domingo, 11 de abril de 2010

10 MINUTOS

Te has dejado el MP3. Putada. El metro se acaba de ir y te toca esperar diez minutos. A estas horas de la madrugada no pasan muy a menudo. Entonces te sientas, esperas. Inmediatamente llega el metro del andén de enfrente. Mientras estas esperando te das cuenta de que no te has quitado la canción de System of a down que escuchabas al mediodía de la cabeza. La escuchas como si llevaras el MP3 muy bajo de volumen, pero no es que la recuerdes, es que la escuchas. Entonces llegas a la absurda conclusión de que tu cerebro ha desarrollado la capacidad de filtrar todos los tonos y notas que te llegan que sean distintos a los de la canción. Como si la canción estuviera intrínseca en el infernal ruido de la maquinaria del metro y hubieras aprendido a seleccionar lo que quieres oír. Al irse el metro se acaba la música, y te das cuenta de que todavía faltan seis minutos para que llegue el tuyo. Te levantas, empiezas a caminar. Si eres ese tío nervioso e impaciente que intranquiliza a todos los que están esperando en el andén sin parar de caminar de un lado a otro. Bueno uno de esos, te das cuenta de que hoy hay otro como tu, con la suerte que tiene de que él hoy no ha olvidado su MP3 y no tienen que intentar filtrar la música de los ruidos de su alrededor. Te cruzas con él, se cruzan vuestras miradas, os comprendéis y seguís vuestro camino. Camino a ningún sitio durante el que piensas un montón de cosas irrelevantes. Miras a la gente, la gente te mira, piensas que pensarán, pensarán en que piensas. Sigues caminando y al pasar por debajo de uno de los dos relojes de la estación te das cuenta de que no ha pasado ni un minuto desde la última vez que lo miraste. Llegas al extremo, te das la vuelta y sigues caminando tranquilamente en la dirección opuesta. A lo lejos ves que acaba de bajar una segurata y espera apoyada junto al espejo retrovisor para el metro, en la otra punta del andén. El morbo hace que decidas llegar hasta ella para poder apreciarla, pasas por debajo del reloj, del otro reloj, la ves de cerca y te das cuenta de que no tiene nada de especial ni de atractivo. Te giras y te das cuenta de que la chica que esta sentada al lado si que despierta tus fantasías, y de que el tipo duro de turno te está mirando intimidatoriamente. Y lo piensas a la vez, a dos voces, como si fueran dos clips de audio montados en el mismo fragmento de una línea de tiempo. Y es cuando piensas que vas a hacer un cortometraje llamado 10 minutos, que durará 10 minutos. Y en los planos que usarás, y en los recursos que necesitas y piensas que lo puedes hacer hasta solo. Y piensas todo esto antes de que ni siquiera lo hayas escrito, antes de saber que no lo vas a olvidar que es lo más normal en estos casos. Mientras tanto has ignorado al tipo de la mirada para no darle la satisfacción de haber provocado respeto en un tío como yo, sabiendo que él no puede saber que en realidad si lo ha hecho. Vas a la zona central que es por donde te conviene mas pillar el metro. te apoyas en la pared junto a un hombre de raza negra, le miras y te separas, debido a tu impaciencia, para seguir caminando. Entonces piensas que no quieres hacerle sentir discriminado y piensas que no quieres que se crea que te da miedo, así te cuestionas si eres un ser bondadoso que no quiere ofender a nadie o un orgulloso engreído que intenta parecer valiente, sea cual sea el caso vuelves a apoyarte a su lado. Ni te ha mirado en todo el rato y te sientes un poco egocéntrico pensando que piensan en ti cuando nada lo indica. Te cuestionas si tu comportamiento es racismo, discriminación, positiva, negativa… y legas a la conclusión de que son palabras que no deberían ni existir. Miras el reloj, das un paso adelante y, a una distancia prudente para que nadie te empuje a las vías, esperas los cuarenta y cinco segundos que faltan para que entre el tren, pensando en que, si no te hubieras dejado el MP3 nunca habrías escrito esto.

OCT 2009

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