sábado, 12 de octubre de 2013

VALOR

Ya son las cinco de la mañana y Sonia sigue despierta. En la tele se ve un programa de esos en los que te prometen una gran suma de dinero a cambio de responder una pregunta estúpida por teléfono. En la pantalla, el presentador no cesa de rogar a sus telespectadores que llamen. Sonia sabe bien sabido que luego, cuando llamas, nadie te atiende, te tienen en espera largo y tendido, por no hablar de la factura del teléfono que te llega después. El caso es que ella no tiene la tele encendida porque le interese mirar nada. Sonia pasa la noche en vela a menudo, y la tele la pone para sentirse menos sola cuando su novio se ausenta sin dar explicaciones. De hecho, aunque ella esté sentada con la mirada dirigida al televisor, ni siquiera ve lo que están retransmitiendo. Si le preguntaras lo último que han dicho no sabría contestar. Ella está viendo otras cosas que reproduce su mente. Por ejemplo, ve como Joaquín, su novio, está ahora mismo en el coche que ella le presta desde que él accidentó el suyo, con otra chica, compartiendo un gramo de cocaína. Ve también lo que pasa después. La infidelidad ya no es algo nuevo en su relación.
  Recuerda cuando ella sintió felicidad a su lado. Cuando empezaba el apasionado amorío. Cuando él perdió el trabajo y Sonia le propuso con ilusión que se fuera a vivir a su casa, así podía ahorrarse el alquiler. Acaricia su barriga hinchada mientras piensa en el momento en el que tomó, posiblemente, la peor decisión de su vida. Se suponía que Joaquín iba a encontrar trabajo e iban a construir una vida, juntos. Sin embargo, ahora Sonia va a trabajar después de noches en vela, y le paga la comida, la gasolina, las borracheras, la farlopa y, posiblemente, los condones que gasta con otras. Hay momentos en los que hasta se preocupa por él. Piensa que tal vez le haya pasado algo, otro accidente en coche… Una preocupación que, en una profunda y oscura parte de su alma, desea que se cumpla. No porque le desee ningún mal a su novio, sino porque ello significaría que no está con otras, ni malgastando su dinero en vicios. Aunque llega el momento en el que escucha el ruido de las llaves, que parecen no encajar en la cerradura, y Sonia se siente una completa imbécil por haber sentido preocupación. Él entra sin decir nada, y Sonia le sigue con la mirada.
-          ¿Por qué me haces esto? – Pregunta ella finalmente – vas a ser padre, ¿Ni aun así piensas cambiar tu actitud?
-          Déjame, pelmazo – responde él en voz baja
-          ¿Acaso te he hecho yo algo para que me tengas que tratar así? – dice a la vez que empiezan a asomar las lágrimas de los ojos de la chica.
-          Deja de decir chorradas, estoy cansado, me voy a dormir.
A su paso por el salón, Joaquín deja una peste de alcohol y humo que impregna toda la casa. Se mete en el dormitorio, y se deja caer como un peso muerto sobre la cama de matrimonio. Sonia se queda en el sofá. Lo último que le apetece es compartir la cama con esa persona ahora mismo. Mientras derrama lágrimas recuerda lo feliz que se sintió la primera vez que se besaron. Se preguntaba ella siempre, cómo era posible que un tipo popular, alto, fuerte, guapo y simpático como Joaquín, eligiera salir con ella. Bajita, con nariz redonda, un poco rolliza y con pocas tetas, para colmo de gorda. Entonces pensaba que estar con un tipo como él era lo máximo a lo que podía aspirar. Finalmente consigue conciliar el sueño un par de horas antes de que suene su alarma para ir al trabajo.  El trabajo, irónicamente, se ha convertido en lo mejor de su vida desde hace ya un par de años. Y no es que sea un trabajo apasionante. Pero el tener que atender a los clientes del supermercado mantiene sus pensamientos alejados de Joaquín. Embarazada de 4 meses, Sonia teme el momento en el que se vea incapaz de seguir trabajando y forzada a darse de baja. La simple idea de pasarse todo el día metida en casa aguantando los ires y venires de Joaquín le provoca náuseas.
  Al volver a casa, Sonia, se encuentra a Joaquín sentado en el sofá, viendo la tele. Son las diez de la noche y en la mesita auxiliar hay restos de pan de molde. Sonia ya se lo sabe, ni van a cenar juntos, ni le ha preparado nada a ella. Ni un mísero sándwich tras pasarse todo el día trabajando mientras él ha estado holgazaneando y curándose la resaca.
-          Es la despedida de mi amigo Juan, voy a salir un rato esta noche – Sonia ni le contesta, es lo de todos los días. A menudo, cuando ella llega a casa él ya no está. Cuando está suele significar una cosa - ¿Me prestas cincuenta Euros? – Bingo.
-          No podemos seguir así, Joaquín, vamos a tener un hijo y apenas llegamos a fin de mes. Cuando nazca vamos a tener muchos gastos extra.
-          Venga Sonia, no me vengas con esas ahora, ya veremos que hacemos cuando nazca la criatura.
-          Pero es que tenemos que empezar a ahorrar
-          ¿Justamente hoy, Sonia? Ya sabes lo amigos que somos Juan y yo, y es su última noche en la ciudad. Dame algo de pasta hoy, y luego ya paro.
  Sonia finalmente accede, aunque sabe de sobra que no va a parar. Se lo ha dicho miles de veces. Le da cincuenta Euros y empieza a cenar, mientras él se prepara para salir. Cuando está a punto de cruzar por la puerta, Sonia le pregunta:
-          ¿Vas a venir muy tarde?
-          No, tranquila – una mentira demasiado descarada.
  Sonia se duerme en el sofá, como acostumbra a hacer cuando se queda sola en casa. El hecho de que su novio le mienta con tanta facilidad le demuestra que él ya no siente ningún tipo de respeto hacia ella, si es que lo ha tenido nunca.
  Al despertar, un tipo con melenas y vestimentas raras da consejos baratos a la gente que le llama. Pretende hacer creer que sus suposiciones generales de cosas que le pueden pasar a cualquiera, son una adivinación de los hechos. Un engaño que, a ojos de Sonia, cualquier tonto podría detectar, sin embargo no cesa de llamarle gente. La joven se asoma al dormitorio para comprobar, como ya imaginaba, que Joaquín todavía no ha vuelto. Son las cinco de la mañana. La muchacha, resignada, se sienta en el sofá y rompe a llorar. No sabe si llora de rabia, tristeza, o impotencia. Tal vez por costumbre. Hasta que, de pronto, un dolor tan intenso que no cabe en la imaginación de ningún hombre o mujer la invade. Siente una humedad pringosa entre sus piernas. Los síntomas la aterrorizan, teme que vaya a perder a su bebé. Se siente extrañamente incapaz de moverse para buscar ayuda, y la angustia inunda todo su ser. Siente algo saliendo de su interior, y el dolor se expande por todo su cuerpo. Empuja con fuerzas y ve como empieza a asomar una cabeza de entre sus piernas. Su vagina se dilata, el bebé saca la cabeza, todavía a medio formar y sin que esté muy definida la separación de ésta con su cuello. Con las manos se agarra fuertemente a los labios vaginales, y empuja con fuerza hacia afuera para sacar todo su cuerpo. Así, de un salto, la hija de Sonia nace y se planta en pie frente a su madre. La muchacha, sentada en el suelo, sobre un charco de pringoso líquido amniótico, no da crédito a lo que ve. La criatura, que se encuentra unida a ella por el cordón umbilical, tiene el aspecto de un feto de cuatro meses, una cabeza deformada, pegada a un grueso cuello que es desproporcionadamente grande en comparación con el pequeño cuerpo. Sus dedos son cortos y de articulaciones torpes. Sus brazos y piernas también son cortos proporcionalmente al resto del cuerpo. Si intentara tocarse la cabeza con sus pequeños brazos, no llegaría más arriba de la pequeña formación que en un futuro serán sus orejas. Lo sorprendente para su aspecto, es su tamaño. Crece hasta medir alrededor de un metro, y todavía más sorprendente el hecho de que se mueve casi como una persona adulta. Y Sonia, que no da crédito a lo que ve, casi se aterroriza al oír hablar a esa criatura:
-          ¿Qué demonios haces con tu vida?    
-          ¿Qué? – pregunta Sonia anonadada a la vez que levanta la cara de entre sus rodillas para ver a la criatura que ha salido de su interior
-          ¿Qué? ¿Cómo que qué? Tú sabes bien a lo que me refiero. Mírate, todas las noches llorando en el sofá, frente una tele que no emite más que porquerías. Maquillándote por las mañanas para disimular la hinchazón de tus ojos para que no piensen en el trabajo que tu vida es una puta mierda. Ya va siendo hora de que cambies algo, ¿no?
-          ¿Cómo? ¿A qué te refieres? – pregunta Sonia evitando admitir la certeza de las palabras de su hija
-          ¿Cómo que a qué me refiero? ¿No es evidente? No puedes seguir viviendo así, y la fuente de tu desgracia es muy fácil de adivinar cuál es.
-          Te refieres a Joaquín… - dice Sonia con la boca pequeña.
-          Si, exacto, te has ganado un gallifante – responde el feto gigante con una expresión de enfado.
-          Si… es cierto que estamos pasando por una mala racha…
-          ¿Mala racha? – interrumpe la criatura – pero si llevas cinco años en los que tu situación ha ido de mal en peor, tu vida huele peor por momentos y eso que ya hace años que apesta. Y tus problemas tienen nombre y apellidos, y esos son los más fáciles de solucionar.
-          Pero… vamos a tener un hijo, o sea, te vamos a tener, ¿cómo voy a separarme de Joaquín y a dejarte a ti sin padre?
  Una expresión de ira se forma en el arrugado rostro del desproporcionado bebé, que pega un salto, y con la mano abierta le da un golpe a Sonia en toda la cara. Salpicaduras de líquido amniótico ensangrentado pringan el sofá y la alfombra.
-          No vuelvas a escudarte en mi – le dijo – que tu no seas capaz de enfrentarte a tus problemas no es culpa mía, si no tuya. Además, yo no quiero crecer en un ambiente como este, lleno de rencores y desconfianzas, totalmente carente de afecto, así que no vuelvas a ponerme como excusa para no dar el paso que tienes que dar.
-          Pero… ¿Cómo voy a criar a una hija sola?
-          Con bastante más facilidad que con ese gilipollas al que llamas novio a tu lado.
-          Pero, yo sé que en el fondo me quiere, es solo que se ha metido en el camino de las drogas, y, bueno… tal vez necesite ayuda…
-          No digas chorradas. Ese tío es un imbécil aunque esté sobrio. El montón de mentiras que te dice día a día es lo que duele, las drogas no tienen nada que ver. Date cuenta ya de que, simplemente, cometiste un error al juntarte con él. No es culpa de las drogas, ni mía, ni pienses más excusas. Ahora mismo es tu responsabilidad mejorar tu vida y buscarte a alguien que además de quererte en el fondo, te quiera en la superficie y, lo que es más importante, te respete, o vive tu vida independiente, que tampoco es ninguna tragedia.
-          Pero, va a ser muy difícil encontrar a alguien para mi… no soy bonita, no tengo una vida interesante y, no te ofendas, pero con una hija va a ser más difícil rehacer mi vida…
-          Veo que te tiene exactamente donde quiere. Este hombre te respeta tan poco que ha conseguido que ni tu misma te respetes, pero debes cambiar eso. Ha conseguido que sientas que tienes que permanecer a su lado si no quieres envejecer sola, amargada y rodeada de gatos. Pero no es así. La vida fuera tiene muchas cosas buenas que brindarte, pero debes ir a por ellas. Si sigues con este individuo te las vas a perder por completo, mientras te respetas a ti misma cada día un poco menos, entonces, posiblemente llegará el día en el que nadie te respete. Es posible que hasta yo aprenda a faltarte el respeto, y entonces sí que experimentarás la más angustiosa de las soledades.  Sin embargo, si empiezas a quererte a ti misma, me enseñarás a quererte y tal vez sigamos muy unidas cuando yo sea adulta. Dicho esto, en tus manos queda, el arreglar tu vida de una vez, o seguir dejando que se caiga a pedazos lentamente. Ahora tengo que volver a entrar para acabar de desarrollarme y borrar mi conciencia.
  El feto se encoge hasta poder meterse de nuevo en el interior de Sonia a través de su vagina. Aunque aun así, pasa tan ajustado que Sonia vuelve a experimentar intenso dolor, aunque no tan fuerte como cuando salió. Una vez desaparecido el niño, ve como desaparece el cordón umbilical, como si alguien desde su interior lo estuviera estirando y enrollando. La muchacha, agotada, se desmaya sobre el sofá.
  Tras dormir un par de horas, Sonia, se despierta con una energía fuera de lo normal. Parece haber tomado conciencia de las palabras pronunciadas por su hija. Se levanta, friega el suelo pringoso de su líquido amniótico y se pega una buena ducha. Al salir, decidida, empieza a hacer las maletas. Abre los armarios y, una por una, va cogiendo sus prendas preferidas y metiéndolas en su maleta. - ¿Pero, qué estoy haciendo? – se pregunta a si misma – ésta es mi casa.- Entonces decide sacar sus cosas de la maleta, y meter las de Joaquín, que no son muchas. Llama a un cerrajero de urgencia, y le hace cambiar la cerradura. Junto a la puerta deja la maleta y una nota pidiéndole a Joaquín que no vuelva más. Que desaparezca de su vida.
  Se sienta a esperar a que Joaquín vuelva. Hoy ella tiene libre y puede quedarse todo el día en casa. No quiere perder la posición. Siente una mezcla extraña de sentimientos, una especie de excitación mezclada con miedo y un pequeño asomo de felicidad. Cuando finalmente llega Joaquín, Sonia se queda en el sofá, sentada, esperando a ver su reacción.
-          ¿Es esto una broma, Sonia? – pregunta desde el otro lado de la puerta – ¡No tiene gracia! – dice mientras intenta abrir con sus llaves, que esta vez realmente no encajan - ¡Vamos, abre! – grita imperativo, mientras Sonia se limita a escuchar - ¡Ábreme de una puta vez maldita zorra! – Con su paciencia agotada, en este momento Joaquín empieza a aporrear con violencia la puerta.  ¡¿Cómo puedes hacerme esto sin avisar?! ¡Si yo te quiero Sonia!
  Al escuchar esto, el corazón de Sonia se ablanda, y se levanta para abrirle la puerta, pero justo en ese momento siente una fuerte patada en el interior de su barriga. Su hija le está advirtiendo: “mejor no lo hagas” parece decirle. Entonces cambia de actitud, y responde entre lágrimas que intenta disimular:
-          ¡Eso es mentira! ¡Si me quisieras, me respetarías, ahora vete o llamo a la policía!
-          ¿Eso es lo que quieres? Pude elegir a las chicas más guapas de clase, y te elegí a ti, ¿y así es como me lo pagas?
-          ¡Pues vete con alguna de ellas, aquí ya no eres bienvenido! – le grita Sonia
-          ¡Está bien, me voy, tú verás! ¡Te convertirás en una vieja amargada y solitaria! - pero Sonia y su hija sabían que eso no era verdad, bueno, al menos su hija lo sabía a ciencia cierta, Sonia tenía sus dudas, pero sería mejor que ser una amargada a su lado.

  Una vez que Sonia comprueba que Joaquín se ha marchado, se tumba en su cama y duerme mejor que nunca. Por primera vez en mucho tiempo su sueño es profundo, y su siguiente despertar va acompañado de una sensación de alivio y libertad que nunca antes había sentido, y, lo que es más importante, una sonrisa.

sábado, 21 de septiembre de 2013

El día del Juicio

  Arthur despierta sobresaltado. Intenta salir desesperadamente golpeando las ovaladas paredes que lo encierran. No entiende nada de lo que le está pasando. A pesar de encontrarse sumergido en líquido puede respirar, cosa que le demuestra estar siendo presa de alguna fuerza antinatural.
-          Buen despertar  - escucha.
-          - ¿Quién es? ¿Qué queréis de mí? – alza Arthur la voz
-         -  Acérquese al traductor instantáneo para hablar, por favor, de lo contrario no podemos comprender.
  Arthur mira a su alrededor. A través de las transparentes paredes de la cápsula que le aprisiona, puede ver una especie de cuerpos etéreos que desprenden luminosidades de distintos colores. Las deslizantes paredes que le envuelven solo tienen una pequeña irregularidad. Una esfera negra resalta en pleno centro de la transparencia. Decide acercarse a ella para hablar.
-         -  ¡Sáquenme de aquí! – grita
-         -  Tranquilícese, entendemos el shock en el que se encuentra ahora mismo. La teleportación afecta muy negativamente a los seres inferiores que no han sido capaces de renunciar a su forma física.
-         -  Pero, ¿De qué demonios hablas? – Arthur entiende que la pequeña irregularidad de su celda es lo que ellos han llamado “el traductor”.
-         -  Le explicamos su situación, Arthur, tal vez sea un poco complicado de comprender, por eso es importante que escuche atentamente. El analizador de metadatos universal ha decidido, tras analizar los perfiles de todos los seres humanos durante diez años, que usted es el más indicado para defender a la raza humana en el juicio por su exterminación.
-         -  ¡¿Cómo?! – Arthur no da crédito a lo que escucha
-         -  Entendemos que no se encuentra en plenas facultades. La dependencia de un cuerpo físico siempre ha sido un inconveniente. La abducción altera sus capacidades. Pero le informo de que ahora mismo usted se encuentra en la corte intergaláctica y todo está preparado para el juicio. No se preocupe, descanse, esperaremos hasta que usted se haya recuperado por completo para llevar a cabo el juicio. El líquido en el que se encuentra sumergido, le aporta todos los nutrientes necesarios para recuperarse, y ninguna toxina. De hecho podría decirse que para la salud de su cuerpo físico, es mejor que eso que llamáis comer. Ahora le pondremos a dormir y volveremos a despertarle en unas horas. Estamos seguros de que tu subconsciente, durante la fase rem, será capaz de asimilar toda la información que le acabamos de proporcionar.
           Repentinamente, una absoluta felicidad, una especie de orgasmo prolongado, invade el sistema de Arthur, un placer tan grande que le hace perder la conciencia. Duerme durante horas. Efectivamente, al despertar, entendía y comprendía la gravedad de su situación. Era el abogado de la raza humana en el juicio final, y no tenía la opción de negarse.
-        -   ¿Y bien? ¿Se encuentra en condiciones de defender a su raza? – Dijo la voz robótica que debía pasar por un traductor como el que usaba Arthur- Nos encontramos en la corte R257 para celebrar el juicio del comité de galaxias unidas contra la raza humana. La causa de la denuncia es la peligrosidad que supone la permanencia de dicha raza para la subsistencia de otras especies consideradas superiores. La emisión de gases tóxicos que genera ya es tal, que su propia atmósfera no puede contener. Especies de otras galaxias se han visto afectadas por respirar los residuos gases tóxicos que provienen de la tierra, llegándose a cobrar varias víctimas mortales por la conocida como “infección de la tierra”. El comité de las galaxias unidas ha convocado a uno representante de cada galaxia miembro para cumplir la función de jurado. ¿Entiende el acusado su situación?
-        -   Si, la entiendo – dijo Arthur sabiendo que no iba a mejorar nada con una negación.
-        -   Entonces, éste es su momento. Usted tiene que aportar algún motivo por el que piense que su raza no debe ser eliminada del universo.
-        -   Simplemente, no podéis exterminar a otra especie. Es totalmente inmoral. Nada os da derecho a ello.
-        -   Nos da derecho el hecho de que, extinguiendo vuestra raza, garantizamos la permanencia de muchas otras especies inteligentes. De cualquier modo, no puedes exigir un derecho para una especie que ha vulnerado dicho derecho reiteradamente a lo largo de la historia. Pues en vuestro propio planeta muchas especies con potencial de desarrollo han sido exterminadas por vuestra avaricia, vanidad y desconsideración.
-        -   Entonces- buscó Arthur en su memoria – tenemos una ley escrita que lo prohíbe. Es una ley universal. Se llama la declaración universal de los derechos humanos, y no debe ser violada por ningún ser del universo.
           La voz tarda en contestar, tal vez unos minutos, tal vez horas. Arthur no está seguro de cuánto tardó, pero percibe que tarda más de lo normal. Ese rato más de lo normal le parece una eternidad. Durante ese indefinido periodo de tiempo, llega a pensar que el hecho de tener una ley escrita que protege los derechos humanos va a servir de ayuda a la salvación de su raza.
-          -  Entendemos – habla finalmente la voz- pero sin embargo, tras analizar los metadatos, hemos comprobado que dicha ley ha sido violada por vosotros mismos una y otra vez. Además fue escrita en plena ignorancia de la existencia de vida inteligente fuera del pequeño planeta al que pertenecéis, por lo que es difícil utilizar dicho argumento como defensa, a pesar de la buena intención de la ley.
-        -   Pero entonces caéis en el error de la generalización. Si extermináis a la raza – dice Arthur en un desesperado intento de salvar a la humanidad – pagarán justos por pecadores. Lo que debéis hacer es un proceso de selección y aniquilar solo a aquellos seres humanos que perjudican, dejando vivos a los buenos. Son muchas las personas maravillosas que ayudan a sus semejantes. Aman y respetan toda forma de vida. ¿Realmente creéis justo exterminar la raza entera?
-         -   Tal vez – contesta la voz tras el periodo de análisis de metadatos – sea injusto para algunos seres individuales, pero es justo para el equilibrio del universo. Los metadatos nos dicen que, debido a insaciables sentimientos tales como la avaricia, mientras existáis como civilización seguiréis llevando a cabo la destrucción que cada vez afecta más lejos.  En adhesión, en contra del acusado, informamos de que han sido muchas las veces que vuestra raza ha llevado a cabo tal injusticia, pues no eran culpables de la guerra muchas de las familias muertas en un lugar del planeta tierra al que vosotros llamáis Hiroshima, o Nagasaki. Tampoco eran culpables del conflicto entre esa localidad que llamáis EUA y esa otra que llamáis Vietnam, los habitantes de las localidades colindantes a esta última que todavía hoy en la actualidad siguen pisando minas que les hacen saltar por los aires. Una vez más no se puede defender  a la raza humana por falta de ejemplo.
-        -    ¿Pero qué hay de los niños sumidos todavía en la inocencia? ¿Y de las familias que luchan honradamente por su futuro? No tenéis derecho a causar tanto sufrimiento – dice Arthur a la vez que rompe a llorar desconsoladamente.
-        -    No te preocupes por eso, – dice la voz – la confederación de galaxias unidas prohibió el sufrimiento hace mucho tiempo. Tal como te dormiste la otra vez, disfrutando del mayor placer que tu cuerpo físico es capaz de otorgarte, la humanidad perderá la conciencia en un orgasmo prolongado y morirán todos y cada uno de los seres humanos con una sonrisa en la cara. De hecho será mucho mejor que la autoextinción a la que os precipitáis si se os sigue permitiendo actuar con libre albedrío. Realmente sería sensato que desearais vuestra ejecución pues os evitará, como raza, el mayor de los sufrimientos que supone la auto extinción. Ahora es posible que no lo comprendas, vuestro egoísmo os hace poner vuestra supervivencia individual por encima de todas las cosas. Pero vuestra ejecución será lo mejor para el equilibrio universal y para vuestro propio bienestar. La sentencia ha sido decidida.

 Dicho esto empieza el placer. Todos los seres humanos pierden para siempre la conciencia, pero perecen con una sonrisa de absoluta felicidad provocada por un orgasmo mortal.

viernes, 23 de agosto de 2013

LOS VENGA-RANGERS IV: SuperForzudo

  A Superforzudo, a pesar de sus superpoderes, también le entran apretones. Especialmente cuando bebe, cosa que sucede casi cada día. Así que deja la copa de whiskey a medias sobre la barra, con prisa y el descontrol de su fuerza, la rompe. Se hace añicos y se derrama el líquido que restaba.
-          ¿¡Otra vez!? – grita el camarero.
  Pregunta totalmente ignorada, pues la necesidad es demasiado grande. Corre al servicio, se sienta, y sale a presión un montón de mierda medio líquida. A veces cuesta creer que eso, antes  era comida. Cuando parece que ha terminado, siente una fuerte puñalada en el interior de su estómago, y le siguen unos gases súper poderosos. Tan poderosos que rajan el retrete y se parte en varios pedazos, derramando el líquido oscuro y mal oliente que contenía. Ahora lo del vaso de whiskey le parecerá una minucia al camarero. Decide que tiene que huir de ahí. Otro bar al que no puede volver a entrar. Cuando va a limpiarse, se da cuenta de que no hay papel, ni siquiera el cartón, por lo que decide limpiarse con los calzoncillos y abandonarlos allí. Se sube sus pantalones, se pone su oscuro pasamontañas y rompe los barrotes de la ventana para salir volando de allí.
  Entre la borrachera, y su vértigo natural, cuando está surcando los cielos, vomita. Alcohol, bilis y nachos con boloñesa se mezclan en su propulsada potada que cae encima de los coches aparcados en el hotel “Royal Luxe” esparcida como si fuera una lluvia ácida. Se para en una azotea para descansar. Su casa todavía está lejos. Desde lo alto del edificio ve cómo pasan un par de coches de policía por la calle, con las sirenas sonando y a toda velocidad. Aunque desea irse a casa y pillar la cama, no se lo puede permitir. El deber de súper héroe le llama. Vuela a toda prisa hacia donde se dirigen los policías y se encuentra el clásico atraco a un banco. Como, en la ficción, los atracadores de bancos todavía son los malos, decide irrumpir con su súper fuerza para detener a los ladrones.
-          Tío, el otro día estaba con una piba en la playa, y claro, no llevábamos condón y tuve que echar el merengue al mar, y lo vi largarse por el mar, sin disolverse, y empecé a pensar… ¿Y si mi semen acaba en la vagina de una ballena y nace un ser especial, medio humano medio balleno? – pregunta uno de los asaltantes.
-          No digas tonterías, eso es imposible – le contesta tajante su compañero mientras ata a uno de los rehenes con una cuerda.
-          ¿Por qué?
-          Pues porque no se puede quedar embarazada una ballena de alguien de distinta especie, ¿es que tú no fuiste al colegio o qué?
-          Sí que se puede, tu padre lo consiguió – dice seguido de una carcajada.
-          ¿Estás llamando gorda a mi madre, hijo de puta? – le responde enojado.
-          No está tan gorda para ser una ballena – y se ríe todavía más
-          ¡Callaos! – grita ahora un tercer asaltante. El típico con una cicatriz y cara de más malo que los demás, una cicatriz causa de una caída sobre un cristal en un momento ebrio, pero que da la impresión de ser un verdadero busca peleas que se enfrenta a cualquiera– Estoy intentando concentrarme en abrir esto y no hacéis más que decir gilipolleces, como no os calléis de una puta vez os meto un tiro a cada uno.
  Los asaltantes llevan veinte minutos intentando abrir la caja fuerte en ese momento, pero no saben cómo conseguirlo. De repente, como caído del cielo, bueno, literalmente caído del cielo, aparece Súperforzudo en un aterrizaje forzoso que, tras atravesar el tejado del banco, choca contra la caja fuerte haciendo saltar la tapa por los aires. Los atracadores llenan sus bolsas con billetes de los grandes. Sus caras son todo felicidad en ese momento. Escapan fácilmente gracias al agujero causado por Súperforzudo al caer. El súper héroe, aturdido, se encuentra solo ante la policía. Le apuntan con sus armas y uno de ellos dice:
-          ¡Alto o disparo!

  SúperForzudo, frustrado, sale volando a toda velocidad. Los impactos de bala en su cuerpo rebotan como si fueran balas de goma. Desearía haber ayudado, pero no lo ha conseguido. Decide irse a su casa y ver la tele en calzoncillos estirado en el sofá. Es su manera de regalarse su merecido descanso. Si es que, a veces, ser un súper héroe puede ser más complicado de lo que parece.

domingo, 7 de julio de 2013

SOY

Soy la irritación del subyugado esclavo de su jornada laboral. Soy la explosión del atentado de Hipercor. Soy la piedra lanzada por un niño palestino que choca contra el casco del militar equipado con la última tecnología para matar. Soy el tsunami que abrió la brecha en la central nuclear de Fukushima y soy el huracán Katrina. Soy la justicia ciega de la naturaleza. Soy el arma asesina de una mujer maltratada. No un arma de filo ni de fuego, sino un arma de sentimiento, el sentimiento de no poder aguantarlo más. Soy la bota de un estudiante manchada con la sangre de un mosso d’esquadra por a los que les queda ya un solo ojo para llorar. Soy pueblo, soy destrucción. Soy injusto porque soy ciego. Porque me han cegado adrede. Soy energía. Soy el genkidama que nace de un corazón de pura bondad, sin embargo arrasa todo a su paso porque no ha encontrado otra opción. Soy el eje del mal a los ojos de muchos, pero si a lo largo de la historia los imperios siempre han sido los malos de la película, no iba a ser diferente ahora. Soy la daga del oprimido, que derrama sangre roja, la sangre de cualquiera. Y no soy todo lo que soy porque lo quiera ser. No quiero derramar m
ás sangre, si no va acompañada de una nueva vida. No quiero ser más dolor, ni ira, ni sufrimiento. Yo quiero ser paz, amor, quiero ser placer, abundancia, orgasmo simultáneo. Pero no lo soy, porque no me dejan serlo. Soy el aborto de la felicidad, porque no me dejaron nacer. Porque la avaricia de unos pocos no lo podía permitir. La falta de conciencia y la negación de vivir sin sus fútiles privilegios me han convertido en todo lo que soy. Soy el dolor del mundo para la raza inmunda que destruye su propio hogar. Soy lo que quiero y lo que no quiero ser. Y todavía soy un retoño por crecer.    

miércoles, 19 de junio de 2013

INMÓVIL

Estoy en pie, firme, aguantando el tipo, sin mover un solo músculo, sin siquiera parpadear. Estoy tan quieto que parezco el centro de gravedad del entorno a mí alrededor. Algunos niños que corretean esquivando mesas, dando vueltas a la circunferencia que forma el bar en el que estoy metido. Nadie consume, ya he limpiado lo limpio y tengo prohibición expresa de sentarme, de mirar el móvil, de apoyarme, de beber cerveza… por lo que lo tengo el deber y la obligación de aguantar el tipo, dar buena presencia, incluso cuando nadie me ve. Así que allí estoy, de pie, inamovible, como un guardia real del palacio de Buckingham. No muevo ni un músculo, mientras las horas pasan lentas, tan lentas que parece que no pasan. Mientras un niño camboyano pierde una pierna al pisar una mina “made in USA”. Un finlandés muere ahorcado por la soga que el mismo ha atado a las vigas de su linda casa de madera al no encontrar sentido a la vida después de la jubilación. Un empresario español muere al estrellar su nuevo deportivo en Zurich. Un espermatozoide penetra un óvulo generando una nueva vida en el interior de Somya, la bella muchacha hindú de quince años. Mientras, un terremoto quiebra un bloque de viviendas en Tokyo y dos perros sin dueño están jodiendo en el parque. Pero yo permanezco inmóvil, una hora, dos horas, tres horas… Al principio pensando en mis cosas, recordando historias pasadas. Me acuerdo de mi primer amor en la ciudad condal, y de amor platónico en Elche. Me acuerdo de la pasión turca, y de mi amor oriental. Y una erección empieza a materializarse, por lo que cambio la pista del disco que gira en el interior de mi cráneo. Y cuando me canso de pensar, dejo de hacerlo, sé que puede parecer difícil, pero me da la impresión de conseguirlo, por un pequeño instante no pienso en absolutamente nada… Tal vez alcance el nirvana…

viernes, 14 de junio de 2013

RETIRADOS

(La historia que se relata a continuación es una ficción. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia. O no…)

-          -  Que buenos tiempos hemos vivido. Es una pena que estén llegando a su fin. – Me dice Rodrigo mientras disfrutamos de un buen bourbon en el jardín de su mansión.
-          -  Si, y nada habría sido posible sin ti, -le digo- tu esfuerzo dio un resultado excelente.
-          -  Pero tú fuiste la cabeza pensante del plan. Todo es mérito tuyo, yo solo ejecuté el trabajo que me pediste.
-          -  Y con mucha eficacia. – Suele pasar que nos emocionamos con elogios mutuos, y nos cuesta parar. Cada elogio debe ser respondido por uno mayor. Es la cortesía de los hombres correctos.
-          -  Si te soy sincero – me explica – realmente tuve miedo de excederme y hundir el país hasta un punto de no retorno.  Y que la maniobra acabara hasta con nuestras riquezas.
-          -  Bueno… ciertamente la estrategia tenía sus riesgos, sí, pero, mi querido Rodrigo Rato, ahora soy recordado como un héroe español. El mejor político de la historia de la democracia. Nadie cuestiona el hecho de que merezco todas las riquezas que disfruto. Y tú, tu tomaste una posición muy importante en mi encumbramiento. Y por ello, te he traído un regalo.
Doy dos palmadas para que entre el camión con el regalo. Es un cofre del tesoro gigante que le he preparado a Rodri. Veo como se le iluminan los ojos al apreciar tamaño regalo.
-          -  ¿Es para mí?
-          -  Pero Rodrigo, ¿tu ves a alguien más por aquí alrededor?  - aprecio como el operador de la grúa me mira mientras baja el cofre de la carga de su camión. Supongo que se cree alguien. Pero es solo servidumbre. Ellos no cuentan.
Emocionado, Rodrigo Rato entra en el cofre del tesoro por la puerta que tiene en la parte frontal. Con esfuerzo levanta la cabeza para apreciar las miniaturas de oro de las torres Kyo. Tres metros de alto con un cielo azul siempre brillante pintado por encima de ellas. Todo el cofre está dotado de un sistema de iluminación que provoca un resplandor majestuoso en las pequeñas torres. Por supuesto, no falta el icono de “caja Madrid” en una de las torres. Sé que a Rodrigo Rato se le despiertan endorfinas al recordar como ganaba montañas de dinero allá por primeros de siglo. Desde que se retiró no ha vuelto a ser el mismo. Está apagado. Eso de que le ingresen millones de euros anuales en la cuenta por que sí no es tan divertido como ganarlos. Es como si ya no pudiera practicar su razón de ser. Ganar dinero a través de cualquier medio.  Entiendo perfectamente ese sentimiento. Una lagrimilla asoma por los ojos de mi amigo.
-          -  Muchas gracias José María. Me encanta.
-          -  De nada hombre. Para eso están los amigos.
-          -  ¿sabes? Pensando en ello, hay alguien que me da un poco de pena. Mariano también desempeñó una gran tarea, de hecho fue el que tuvo que manchar más su imagen pública. Su papel también fue muy difícil en esta trama.
-          -  Bah, no te preocupes, él ya tiene sus 40.000 Euros anuales. Que se abra una mercería en Galicia. -  No puedo evitar mofarme.
-          -  Pero eso es calderilla…
-          -  Suficiente para él, siempre fue motivo de burla, ya desde el colegio. No era un hombre destinado a triunfar. Estaba destinado a ser un perdedor, y sin embargo, gracias a mí, tuvo su momento y llegó a ser presidente de España, ni más ni menos.  
-          -  Pero es que con las medidas que tuvo que tomar no quedó ni un solo español que le tenga estima… me pregunto si era estrictamente necesario que aboliera las pensiones y los subsidios de desempleo.
-          -  Pues claro que sí. Así mi relevo fue triunfal. Y solo tuve que restituir la jubilación a los 102 años, y restablecí un subsidio de desempleo de dos mensualidades por año trabajado. Salvé el partido, salvé el país, salvé nuestra hegemonía política y lo más importante, perpetué la clase alta. La nuestra. La de los buenos hombres y las buenas familias. Y todo el plan llevado a cabo con la sutileza de un verso de Torquato Tasso.
-          -  Si, sin duda eres un héroe de la gente de bien del país. Solo que me da un poco de pena el pobre Mariano.
-          -  Podría haberse afiliado a Izquierda Unida. – Y estallamos los dos en profundas carcajadas.
-          -  Vayas payasos ellos – me dice.
-          -  Ya te digo -  empiezo a llorar de la risa – un mundo sin pobres, vaya ocurrencias.
-          -  ¿Qué sentido tendría entonces ser rico? – me dice sin cesar su risa.
-          -  La vida entera perdería el sentido. 
Tras un buen rato riéndonos a carcajadas, nos quedamos un buen rato más observando la estupenda iluminación de la sala del interior del cofre. Después, como ya no tengo nada que decir, me despido.
-          -  Bueno pues, nos vamos viendo mientras nuestras piernas nos respondan, ¿de acuerdo?
-          -  Claro que sí José María, claro que sí. Muchas gracias por el regalo.
-          -  Gracias a ti por ser de confianza – le contesto.
Me subo a un carrito de minigolf y me lleva hasta la entrada del terreno donde me espera mi limusina blindada. Le digo al conductor que me lleve a casa. Sé que no me quedan muchos años de vida. Pero estoy orgulloso y satisfecho de mi trabajo realizado. Mi carrera política me ha recompensado con unos privilegios dignos de mí. He sido un político perfecto. 

domingo, 5 de mayo de 2013

Un día de suerte


Me levanto fresco, bajo las escaleras de la cabaña de bambú dónde me hospedo, me acerco al bar y pido una apetitosa ensalada de fruta con yogurt y cereales muesli. Mi desayuno favorito cuando no lo preparo yo, y además me sale barato. Acto seguido vuelvo a la cabaña, y me encierro en el retrete. Me siento y, sin molestia ninguna, suelto un mojón grande y duro. Uno de esos que ni siquiera te ensucia el ojete. Lo que yo llamo un “perfect”. Sé que tal vez parezca una información irrelevante, pero cuando llevas tres o cuatro días con molestias estomacales y giñando en plan aspersor con grumos, el hecho de echar una cagada dura y sana, creedme, se vuelve relevante. Tanto que me hace pensar que hoy va a ser mi día de suerte.
  Al rato llegan tres camboyanos con pinta de campesinos, desdentados y con las ropas sucias. Traen las dos motos de alquiler que hemos solicitado en recepción para viajar los tres, yo y mis dos amigos con quienes me he encontrado hace unos días aquí, en Kampot. La parte de mi cerebro dedicada a las frustraciones y sensación de impotencia al leer noticias sobre España es pequeña. A penas un eco al fondo de mi córtex cerebral.  
  ¿Había dicho mi día de suerte? Sería la suerte de otro. Nada más subirme a la moto, con mi amigo Estefan montado atrás, engancho una piedra con la rueda, pierdo el control, y caigo al suelo. Estefan, víctima de mi torpe movimiento, cae encima de mí intensificando el golpe que me he dado en el pecho al chocar contra una dura roca. Pero bueno, todo está bien. Tras comprobar que no tenemos más que algún rasguño, nos limpiamos las heridas y decidimos ejecutar nuestro plan de subir la montaña con las motos. Aunque claro, Estefan decide ir montado atrás en la moto que conduce Tomas, el tercer elemento. En este momento entiendo que inspira mucha más confianza que yo.
  Nos vamos los tres montaña arriba, notamos como la agobiante temperatura propia del clima tropical va descendiendo conforme vamos ascendiendo en altitud. Pasamos de un caluroso verano a una agradable y fresca primavera en cuestión de aproximadamente una hora. Paramos en un mirador desde dónde podemos apreciar cómo se extienden vastos bosques tropicales a nuestros pies. A nuestras espaldas vemos a un equipo de trabajo pintando una escultura de Buda gigante. Tras tomar un par de fotos, continuamos con nuestro trayecto montaña arriba. La carretera está en especialmente buen estado considerando que nos encontramos en Camboya. Cuando llegamos a la cima entendemos el por qué. A kilómetros de cualquier población, en medio de algo parecido a nada, nos encontramos un gran hotel de lujo, claramente proyectado por inversiones chinas para el disfrute de las clases más apoderadas. Y decidimos entrar nosotros. Con nuestras pintas de hippies, sucios, y con nuestras heridas todavía frescas no pasamos desapercibidos al entrar. Y, teniendo en cuenta que somos de los pocos blancos que se dejan ver por el lugar, pasaríamos más desapercibidos en una escena de “The walking dead” que en el interior de ese hotel. Vemos que hay un casino y decidimos entrar. Cambiamos diez dólares cada uno para jugarlos en la ruleta. Decido ir a por una apuesta relativamente bastante probable, que aunque vaya a ganar poco, intento incrementar al máximo la posibilidad de no perder con mis fichas. Por eso de jugar más rato. Apuesto todo entre los dos primeros tercios y los números pares. La ruleta nos tiene en tensión unos segundos hasta que la pelotita se detiene en el número treinta y uno. Pierdo todas mis fichas. Como había dicho, hoy no es mi día de suerte. Pero observo el número treinta y uno en la mesa y veo que tiene una ficha, Estefan es el afortunado que convierte sus diez dólares en setenta. Salimos al bar restaurante del hotel y nuestro amigo ganador nos invita a los otros dos a comer Sushi.
  Cae la tarde y decidimos volver a nuestros bungalós. Bajar la montaña de vuelta. De repente me siento especialmente cómodo en la moto, ya he perdido totalmente el miedo que había adquirido al caer, he recuperado la confianza en mi conducción. Justo en ese momento en el que parece que todo va a ir sobre ruedas, noto el reventar de la trasera de mi moto. ¿He dicho ya que no era mi día de suerte? Tras debatir durante unos minutos que hacemos al respecto, y descartar, por suerte, la opción de que Tomás baje con la moto y vuelva con un mecánico puesto que ya está anocheciendo, decidimos parar a alguien a ver si nos puede ayudar. Aunque no es que la carretera esté muy transitada. Pero por suerte parece la hora de finalizar la jornada para los obreros de la zona, y se para un camión con de carga enorme en la que viajan unos diez trabajadores camboyanos, pero vacío de material. Por señas, pues ninguno allí tiene ni idea de inglés, les explicamos nuestro problema. Comprensivos, agarran la moto y la suben a la carga amablemente. Estefan, víctima de mis infortunios, decide subirse al camión y acompañarme en la odisea. Tomás nos sigue con su moto durante un buen rato, hasta que le perdemos de vista. No sabemos si nos ha adelantado o se ha quedado atrás. Más tarde nos cuenta que se quedó sin gasolina y tuvo que empujar la moto durante largo rato hasta encontrar a alguien que le vendiese un poco. Tampoco fue su día de suerte.
  Tras más de una hora subido a la moto subida a la carga del camión, llegamos al pueblo. Nos dejan al lado del mecánico y nos ayudan a bajar la moto. Da gusto encontrase a gente así. Les damos un par de dólares a cada uno, una cantidad que a nosotros nos suena a miseria, pero que a ellos les cuestan unas cuantas horas de trabajo ganar, y se separan de nosotros con una sonrisa. Arreglamos la moto y nos reunimos de con Tomás de vuelta a los bungalós dónde nos hospedamos. Cenamos, cerveceamos, comentamos la jugada y nos vamos a dormir al final de un día de suerte… de otro.