martes, 12 de marzo de 2013

ADORABLES


El pequeño Alfonsito se divertía corriendo detrás de las palomas a lo largo de la plaza. Se le iluminó la cara con una sonrisa al ver un gran cúmulo de pájaros en el extremo opuesto del que se encontraba y echó a correr con todas sus fuerzas. Espantar grandes bandadas de palomas era una gran diversión para él. El aletear simultáneo de decenas de pájaros a su alrededor le hacía sentir alguien especial. De repente, se dio cuenta de que en el banco de al lado había un viejete que estaba alimentando las palomas que él había espantado. Alfonsito le miró inquieto, pensando que le había fastidiado la diversión al abuelo y que tal vez se enfadaría por ello. El abuelo levantó la mano, sonrió y le acarició la cabeza. “Qué adorable infante” pensó el abuelo totalmente inconsciente, claro está, de que el niño sería el motor principal de un gran número de atentados contra la población civil que se cobrarían muchas víctimas mortales en el futuro. El niño se apasionaría por Maquiavelo durante su adolescencia y seguiría a rajatabla el principio de “El fin justifica los medios”. El niño le devolvió la sonrisa y, tras recibir un caramelo que el viejo le ofreció, corrió junto a su madre:
-          ¡Mamá, mamá! ¿Puedo comerme el caramelo?
-          ¿Quién te lo ha dado? – Preguntó preocupada su madre, que siempre le había dicho al niño que no acepte regalos de desconocidos.
-          Ese señor – dijo el pequeño señalando con su dedo al Abuelo que volvía a alimentar apaciblemente a las palomas.
  La mujer miró al hombre que sonreía al apreciar el vuelo de los pájaros. “Qué adorable ancianete” pensó la mujer, inconsciente de que la pasión por los pájaros que sentía el abuelo la había recibido al envidiar su libertad mientras cumplía condena en prisión por múltiples violaciones con posterior asesinato. Una de las chicas asesinadas era menor de edad.
-          Cómete el caramelo – dijo la madre confiada – ese señor es buena persona.
 Es curioso como cerca del principio y del final de la vida, los acontecimientos venidos o por venir de la etapa intermedia no importan. Ya sea por inconsciencia de la naturaleza de los infantes o por compasión a una muerte cercana de los ancianos, todos parecemos adorables cerca del principio o del fin. 

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