sábado, 21 de septiembre de 2013

El día del Juicio

  Arthur despierta sobresaltado. Intenta salir desesperadamente golpeando las ovaladas paredes que lo encierran. No entiende nada de lo que le está pasando. A pesar de encontrarse sumergido en líquido puede respirar, cosa que le demuestra estar siendo presa de alguna fuerza antinatural.
-          Buen despertar  - escucha.
-          - ¿Quién es? ¿Qué queréis de mí? – alza Arthur la voz
-         -  Acérquese al traductor instantáneo para hablar, por favor, de lo contrario no podemos comprender.
  Arthur mira a su alrededor. A través de las transparentes paredes de la cápsula que le aprisiona, puede ver una especie de cuerpos etéreos que desprenden luminosidades de distintos colores. Las deslizantes paredes que le envuelven solo tienen una pequeña irregularidad. Una esfera negra resalta en pleno centro de la transparencia. Decide acercarse a ella para hablar.
-         -  ¡Sáquenme de aquí! – grita
-         -  Tranquilícese, entendemos el shock en el que se encuentra ahora mismo. La teleportación afecta muy negativamente a los seres inferiores que no han sido capaces de renunciar a su forma física.
-         -  Pero, ¿De qué demonios hablas? – Arthur entiende que la pequeña irregularidad de su celda es lo que ellos han llamado “el traductor”.
-         -  Le explicamos su situación, Arthur, tal vez sea un poco complicado de comprender, por eso es importante que escuche atentamente. El analizador de metadatos universal ha decidido, tras analizar los perfiles de todos los seres humanos durante diez años, que usted es el más indicado para defender a la raza humana en el juicio por su exterminación.
-         -  ¡¿Cómo?! – Arthur no da crédito a lo que escucha
-         -  Entendemos que no se encuentra en plenas facultades. La dependencia de un cuerpo físico siempre ha sido un inconveniente. La abducción altera sus capacidades. Pero le informo de que ahora mismo usted se encuentra en la corte intergaláctica y todo está preparado para el juicio. No se preocupe, descanse, esperaremos hasta que usted se haya recuperado por completo para llevar a cabo el juicio. El líquido en el que se encuentra sumergido, le aporta todos los nutrientes necesarios para recuperarse, y ninguna toxina. De hecho podría decirse que para la salud de su cuerpo físico, es mejor que eso que llamáis comer. Ahora le pondremos a dormir y volveremos a despertarle en unas horas. Estamos seguros de que tu subconsciente, durante la fase rem, será capaz de asimilar toda la información que le acabamos de proporcionar.
           Repentinamente, una absoluta felicidad, una especie de orgasmo prolongado, invade el sistema de Arthur, un placer tan grande que le hace perder la conciencia. Duerme durante horas. Efectivamente, al despertar, entendía y comprendía la gravedad de su situación. Era el abogado de la raza humana en el juicio final, y no tenía la opción de negarse.
-        -   ¿Y bien? ¿Se encuentra en condiciones de defender a su raza? – Dijo la voz robótica que debía pasar por un traductor como el que usaba Arthur- Nos encontramos en la corte R257 para celebrar el juicio del comité de galaxias unidas contra la raza humana. La causa de la denuncia es la peligrosidad que supone la permanencia de dicha raza para la subsistencia de otras especies consideradas superiores. La emisión de gases tóxicos que genera ya es tal, que su propia atmósfera no puede contener. Especies de otras galaxias se han visto afectadas por respirar los residuos gases tóxicos que provienen de la tierra, llegándose a cobrar varias víctimas mortales por la conocida como “infección de la tierra”. El comité de las galaxias unidas ha convocado a uno representante de cada galaxia miembro para cumplir la función de jurado. ¿Entiende el acusado su situación?
-        -   Si, la entiendo – dijo Arthur sabiendo que no iba a mejorar nada con una negación.
-        -   Entonces, éste es su momento. Usted tiene que aportar algún motivo por el que piense que su raza no debe ser eliminada del universo.
-        -   Simplemente, no podéis exterminar a otra especie. Es totalmente inmoral. Nada os da derecho a ello.
-        -   Nos da derecho el hecho de que, extinguiendo vuestra raza, garantizamos la permanencia de muchas otras especies inteligentes. De cualquier modo, no puedes exigir un derecho para una especie que ha vulnerado dicho derecho reiteradamente a lo largo de la historia. Pues en vuestro propio planeta muchas especies con potencial de desarrollo han sido exterminadas por vuestra avaricia, vanidad y desconsideración.
-        -   Entonces- buscó Arthur en su memoria – tenemos una ley escrita que lo prohíbe. Es una ley universal. Se llama la declaración universal de los derechos humanos, y no debe ser violada por ningún ser del universo.
           La voz tarda en contestar, tal vez unos minutos, tal vez horas. Arthur no está seguro de cuánto tardó, pero percibe que tarda más de lo normal. Ese rato más de lo normal le parece una eternidad. Durante ese indefinido periodo de tiempo, llega a pensar que el hecho de tener una ley escrita que protege los derechos humanos va a servir de ayuda a la salvación de su raza.
-          -  Entendemos – habla finalmente la voz- pero sin embargo, tras analizar los metadatos, hemos comprobado que dicha ley ha sido violada por vosotros mismos una y otra vez. Además fue escrita en plena ignorancia de la existencia de vida inteligente fuera del pequeño planeta al que pertenecéis, por lo que es difícil utilizar dicho argumento como defensa, a pesar de la buena intención de la ley.
-        -   Pero entonces caéis en el error de la generalización. Si extermináis a la raza – dice Arthur en un desesperado intento de salvar a la humanidad – pagarán justos por pecadores. Lo que debéis hacer es un proceso de selección y aniquilar solo a aquellos seres humanos que perjudican, dejando vivos a los buenos. Son muchas las personas maravillosas que ayudan a sus semejantes. Aman y respetan toda forma de vida. ¿Realmente creéis justo exterminar la raza entera?
-         -   Tal vez – contesta la voz tras el periodo de análisis de metadatos – sea injusto para algunos seres individuales, pero es justo para el equilibrio del universo. Los metadatos nos dicen que, debido a insaciables sentimientos tales como la avaricia, mientras existáis como civilización seguiréis llevando a cabo la destrucción que cada vez afecta más lejos.  En adhesión, en contra del acusado, informamos de que han sido muchas las veces que vuestra raza ha llevado a cabo tal injusticia, pues no eran culpables de la guerra muchas de las familias muertas en un lugar del planeta tierra al que vosotros llamáis Hiroshima, o Nagasaki. Tampoco eran culpables del conflicto entre esa localidad que llamáis EUA y esa otra que llamáis Vietnam, los habitantes de las localidades colindantes a esta última que todavía hoy en la actualidad siguen pisando minas que les hacen saltar por los aires. Una vez más no se puede defender  a la raza humana por falta de ejemplo.
-        -    ¿Pero qué hay de los niños sumidos todavía en la inocencia? ¿Y de las familias que luchan honradamente por su futuro? No tenéis derecho a causar tanto sufrimiento – dice Arthur a la vez que rompe a llorar desconsoladamente.
-        -    No te preocupes por eso, – dice la voz – la confederación de galaxias unidas prohibió el sufrimiento hace mucho tiempo. Tal como te dormiste la otra vez, disfrutando del mayor placer que tu cuerpo físico es capaz de otorgarte, la humanidad perderá la conciencia en un orgasmo prolongado y morirán todos y cada uno de los seres humanos con una sonrisa en la cara. De hecho será mucho mejor que la autoextinción a la que os precipitáis si se os sigue permitiendo actuar con libre albedrío. Realmente sería sensato que desearais vuestra ejecución pues os evitará, como raza, el mayor de los sufrimientos que supone la auto extinción. Ahora es posible que no lo comprendas, vuestro egoísmo os hace poner vuestra supervivencia individual por encima de todas las cosas. Pero vuestra ejecución será lo mejor para el equilibrio universal y para vuestro propio bienestar. La sentencia ha sido decidida.

 Dicho esto empieza el placer. Todos los seres humanos pierden para siempre la conciencia, pero perecen con una sonrisa de absoluta felicidad provocada por un orgasmo mortal.

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