viernes, 9 de abril de 2010

PERDIENDO EL TIEMPO I y II

PERDIENDO EL TIEMPO

Son las doce de la mañana, suena el despertador, le das a snooze. Son las doce y diez de la mañana, suena el despertador, le das a snooze. Son las doce y veinte de la mañana, suena el despertador, te quedas mirándolo pensativo unos segundos y, finalmente, le das a Stop. Sabes que no te vas a volver a dormir. Hace mucho frío, se esta a gusto debajo de las mantas, así vuelves a meter el brazo, te das la vuelta, y disfrutas del calorcito y la comodidad de la cama pensando en todo lo que tienes por hacer. En todos los proyectos empezados que estas deseando con urgencia ver terminados: ilustraciones, el documental, el corto de animación… En las cosas que tienes por aprender, que muy bien sabes que es muy factible aprenderlas en solitario y de manera autodidacta, desde casa, con la ayuda de Internet. Cosas que te serán útiles en tu futuro profesional y personal: tutoriales de colorear, de montar, de crear efectos en postproducción de video, de animación 2D, animación 3D, manuales de de autoayuda para combatir depresiones, para ayudar a algún amigo con problemas psicológicos, para ser mejor amante… Pero, se está tan a gusto en la cama.
Son la una menos cuarto, y ya empiezas a tener esa sensación desagradable que es la de estar perdiendo el tiempo, de que llevas casi una hora en la cama sin hacer nada, ya que por no hacer, ni duermes. Enciendes la luz de la habitación a fin de provocar un poco de incomodidad en tu persona, para ver si así consigues levantarte. Consigues estar mas incómodo, pero aún así estas mas cómodo que expuesto al frío que reina mas allá de las fronteras de tu cama.
Largo rato después sacas el brazo de la cama y tocas tus ropas, todas ellas están frías, y no quieres estar pasando frío. Al final optas por meter las ropas por debajo de las sábanas, vestirte desde la cama, tumbado, y esperar sepultado bajo el grosor de las tres mantas a que se caliente. No piensas salir de la cama hasta que se haya calentado tu ropa, y por consiguiente, tu cuerpo.
Cuando por fin te levantas ya son la una y cuarto. Mierda. La primera hora y cuarto del día arrojada por el retrete. Enciendes el ordenador con la esperanza de hacer algo de provecho ni que sea media horita, pero mientras se enciende vas a la cocina a por un té y algo de picar.
Te sientas por fin frente al ordenador, con tu té calentándote las entrañas, dispuesto a… dispuesto a… Dispuesto a abrir el gestor de descargas, el facebook, el blogspot, o cualquier otra estupidez por el estilo, total, para media hora, que es el tiempo que te falta antes de ir a comer, no da para nada. No vale la pena ponerse a ello para una vez alcanzada la actitud de trabajo tengas que dejarlo para ponerte a cocinar para llegar al curro a tiempo.
Tras un rato perdiendo el tiempo chequeando tus diversos perfiles online, perfiles con los que creas una imagen ficticia e idolatrada de ti mismo para intentar que todo el mundo crea que eres mejor de lo que eres, decides ponerte un capítulo de alguna serie de veinte minutos, diciéndote a ti mismo que es importante tener referentes para desarrollar tu propio estilo, y, casi creyéndote que realmente estás haciendo algo de provecho o útil. Así pierdes los últimos minutos previos a la hora de comer.
Cocinas, comes, te cambias, otra hora más perdida antes de salir de casa. Transporte público, otra hora perdida. Tres horas de curro por amor al arte, bueno, me intento convencer de que será algo bueno en un futuro que tarda demasiado en llegar. De nuevo otra hora perdida en el transporte público, hora en la que reflexionas acerca del tiempo que pierdes en el transporte público, pues te estás dos horas cada día dentro de un vagón para tres de trabajo. El porcentaje es un poco malo y una sonrisa sarcástica se dibuja en tu boca cuando piensas en cierta canción que dice: nunca el tiempo es perdido.
De camino a casa pasas por el súper y pierdes hasta veinte minutos en la cola, detrás de señoras que tienen problemas para distinguir las monedas de un céntimo y de dos.
Una vez en casa ya son eso de las ocho y media, así que ya te pondrás después de cenar con la misma excusa que te habías puesto al mediodía. Ponerse para media hora no vale la pena.
Y no consigo quitarme de encima esa sensación de estar perdiendo el tiempo continuamente. Sensación que no consigo que desaparezca ni tan si quiera en los eventos sociales que minan el tiempo de fin de semana, al menos mientras permanezco sobrio. Ves las caras amistosas de personas a las que quieres como algo vacío de enriquecimiento personal, hasta que te acuerdas de aquella lección que dice así: La vida social es una necesidad (¿o era necedad?) básica (¿o era clásica?) de todo ser humano. Además eso es en fines de semana, que están para disfrutar.
Pero hoy es martes, y, tras la cena y la ducha diaria ya se te han hecho más de las once de la noche. Tu estás tumbado en el sofá, viendo la tele, o bueno, encarado a ella ya que no se si se podría decir viendo la tele cuando no estás asimilando ni un 0,5 por ciento de la información que esta pasando por tus ojos. El caso es que estás en el sofá vagueando con la mirada perdida al aparato parpadeante que hay enfrente tuya, y has cenado demasiado como para no quedarte tumbado al menos unos veinte minutos mas. Veinte minutos perdidos más.
Después de eso te diriges al ordenador, te sientas, es el momento. El momento de... El momento de conectarte otra vez al facebook y ver las actualizaciones de los conocidos, o desconocidos, que tienes agregados, y descubrir que Fulano sería Sawyer si fuera un personaje de lost, que Mengana sería Joey si fuera un personaje de friends, que Pascualo sería Vegeta en Dragon Ball... Informaciones sin las que, sin duda alguna, no podría vivir. Pasan las doce de la noche y te acuerdas de que al día siguiente, que ya es este día, te toca madrugar. Que para dormir ocho horas deberías dormirte en ese mismo instante, pero no tienes sueño, así que decides de todos modos abrir el proyecto del documental empezado.
Entre corte y corte vas mirando el messenger, el facebook, el deviant... y maldices eternamente estas aplicaciones por hacerte perder el tiempo de mala manera. Piensas en darte de baja, dejar de usarlas, pero se han vuelto una parte de tu vida casi necesaria aunque las odies. Pues sino ¿Cómo ibas a felicitar el año nuevo a tu amigo japonés, o turco, o finlandés, que conociste en verano, y al que puede que no puedas volver a ver nunca?
Así estas hasta las tres y sabes que de las últimas tres horas, a lo sumo, has aprovechado una. Pero son las tres y mañana madrugas. Así que decides, aún sin mucho sueño, meterte en la cama y apagar las luces de la habitación.
En la absoluta oscuridad das una vuelta sobre ti mismo, y otra, y otra, y otra... no tienes sueño. Claro, ¿Cómo ibas a tenerlo si te has levantado a la una del mediodía. Miras la hora, cuatro y media, sigues dando vueltas. Y cuando por fin llegas a la conclusión de que por más vueltas que des jamás te convertirás en croqueta, decides encender la luz. Mañana estarás demasiado cansado para hacer algo de provecho, por lo que te pasarás todo el día perdiendo el tiempo, en el trabajo, sin duda alguna, te dormirás frente al ordenador. Pero de todos modos no te pagan, y para estar perdiendo el tiempo dando vueltas en la cama, prefieres coger tu cuaderno de batalla y perder el tiempo escribiendo esto en lo que ahora, tú, pero ahora referido al tú del tú que no es el tú del yo, que lo estás leyendo, estas perdiendo el tiempo. Solo espero que para ti haya sido una pérdida de tiempo, al menos, entretenida.

Feb 2010


PERDIENDO EL TIEMPO II: CRÓNICA DE UN MAL DIBUJANTE

Lunes por la mañana. Se rompe mi rutina habitual al sonar el despertador a las ocho de la mañana. Usualmente lo programo para que suene a las doce o una del mediodía. Pero este lunes tengo que ir a la productora por la mañana. Debo llevar poco más de cuatro horas en la cama, aún así no me cuesta levantarme, tal vez por el café que me tomé el día anterior por la noche. Patri, el jefe, tiene un encarguito que hacerme. Como soy el único en la empresa con nociones de dibujo solo puedo hacerlo yo.
Llego a la productora y me dice que tengo que ilustrar un cuento, que me pagará, cosa poco habitual siendo becario. Le hecho un vistazo al cuento. Una leyenda de los indios sioux con un mensaje moralista que, a mi entender, te dice: disfruta del amor, pero no te cases. Si es que eran listos estos indios sioux, que pena que llegaran los europeos en el mil cuatrocientos y pico con su mensaje moralista de: cásate, aunque no te ames. Vean ustedes el video y opinen.
A lo que iba, cojo el cuento y pienso que lo puedo desglosar en un mínimo de diez o doce ilustraciones. Aunque me salto partes importantes de la historia que quedarán sin ilustrar, pero soy consciente de que me han dado cuatro días, así que decido obviar cosas demasiado difíciles de dibujar si no son completamente imprescindibles.
Llego a casa y, después de comer, me pongo manos a la obra. Me he quitado de encima la planificación en dos suspiros y enseguida estoy abocetando (no confundir con abofeteando) el papel. Casi sin darme cuenta llega la noche, y se que va a ser larga, a si que, tras una copiosa cena, preparo la cafetera.
Cuando doy un boceto por definitivo lo calco sobre papel más grueso y me dispongo a entintarlo. Me cuesta encontrar una plumilla que funcione correctamente, hace tiempo que no utilizo y me las encuentro todas deterioradas por el uso. Momento en el que me maldigo por no haberlas tirado en su día, ese día en el que dejaron de servir. Entintada la línea me pongo a manchar de negro con pincel. El cliente parece ser que está obsesionado en que haga algo que no sea infantil parece ser que está obsesionado con Frank Miller, o tal vez es lo único de cómic que conozca ya que, en cosa de poco tiempo han hecho dos películas exitosas de sus obras. Así que el negro abunda, y cuando me acerco a los límites de la mancha, o tengo que hacer algún trazo grueso ocurre el desastre. Línea doble. El pincel esta tan cascado que se ha espatarrado y en lugar de un trazo pinta dos. Podría bajarme al centro a por material, pero no tengo tiempo, simplemente, así que opto por tunear el pincel. Un par de golpes de tijera y como nuevo. Tengo que bañarlo en tinta mas a menudo, pero al menos traza correctamente. Aún así, como es propio en mí, no me salvo de manchar y guarrear el dibujo en varias ocasiones. Hay cosas que nunca cambian, y mis originales siempre son sucios.
Hago dos pruebas de color y me encuentro con el clásico problema. Mis dos monitores muestran imágenes completamente distintas, tras pensarlo un par de minutos, y no mas porque voy a contrarreloj, decido hacerle caso al que corresponde a mi portátil ya que el otro es un tft que me encontré tirado en la basura y al que le saque el primer filtro de plástico que protege la pantalla porque estaba rayado. Me mostraba los colores mucho mas radiactivos y ultra saturados. Gran error, pues por lo visto a la mañana siguiente cuando recibí la respuesta a las pruebas de color, me comentaron que se veía muy radiactivo, lo retocó mi compañero de la productora especialista en imagen y... voilà, en mi monitor viejo de la basura, mi dibujo retocado por él, se veía bastante parecido a como lo veía yo en el monitor de mi portátil. Moraleja, lo gratis mola. A partir de ahí en todas las ilustraciones nocturnas, que son mas de la mitad, uso su retoque de imagen como paleta de color. Son las ocho de la mañana y, tras acabarme la segunda cafetera, decido que ya esta bien por hoy. Bueno por ayer. Ahora toca dormir un rato, así que, tras echarle un ojo al facebook maldito facebook, me voy a dormir.
Me despierto a las dos, alterado, no se si por la gran cantidad de café ingerida durante la noche anterior, o por el nerviosismo provocado por la necesidad de ponerme a currar. Al fin y al cabo es la primera vez que me dicen que me van a pagar por hacer unas ilustraciones. Con la de ilustraciones que he hecho por amor al arte, en estas debo cumplir, dar lo mejor que pueda y, el tiempo juega en mi contra. Pero lo primero es lo primero. La cafetera al fuego. Tras compartir el café y un cacho de brownie cortesía de mi compañera de piso, ya estoy dispuesto a continuar dibujando. Entre trazo y taza me pulo media tableta de chocolate y pienso, que si trabajar de esto por largo tiempo, entre el sedentarismo y la incitación a comer lo que sea que provoca este ritmo, acabaría gordo. Muy gordo. Me dan las nueve, las diez, las once de la noche y recuerdo que no he comido un plato cocinado, ni sin cocinar, desde la noche anterior. Chocolate y brownie no es alimentarse. Me voy a cenar.
Tras la cena me vuelvo a encerrar en la soledad de mi habitación de tres por tres, con la cafetera llena, otra vez. Durante la noche la soledad me invade. Dos días encerrado en casa no puede ser bueno, me da la impresión de que empiezo a oler a mueble. Acudo al móvil con un resultado poco satisfactorio. Normal. No es extraño que quede sin respuesta un mensaje enviado a las cinco de la mañana. Al poco de ver que no recibo respuesta acudo a Internet, concretamente al facebook, donde los comentarios en mis constantes cambios de estado me provocan una ligera sensación de consuelo. Unos instantes de desconexión conectándome. Hay personas en exactamente la misma situación que yo, solo que con flequillo rojo y cobrando más, porque son mas buenos evidentemente, ya que, fue uno de los profesores de dibujo. Y otras personas que están despiertas a altas horas por cualquier otro motivo. Y el facebook es la plataforma maligna que nos tiene a todos conectados dónde, cosas que antes jamás compartirías, ahora lo haces a discreción. Y lo mas raro de todo es que lo haces voluntariamente. A lo largo de la noche, mañana, madrugada, o, llámalo como quieras, me entra hambre. Voy a la cocina a por los cacahuetes. Mis dedos están negros pero no se limpian con una servilleta, así que calculo que en los cacahuetes tampoco se impregnará tinta que acabe en mi estómago. Los hechos me demuestran que mis cálculos son erróneos. De repente me percato de que hay una mancha negra en mis dientes. Le paso el dedo por encima y, lejos de quitarse, crece. Por supuesto, mis manos están llenas de tinta. Ha sido como echar leña para apagar un fuego. Finalmente decido pasarme la lengua por los dientes y la mancha desaparece. Me pregunto si ingerir una pequeña cantidad de tinta china me provocará alguna enfermedad, algún cáncer. Ya sabéis, hoy en día todo provoca cáncer, el móvil, el microondas, las ondas del wifi, la programación de telecinco... En fin, todo. A las nueve de la mañana mi hambre ha aumentado en un doscientos por cien y me preparo una ensalada de pasta. Me lavo los dientes, y a dormir.
Pasa un buen rato de las tres cuando me levanto al día siguiente, bueno, al mismo día... ¡Coño! ¿Qué día es? Tengo que pensar un rato en las últimas cuarenta y ocho horas para llegar a la conclusión de que es miércoles y de que me quedan menos de dos días para tener que acabar los dibujos. El lápiz y la cafetera echan humo. No puedo evitar tener esa sensación de que me faltará tiempo, aún me quedan unas cuantas ilustraciones y darle color, a todas. Llegada la noche me doy cuenta de que desde que llegué el lunes por la tarde de las prácticas hasta este momento solo he salido de casa en una ocasión. Para comprar café. Vuelvo a recurrir al puto facebook tratando de paliar, aunque sea levemente, este sentimiento de exclusión-reclusión que pesa sobre mis hombros. Recibo gritos de ánimo. Bueno, textos con exclamaciones. Como respuesta a mis estados desesperados. Lo veo un poco triste por mi parte, pero agradezco que haya gente que se aburre lo suficiente como para contestarme. Si no es por aburrimiento tal vez es porque les doy penita. Entonces... ¡Dios! ¿Soy penoso? Aunque ahora no tengo tiempo de pensar en ello, ni pensaré mas en ello cuando ya haya acabado con este trabajo que me mantiene encadenado a mi escritorio. Tengo que seguir entintando. Tengo serios problemas para entintar las últimas ilustraciones. Supongo que será el exceso de café, pero mi pulso, que ya no es gran cosa normalmente, ahora parece el de un viejo parkinsonoso. Y decirme que el efecto del café es psicológico y, que por tanto si no pienso en ello, mi pulso dejará de temblar, es inútil. Sigue temblando. Prueba a no pensar en osos blancos. No recuerdo cuando fue la última vez que me duche y, si me miro al espejo, me da la impresión de que la barba me ha crecido mucho más de lo que suele crecer en tres días. Así que decido tomarme un descanso para ducharme y afeitarme. Para sentirme un poco mas persona y menos animal.
Al salir de la ducha observo el escritorio detenidamente y me da la impresión de que estoy mirando un campo de batalla en miniatura. Donde cada mancha de sangre negra es un soldado muerto de manera violenta. En el muro formado por el monitor, en la colina formada por el ratón. La tinta china esta presente en cualquier lado donde mire. Sigo entintado, a lo largo del proceso de trabajo he ido perdiendo la profesionalidad gradualmente. A estas alturas hago el boceto sobre un folio normal, lo entinto con rotring, relleno los negros con el pincel dejando el papel abultado y en mal estado y borro el lápiz. Quiero acabarlas todas y dejarlas escaneadas para dedicar el jueves únicamente al color. Pero mi torpeza no me ayuda a acelerar el proceso. Cada pocos trazos me doy cuenta de que ya he vuelto a restregar la tinta de algún lugar de la hoja. Mi mano se queda manchada y la parte del dibujo estropeada. Menos mal que existe el Photoshop para solucionar este tipo de estropicios. Continúo entintando hasta pasada la hora mágica. Llamo la hora mágica a ese periodo de tiempo comprendido entre las cinco y media y las seis y media. Ese momento que no es del día, ni de la noche. En ese momento mi cuerpo y mi mente entran en un estado sensorial distinto del usual. Es una especie de embriaguez natural que me invade todo el cuerpo. Me hace ver y sentir todo de un modo distinto. Pero sigo currando hasta mucho después. A las nueve de la mañana paro, me preparo algo de comer y me doy cuenta de cuán trastornados están mis horarios. La hora del desayuno se ha convertido en mi hora de la cena. En la Edad Media posiblemente me hubieran acusado de brujería y quemado en una hoguera por vivir así. Es lo que pasa cuando llevo mi cuerpo a cumplir sus necesidades en el momento en que ya me lo pido a gritos, que cada día se retrasan un poco más. Son mas de las diez de la mañana cuando por fin me acuesto.
Son mas de las cuatro de la tarde y digo buenos días a una buena taza de café. Mi pulso no tiembla, baila. Mi estómago protesta y me cuesta tragarlo. Mi cuerpo parece no aceptar más de esta sustancia que altera todo mi sistema de manera antinatural. Aún así me la tomo. Y no será la última del día. Is the final countdown y no pienso parar hasta terminar. “Solo” queda darle color a los once diferentes dibujos.
Aún con todo consigo acabar un par de horas antes de lo previsto. A las nueve y media tengo que estar en la productora para montar el vídeo con las ilustraciones y son solo las cinco cuando doy por concluida la última ilustración. Me planteo si perfeccionar mi trabajo pues, debido a las prisas, esta a un nivel inferior de lo que soy capaz. Hay un dibujo que, incluso, llega a dolerme a la vista cuando lo miro. Pero estoy harto. Decido tumbarme a ver si consigo un par de horas de sueño antes de tener que partir. Pero no se porque cafés no me puedo dormir así que opto salir a dar una vuelta. Son las cinco y poco de la mañana de un viernes y en el Hospitalet no hay mucho que hacer. Pero necesito respirar un poco de aire fresco, y necesito hacerlo con la satisfacción de haber acabado el trabajo a tiempo.
Poco después me sorprendo al ver que puedo escribir esta parrafada de cuatro días de claustro. Pero escribirlo me alivia tensiones, y para meterlo en un cajón, lo cuelgo en el facebook. Mi herramienta para mendigar atención. Y decido llamarlo Perdiendo el Tiempo 2: Crónica de un “mal” dibujante para aprovechar el relativo éxito de mi anterior ensayo. Cual mal productor de Hollywood. Aunque hay que tener en cuenta que segundas partes nunca fueron buenas. Véase “Tras la línea enemiga II”. Véase también “Mulan II”. Véase también “Hostel II”. Véase también “Felipe II”. Véase también “Guerra mundial II”.
Espero que hayan tenido una buena lectura.

Marzo 2010

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