lunes, 25 de marzo de 2013

THE PLATFORM


That’s me; I’m the kind of person who travels with three pairs of scissors. But I don’t do that because I’m previewing the need of them, or to have a supply of scissors in case I lose the first pair. I’m travelling with three pairs of scissors because when I was packing I forgot that I’ve already had one pair, so I took another. And I forgot again, so I took another, again. That’s me, brushing my teeth with a weird masala flavor toothpaste, a little bit disgusting flavor for a toothpaste, but is the only one I found in the only shop I saw at the train station, when I found out that I forgot my traditional mint toothpaste in the last guest house.
  Those who are staring at me, those are Indian folks. From deep rural India side, I can tell for the way they act. They speak each other in Hindi and, after arrive to a consensus, one of them who looks like he is the leader, the funny chubby one, asks me any stupid question. Looks like he is the only one who is able to speak a little bit of English, so the others ask him what to ask me. Even when they don’t know what else they can ask me, they keep staring at me, smiling. About twenty eyes stoke on me, not because the fact that I’m brushing my teeth at the platform, sitting on my lug and splitting at the floor. That’s a normal behavior for Indian standard. They keep staring at me for the fact that I’m the only white foreigner waiting at the platform.
---          So, you guy, look like you are a big show for them.
  I raise my head, surprised to hear a good English speaker, and it’s when I see her for first time. A beautiful Asian woman with American accent, with that kind of interesting looking of someone who is self-confident, and sure about what she is doing. The fact that she looks a bit older than me, and she is travelling around India by her own, makes me feel that she probably have many interesting stories to tell, and awakes me a wish to know more about her.
---          Looks like, I wonder why – I answer.
---          Don’t worry; they do that all the time.
---          So, have you been here for long time?
---          Yes, I work here; I’ve been in India for last six months.
---          In Varanasi?
---          No, I’m here because I’m taking a break, but I’m coming back to work now. What about you?
---          Travelling around the country, I started a couple of days ago. And I’ll be here for three months.
---          Cool.
  Then, suddenly, the amount of Indian who were listening our conversation very interested, stop paying attention to us and start a rushing walk to different directions. That’s the sign that our train has arrived, delayed, as expected.
---          My car is over there, see you around, have a nice trip – She says to me while she walks to the opposite direction where my car is. Going to an upper class of the train.
---          Likewise - I tell her.
  And she disappears into the crowd. I go to my economic lowest class car of the train, wishing that her words become true, and I see her around later.
  That’s the beginning of a longer story that, maybe, I will tell someday. 

martes, 12 de marzo de 2013

ADORABLES


El pequeño Alfonsito se divertía corriendo detrás de las palomas a lo largo de la plaza. Se le iluminó la cara con una sonrisa al ver un gran cúmulo de pájaros en el extremo opuesto del que se encontraba y echó a correr con todas sus fuerzas. Espantar grandes bandadas de palomas era una gran diversión para él. El aletear simultáneo de decenas de pájaros a su alrededor le hacía sentir alguien especial. De repente, se dio cuenta de que en el banco de al lado había un viejete que estaba alimentando las palomas que él había espantado. Alfonsito le miró inquieto, pensando que le había fastidiado la diversión al abuelo y que tal vez se enfadaría por ello. El abuelo levantó la mano, sonrió y le acarició la cabeza. “Qué adorable infante” pensó el abuelo totalmente inconsciente, claro está, de que el niño sería el motor principal de un gran número de atentados contra la población civil que se cobrarían muchas víctimas mortales en el futuro. El niño se apasionaría por Maquiavelo durante su adolescencia y seguiría a rajatabla el principio de “El fin justifica los medios”. El niño le devolvió la sonrisa y, tras recibir un caramelo que el viejo le ofreció, corrió junto a su madre:
-          ¡Mamá, mamá! ¿Puedo comerme el caramelo?
-          ¿Quién te lo ha dado? – Preguntó preocupada su madre, que siempre le había dicho al niño que no acepte regalos de desconocidos.
-          Ese señor – dijo el pequeño señalando con su dedo al Abuelo que volvía a alimentar apaciblemente a las palomas.
  La mujer miró al hombre que sonreía al apreciar el vuelo de los pájaros. “Qué adorable ancianete” pensó la mujer, inconsciente de que la pasión por los pájaros que sentía el abuelo la había recibido al envidiar su libertad mientras cumplía condena en prisión por múltiples violaciones con posterior asesinato. Una de las chicas asesinadas era menor de edad.
-          Cómete el caramelo – dijo la madre confiada – ese señor es buena persona.
 Es curioso como cerca del principio y del final de la vida, los acontecimientos venidos o por venir de la etapa intermedia no importan. Ya sea por inconsciencia de la naturaleza de los infantes o por compasión a una muerte cercana de los ancianos, todos parecemos adorables cerca del principio o del fin. 

jueves, 28 de febrero de 2013

COSAS Y CASOS


  Tengo que correr, no puedo parar ni un segundo. Voy por la calle a toda velocidad, empujando a quien quiera que se me ponga en el camino. Jóvenes, abuelas, niños, no hago distinción ninguna. Cualquier cosa por llegar cuanto antes a la guest house donde me alojo y cagar. Así es. Tengo una necesidad tan grande de soltar el lastre que no puedo detenerme ni un segundo. Ni siquiera para pedir perdón a la abuela que llevaba la bolsa de la compra y se ha caído al suelo a causa de mi empujón. Mi mierda aprieta con una fuerza desproporcionada, causándome un intenso dolor de barriga similar al de diez puñaladas en mi interior. Me pregunto si así se sentiría la madre de nuestro presidente antes de parir.
  Por fin llego. Echo el pestillo de la puerta del retrete y sale a presión el montón de mierda que llevo dentro. Sale mierda y más mierda, no puedo parar y una desagradable sensación recorre todo mi cuerpo al notar que el montón de mierda toca mi culo. Mierda. Pero no puedo hacer otra cosa que continuar cagando, no puedo contenerme. Cuando todo el espacio del interior del retrete ya está ocupado por mi gran cagada noto como mi cuerpo empieza a elevarse, mis pies se despegan del suelo y asciendo poco a poco hasta tocar el techo, apoyado en la torre que está formando mi mierda. Pero la fuerza no para, y me empuja más y más. Mi espalda doblada hace tal presión en el tejado que quiebra la madera y sigo subiendo. Me siento como si estuviera en mi particular torre de Babel, que me lleva a la supremacía. Veo como las personas que pasean por la calle se alejan, pero sin perder nitidez. Ahí abajo siguen con sus vidas como si nada hubiera pasado, mi particular torre de mierda debe ser imperceptible a sus ojos. Cuando paro de ascender, estoy encima de tan alta torre que se tambalea a los lados. A esta altura, sin duda, mi caída sería mortal. Cuando consigo mantener el equilibrio, y que la torre esté estabilizada, observo las vistas que me ofrece. Una perspectiva súper amplia y nítida, algo casi surreal.
  A un par de calles veo a un gordo alemán que lleva a una niña tailandesa de unos doce años de la mano. Y no parece ser su hija adoptiva. Veo este país y los que están más allá. Y en todos veo niños esclavos en talleres y niñas sin salida empujadas a trabajar las calles. Y veo a la dulce resistente que engordó expresamente al llegar a la pubertad para evitar ese destino. En el país vecino, veo a un turista norte americano, sentado en la terraza de un café, hablando orgulloso de su patria, mientras, pasa por la calle un chico pidiendo limosna, con una pierna desaparecida al pisar una mina de las colocadas durante la guerra de Vietnam. Veo degradación de la persona allá donde mire. Veo grandes líderes espirituales manipulando masas mientras se enriquecen. Veo empresas causar la destrucción total del medio ambiente, que es lo que nos da vida, a cambio de maximizar beneficios. Veo mafias, y veo corrupción. Y hablando de corrupción, desde aquí también veo “mi país”. Entrecomillo, pues no siento en absoluto que yo le pertenezca. Y veo en él a los patriotas orgullosos de su bandera. Un gran país cuyos ciudadanos se muestran orgullosos de pertenecer. Con un glorioso pasado, dicen. Protagonistas de uno de los más grandes, sino el que más, genocidios de la historia. Con grandes deportistas, dicen. Deportistas motivados por un gobierno que permite e incentiva sus lujosas vidas mientras deja a su pueblo sin recursos, sin casa, sin educación, sin salud. Con un buen clima dicen. La única cualidad indiscutible que es fruto única y exclusivamente de la casualidad. O de alguna divinidad que vive más allá de Plutón, que cogió la península ibérica y la colocó allí en el origen de los tiempos.
  Y a aquellos que dicen que ser español es un honor y un orgullo que no tiene precio, siento decirles que, ahora si lo tiene. Exactamente 160.000€.

viernes, 1 de febrero de 2013

UNA TARDE ROMÁNTICA EN BOMBAY



 Son las dos de la tarde, y Sodhu espera impaciente a que su chica, Manjula, salga de sus clases. La escuela no queda lejos la playa de Juhu, Bombay. Hogar de muchas estrellas de Bollywood y lugar relativamente tranquilo en contraste con la trepidante locura que se vive en el interior de la gran ciudad.
  Cogidos de la mano, Sodhu y Manjula caminan descalzos por la arena mojada mientras el sol empieza a acercarse al horizonte. Se cruzan con varias parejas y grupos de chicos que aprovechan la vastedad de la playa para jugar al cricket. Lo habitual que se encuentran por esos lares. Quien les llama la atención, son dos turistas Europeos. Dos tipos con pintas extrañas que no paran de sacar fotos sin sentido.
  El graznar de los cuervos es la banda sonora del romance de los dos amantes. Caminando sobre la arena húmeda, el chico pisa un excremento con su pie desnudo. La jugosa pastosidad se desliza entre los dedos de sus pies. Desatando el olor propio del excremento, hasta entonces encadenado en su interior. –Wohaa!- Exclama Sodhu levantando rápidamente el pie y restregándolo por la arena fuertemente, con la intención de eliminar cualquier rastro de heces pegado. A su lado, la chica ríe dulcemente. Miran al frente y se dan cuenta de que, desde donde están en adelante, se vuelve más y más difícil caminar sin poner el pie encima de una mierda. Están en la zona chabolista de la playa, donde una multitud de indigentes han hecho de un par de chapas sus hogares, y la arena de la playa su retrete. Entorno rodeado siempre por sus grandes montañas de basura. Panorama que hace que la pareja decida dar media vuelta y continuar disfrutando de su amor por donde han venido.
  Los enamorados mantienen sus miradas brillantes el uno en el otro mientras caminan, y se susurran dulces palabras. Craso error, pues les impide ver lo que tienen a sus pies. Tropieza y cae de bruces en el suelo, quedando su cara a escasos centímetros de un cadáver de rata en periodo de descomposición. Un río de deshechos procedentes de la ciudad atravesando su cuerpo, y, lo que es peor, el pie incrustado en el perro muerto medio putrefacto que le ha hecho tropezar. Eso le hace darse cuenta que el crujido que sintió al pisar era un hueso del perro al romperse. El hedor que desprende todo junto se hace insoportable. Manjula ahora mira a su chico entre asqueada y preocupada, le cuesta acercarse para ayudarle a levantarse, tratando de no tocar ninguna parte de su chico que no haya sido contaminada. Él decide meterse en el agua del mar, sin quitarse la ropa, con tal de higienizarse un poco. Tras un baño rápido entre basura flotante, decide proponerle a Manjula el fin de su tarde romántica, y le propone recogerla al día siguiente a la misma hora, pero para ir en esta ocasión a tomar Chai en algún bar del centro, alejados de la siniestra playa. El sol desaparece difuminado a lo lejos, sin llegarse a ver en ningún momento tocar el horizonte, tal vez a causa de la niebla, tal vez de la polución de la ciudad, pero nunca se ve en Bombay el sol tocando la línea de horizonte. Y así transcurre una tarde romántica, como otras tantas, en la playa Juhu. 

sábado, 15 de diciembre de 2012

DIOS, LOS MERCADOS Y OTROS SERES IMAGINARIOS


-          Papá, papá, ¿Nosotros somos cristianos?
-          No, hijo...
-          ¿Por qué?
El padre, votante decidido del partido político en el gobierno, trató de satisfacer la curiosidad de su hijo:
-          Pues bueno, digamos que no creemos en un pensamiento que nos empuja a hacer sacrificios para un dios invisible, que no sabemos ni si existe.
Satisfecho, el niño continuó jugando a la playstation durante un rato. Al padre le preocupaba que jugara tantas horas, no tanto por la salud del chaval como por la factura a final de mes. Pero no quería preocupar a su hijo, por lo que, habiendo quitado ya la mitad de las bombillas de la casa, le dejaba jugar todo lo que quisiera. Pero sabía que tarde o temprano pasaría. De repente, se fue la luz.
-          Papá, papá, ¿Por qué se ha ido la luz?
-          Pues, supongo que la habrán cortado, con las últimas subidas de impuestos no me llega para pagarla… - dijo el padre hablando más consigo mismo que con su hijo.
-          ¿Y por qué no protestas en la calle como los que salían en la tele?
El padre, sorprendido por el alto grado de comprensión de su hijo, y un poco preocupado por su actitud, respondió:
-          Verás, hijo, no hay que protestar por ello. Lo que tengo que hacer es conseguir pronto un trabajo. Los impuestos los han subido porque no les ha quedado más remedio. Era un sacrificio necesario.
-          ¿Por qué? – preguntaba el niño.
-          Pues… - sin saber muy bien que iba a contestar, el padre, empezó a hablar – para calmar a los mercados, y que todo vaya mejor.
-          Entonces… - respondió el chaval - ¿Has sacrificado la luz a los mercados?
-          Mmm… algo así. – le contestó su padre, deseando que acabara aquella conversación.
-          ¿Y quién son los mercados?
-          Pues… no lo sé – dijo su padre rendido a la curiosidad insaciable de la infancia.
-          Entonces… - pensó unos segundos antes de formular la pregunta - ¿Son los mercados nuestro dios?
-          Pues… - a esta pregunta, el padre, un poco ignorante, no se le ocurrió ninguna respuesta – vete a dormir, que mañana tienes colegio.
Eso había sonado ya menos comprensivo. El niño se fue a la cama y el padre quedó sentado en el sofá, en la penumbra de la noche. Sin absolutamente nada que hacer, al no tener electricidad, empezó a preguntarse cómo había sido posible que llegaran a ello en un país que, se suponía, garantizaba un mínimo de bienestar. Empezó a cuestionarse si, el pueblo, la clase popular, estaban siendo víctimas de un complot de proporciones históricas. Planteándose la posibilidad de que la religión hubiera sido siempre un entrenamiento para prepararles para los sacrificios que les suponían el enriquecimiento de las altas élites. Al fin y al cabo, la riqueza de un país la generan los trabajadores, sin embargo no son los que la disfrutan. En la antigüedad, en nombre de las religiones, se hacían sacrificios humanos, se conquistaban y aniquilaban pueblos enteros, y las personas aprendían a vivir bajo la privación de tipos de disfrute básico. Todo por satisfacer a un dios, un ente invisible que no les aportaba beneficio alguno en vida. Ahora todo eso se hacía en nombre de los mercados. Ese ente etéreo que ejerce presión sobre las personas llevándolas hasta el suicidio y por el que hay que sacrificar todo tipo de bienestar. Tal vez su hijo tuviera razón y debieran acudir los dos a la siguiente protesta. Aún a riesgo de perder un ojo. 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Venga Rangers III: Estrella Poderosa.


Son las tres de madrugada, hora de bastante actividad en las sucias callejuelas del barrio viejo de Mothman City. Barrio de bares nocturnos llenos de vicio. Drogas, alcohol y prostitución es el contexto. Estrella Poderosa es el personaje principal. A través de su antifaz busca pistas que la acerquen a la verdad sobre la misteriosa muerte de una prostituta la noche anterior. Apareció muerta por la mañana en el motel “Dos Rosas”. Un motel que presume de tal discreción que se ve que no pide ni nombres al entrar. Ahora se enfrenta a una demanda de la familia de la chica, por falta de seguridad. Habla con el recepcionista que describe al tipo que entró con la chica.
-          …era un hombre alto, sin ningún rasgo destacable excepto una cicatriz – explica.
-          ¿Una cicatriz? ¿Cómo era? – Pregunta nuestra voluptuosa heroína.
-          Pues bastante grande, en la mejilla, era como si estuviera marcado, ya sabes, rollo mafias y esas cosas…
  De repente una tormenta de recuerdos inunda la mente de Estrella Poderosa. Aquello ocurrió cuando todavía era nueva en el negocio. Fue su tercer cliente, antes de que se expandiera por la red el rumor de que Estrella Poderosa satisface deseos sexuales, cuando todavía hacía la calle si no llegaba a fin de mes.
  Recuerda como llevó a un tipo a su apartamento y éste la quiso tocar, aun cuando ella le dejó muy claras sus normas. Las manos quietas, pasividad y jamás preguntar por verla con menos ropa. El hombre, frustrado, la empujó y se abalanzó sobre ella cuchillo en mano.
-          Tú vas a hacer lo que yo te diga, puta... -  le dijo susurrando al oído.
-          ¡En tus sueños, desgraciado!
  Sin problema ninguno, la súper poderosa mujer, se lo quitó de encima, le rompió el brazo que la amenazaba y de un puñetazo le rompió la nariz. Acto seguido, empezó a romperle los dedos de la mano uno por uno, mientras le hablaba:
-          Verás… - rotura de meñique – yo ofrezco un servicio, y si no te gusta no pagues y buscas a alguien que te dé, voluntariamente, lo que buscas – rotura de anular -  no porque tu pienses que este oficio no es respetable, puedes tratar a las chicas como si no fueran más que escoria que te tiene que complacer - rotura de corazón, el dedo  -  las personas como tú no valen una mierda, - rotura de índice -  tu muerte sería beneficiosa para la sociedad – rotura de pulgar – pero te voy a dar una oportunidad de redimirte.
  La chica le soltó y el hombre intentó alejarse arrastrándose por los suelos, cual el gusano que era, pero Estrella Poderosa todavía no había acabado con él.
-           Espera un momento, - dijo mientras cogía el cuchillo – no he acabado contigo.
  Levantó al hombre agarrándole por el cuello, le empotró contra la ventana y le explicó mientras le rajaba la cara:
-          Escúchame psicópata de mierda, esto es para que cada vez que te mires al espejo te acuerdes de lo que intentaste hacer y recuerdes que NO se fuerza a otra persona a hacer nada que no quiera. Recuérdalo si no quieres que te persiga día y noche hasta alcanzarte y arrancarte la piel a tiras.
  Dicho esto lo lanzó por la ventana de su primer piso.
  De eso hace ya dos años. Estrella Poderosa sale conmocionada de la recepción del “Dos Rosas”. El sentimiento de culpabilidad es inevitable. Parada en frente de la puerta, ve como se enciende en el cielo la Venga-señal. Y al poco su teléfono suena. Es Poderosa Escarlata. Pero los Venga-Rangers tendrán que esperar. Ella tiene un asunto personal que atender. Empieza a dar vueltas por las callejuelas del barrio, preguntando a todas las mujeres de oficio si han visto al tipo de la cicatriz. En una esquina ve a SúperForzudo tirado en el  suelo junto a unos contenedores con olor a orín. Le intenta despertar.
-          ¡Eh, tío! – le dice mientras le abofetea la cara – que han encendido la señal, que se necesita de nuestra ayuda.
  Pero la única respuesta que obtiene es la arcada previa al vómito del ebrio superhéroe. Lo mejor que puede hacer por él es apartarle de su vómito, tumbarle de lado para que no se ahogue y seguir su camino. Por un momento se pregunta si debería acudir a la señal, sabiendo que SúperForzudo se encuentra incapacitado. Pero no puede, la idea de cargar con otra mujer muerta a su conciencia se lo impide. Aún quedan otros dos VengaRangers para hacer el trabajo. Un poco más abajo, en la misma calle, se encuentra a Abiona, una chica africana con la que había compartido algunas palabras con anterioridad.
-          ¿Qué pasa chica? Hacía mucho que no te dejabas caer por aquí – dice la mujer con un marcado acento - ¿La crisis también te afectó y has tenido que volver a la calle?
-          No estoy aquí por eso – contesta nuestra heroína – yo estoy buscando a un hombre, tiene una cicatriz en la mejilla, no te vayas con él si aparece.
-          Si claro, como si pudiéramos elegir – dice Abiona mientras señala con sus brazos a ambos lados de la calle – ¿ves el montón de mujeres que hay ahora en la calle? La competencia se ha vuelto muy dura desde el crack del ladrillo, mira aquella de allí – dice señalando a una mujer con traje – pues antes era arquitecta y cobraba cientos de los grandes al mes, ahora se ha resignado a vivir en el umbral de la pobreza vendiendo su cuerpo para subsistir. El tío de al lado, después de años lanzando piropos a mujeres desde un andamio, ahora también me quita clientes. Esa otra – apunta con el dedo en la dirección opuesta-  enfermera que se ha quedado en la calle tras la última reforma en sanidad, y aquella de las gafas profesora interina durante años, y mírala. Como ves, no me puedo permitir rechazar a un cliente si quiero pagar la matrícula de la universidad, a ver si con un grado puedo encontrar trabajo en otro país con más futuro.
-          Bueno Abiona, tu decides, pero ándate con ojo, ese hombre es peligroso.  – Le advierte Estrella Poderosa.
-          Si lo dices por lo de anoche… estoy enterada, no te preocupes, si alguien me intenta poner la mano encima le pateo las pelotas. No sería la primera vez que pasa.
-          Buena suerte – se despiden.
  Amanece y el cansancio empieza a hacer mella en la súper poderosa mujer.  A pesar de todo, necesita dormir. Se va a casa. Pero permanece dormida poco más de dos o tres horas. Tiene la mente demasiado centrada en su perseguido como para dormir más de lo estrictamente necesario. Con el desayuno preparado enciende su tele de cuarenta y ocho pulgadas. Hace zapping por los distintos canales de noticias locales y nacionales deseando que no se hable de otro asesinato en el barrio viejo de la ciudad. Poderosa Escarlata encabeza todos los noticiarios gracias a una épica hazaña. La noche anterior expulsó de la ciudad a un monstruo gigante. Una hazaña digna de los VengaRangers. Muy distinta del oscuro acto que ella planea llevar a cabo. Por eso decide no ponerse el antifaz esta vez. No quiere manchar el nombre del súper grupo. En su lugar utiliza una peluca y abundante maquillaje. El incógnito le ayudará.
  Sale a la calle con un mal presentimiento que se materializa cuando ve coches de policía y ambulancias parados en un portal. Salta el cordón sin que nadie la detenga, pues los encargados de vigilarlo están tomándose un descanso, con café y rosquilla incluidos, como todo buen funcionario. No le cuesta encontrar el piso dónde se ha llevado a cabo el crimen, y ve allí como los camilleros tapan el cuerpo inerte de Abiona. Le inunda la rabia y la impotencia. Le da tal golpe al muro que tiene al lado que los cimientos de todo el bloque se tambalean, dejando el muro totalmente destruido. Desaparece con su súper velocidad ante la mirada atónita del personal de ambulancia.
  Tras reflexionar un poco decide aplicar a su búsqueda el principio de Mahoma, que si no va a la montaña, la montaña ira hacia él. Lo cual es una monumental gilipollez, pues las montañas no tienen piernas. Pero su presa sí. Se para en una esquina y rechaza a todos los tíos que se le acercan. Por grande que sea la suma de dinero que le ofrecen. No puede distraerse, no puede permitirse ni una muerte más.  Tras largas horas de espera aparece el hombre de la cicatriz y el plan de Estrella Poderosa parece funcionar. Él no la reconoce. Sin embargo ella a él lo reconocería aunque pasara por quirófano. El odio se despierta al verle, como si el hombre fuera un interruptor para ello. Le lleva a su piso de oficio. Le dice que se siente en el sofá. Se planta frente a él y con la mirada firme en su cara, Estrella Poderosa, se quita la peluca.
-          Ahora entiendo porque me resultabas familiar – dice el asesino deslizando suavemente su mano hacia su bolsillo.
-          ¿Has matado tú, a las dos chicas asesinadas en el barrio?
-          Si… sabía que era el modo idóneo para encontrarte y… ¡Matarte! – grita el hombre a la vez que apunta a matar a la súper mujer, y dispara.
La bala golpea en la frente de Estrella y apenas le hace un rasguño.
-          Tu no has entendido nada, ¿Verdad? – dice la mujer llena de ira – soy tu castigo divino por tus pecados y tu no eres más que un montón de semen de orangután que no vale la mierda que caga. Simplemente no puedes deshacerte de mí – el puño de Estrella Poderosa se enciende convirtiéndose en la base de una hoguera que emana llamas de energía destructora – ahora, recibe el castigo por no haber cumplido con mis exigencias y desaparece.
  La mueca de terror del asesino solo desaparece cuando se convierte en una mueca de dolor, que dura tan solo unos segundos hasta quedar reducido completamente a cenizas, junto con algunos muebles del piso. El hombre ha desaparecido, pero los sentimientos de culpa de nuestra heroína no. Pues no puede dejar de pensar que la muerte de Abiona y la otra muchacha del barrio, fueron culpa suya pues, obviamente, de haber matado en su día al asesino, éste no habría matado a nadie. Y entonces se acuerda de las palabras que dijo un ser querido de un superhéroe justo antes de morir:
  “Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad.”

jueves, 15 de noviembre de 2012

ADICTO


Suena el despertador y ya estoy pensando en ello. Reviso los cajones de mi casa, y no me queda ni un gramo. Así que me visto y acudo a mi distribuidor habitual y le pido una dosis para tomar en el acto. Da igual si llego tarde al trabajo, no empiezo el día sin mi dosis.  Durante el trabajo lo mismo. Toda la jornada pensando en ello, aprovechando cualquier momento para escaquearme a por otra dosis. Y al terminar la dura jornada laboral, no vuelvo a casa sin pasar por mi distribuidor a por una dosis más. A veces doble.
  Cuando empecé solo tomaba de vez en cuando. Para socializar. Como todo el mundo en mi entorno tomaba, yo empecé a tomar. Pero solo era eso, quedar con alguien y tomar una o dos. Luego empecé a comprar pequeñas cantidades, a pedir dosis individuales a amigos o vecinos para preparármelas en casa, y ya llevo tiempo comprando a quilo y consumiendo en solitario. A todas horas. Todos los días. Ya lo decía mi madre “ten cuidado que eso engancha” “estás tomando demasiado a menudo”. Pero yo nunca escuché.
  Ahora veo como la sustancia tiene a todo el mundo dominado. Pronto nadie podrá vivir sin sus dosis, y el mundo se verá sumido en la oscuridad de la total ausencia del libre albedrío. El hecho de que nadie parezca ser consciente de ello, no lo hace menos real. Todos acuden a por sus dosis, como si fuera lo más normal del mundo, ignorando, por voluntad o no, aquella vocecila interior que les dice: “adicto”. Y yo también. Aunque me duela colaborar en este complot de proporciones cataclísmicas, no puedo evitarlo. Lo necesito. Acudo una vez más a mi distribuidor habitual y pido:
-          ¡Otro café!