viernes, 30 de octubre de 2015

DIANOCHE

El día. Durante el día el sol brilla, aumenta el tráfico en las carreteras, el fluir de la gente, se llenan los colegios, las oficinas encienden los ordenadores. El día recoge una gran cantidad de vida que parece llevada al punto de ebullición. Todo junto parece un frenesí, pero en el fondo la mayoría de las personas se encuentran en un estado de serenidad causado por la rutina y los convencionalismos sociales. Por el contrario en la noche, el sol no brilla. Reina la oscuridad interrumpida por las farolas de las ciudades y pueblos. La gente no se deja ver demasiado por las calles. Sin embargo, tras las cortinas se suceden cosas que son inimaginables durante el día. Se dan las más desenfrenadas fiestas en las que los asistentes bailan enloquecidos, se suceden las más salvajes muestras de amor, todo a escondidas. Así la que a simple vista parece una apacible noche, esconde las más frenéticas actividades, y lo que luce como un ajetreado día puede ser mucho más pacífico de puertas para adentro. Exactamente igual que ellas dos. 

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