jefe es un inepto informáticamente hablando. Por suerte prácticamente había acabado antes de dormirme, así que acabo a toda prisa. Dejando de lado el escaso perfeccionismo del que suelo hacer gala cuando trabajo. En veinte minutos estoy subiendo la revista acabada, por primera vez esta semana. Mi jefe no me vuelve a llamar, por lo que calculo que todo le ha llegado correctamente. A estas horas de la mañana tengo todo el cuerpo dolorido de haber dormido en la silla, y la cabeza de haberme hartado de cerveza. Lo único que se me ocurre que puedo hacer ahora mismo es meterme en la cama y perder otro día de clase. El maldito trabajo me desconcentra de los estudios.

  Me despierto horas después. Entre mis piernas noto que una parte de los calzoncillos ha adquirido una dureza desagradable. La masa gelatinosa blanca se ha secado en mi ropa interior, convirtiendo la suave seda, o algodón o lo que se de lo qué estén hechos mis gayumbos, en algo duro e incómodo. Decido que necesito una ducha, y un cambio de ropa interior. Y tras ello me dirijo al instituto. Por supuesto, no llego a tiempo para asistir a ninguna clase, pero es viernes, y después de clase los compañeros suelen ir a tomar unas cervezas a un bar cercano al colegio. A euro y poco la doble malta, y con gente con la que puedo compartir opiniones acerca de muchas cosas, vale la pena ir. El lugar en cuestión es una especie de taberna trasga. Cuando llego, mis compañeros ya están ahí, tomando unas cervezas en la terraza. Una terraza que consta de dos mesas abandonadas en el patio trasero del bar, dónde se guarda todo el material pesado. De este modo, barriles de cerveza, pies de sombrilla amontonados, cajas de cartón apiladas y un retrete sucio son el escenario de nuestra charla. El tabernero, un hombre gordo alto y tuerto, me pide que voy a tomar. Le digo que una doble malta y me guiña el ojo. ¿Habéis visto alguna vez a un tuerto guiñar un ojo? Es de lo mas raro. Debido a esto y mucho mas, y cuando digo mucho quiero decir mucho, no es de extrañar que tan carismático bar sea conocido entre los estudiantes de mi instituto como "Mordor bar", aunque por su puesto, éste no es su verdadero nombre.
  Durante las primeras cervezas me mantengo bastante al margen de la conversación entre Lluís, David y Carlos, que son los que están más cerca de mi en la mesa. Intercambian opiniones sobre cine. "El club de la lucha", "Doce monos" y "Seven" se encuentran entre las películas favoritas de David. Esa fijación por las películas de Brad Pitt me hace dudar de su sexualidad. Lluís prefiere "Trainspotting" y "Réquiem por un sueño". Me pregunto que debe ver en los yonkis para considerar estas películas las mejores que ha visto. Tras un par de cervezas me empiezo a animar y expongo mis preferencias:
            - "28 días después". Eso si que es un peliculón. - Digo
            - Cierto, cierto - Afirma efusivamente David.
            - ¡Pero que dices! Una de zombies, eso es muy poco sofisticado. - Rehúsa Carlos.
            - Pero que va, esa peli trabaja la psicología humana de una manera brutal, ante esas situaciones lo que somos capaces de hacer -  Le discute David.
            - Si, además, no son zombies, son infectados. - Añado yo.
            - Es cualquier cosa - Continúa Carlos - Al final se basa en crear espectáculo a base de sangre, violencia y efectos especiales.
            - Estás muy equivocado, los zombies son solo el contexto, la trama principal es totalmente psicológica, te hace pensar hasta donde puede llegar la bajeza humana y muestra el lado mas oscuro de la mente. - Argumenta David.
            - A ver, ¿Que películas miras tu? - Le pregunto yo a Carlos, ya que se ha mantenido al margen, o ha opinado negativamente de todas las que hemos mencionado hasta ahora.
            - Pues, lo mejor que se ha visto hasta la fecha, es la Nouvelle Vague, la generación de los años cincuenta en Francia. Eso si que es un ejemplo de explicar grandes historias con los medios justos y necesarios. No tenían la necesidad que tienen ahora los americanos de desperdiciar cantidades      industriales de dinero para explicar historias basura.
            - ¡Tío, eres un puto gafapastoso! - Digo gritando a la vez que me levanto de la silla dando un golpe en la mesa. - Además de un ignorante, porque "28 días    después" ni siquiera es americana. - Añado mientras me dirijo al baño sin esperar su respuesta.

  Eres el típico borracho que tiene siempre la razón, la tengas o no. Debería darte vergüenza, pues estás lleno de esa intolerancia que tanto te molesta en los otros. Y tan borracho que tienes que ir a vomitar. Aunque en esta ocasión te viene perfecto para huir de la situación que has provocado. Aunque Lluís y David se hayan reído, lo que has dicho no ha estado bien. Fácilmente hayas ofendido a Carlos, y eres demasiado cobarde para afrontar las consecuencias de tales actos. Así que te levantas, vas al baño, y vomitas. Esta vez en el peor retrete del peor tugurio de la ciudad. O casi. Al poco rato vuelves a la mesa, te sientas y pides otra cerveza, orgulloso como si eso fuera un logro, o una hazaña. Carlos se ha marchado, probablemente por tu culpa, como, tal vez, todo el resto de la gente que había en la mesa hace un par de horas. Ahora solo quedáis tú, David, Lluís y vuestras magnánimas borracheras. ¿Te sientes tan importante como para ser la causa de la marcha de toda esta gente? ¿O puede que tengas delirios de grandeza causados por tu estado ebrio? Tal vez, solo tenían cosas que hacer. Pero por si todo esto fuera poco vergonzoso, tras echar una gran cantidad de líquido por el retrete, vuelves a sentarte en la mesa, victorioso, y, como si fuera el golpe de gracia a tu enemigo, le pides otra cerveza al camarero. Y ese es tu mayor triunfo. Cuán fracasado eres para tener que estar orgulloso de tu capacidad alcohólica.

  Pasan unas horas y el camarero me trae uno bocadillo de salchichas. Ni si quiera recordaba haberlo pedido, pero me viene cojonudo. Me repone. Después de comérmelo vuelvo a tener conciencia de mis actos y de mi ser. Son las seis de la tarde y el tuerto nos dice que ya no va a servirnos mas bebidas, que tiene que cerrar.
  Llevamos un montón de horas aquí bebiendo, de las cuales muchas ni recuerdo. Sacamos nuestros cuerpos tambaleantes del bar y, casi sin darnos cuenta, nos separamos cada uno por su lado. Por un momento me preocupo por Lluís. Había venido a clase en bici, y supongo que en ese estado volverá también en bici. Aunque el peligro no es mucho menor para mi que no consigo ni caminar en línea recta. Vuelvo a casa y voy a dormir un rato. Pero no mucho. Hoy es viernes y estoy desando salir. Y lo deseo más que nunca porque quiero reencontrarme con Estrella. Así, antes de dormirme, programo el despertador del móvil a las diez de la noche.

  Suena el despertador, te despiertas, te duele la cabeza, le das a snooze, te vuelves a dormir. Vuelve a sonar diez minutos mas tarde, casi consciente, le vuelves a dar a snooze. Vuelve a sonar, coges el teléfono y te planteas si darle a stop o a snooze. Tienes montones de cosas que hacer, trabajos atrasados del curso, en el cual deberías ponerte en serio si quieres sacártelo algún día y cambiar de trabajo. Proyectos personales, y ganas de ver un montón de películas que descargaste pero nunca te has mirado. Pero, por otro lado, como en casi todos tus despertares, estas siendo castigado por un terrible dolor de cabeza, tienes sueño y te importa poco la hora que sea. Te ves incapaz de decidir si te levantas o te quedas durmiendo. Así que vuelves a darle a snooze y ya decidirás después. Cuando vuelve a sonar te acuerdas de que son casi las once de la noche, y calculas las veces que has apagado el móvil, y cada cuanto suena, y llegas a la conclusión de que ha sonado unas cuantas veces sin que ni te despiertes. A ese estado de inconsciencia has llegado. Esta vez te empiezas a plantear más en serio la posibilidad de levantarte, o al menos porque pusiste el despertador, ya que, son las once de la noche, por supuesto no es hora de ir a clase. Recapitulas los últimos días de tu vida y te das cuenta de que el despertador no te está avisando de que tengas que currar ni estudiar. Te está avisando de que es viernes por la noche y es el día de ir en busca de una estrella.

  Y con Estrella en mente no me cuesta trabajo levantarme y prepararme para una nueva noche de fiesta. Una nueva epopeya etílica. Me ducho, me echo una cantidad importante de desodorante por todo el cuerpo, me recorto la barba y me lavo los dientes concienzudamente. Aunque este último paso no se para que, ya que dentro de un par de horas mi aliento olerá tanto a cerveza que olerlo emborrachará. Me voy directo al Raval, allí encontré a Estrella por primera vez, y allí espero volver a encontrármela. Conforme avanzo a través de la ciudad me van entrando los temores, y un intenso temblor en la boca del estómago se hace cada vez mas fuerte. Me estoy poniendo nervioso pensando en que volveré a ver a Estrella. Pensando en que le diré o que haré. A mi mente viene una imagen de mi mismo estilizado, más alto, delgado y fuerte. Con este aspecto, y en un escenario con un fondo de colores luminosos, me acerco a una inocente Estrella y, con una voz seductora, más parecida a la de Constantino Romero en "Terminator" que a la mía propia, digo: "Buenas noches preciosa, eres el ser mas maravilloso que existe, tu belleza es de tal magnitud que roza la divinidad. Se la estrella que me guíe por el mar de la vida y hazme así el hombre más feliz del mundo." Ésas son las palabras que voy a utilizar.
  A una calle de donde me encontré a Estrella por primera vez, un fuerte la latido del corazón me impide seguir avanzando. Los nervios me traicionan y lo único que puedo hacer es entrar en el bar más cercano y pedirme una cerveza. Doble malta, doble alegría. Aunque por esa regla de tres con la segunda la alegría debería multiplicarse por cuatro. Pero no es así. Apoyado en la barra de un bar cualquiera, a una calle de encontrarme con mi amor, no me atrevo a llegar a él. Múltiples temores me invaden. Mi incapacidad social, encontrármela en el momento en el que se va con otro cliente, que me diga que no quiere que me vuelva a acercar a ella ni pagando... Así que voy a seguir bebiendo hasta que se me despeje un poco la cabeza y desaparezcan todas estas ideas de mi mente. O, tal vez, sería más apropiado decir que seguiré bebiendo hasta que se me nuble lo suficiente el juicio como para que todos los dichos temores queden ocultos tras una cortina de humo. En cualquier caso, sigo bebiendo, e inicio una conversación con el tío de la barra. Me abro a él como si fuera mi psicólogo.
            - Tío -  Le digo zarandeando una cerveza - Creo que me he enamorado.
            - Ahá - Asiente tras echarme una mirada, arqueando una de sus espesas cejas a la vez que seca unas copas.
            - ¿Sabes cuando realmente quieres a alguien?¿Cuando no puedes dejar de pensar en ella ni por un minuto?
            - Ahá - Responde mientras continúa con su monótona tarea.
            - Pues así es como me siento.
            - Ahá - Responde.
            - Pero eso no es lo malo - Continúo yo, que me siento escuchado. - Lo malo es que no me atrevo a ir a por ella. Es una mujer tan superior a mí.
            - Ahá - Me dice mientras coge otra copa y se dispone a secarla.
            - Ella es una persona suprema, se acerca a la divinidad y, sin embargo yo... yo...   no puedo estar a la altura ni en un millón de años. Es un amor imposible. Y encima está lo de su trabajo. Nunca podremos llegar a nada...
            - Ahá.
            - Somos como Romeo y Julieta, como Pocahontas y John Smith, como Meier Link y Charlotte Elbourne. Nuestro amor está condenado a un fracaso prematuro. No vale la pena que siga pensando en ella. Más vale que la olvide.
            - Ahá. - Sigue dando vueltas a una copa envuelta en un trapo.
            - Sin embargo, siento que necesito a esa mujer.
            - Ahá.
            - Tengo que luchar por lo que quiero, de lo contrario nunca tendré lo que quiero. ¿Cierto?
            - Ahá.
            - Claro, es mejor salir allí fuera e intentar conquistarla. Convencerla de que otro estilo de vida es posible. Convencerla de que tiene que venirse conmigo.
            - Ahá.
            - Eso voy a hacer, si...
  Tras este intenso diálogo con el camarero me siento un poco mejor. Más seguro de mi mismo. Aún así pasa aproximadamente una hora hasta que me decido a salir ahí fuera a luchar por lo anhelado. Tengo que armarme de valor, y eso lleva un tiempo, y unos tragos. Cuando por fin me siento preparado, me levanto enérgicamente, dando un golpe con las palmas de la mano en la barra, me doy la vuelta, y parto en busca de la felicidad.
            - ¡Eh! ¡Espera! - Es el camarero que, sorprendentemente ha cesado su actividad.
            - ¿Qué? - Me doy la vuelta extrañado.
            - ¡Págame! ¡Me debes treinta pavos!
            - De acuerdo, lo siento, se me olvidaba. - Lo cierto es que se me olvidaba, pero...  ¿¡Treinta pavos!? ¿Tanto he bebido?
            - No pasa nada - Me contesta mientras cuenta el dinero. Aunque su cara reacia no parece decir lo mismo que sus palabras.   
  Después de pagar salgo a la calle Sant Pau. Pero algo menos decidido. El camarero me ha cortado el rollo. Camino un poco y me detengo en la esquina con la calle Robadors. Me dispongo a recorrer la calle del vicio, la calle dónde la vi por primera vez. Pero me falta valor, y pasa un "paki" y me ofrece una lata de valor a un Euro. Me la tomo, parado en la esquina como si esperara algo. Allí me ofrecen de todo, bocadillos, hachís, juguetitos luminosos, cocaína y flores. Eso es una buena idea, flores. Una rosa me cuesta un Euro y creo que puede gustarle a Estrella. Rosa en mano me adentro en la calle Robadors, conocida popularmente como la calle de las putas. La recorro de arriba abajo y de abajo a arriba. Me doy cuenta de que el horizonte este empieza a clarear y me pregunto cuantas horas debí estar en el bar. Pero a pesar de eso sigo pateándome la calle. No pierdo la esperanza de encontrar a Estrella, aquella estrella que quiero que sea mi estrella polar. Mientras voy subiendo y bajando la calle, voy pidiendo cervezas a los vendedores ambulantes. Una tras otra, y mi caminar vuelve a ser un zig zag de acera a acera. Me imagino mi emotivo encuentro con Estrella. Cuando me vea y nos abracemos. Y, tras recibir mi rosa, nos daremos un apasionado beso. Tal vez hasta se nos salte alguna lagrimilla de la emoción. Pero primero tengo que encontrarla. Voy de un extremo a otro de la calle una vez, y otra vez, y otra... Camino ignorando a los yonquis que me piden dinero y a los besos muertos y piropos que lanzan las mujeres de la calle. Aunque hay más de una que tiene muy buen ver, vamos que me la hubiera follado en cualquier otra ocasión, pero ahora mismo mi cabeza, ambas, están totalmente ocupadas por una sola mujer.   
  Después de un par de horas, con la calle ya totalmente iluminada por el sol, me canso de caminar y me siento en una esquina cualquiera. Con mi rosa medio marchita a mi lado. Desde allí sigo vigilando la calle por si ella aparece. Pero voy borracho. Muy borracho. Me pesa la cabeza, me pesan los ojos, y parpadeo lentamente. Muy lentamente. Hasta que cierro los ojos y tardan en volverse a abrir.

  Y en tu intento de buscar una Estrella Polar, solo logras ver una estrella fugaz. ¿Pero de verdad pensabas que iba a ser tan fácil? ¿Qué te estaría esperando, te presentarías ante ella con una rosa medio marchita, y que os iríais a follar sin parar? Deja de intentar vivir tus fantasías, así nunca conseguirás nada de provecho. Tienes ya veinticinco años. Es hora de que toques con los pies en el suelo y evites escenas tan patéticas como ésta en tu vida. Porque, mírate. En plena calle Robadors, en una esquina dormido cual mendigo, mientras caen los pétalos de tu rosa. Uno a uno se van esparciendo y difuminando por el aire sin dejar rastro.

  Me despierto un par de horas después, la estela de una estrella fugaz ya ha desaparecido por completo, asumo que debo olvidar a Estrella. Es una prostituta que me trató bien por dinero. Tengo que convencerme de ello. Cuando me levanto me siento totalmente descolocado. Como fuera de lugar. Y me duele la cabeza de una manera brutal. A mi lado hay un charco de vómito que, por el sabor de boca que siento, puede ser mío. Es hora de ir para casa, y cuando empiezo a caminar me doy cuenta de que me falta algo. Tengo una raja en el bolsillo del pantalón, dónde guardaba la cartera, y ahora allí solo queda aire. Debería ir a efectuar la denuncia de robo para no ir indocumentado. Pero primero tengo que ir a casa a dormir y, puesto que el ticket de metro lo conservaba en el interior de la cartera, tendré que ir caminando. Vaya paliza, a paso normal tardaría unos cuarenta y cinco minutos. A paso resacoso y pesado como el que tengo hoy, me espera mas de una hora de caminata para poder pillar la cama, que tanto ansío en estos momentos.